Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En la vida cristiana no son suficientes las palabras ni el entusiasmo, tenemos derecho a recapacitar, debemos dar fruto que toque y transforme vidas y perseverar al llegar la hora de muerte para estar en Cristo.

Homilía ao26015a, predicada en 20231001, con 7 min. y 17 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

El Evangelio de hoy, aunque es breve, tiene cuatro enseñanzas muy importantes. Recordemos la historia, son dos hijos. Uno dice que sí va a trabajar, pero no va. Otro, al principio dice, no quiero ir, pero al final va. ¿Cuáles son las enseñanzas que tomamos de esta sencilla parábola? De este ejemplo que nos da Cristo. Pues lo primero que hay que decir es que no son suficientes las palabras, y no es suficiente el entusiasmo, porque muchas veces cuando empezamos a acercarnos al Señor, sentimos entusiasmo. Por ejemplo, asististe a un retiro espiritual, te conmoviste muchísimo, te llenaste de entusiasmo por la vida en Dios. Pero ese solo entusiasmo no va muy lejos.

Yo conozco amigos que han hecho buenos retiros espirituales, retiros de cristiandad, seminarios de vida en el Espíritu, retiros de Emaús y vaya, los primeros días una alegría, y ahí estaban las canciones, las canciones que escuché en el retiro. Y la gente se conmueve y llora. Sí, ahí le dijiste que sí a Dios. Pero la pregunta es si ese sí se va a sostener en el tiempo. Esa es la pregunta que hay que hacerse. Entonces no bastan las palabras y el entusiasmo, porque ese hijo al principio dijo Sí, sí, voy, pero después no fue. Es decir, su entusiasmo, sus palabras no fueron muy lejos. Esa es la primera lección. La segunda lección la tenemos que tomar del otro hijo. El otro hijo dijo que no. Y yo creo que muchos de nosotros podemos reconocernos en ese otro hijo.

Si nosotros pensamos lo que ha sido nuestra vida, porque muchos de nosotros, por la manera como hemos vivido, tenemos que reconocer que hubo épocas en nuestra vida en que le dijimos a Dios no, no me interesa y es muy doloroso reconocerlo y es muy vergonzoso reconocerlo, pero la verdad es que muchos de nosotros dijimos que no, no me interesa, no me interesa tu misa, no me interesa tu Biblia, no me interesan tus cosas. Es horrible, pero así somos los seres humanos. Entonces, ¿Cuál es la lección que debemos tomar de ahí? Que a pesar de que esta persona dijo que no, esta persona recapacitó. La importancia de recapacitar. Hay un derecho que nadie te va a quitar porque Dios no te lo quita. Y ese derecho es el derecho a recapacitar.

Que ha sido un mal esposo. Puedes recapacitar. Fuiste una mala hija. Tú puedes recapacitar. Has sido un ciudadano egoísta e irresponsable. Tú puedes recapacitar. Has sido un sacerdote mediocre. Tú puedes recapacitar. Recapacitar es un verbo muy importante, porque es como un entrar en nosotros mismos y darnos cuenta que todavía queda tiempo y que podemos hacer las cosas de otro modo. Una tercera lección que debemos tomar de aquí y que es muy frecuente en el Evangelio, es la lección de la "Perseverancia". Cristo nos dice en otro lugar del Evangelio que nosotros tenemos que medir nuestras fuerzas.

Y yo te pido que cuando tú tomes una decisión por Dios, la pienses, no en términos de que voy a vivir, sino de que voy a morir. Óyeme esto, voy a morir. ¿Qué quiero decir con voy a morir? Quiere decir que no es que tú digas ahora Cristo es muy importante en mi vida. Piensa en la hora de tu muerte y piensa que cuando tú te estés muriendo, tú puedas estar diciendo como San Pablo: "He combatido bien mi combate, he mantenido la fe. . . " No pienses en que vas a vivir unos años interesantes, bonitos, sino tú piensa: -Quiero morir en Cristo.- Esa es la verdadera perseverancia. Sé que este lenguaje suena un poco rudo para algunas personas, porque vivimos en una cultura en la que no queremos pensar en la muerte.

Pero pensar en la muerte es muy importante, ¡Pero mucho! Hay que pensar en la muerte y hay que pensar en que nos vamos a morir. Y hay que pensar en que cuando yo me esté muriendo, mis palabras, mi corazón, mi mente esté en Cristo. Ese es el secreto de la perseverancia. Y esto lo predicaban los antiguos predicadores de todas las comunidades religiosas, muy especialmente en nuestros hermanos jesuitas, eran especialistas en esta predicación sobre la muerte. Y hay gente que dice eso es meterle miedo a la gente. Eso no es meterle miedo, eso es meterle realidad a la vida y la realidad. La realidad más clara que tenemos en la vida es que nos vamos a morir. Solteros, casados, separados, viudos, hombres, mujeres, de todas las razas. Todos nos vamos a morir. Entonces piensa en la perseverancia en esos términos.

Y por último, la última enseñanza que debemos tomar es que el trabajo es trabajo. Observa que esta es una parábola en la que se habla de el papá que quería enviar a sus hijos. ¿A qué? ¿A qué? ¿A que pasearán? ¿A que estuvieran disfrutando? Pues hay momentos que se disfrutan, pero los envió a trabajar. O sea, la vida cristiana es trabajo y es trabajo que da fruto. ¿Qué es lo que se espera de una viña? pues que haya fruto, que haya buenas uvas, seguramente que haya buen vino o lo que se vaya a hacer con esas uvas. Entonces la vida cristiana es trabajo, hay que dar fruto, hay que dar fruto, hay que tocar corazones, hay que transformar vidas, hay que ser levadura en medio de la masa, hay que producir fruto.

Si no estamos produciendo fruto en nuestras familias, en nuestros lugares, en nuestras comunidades o parroquias, si no estamos produciendo fruto, por más que nuestras palabras, digan lo que digan, no estamos siendo obedientes a Dios. Así que son enseñanzas muy concretas y muy bellas las que nos trae este texto. Y yo le doy gracias a Dios porque fíjate cómo en el espacio de unos pocos versículos Cristo resumió lo que es la vida cristiana, que para Él sea la gloria y la alabanza por los siglos.

Amén.

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