Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El número dos, que sobresale en las lecturas de hoy, nos recuerda que hay un don fundamental de libertad en nosotros: no estamos condicionados.

Homilía ao26010a, predicada en 20140928, con 21 min. y 24 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

El número dos es importante en este domingo porque en la primera lectura se presentan dos situaciones. La de un justo que se aparta de su comportamiento correcto y la de un pecador que se aparta de su comportamiento torcido. Son dos historias que van en paralelo en la primera lectura tomada de Ezequiel. Una persona que iba bien pero que se torció, y otra persona que iba mal pero que se enderezó. Dos historias. En el Evangelio también encontramos lo que sucede en dos situaciones distintas. Este es un hombre que tiene dos hijos. Y a ambos les dice lo mismo: "Ve a trabajar a mi viña". Y el primero dijo que sí, pero no fue. Y el segundo dijo que no, pero sí fue.

De modo que el número dos es importante. Y yo quiero empezar esta reflexión precisamente por el número dos, porque ese número está indicando que uno en la vida tiene opciones, como cuando uno va por un camino y puede tomar por la izquierda o puede tomar por la derecha. La primera lección de este domingo es. . . -No importa cómo haya sido tu vida, no importa lo que haya sucedido en el pasado; y no importa cuántas cosas condicionen tu presente, en este presente, hay más de una opción.- Y eso no es otra cosa sino el misterio de la libertad humana. Piensa algo, en realidad, nosotros, los seres humanos, no estamos condicionados a la manera como están condicionados los animales. Una vez un estudioso alemán hacía un análisis muy interesante. Decía Ningún animal hace dieta. Parece algo sencillo, pero es muy profundo.

¿Qué es hacer dieta? Hacer dieta es saber que hay algo que me gusta, que me apetece, que me habla y lo que me dice es cómeme. Y sin embargo, aunque eso me atrae, aunque eso me gusta y aunque tengo hambre, digo no. Conocemos el caso de algún león que tenga hambre. Y que vea pasar una cebra y diga esa cebra sería el plato perfecto para el almuerzo. Pero ya estoy como muy gordo. Hoy no voy a comer. Los animales en el fondo no tienen opciones. Hay un condicionamiento interno que se expresa a través de la fuerza de los estímulos internos y externos. Por eso, en términos estrictos, el animal no es libre. El animal no puede construir un futuro. El animal no puede definir cómo quiere ser. El ser humano sí. Ese es el primer dato que debemos tomar hoy.

Tenemos un don maravilloso que se llama libertad. Y ese don puede llevarnos a unas alturas bellísimas de perfección o a unos abismos espantosos de degradación. Tenemos el don de la libertad. A veces uno se encuentra en una familia dos hermanos. Era una familia que pasaba muchas necesidades. Había mucha pobreza. A veces tenían que sufrir física, hambre. Y sin embargo, estos dos hermanos llevaron dos vidas completamente diferentes. Uno de ellos llegó a ser un ciudadano de bien. El otro tomó el camino del crimen. Tenemos la historia de otros dos hermanos. Tenían un papá agresivo, violento. Uno de ellos tomó un camino. También se casó, también tuvo hijos. Y Entonces empezó a hacer con los hijos peor de cruel de lo que había sido su papá y a maltratar a esos hijos. Escogió continuar la cadena.

En cambio, el hermano escogió romper la cadena. El hermano de este otro que vivió las mismas humillaciones y la misma violencia del papá. Sin embargo. Cuando tuvo hijos dijo, -Yo no voy a repetir con mis hijos lo que hicieron conmigo.- Esa es la importancia del número dos. Y ahí termina el primer punto de esta homilía. Tómale, cariño al número dos. No por las matemáticas. Tómale cariño al número dos porque te está recordando que siempre tienes una opción. Último ejemplo para cerrar ese tema. Nuestra Iglesia Católica tiene entre sus hombres heroicos de hace pocos años un cardenal vietnamita, Van Thuan. Pasó 12 o 13 años en la cárcel.

Recibió humillaciones y maltratos durante mucho tiempo. El régimen comunista lo mantuvo aislado, lo metían en unas prisiones ridículamente pequeñas donde no podía ni sentarse ni acostarse. Era una manera de torturar su cuerpo y su mente. Pero este hombre resistió todo eso. Las cosas cambiaron y pudo salir de prisión. Eso es admirable, la resistencia. Pero hay algo más admirable. Él no salió de la cárcel lleno de odio, de amargura, de resentimiento y de venganza. Salió de la cárcel a predicar la dulzura de Jesucristo y el poder del don de la esperanza. ¿Cómo puede una persona sufrir tanto y después salir a dar tanto amor? Él lo cuenta en sus libros.

