Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo nos llama a "trabajar" en su viña. ¿Por qué trabajar? Porque es preciso sembrar, esperar, cuidar y defender para un día poder cosechar.

Homilía ao26013a, predicada en 20171001, con 37 min. y 37 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Queridos hermanos. El domingo pasado teníamos un texto que nos hablaba de una viña, los trabajadores que fueron llamados a distintas horas del día para ir a la viña. El Evangelio de hoy vuelve a la misma imagen agrícola, tenemos otra vez la viña. Puede ser un buen momento para que nos preguntemos, ¿por qué a Jesús le gusta tanto esa comparación con la viña?.

Evidentemente es un cultivo frecuente en esa región del Señor donde Él vivió. ¿Por qué Él hace esa comparación? Si miramos las páginas de la Escritura encontramos que hay todo un camino, toda una tradición que compara a Dios con el viñador y que compara al pueblo con la viña. Así, por ejemplo, el Salmo 80 se resume en una gran súplica: -Ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó. Dios ha plantado su viña. Dios la cultiva y Dios espera ese fruto-, eso aparece en ese salmo. También en el profeta Isaías encontramos la comparación con la viña. Dice el profeta: -Voy a cantar la canción de amor de mi amigo-, y habla de su amigo y su amigo es Dios. -Y Dios plantó una viña y Dios cuidó la viña y Dios esperó un buen fruto de la viña-. Lamentablemente, el buen fruto no llegó porque el pueblo fue rebelde. ¿Qué otro texto nos habla de la viña? También lo encontramos en el Evangelio de Juan, capítulo 15 dónde están esas palabras tan bellas del Señor, Él mismo se llama vid, "Yo soy la vid". Dice: -Ustedes son mis sarmientos-, como decir mis ramas. -Mi Padre es el viñador-. Fíjate que vuelve a aparecer la misma idea y cada vez esa idea se va enriqueciendo con otros matices, con otras comparaciones.

¿Habrá otro lugar donde se hable de la viña? Si, todavía hay más. Sin ser exhaustivos, todavía podemos mencionar lo que se cuenta en el libro del Apocalipsis, como finalmente todas las naciones van a ser exprimidas y va a salir el jugo, es decir, las consecuencias últimas de todo lo que todos hemos hecho. Eso se llama el lagar, lugar donde se exprimen las uvas. En el Apocalipsis se describe ese lagar como el lagar de la cólera de Dios; según Santo Tomás de Aquino, esa expresión indica el desenlace final de todas nuestras acciones.

Entonces nos damos cuenta que la imagen de la viña es frecuente, que es una imagen que atraviesa siglos en la historia del pueblo elegido. Pero lo que tienen de particular los textos de la semana pasada y de esta semana, es que aquí se nos habla de trabajar en la viña. El que trabaja en la viña recibe su paga, una paga generosa que va más allá del simple orden de la justicia. Ese mensaje tuvimos el domingo pasado.

Ahora nos encontramos con los que son invitados a trabajar, ordenados, mandados para que trabajen en la viña. Y el hermano mayor dice que sí, pero luego no va y el menor dice que no, pero luego sí va. Pero ambos han sido mandados, llamados a trabajar en la viña. Ya que sabemos que esta es una comparación bíblica frecuente y muy rica. ¿Preguntémonos qué puede significar trabajar en la viña?

La verdad es que la agricultura, el campo, es como una inmensa catequesis de Dios. La naturaleza canta y cuenta la gloria de Dios y las labores del campo nos enseñan muchas cosas: Por ejemplo, nos enseñan de la necesidad de sembrar, esperar, cuidar, defender para poder cosechar. Por lo menos esos cinco verbos tienen que ver con la agricultura y esos cinco verbos parece que Cristo los asocia con su propio servicio, los asocia con la obra de su Padre Dios, y los asocia con lo que nosotros estamos llamados a hacer.

Le repito los cinco verbos para que usted desarrolle su memoria. Cinco verbos: hay que sembrar, hay que esperar, hay que cuidar, hay que defender para poder cosechar. Esos cinco verbos tienen mucho que ver con lo que Cristo quiere de nosotros como cristianos. Es decir, Cristo quiere que cada uno de nosotros siembre, espere, cuide, defienda y un día coseche.

Sembrar, por ejemplo, es predicar; sembrar, por ejemplo, es dar buen testimonio, eso es sembrar, sembrar es tender un puente de acogida, de bondad para el hermano que sufre; ahí estamos sembrando bondad en la otra persona. Sembrar sobre todo es el ministerio de la predicación, que para eso tenemos otra parábola agrícola, que es la parábola del sembrador, donde expresamente leemos que la semilla es la palabra de Dios. Entonces lo hermoso de este texto es que cada uno se vaya haciendo preguntas. ¿Yo estoy sembrando?.

Cada uno está llamado a sembrar, dijimos que se siembra especialmente de tres maneras: Se siembra con la predicación explícita, como le corresponde sobre todo al obispo, al sacerdote, al misionero, al catequista, se siembra con el buen ejemplo, con el buen testimonio de una vida coherente, recta pero también alegre; es muy importante la alegría, es muy importante unir a la rectitud, la alegría, porque si la rectitud del comportamiento está unida a la amargura del porte, no atraemos a nadie. Por el contrario, si tenemos mucha alegría pero poca rectitud, lo que estamos es alejando la gente de Dios.

Entonces, el segundo modo de siembra es a través de un testimonio que sea recto y a la vez alegre. Especialmente los santos jóvenes han dado ese testimonio. Yo me estoy acordando de un joven italiano. Se llamaba Pier Giorgio Frassati, él está beatificado, era un muchacho alpinista, cantante, amigo de sus amigos, un hombre lleno de gozo que no tenía ningún problema en decirle un día a sus amigos: -Pues yo llegaré más tarde, porque primero tengo el rosario-. Eso es importante, que nos vean piadosos, rectos, pero también felices, ahí sembramos con el testimonio y sembramos también, dijimos, si somos acogedores, dispuestos a dar el paso para acercarnos al hermano que está sufriendo.

Así que mientras yo voy hablando, usted pregúntese ¿si usted está sembrando?. La gente que le rodea, la gente que usted tiene cerca, en su casa, en su trabajo, en su estudio, en su vecindario, esas personas son personas que están recibiendo esa siembra de usted. Cristo quiere que nosotros trabajemos en la viña. Y dijimos que trabajar en la viña, en primer lugar, es sembrar, y sin siembra, todo lo demás ya no existe. Lo primero para que haya un día una cosecha, es que hay que sembrar. Y se siembra con la predicación, con el testimonio y con las obras de amor, de misericordia.

Pero luego hay que saber esperar; este es el segundo verbo ¿Por qué hay que saber esperar? Porque Dios nos esperó también. Así como Dios me ha tenido tanta paciencia, así también yo he de ejercer la paciencia, porque en la paciencia misma hay una especie de confirmación de la siembra. El gran San Agustín decía -Tarde te amé-, le decía a Dios y llamaba con esta expresión sublime a la divinidad, -Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva tarde te amé-. Agustín era consciente que había hecho esperar a Dios, de hecho, el bautismo de Agustín sucedió alrededor de sus treinta años de edad. Fue una persona rebelde, caprichosa, arrogante y lujuriosa; él aplazó la hora de Dios, pero Dios cumplió lo que dice Apocalipsis capítulo 3 -Estoy a la puerta y estoy llamando y Dios espera-.

Entonces es parte del cultivo, la paciencia, todo aquel que ejerce la jardinería, o todo aquel que ha estado cerca del campo, sabe que eso es así. Yo no puedo sembrar por la mañana una semilla y por la tarde volver a ver si ya empezó a brotar. Y cuando salen los primeros brotecitos yo no puedo agarrar esos brotes y decirle crezca, crezca . . ., hay que darle el ritmo, hay que alimentar, que será el siguiente verbo, el verbo cuidar.

La espera es muy importante porque algunos cristianos están cayendo en una especie de impaciencia, algunos cristianos caen en impaciencia cuando ven los niveles de violencia, a los que están llegando a nuestros países. En las noticias que estuve viendo a la hora del desayuno presentaban la acostumbrada lista de muertes violentas en Chihuahua; en el estado, todos los días, la violencia que crece, la corrupción que no para y uno puede llenarse de desesperanza, pero se requiere saber que no hemos llegado a estos estados de corrupción en nuestros países, no hemos llegado de un día para otro. Esas personas que son los abanderados de la corrupción, tampoco llegaron a ese estado lamentable de un día para otro, pues así como corrompernos tomó tanto tiempo salir de la corrupción requiere mucha paciencia y junto con la paciencia, perseverancia.

Entonces los grupos y comunidades que formamos en nuestras parroquias son una siembra muy eficaz y hay que cuidar, hay que cuidar esas escuelas bíblicas, esos grupos de oración, esos grupos juveniles, ese movimiento de vida cristiana, esos retiros de Emaús, esos grupos de palabra y de vida. Hay que cuidar esos grupos, no hay que desesperarse diciendo ya esto se va a acabar. Hay tanta gente que entra en esa tentación apocalíptica, ¡no! Lo propio nuestro no es la exasperación, la exasperación es vecina de la desesperación; hay que saber sembrar con paciencia.

La carta de Santiago nos dice que el buen agricultor espera las lluvias tempranas y las lluvias tardías. Los papás también han de sembrar con mucha paciencia en sus hijos: Hay veces que los papás miran actitudes rebeldes, actitudes de ateísmo, actitudes extrañas en los hijos y sienten: -ya perdí todo mi trabajo-, no hables así, hay que seguir sembrando, hay que seguir esperando, hay que seguir dando el testimonio, entre otras cosas porque las personas que nos observan, al ver nuestra perseverancia y nuestra ecuanimidad, nuestra estabilidad de ánimo, se van dando cuenta que estamos marcando un camino con la guía de la sinceridad.

En cambio, cuando nosotros sembramos y damos testimonio, y ya queremos que ese hijo se convierta y ya queremos que ese, que mi hermano, que mi esposo, que mi esposa se convierta, pero ¡ya! Como ese señor que oraba, no sé si fue en esta iglesia que pasó eso, un señor que oraba aquí frente a Nuestra Señora de la Soledad y le decía: -Virgencita, dame paciencia, pero dámela ya-.

Así no funciona, la paciencia nos acrisola, dice el apóstol San Pedro -Tenemos que ser acrisolados para que nuestra fe alcance el brillo del oro puro-. También le dijo lo mismo el Señor Dios a Santa Catalina, le dijo: -Tu amor- y también le habla de cultivo. -Tu amor se hace perfecto cuando trabajas y no ves el fruto-. Ahí es donde el amor se limpia, se purifica; entonces hay que saber esperar.

Vamos a salir de esta, de este abismo moral, de este hoyo o hueco moral en el que nos hemos metido con tanta corrupción, tanta muerte, tanta violencia. ¿Vamos a salir? Pues sí, pero el camino de salida no es corto y algunos de los que ya somos un poco mayores quizás no alcanzaremos a ver el fruto, pero lo importante es que hay que saber esperar. Eso es trabajar en la viña, saber esperar, nos dice la carta a los Hebreos, en elogio de los grandes testigos de la obra de Dios: -Esperaron contra toda esperanza-. Hay que esperar, luego hay que cuidar y cuidar ¿qué es?, va muy unido a la espera y a la esperanza. La esperanza nuestra no es pasividad, la esperanza nuestra es que hay que seguir alimentando, seguir alimentando.

Yo miro, por ejemplo, a mis hermanos casados que tienen sus hijos, algunos de esos hijos están en edades más o menos difíciles, vamos a decir, y yo miro cómo, lo más hermoso es que en medio de las crisis que a veces tienen los muchachos, nosotros sigamos alimentando, ¿y qué es alimentar? Alimentar es darle la certeza a la otra persona de que nuestro amor está por encima de las tormentas, por encima de los desacuerdos, incluso por encima de los resultados inmediatos. Lo que más necesita el hijo que se equivoca, el feligrés que se extravía, aquel que cae en pecado, en general, lo que más necesita es saber que, aunque yo cambié, Dios no cambió y nosotros, a imagen de Dios, estamos llamados a seguir alimentando, alimentando la confianza.

Está demostrado, como lo he podido comprobar yo mismo en el confesionario, está demostrado que la mayor parte de los abortos suceden porque las personas sienten que ahora ya no las van a apoyar, ya no las van a aceptar. Por supuesto que estuvo mal que esa persona estuviera fornicando con el novio, por supuesto que estuvo mal eso, y estuvo mal que quedara en embarazo en esas condiciones, todo eso estuvo mal. Pero cuando esa hija que ya tiene esa circunstancia se presenta así ante la familia, si la familia toma una actitud, de que porque tú te equivocaste ya no tienes nuestro respaldo, tú verás lo que haces allá tú con tu problema. Eso es lanzar a la persona al abismo y eso es lanzar el bebé por la caneca, eso es destruir la vida.

Entonces hay que seguir amando, cuidar es seguir alimentando, cuidar, seguir amando, aún en medio de las equivocaciones. Esto vale para las personas, esto vale para nuestra Iglesia, porque también encontramos pecado en la iglesia, esto vale para nuestra patria. Por favor, a la patria hay que seguirla queriendo; nosotros no podemos tomar una posición de egoísmo, como si las cosas públicas estuvieran por fuera de nuestro cuidado, de nuestro interés, nada de eso, a la patria hay que seguirla queriendo con todas sus lepras y sus heridas, con sus mutilaciones y equivocaciones, hay que seguir alimentando porque es de todos nosotros. Entonces ese es el cuidar, cuidar es seguir alimentando, cuidar es también, y ahí pasamos al cuarto verbo, es defender, defender, ¿que es? Lo que le dijo Dios al profeta Ezequiel: "A ti te he puesto como centinela"

Los papás tienen que estar muy atentos, muy atentos. Hoy hay demasiadas ventanas que están abiertas por todas partes, cada pantalla de estos aparatos que todos utilizamos, es una ventana y por aquí puede entrar la muerte para tu hijo. Yo siempre comparto el testimonio, para mí dramático, de una familia que empezó a recibir unos informes extraños del colegio. Ellos tenían una hija en ese momento, como de unos doce años de edad, doce, trece tal vez, y empiezan a llegar unas noticias del colegio que la niña está muy débil, que no puede hacer la educación física, que la niña se desmaya. Y decían los papás: ¿Pero cómo así? Si nosotros estamos alimentándola bien, será que está enferma, le hacen un chequeo; tenía un gravísimo, gravísimo estado de desnutrición, tan avanzada estaba la desnutrición de esa chiquilla, que ya ella estaba presentando un síntoma que yo no sabía que existe, de eso que existe en ese campo, que son temblores involuntarios como una especie de mini Parkinson, perdón la expresión. Para que nos entendamos, en estados severos de desnutrición la persona empieza a presentar una serie de temblores que no puede controlar; así estaba esa niña, presentaba movimiento corporal extraño y los papás completamente perplejos. ¿Qué pasó? ¿Cómo así? Empiezan a averiguar Ay, ay, ay, la niña adicta al internet. Ya ahí hay una señal de preocupación.

Y los papás felices: -Ay, qué juiciosa que es nuestra hija, ella llega de su colegio y se sienta en su computador y trabaja y trabaja y trabaja-. Ningún trabaja, la niña había encontrado en internet un grupo de chat, básicamente de personas que dan instrucciones sobre cómo llegar al adelgazamiento extremo. Estamos hablando de enfermedades como la anorexia o la bulimia y empiezan a ver con horror estos papás, lo que había estado leyendo su hija de doce años en el computador. Una de las instrucciones, porque es realmente, es una cosa diabólica, una de las instrucciones que les daban a las niñas y a los que se afilian a ese servicio era: Cómo lograr que tus papás crean que te comes la comida. Y básicamente lo que les enseñaban era que después de cada comida, después de la cena, después de cada cosa de esas que fuera y se practicará hasta vomitar, desocupara el estómago para no llenarse de calorías. Esta niña estaba practicando eso hacía meses.

La muerte entra por donde no te lo imaginas, especialmente los papás, necesitan estar muy cerca, muy cerca para defender; ese es el cuarto verbo. ¿No?

Dijimos: que sembrar, esperar, cuidar, que sobre todo alimentar, dar lo que es necesario defender. Hay que defender, es necesario defender, defender a los niños, defender a los jóvenes. ¿En qué anda mi hijo? ¿Qué programas está viendo? A mí me parece que la peor decisión, quizás haya otras, todavía peores, pero la peor decisión que puede tomar una familia solo por el hecho de que tiene buen ingreso económico, es eso de estar poniendo televisores en todas partes. De por Dios, no hagan eso. Usted no tiene idea de todo lo que sucede en esos programas de televisión, incluso en los canales que usted considera infantiles.

Desde hace tiempo, los canales tradicionalmente infantiles como Nickelodeon, como era el canal Disney, están repartiendo basura y en algunas ocasiones veneno. Si usted es una persona que usted valora el matrimonio como Dios lo estableció; matrimonio entre hombre y mujer, siéntese, pero usted, no con su hijo, siéntese a ver el canal de Disney para que usted vea lo que les están enseñando a los niños.

Entonces eso quiere decir que esto es trabajo; por eso Jesús dijo que había que trabajar, es un trabajo, trabajo para los papás. ¿Cuál es el trabajo para los papás? que tienen que ver ¿Cuáles son las plagas, cuáles son los hongos, cuáles son las fieras? que están llegando para destruir lo que usted sembró con tanto esfuerzo. No vale nada que usted tenga su precioso cultivo si usted no lo va a cuidar, si usted no cultiva, si usted no cuida su cultivo, entonces ¿Para quién está trabajando?

Recuerden todos, amados hermanos, solo hay una razón, solo una, una para tener hijos en la tierra, y es darle hijos a Dios en el cielo. Es la única razón para tener hijos. Bueno, yo enfatizo el caso de los papás porque es la realidad de la mayoría de ustedes. Pero por ejemplo, este padre que está aquí, Padre Javier, un padre joven que nos visita en este día, por supuesto nuestro padre Luis. Nosotros los sacerdotes tenemos un gran deber de cuidar y es difícil, el cuidado, es difícil porque significa alimentar.

Pero más difícil es defender, porque defender significa muchas veces lo que nos han dicho todos los Papas desde cuando están viniendo Papas a la República de México, ¿Desde cuándo? Desde Juan Pablo Segundo nos están diciendo: -La vida cristiana es vida que va en contravía de los valores de este mundo-. Luego viene Benedicto y ¿qué nos dice? Lo mismo, especialmente en las Jornadas Mundiales de la Juventud, -Que para ser cristiano hay que aprender a ir en contravía-. Y llega Francisco, y ¿qué nos dice? -Que no podemos dejarnos arrastrar simplemente por el mundo, que él no quiere una Iglesia mundanizada que hay que aprender a andar en contravía-.

Entonces la labor de un sacerdote, es difícil; seguramente si el sacerdote está lleno de amor, pues sobrelleva esa dificultad. Pero créame que no es fácil, porque usted tiene muchas veces por amor al rebaño tiene que contradecir a las ovejas. Sobre esto hay una reflexión muy bonita que hace de nuevo San Agustín en uno que se llama: El sermón de los Pastores. Si usted tiene curiosidad sobre el asunto, que ojalá se le despierte, lea usted eso está gratis en Internet. Ponga entre comillas sermón de los pastores y aparte pone Agustín. Es una meditación preciosa que hace este santo sobre aquel texto de Ezequiel sobre los pastores de Israel, es un texto hermosísimo y una de las cosas muy lindas que dice San Agustín en su Sermón de los Pastores: es cómo muchas veces el pastor tiene que pelear, oiga esto, tiene que pelear con la oveja para salvar a la oveja.

Y eso sí que lo saben los papás, eso lo saben los papás y a veces los hijos no entienden y a veces las hijas no entienden. Aquí en el vecino país, en los Estados Unidos de América, donde he tenido ocasión de prestar servicio de misión también muchas veces, y tengo tantos testimonios de esto, qué difícil que es para los papás. En alguna ocasión fui a una comida, una familia mexicana muy bella en el estado de Washington, allá por el Pacífico, al norte. Y resulta que yo sí notaba; estaba la familia sentada, papá, mamá, tres hijos, pero de los tres hijos había una hija que tenía una cara de cañón montado, una rabia y metida en su plato y como que no comía, una muchachita así como de qué edad tendría. . ., unos doce o trece, algo así. La cosa era tan evidente que era imposible que uno no lo observará. El ambiente tenso, el ambiente incómodo. ¿Por qué todo eso? Porque la muchachita estaba tratando de manipular con su cara, con su cara desfigurada por la rabia, que yo no soy suficientemente feo para hacer esa cara, no es fácil, hay que practicar.

Bueno, esta muchacha ya había practicado, tenía una cara horrible; y la razón era que quería con su mala carota, ofender y manipular a los papás. ¿Por qué? Porque no le dieron permiso de ir a una pijamada extensa. Y la pijamada extensa es, que la niña de doce años se va a la casa de unas compañeritas del colegio desde el viernes por la noche y regresa el domingo con la característica de que los papás de esas niñitas compañeritas no iban a estar ese fin de semana. Y claro, como a mucha chica norteamericana del estado de Washington y la ciudad de Seattle les parece extraordinario y les parece muy simpático pasar un fin de semana, únicamente estamos las niñas con las niñas.

Pues los papás, ¡Bendito Dios! Mexicanos, católicos, guadalupanos, firmes y claros, le dijeron a la hija: -pues no vas a ir allá-. Y por eso esta tenía esa cara de cañón montado, no sé si me alcanza a salir bien la cara que tenía. O sea que a veces defender a la oveja es contradecir a la oveja.

¿Qué es lo que quiere el mundo, que prediquemos nosotros los sacerdotes? ¿Qué es lo que quiere que prediquemos? Que todo vale: Legalización de la droga, adelante, sale, no hay ningún problema; vamos a organizar matrimonios de a tres y de a cuatro, entre hombres, mujeres, personas, perros, animales y cosas, sale, sale. Eso es lo que el mundo quiere que nosotros seamos, los doctores sí, y todo sí y todo vale.

Pero resulta que hay cosas que no valen. Ah, porque usted es un cura amargado, hipócrita, esa iglesia inquisidora, -dominico tenía que ser-. No, es que no vale precisamente por una razón, y eso lo dice San Agustín con más belleza que yo pueda. Es que por amor a ti tengo que contradecirte a ti; eso es defender, hay que defender en la sociedad y entonces uno es el malo y uno es el antipático. Pero gracias a Dios esta gran nación mexicana tiene suficientes mártires como para darse cuenta que hubo gente que se paró en la raya y dijo ¡no!, -pues entonces te matamos-, me matarás y responderás por mi sangre ante Dios, pero ¡No!

Esa gente, esos benditos como un Pedro de Jesús Maldonado, esos benditos son los que nos están recordando que a veces amar a la gente es contradecir a la gente. Y yo creo que cuando ya hemos llegado a este punto, usted me entiende, lo que le estoy diciendo. Cristo dijo que nos llamaba ¿A qué? ¿A qué? ¿A qué? -A trabajar-, ahora, si se entiende, porque es trabajo, porque eso de sembrar y esperar y cuidar y alimentar y defender. . ., eso es trabajo, y es trabajo duro. ¿Para quién? Para todos.

Dura es la vida del sacerdote si quiere ser coherente con su vocación. Pero no es menos dura la vida de un buen padre de familia que quiera sacar adelante Santos como los esposos de apellido Martán se pronuncia y se escribe Martin, Martán los papás de Santa Teresa del Niño Jesús. ¿A usted no le parece una belleza? Precisamente el primero de octubre se recuerda a Santa Teresa del Niño Jesús, sería hoy. Pero pasa y acontece que claro, estamos en domingo, de todas maneras, yo le hago la propaganda sin costo: -Mire primero de octubre Santa Teresa del Niño Jesús, Santa Doctora de la Iglesia y el papá santo y la mamá santa-. Eso es lo que Dios quiere.

Es que el camino de los papás es camino de santificación. ¿Y qué pasa, padrecito? si uno siembra, espera, ¿Qué más era? Cuida, defiende. . ., -gracias a Dios hay gente, hay gente atenta en su parroquia. Padre, muy bien-. Si se cumplen esos cuatro. ¿Cuáles son esos cuatro? Se los repito, porque usted no puede irse de aquí sin aprendérselos: Siembra, espera, cuida, defiende. Si usted hace esos cuatro, entonces un día llegará el quinto. ¿Qué es qué? Cosecha Y la cosecha. ¿Cuál es? Por ejemplo, yo pienso en un sacerdote que desde el primer momento me ha recibido con una sonrisa, con un abrazo, con ese amor. ¿Cuál es la cosecha para un sacerdote con cincuenta años de servicio, más los que Dios le quiera dar? ¿Qué es lo que espera un sacerdote de estos? Lo que espera el buen sacerdote es: -Yo espero que en el cielo estemos todos-, Esa es la cosecha.

La cosecha es que más allá de todas las rebeldías, de todos los insultos, más allá de todo eso, nosotros en la gloria del cielo, en el banquete del cielo, podamos abrazarnos, superada toda lágrima, toda diferencia Tenemos ya anticipo bendito de eso en la Sagrada Escritura. ¿Usted se acuerda que hubo un santo, el primer santo de la Iglesia Católica? después de Cristo, claro, el primero que entregó su vida, murió mártir. ¿Cómo se llama ese primero? Esteban. Yo tengo que volver a esta parroquia, definitivamente, aquí la gente responde.

Esteban murió apedreado y cuando apedreaban a Esteban, un hombre llamado Saulo, aprobaba esa muerte y estaba de acuerdo con que lo mataran; y parece que estaba diciendo: -Dele duro con puntería, apunte bien, dele duro- ¿Quién era ese? Saulo de Tarso, Pero fíjate esta maravilla: -Las piedras de Saulo llevaron a Esteban al cielo. Las oraciones de Esteban llevaron a Saulo al cielo-. Esa es la iglesia.

Entonces ese es el trabajo. Ahora que ya entendemos lo que es trabajar, ahora sí se podría hacer la homilía, Pero vamos a dejar ahí. Ahora sí se podría. Estábamos explicando lo que es trabajar.

Realmente, la homilía debería consistir en decir que si nosotros hoy le vamos a decir al Señor que si vamos a trabajar, no es para mañana darle la espalda. O todavía más bonito este mensaje, si hasta ahora hemos sido rebeldes y no hemos trabajado, que a partir de hoy el Señor diga puedo contar con este hijo, puedo contar con esta hija que va a ser gran trabajador de mi viña.

Amén, Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM