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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¡Sí es posible cambiar! Reconocer el pecado nos acerca a Dios. Él quiere lo mejor para nosotros y nos da su gracia, su unción, su poder y su amor para que cambiemos.
Homilía ao26011a, predicada en 20171001, con 4 min. y 42 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Hay dos enseñanzas muy claras que podemos tomar del Evangelio de hoy, que viene del capítulo 21 de San Mateo. Lo primero es que si se puede recapacitar, uno no está condenado a repetir los errores que ha cometido, uno no está condenado a seguir la mala ruta, el mal camino que un día tomó. Es posible cambiar y Dios quiere que nosotros mejoremos nuestros caminos y está dispuesto a darnos su ayuda, su gracia, su amor, su poder, su unción para que nuestra vida cambie. Ese es un mensaje importante. El mensaje importante es: el cambio, si es posible, se puede una vida distinta, esa vida distinta también puede llegar a ti. Segundo, es interesante en el texto, ¿Quiénes son los primeros que acogen el llamado a la conversión, el llamado al cambio? Los primeros que acogen este llamado son los que tienen los pecados más evidentes, más patentes. Cuando Cristo dice, que los publicanos y las prostitutas van delante de nosotros al Reino de Dios, ciertamente no es por los pecados que cometieron; no es que el pecado los haga cercanos a Dios. El pecado siempre nos aleja de Dios, pero el reconocimiento del pecado nos acerca a Dios. Y a veces, cuando el pecado es tan evidente, cuando el pecado es tan patente y no hay manera de esconderlo, entonces el arrepentimiento llega más pronto. O sea que también en esto estamos aprendiendo algo fundamental, y es que, es más fácil arrepentirse de lo que es más evidente y es más difícil arrepentirse de lo que es menos evidente, porque hay que tener en cuenta que la conversión es un proceso, la conversión, es muchas conversiones y las conversiones más difíciles son aquellas que tienen que ver con los sectores más profundos de nuestro corazón, los más profundos. Por ejemplo, es fácil reconocer el daño que causa una persona cuando tiene un vicio, eso es fácil de identificar. Ver cómo su cuerpo se destruye, por ejemplo, por la droga, ver el daño que el alcohol le está causando al hígado de una persona es algo que puede salir en una prueba de laboratorio, pero el laboratorio no va a encontrar tan fácilmente; si mi vida es una mentira, si tengo gran capacidad para engañar a mucha gente y en el fondo no soy lo que parezco. Si yo prometo y no cumplo, si dentro de mí hay vanidad y soberbia, si me estoy muriendo de envidia o estoy conservando un rencor; esa clase de cosas que no son tan evidentes, esa clase de cosas son más difíciles de reconocer y es más difícil arrepentirse de ellas. Así que dos hermosas enseñanzas muy necesarias para este domingo. La primera, si es posible, cambiar. No estás condenado a repetir tu pasado, no estás condenado a seguir la ruta equivocada; si un día te equivocaste, es posible cambiar y Dios quiere lo mejor para nosotros, y Dios nos da su gracia, su unción y su amor para que cambiemos. Y luego, segunda enseñanza, atención al cambio profundo, atención a la conversión real y profunda, atención, porque esa es la más elusiva, esa es a la que prestamos menos atención, pero quizás es la que está más cerca de ese corazón que Dios quiere hacer nuevo.

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