Él cuenta cómo cada día era una opción. Puedo dejarme llenar de amargura o puedo permanecer unido al amor de Dios. Y él escogió permanecer unido al amor de Dios. Es el poder del número dos. Acuérdate, tienes dos caminos. Pasemos a la segunda parte de esta homilía. Nos vamos para el Evangelio. Ya dijimos que Jesús nos cuenta dos historias. Como son dos historias, pues vamos a sacar dos advertencias de estas dos historias. Porque como han dicho varios sabios, entre ellos Confucio. Nosotros podemos aprender de los demás, de sus aciertos y de sus fracasos. Así que saquemos una enseñanza de los aciertos y los fracasos que se nos cuentan en el Evangelio de hoy.

Un hombre que dijo que sí iba a trabajar, pero después no fue. Jesús dice esta parte de la parábola refiriéndose a los que se creían buenos en el tiempo del Señor, los fariseos, los escribas, los saduceos, especialmente esos tres se consideraban gente buena y gente que estaba obedeciendo a Dios. Pero Jesús les hace ver algo que ellos se parecen como a ese hermano mayor, como a ese primero de los hijos de la parábola. Ellos han dicho que sí, que sí van, pero después resulta que en realidad no van. Es decir, tendrían que ser los primeros en acoger la buena noticia del Reino de Dios, pero en realidad no están obedeciendo.

Es decir, dijeron que sí a Dios, pero su vida después es una desobediencia al Señor. Porque resulta que estos fariseos, estos escribas y estos saduceos fueron desobedientes al Señor. Bueno, ya entendemos por qué Cristo dice esa parte de su parábola, pero ¿Cómo se aplica a nosotros?. Vamos a tomarlo como una palabra de advertencia. Y la palabra de advertencia se sintetiza en esta frase: -No te fíes de los bienes del pasado.- No te fíes de la virtud pasada. No te fíes de lo que dijiste. Hay que renovar tu alianza, tu obediencia y tu amor a Dios todos los días. Que es exactamente lo mismo que sucede en la pareja y en la familia. Ya que estamos terminando este hermoso retiro parroquial sobre familia; en la familia pasa lo mismo. El amor hay que renovarlo. La pareja que lleva 5, 10 o 15 años de matrimonio no puede vivir de que hace 15 años yo te dije que te quería. Eso hay que decirlo hoy. El amor hay que renovarlo. No te fíes de lo que fue.

Apliquemoslo también a nuestros países. Algunas veces decimos América Latina es católica, cuidado, no nos fiemos del pasado. Todos los días las estadísticas son escalofriantes. Todos los días miles de católicos abandonan la Iglesia para irse a grupos cristianos no católicos y con todo el respeto hacia esos grupos. En ellos no está la plenitud de la fe. Y eso está sucediendo. Entonces, no podemos fiarnos de que Colombia es un país católico. Ecuador, país católico, México, país católico, ¡No! No te fíes de la virtud pasada, tu fe, tu amor, tu alianza con Dios; tienen que renovarse todos los días. La única manera de avanzar es no retroceder. Y la única manera de no retroceder es no dejar de defender, de cuidar, de cultivar lo que es tuyo, tu fe, tu amor a Dios.

No basta con haber dicho sí en el pasado, tu sí tiene que renovarse en el presente. Esa es la enseñanza que nos deja ese primer ejemplo. Y ahora ¿Qué advertencia nos deja el segundo ejemplo? El segundo ejemplo es aquella persona, ese muchacho que primero dijo que no, pero después se arrepintió y fue a trabajar a la viña del papá. ¿Qué advertencia nos deja ese ejemplo? ¿Qué podemos aplicar a nuestra vida? Pues vamos a sacar como advertencia que nosotros no debemos juzgar en dónde va a terminar la vida de otra persona, porque cuando uno ve a los publicanos que cobran impuestos para el imperio Romano, o cuando uno ve el triste oficio de las mujeres prostituidas, uno dice, -Estos son los que están más lejos de Dios.- Cuidado, te puedes equivocar.

En un momento dado fueron esas personas las que primero acogieron el llamado al arrepentimiento después de escuchar la predicación de Juan Bautista. Así que aquí termina la segunda parte de nuestra homilía. Las dos advertencias. Primera advertencia en cuanto a ti: No te fíes de lo que tú has sido. Por ejemplo, nosotros, los sacerdotes, no nos fiemos. Yo ya soy sacerdote, ya me han ordenado, ya tengo Espíritu Santo. Sí, sí, Cuida, cuida lo que tienes. El apóstol San Pablo le decía a su discípulo y santo también Timoteo le decía: "Cuídate y cuida la doctrina que enseñas". Entonces, primera advertencia, -No te fíes del pasado, de la virtud pasada. Segunda advertencia: -No pierdas tu tiempo juzgando cómo van a acabar los demás.- Eso no te toca a ti. Lo que tú tienes que hacer es predicar el Evangelio, dar testimonio, amar, servir, apoyar, ayudar.

Que en ¿Qué va a terminar cada persona? Solo lo sabe Dios. Eso no te toca a ti. Esas son las dos advertencias. Pasamos a la tercera y última parte de nuestra homilía. No solamente obtenemos dos advertencias, sino que también tenemos dos palabras de ánimo en esto que Cristo nos enseña. dos palabras de ánimo. Y voy a tomar la primera palabra de ánimo de lo que le sucedió al segundo de los hijos, presumiblemente el menor. El segundo de los hijos dijo que no, pero hay un verbo que es muy importante. Dice aquí: -Le respondió, No quiero ir. Pero se arrepintió y fue. Y ahí está una palabra de ánimo. Uno puede enmendar la vida, uno puede arrepentirse, uno tiene derecho a corregirse. A mí nunca se me olvida que cuando el Señor me llamó a que lo conociera y lo sirviera más de cerca en los grupos de oración de la Renovación Carismática, allá en Colombia, había una señora que en esa época tenía cerca de 73 años de edad, y ella decía su edad.

No como algunas señoras que callan la edad. ¿Y saben por qué ella decía su edad? Porque ella decía: "Tengo 73 años y hace solo dos años que me encontré con Cristo. Se encontró con Cristo a los 71 años de edad. Según el testimonio que ella misma daba, la conversión es posible, el arrepentimiento es posible, enmendar la vida se puede. Y ese es un mensaje de esperanza. No estás condenado a tu pasado. Así como uno no puede fiarse de la virtud pasada, uno tampoco debe considerarse encadenado a los errores que cometió en el pasado. Tú puedes romper esa cadena en el nombre de Cristo. No digas, es que yo soy un alcohólico. No digas eso. Di: -Yo he sido, he sido. Y si tienes fe, y si tomas las medidas apropiadas, vas a poder añadir. Yo he sido un alcohólico. Hoy rompo esa cadena.

No digas: -No, Lo que pasa es que uno de hombre es infiel.- No digas eso. Di: -Yo, como hombre he sido infiel. Pero hoy rompo esa cadena de infidelidad.- No digas: -Yo soy muy perezosa. Yo soy muy inconstante. Yo soy muy mediocre.- No digas yo soy. Cuando se trata de defectos o de errores, di más bien, he sido perezosa. Hoy rompo esa cadena en el nombre de Cristo. Y esa es una palabra de esperanza. Esa es una palabra de ánimo que nos da el Señor Jesucristo. No consideremos a nadie ni a nosotros mismos atados a un pasado de pecado. Lo que tienes que decir es, -Yo he sido. He sido irresponsable, he sido mentiroso, he sido mediocre, he sido infiel. Pero puedes decir, -Hoy en el nombre de Cristo. Puedes decir de ahora en adelante, en el nombre de Jesús, soy otra cosa.- Esto es maravilloso.

Yo acompañé a Monseñor en su Eucaristía del día de ayer y dijo una cosa muy bonita en su homilía, dijo: "El día más importante no es el último día de tu vida. . . -Entre otras cosas, tú no sabes cuál va a ser el último día, ni cómo vas a estar. ¿Qué tal que para esa época el cerebro no funcione mucho? Nadie lo sabe. El día más importante de tu vida no es el último día.- . . .el día más importante de tu vida es hoy". Hoy porque hoy es el día en el que tú puedes decir: -Yo he sido, pero ya no voy a ser.- En el nombre de Cristo no voy a ser. Y esa es una palabra de esperanza. Bueno, y ¿Qué mensaje positivo podremos encontrar en esto que le sucedió al primero de los hijos que resultó inconstante? ¿Qué mensaje de esperanza podremos sacar? El mensaje de esperanza, el mensaje positivo es, -Necesitamos humildad. Cada día de perseverancia en la fe es un día de humildad.- Es un regalo permanecer en Dios y es motivo de agradecimiento.

Si tú examinas bien las cosas. Tres años de vida son un poco más de mil días. Eso quiere decir que si has vivido treinta años, has vivido más de diez mil días. Eso quiere decir que si acabas de cumplir años. Entonces un personaje como nuestro querido Horacio ha vivido cerca de doce mil días y después de doce mil días, Horacio puede ponerse delante de Jesús y decirle: "Creo en ti." Y esa es una victoria del amor, porque podemos fallar y los seres humanos somos frágiles. Cada día de perseverancia en la fe tiene que ser un día de agradecimiento y también un día de humildad. Son las palabras de ánimo que nos regala Jesús en este hermoso domingo.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM