|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La maravillosa noticia es que Dios siempre nos está esperando.
Homilía ao27001a, predicada en 19991003, con 23 min. y 21 seg. 
Transcripción:
Muy amados hermanos, seguramente ya todos nosotros sabemos que la palabra "Evangelio" quiere decir buena noticia, y tal vez cuando escuchamos duras, tan fuertes, tan drásticas como las de este domingo, nos queda como pregunta, como una especie de pregunta ¿Dónde está la buena noticia aquí? Fíjense lo que nos contó la primera lectura. Dios se queja de su pueblo porque Dios le dice al pueblo, "Ustedes son como una viña que yo cuidé y yo quería que me diera uvas y resulta que me dio uvas, pero agrias, amargas, agraces. Yo esperaba un fruto de ustedes y ustedes me han fallado". Eso no tiene cara de buena noticia, sino de mala noticia. Y luego, en el Evangelio, el mismo tema de la viña. Esta vez es nuestro Señor Jesucristo, quien toma esta comparación que ya venía del Antiguo Testamento y mira lo que nos dice: "Hubo un propietario que arrendó una viña y luego mandó a unos siervos suyos, pero a uno lo apedrearon, a otro lo mataron y el propietario dijo, les voy a mandar a mi propio hijo. A ese lo van a respetar. Y resulta que tampoco respetaron al propio hijo del propietario, mataron también al hijo del propietario. Y pregunta Jesús ¿Qué hará el dueño de esa viña?. . . Los sumos sacerdotes eran las autoridades grandes del pueblo judío. En aquel momento le responden y dicen, pues hará morir de mala muerte a toda esa gente". Y uno se pregunta ¿Dónde está la Buena Noticia ahí? Porque hemos venido a la Iglesia para escuchar la Palabra del Señor. Hemos venido aquí precisamente para oír la Buena Noticia y lo que se nos cuenta es una mala noticia, una mala noticia que además nosotros sabemos que es cierta, porque nosotros sabemos que la humanidad realmente se comporta como dicen esas lecturas. Si pensamos en el ser humano, en todo lo que Dios ha hecho por nosotros, si pensamos, por ejemplo, en lo que es la inteligencia del ser humano, todo el bien que se puede hacer con la inteligencia, pero ¿Cuánta gente utiliza su inteligencia para hacer el mal? Si pensamos en la belleza del cuerpo humano, ¿Qué hay más hermoso en la creación visible que la belleza del cuerpo humano? Y de qué manera se instrumentaliza, se prostituye, se profana esa belleza poniéndola al servicio de intereses rastreros o sucios. Si pensamos, por ejemplo, en todo lo que se puede hacer con el ingenio, con la técnica y con la ciencia, y luego pensamos que esa misma ciencia, esa misma técnica, la utilizamos para dañarnos y para matarnos unos a otros. Uno dice: -Tiene toda la razón. La primera lectura tiene toda la razón.- Dios esperaba de nosotros otra clase de frutos, pero los frutos que está dando nuestra humanidad, los frutos que está dando el mundo, son frutos agrios, son frutos amargos, son los frutos amargos, ciertamente, del asesinato de los inocentes, de la muerte de los pobres. ¿Cuántas personas utilizan sus capacidades, sus cualidades en contra de su prójimo? ¿Eran esos los frutos que quería Dios? De ninguna manera. Dios no quería eso. Dios no quiere eso. ¿Qué podemos decir? Que la primera lectura es verdad. Es lo que comprobamos. Y si pensamos en el Santo Evangelio, pues tendremos que darle la razón también. ¿Cómo trata este mundo a las personas que se esfuerzan? A las personas que se entregan con generosidad a la predicación de la verdad. ¿Cuántas veces las personas que pregonan la inocencia, que pregonan la paz, que buscan la justicia, son las personas más perseguidas? Por dar un ejemplo solamente en nuestro país, ¿A cuántas personas de nuestro país, personas comprometidas en la lucha por la paz y por los derechos humanos? ¿A cuántas de esas personas se las ha secuestrado? ¿Cuántas de ellas han sido desaparecidas, torturadas y asesinadas? Y en el plano de la fe tenemos que decir algo semejante. Cuando la predicación denuncia las llagas profundas de la sociedad, se intenta callar esa predicación, y por eso hay una cuota muy grande de sangre que ha sido puesta por religiosos y religiosas, misioneros en distintas partes del mundo y también en nuestro país. Es decir, comprobamos que lo que dicen las lecturas es verdad, Pero todavía nos seguimos preguntando ¿Dónde está la cara de buena noticia que pueda tener eso? Pues yo quiero contarle a usted que hay dos aspectos, dos realidades que son maravillosas noticias en las lecturas de hoy y que hay que descubrirlas. Primero. Notemos, mis queridos amigos, que el amor de Dios no se detiene por la ingratitud humana. Tal vez algunos de ustedes, tal vez yo mismo, exasperados por la violencia irracional, ahorcados por un sistema financiero que produce y reproduce muerte, que es una nueva forma de esclavitud. Tal vez hemos dicho Agobiados hemos dicho hasta dónde vamos a llegar. Sentimos que nuestra paciencia se agota, que nuestras fuerzas se acaban. Pero las lecturas nos muestran algo diferente. Sobre todo el Evangelio. Ese propietario de esa viña. Empezó mandando a sus siervos que son imagen de los profetas, y a pesar de que le rechazaron a sus siervos los profetas, y se los apedrearon y los mataron, Dios no cambió. ¡¡¡Primera y maravillosa noticia Dios no cambió!!! Dios no cambia. Nosotros hemos roto alianza con Dios, con nuestros pecados y por eso uno se hace la idea, idea equivocada de que porque uno rompió la parte de la alianza de uno. Dios también va a romper la parte de la alianza de Él. La primera noticia maravillosa es, Dios no cambió, siguió enviando sus profetas y sigue enviando a sus mensajeros y predicadores. Dios no cambia. Y todavía más, como lo dice expresamente el Santo Evangelio según San Juan, tanto amó Dios al mundo. Esa es la buena noticia: "Tanto amó Dios al mundo, que envió a su propio Hijo, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna". Tanto amó Dios al mundo, tanto amó Dios al mundo. Cuando uno oye esas lecturas, al principio uno dice: ¡Ah! las mismas malas noticias que dicen los noticieros, las mismas malas noticias que dicen los periódicos, que dice la radio. Todos sabemos que estamos repletos de malas noticias. Entra uno a la iglesia y viene a oír las mismas malas noticias. En parte es cierto, porque la Biblia no es un escondite de la vida, sino una expresión de la vida leída con los ojos de Dios. En parte es cierto, que la Biblia te está contando lo que sucede en la vida, pero la Biblia va mucho más allá. Te repito, Dios no cambió ¿Sabes? Estábamos celebrando una Eucaristía semejante a ésta. Yo amo estas eucaristías en las que no hay la presión del tiempo y en la que podemos dedicarnos con comodidad a la alabanza y al amor de Dios. Estábamos en mi convento en Bogotá celebrando una Eucaristía así. Y había también, como hay aquí, sacerdotes dedicados al ministerio de la Confesión. Cuando terminamos la celebración, se acercó un señor al que yo nunca había visto. Nunca lo había visto. Se acercó, se abrió paso entre la gente, llegó a donde yo estaba. Me miró a los ojos y me dijo: -Padre Nelson, gracias.- Yo dije Gracias. ¿De qué? Pues ¿Qué hicimos? Celebrar la Santa Misa. ¿Qué hicimos? Gracias, Padre, me repitió. "Quiero que sepa una cosa, Padre. . . Hacía treinta años que yo no me confesaba. Hoy me he acercado a la confesión, hoy, y me di cuenta de que Dios me estaba esperando. Dios llevaba treinta años esperándome. Dios no se fue. Dios me esperó. Dios no cambió, aunque yo cambié, aunque yo ensucié mis manos con malas obras y mi boca con palabras asquerosas, aunque mis pensamientos se hicieron turbios e impuros. Dios no cambió. Dios me esperó". Dios me ama. Hermanos míos; esa es la primera noticia fantástica, la que no va a salir en el periódico, pero que sí la tienes aquí en la Iglesia, Dios no cambia. Estará ahí. Dios llegará hasta el extremo. Jesús dice: "Amar a los amigos es dar la vida por ellos". Y el evangelista Juan comenta: "Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo". Hasta el extremo. Dios está en una especie de carrera, de competencia contigo, y yo creo que va a ganar Dios. Porque está más rápido, más pronto, más dispuesto Dios a perdonarte y a sanarte que lo dispuesto que tú puedas estar a pecar. En otra ocasión me encontré con otro caballero. Me encontré con otro caballero y me dice él. Él era un predicador. Él dirigía un grupo de oración muy numeroso. Un hombre con una unción en la Palabra que hacía que su predicación fuera muy escuchada. Y un día este caballero se puso a contarme su testimonio y me dijo: "Yo llevaba muchísimos años lejos de Dios. Muchos. Un día, hastiado de todo, aburrido de todo, hice como una especie de apuesta. Voy a ver si Dios puede hacer algo conmigo. . . " ¿Por dónde se empieza en ese cuento de Dios? Pues será por la confesión. Y fue a confesarse. Después de que él cuenta su larga confesión, me da este testimonio de lo que le sucedió aquella vez; cuando él estaba hablando con el sacerdote. Confesando sus culpas, él mismo se fue dando cuenta de la vida, me perdonan la expresión, de la vida puerca que había llevado. Se había dado cuenta de que la vida no era un juego y que él había desperdiciado su vida. El Espíritu Santo le concedió un arrepentimiento muy grande y él empezó a sentir vergüenza y dolor de sus pecados. De manera que cuando terminó la confesión, el Padre hablaba con él y hacía preguntas. Cuando terminó la confesión, este hombre realmente se había dado cuenta de lo que había hecho en la vida. Bueno, el sacerdote, en nombre de Jesucristo le dio la absolución y este padre se le ocurrió una idea. Una idea extraña. Cuando el hombre pecador este se levanta, le pregunta al Padre, bueno, ¿Y cuál es mi penitencia? El padre, que sabía mucho de psicología, por lo visto, le dijo ¿Sabe qué? -Yo esta vez no quiero ponerle ninguna penitencia a usted- Después de yo no sé cuántos años sin confesarse. Y me decía este señor. . . "Eso fue lo más grave que me ha podido decir ese padre, porque cuando yo me levanté y me dice, -Mire, ¿Sabe qué? Dios simplemente lo perdona a usted- " ¡¡Ahí sí que me sentí miserable, porque Dios es la capacidad de perdonarme y yo no tenía ni siquiera la capacidad de perdonarme a mí mismo!! Ahí sí me di cuenta de quién era yo. Ahí sí me di cuenta de quién era Dios. Ahí sí entendí quién era el Señor. Ahí lo entendí. -Y dice- El Padre no me puso ninguna penitencia, no me puso a rezar nada esa vez. Pero es que ese padre sabía a quién le estaba diciendo eso, dice. Yo salí de ese confesionario y me arrodillé sin poder evitarlo, sin contenerlo. Caí de rodillas en esa iglesia y empecé a llorar y a llorar y a llorar y a llorar. Como Pedro después de haber negado a Cristo. Empecé a llorar y a darme cuenta de que Dios me había estado esperando y que yo llevaba defraudando a Dios años y años. Pero Dios nunca se había ido. Dios no había cambiado". Mis hermanos. Esta es una gran noticia. Esta es una maravillosa noticia. Hay una religiosa que es una gran santa de la Iglesia y que todos ustedes conocen, Santa Teresa de Jesús, la española de Ávila, siglo XVI. Santa Teresa no era una criminal. No lo era. No era una mujer que estuviera aquejada por terribles culpas. Solo tenía una culpa. Había vivido desde los 15 o 16 años entre monjas y en monasterios. Y tenía 38 años. 38 menos 16. Da más de 20, 22 años. Llevaba más de 20 años en el monasterio. En la vida religiosa. Y cuando hizo el balance de su vida, era una gran mediocre. Sintió que había hecho todo lo que tenía que hacer como religiosa. Todo menos una cosa: Amar. Amar a Dios sobre todas las cosas. Amarlo. Amarlo como se ama. Cuando uno recibe el tamaño del amor que Dios tiene por uno. Amar no había amado. Santa Teresa de Jesús siendo monja de clausura del Carmelo a los 38 o 39 años, tuvo su gran conversión. Uno cree que las monjas no tienen que convertirse, tienen que convertirse y los frailes tenemos que convertirnos y los sacerdotes tienen que convertirse. Todos tenemos que convertirnos al amor vivo de Dios, porque el amor de Dios es muy, muy, muy grande, y hay que recibir ese amor. Un día, Santa Teresa de Jesús estaba paseando por el monasterio y en uno de esos cuartos donde están arrumadas un poco de figuras religiosas, se encontró una estatua que representaba a Cristo. Eso no tiene nada de particular en una casa de monjas. Una imagen de Jesucristo no tiene nada de particular. Era una imagen que se utilizaba para algunas celebraciones, una imagen de Cristo atado a la columna, Cristo azotado. La flagelación de nuestro Señor Jesucristo. Y esta monja que hoy es Teresa de Jesús, la gran Santa y doctora de la Iglesia, espejo de amor a Dios. Esta monja llevaba su vida con una gran mediocridad. Pero como no había tampoco quien reclamara, tampoco se sentía mal. O mejor dicho, sí se sentía mal, pero dejaba que las cosas sucedieran. Se encuentra con esta imagen y ve a Cristo, dice ella, fue como si me hubieran quitado un velo de mis ojos. De pronto me di cuenta de que cada una de esas llagas era por amor. Que a Él no le tenía que pasar eso. Todo eso que le pasó, todo, todo lo que le pasó fue por amor. Todo había sido por amor y todo había sido por mí. Y ella cuenta. Y empecé a sentir que yo había agradecido tan mal, tan poquito y tan mal. Todo ese amor. Y esa fue otra que se deshizo en lágrimas. Y qué hijo, Dios me esperó. Dios me esperó. Y hoy te digo yo a ti Dios te está esperando y te va a seguir esperando. Hay vida, hay gracia, hay perdón. Pero hay un último detalle en la lectura del Evangelio, que yo estoy seguro de que ya estás de acuerdo conmigo en que el Evangelio de hoy es una gran noticia. Hay un último detalle que quiero que notes. Cristo le pregunta a los sumos sacerdotes que eran las grandes autoridades judías de la época. Les pregunta, ¿Qué hará Dios con esos administradores perversos? Y son ellos los que dan la sentencia. -Los hará morir de mala muerte.- Nota una cosa, por favor. Cristo ¿Qué hace? Cita un salmo. El Salmo 118. -La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.- Como diciendo, de donde ustedes no lo creen, vendrá salvación y gracia para el mundo. Pero óyeme bien, Cristo no confirmó la sentencia que habían dicho los sumos sacerdotes. Fueron ellos los que dijeron: -Hará morir de mala muerte a esos administradores.- Cristo no dijo eso. Cristo lo que dijo es: "El reino de Dios se quitará a vosotros y se le dará a un pueblo que produzca frutos". Y dijo: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular". Cristo. Ni siquiera a sus enemigos, los que después lo llevaron a la cruz, ni siquiera a sus enemigos, les dijo: -Los voy a hacer morir de mala muerte.- Cristo preguntó "¿Qué hará el propietario cuando vuelva a la viña?" Y ellos dijeron esa sentencia. Pero ¿Cuál fue el estilo verdadero de Cristo? Cuando Cristo resucitó de la muerte, ¿Qué hizo? Se fue a la casa de Caifás. Se fue a la casa de Anás. A ahorcarlo y a decirle usted ¿Por qué me condenó? Se fue a la casa de Pilato a atormentarlo y a decirle Usted ¿Por qué me dejó matar? ¿Qué dice Cristo resucitado? Se aparece a sus discípulos y les dice "Paz, paz a vosotros". Esa sentencia terrible la dijeron esos sumos sacerdotes, porque ellos tenían un corazón así. Pero Cristo no obra así. Cristo tiene una palabra de paz y de intercesión, incluso para sus enemigos. Y por eso yo declaro hoy que incluso el peor enemigo de Cristo puede recibir un día la palabra de paz de nuestro Señor, y puede convertirse. Y esta, mis hermanos, es una noticia fantástica, es una noticia maravillosa, es una noticia que nos da mucha esperanza y mucho amor a todos nosotros.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|