Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Recapacitar significa: darse la oportunidad de pensar mejor; darse permiso de oír, por fin, la voz de Dios.

Homilía ao26006a, predicada en 20110925, con 4 min. y 35 seg.

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Transcripción:

Creo que hay palabras y hay verbos con los que uno se encariña. Por ejemplo, en las lecturas de este domingo aparece el verbo recapacitar. Está en la primera lectura tomada del capítulo 18 de Ezequiel y está en el Evangelio capítulo 21 de San Mateo. Ezequiel nos dice que el malvado puede recapacitar y si recapacita y se convierte de su mala vida, salva su vida. Y el Evangelio nos cuenta la historia de dos hijos, uno de los cuales dice que sí iba a trabajar, pero luego no va, y hay otro que dice que no, pero luego recapacita y sí va a ayudar en la viña del papá.

Recapacitar yo creo que es un verbo muy necesario hoy. Personalmente siento una gran tristeza cuando muchos de los líderes políticos o de las figuras del arte, la canción, la farándula, aseguran que no tienen nada de qué arrepentirse. Anda por ahí una cantante blasfema, irrespetuosa, obscena y en una entrevista dice: -No tengo nada de qué arrepentirme-, lléva no sé cuántos matrimonios, no tiene nada de qué arrepentirse. Entrevistan a un político involucrado en una guerra internacional que ha costado miles de vidas, millones y millones de dólares, -no tengo nada de qué arrepentirme-; entrevistan al que fue presidente o está terminando su presidencia en el Gobierno de España, -no tengo nada de qué arrepentirme-.

Para mí, lo único que eso demuestra, es que la raza humana está perdiendo la capacidad de recapacitar, porque recapacitar es pensar mejor. Y cuando uno se niega a recapacitar, uno se niega a pensar mejor. Ningún ser humano honesto, ningún ser humano que realmente recapacite, puede decir: -lo he hecho todo bien-, porque eso significaría no vale la pena, no merece el esfuerzo pensar un modo mejor de hacer las cosas, no hay un modo mejor de pensarlo, ni hay un modo mejor de hacerlo. ¡Cuánta arrogancia, por Dios!

Por supuesto que hay modos mejores de pensar las cosas, y por supuesto que hay modos mejores de hacer las cosas. Necesitamos que nuestra clase política recapacite. Muchos de los desastres que vemos en nuestra región vienen de eso. Cuando una clase política se encierra en sus privilegios, cuando todos los contratos van para las mismas personas, cuando se pospone y se pospone, la necesidad y el clamor de los pobres; esa es una olla a presión, eso va a estallar antes de que estallen los desastres, hay que recapacitar.

El egoísmo de las entidades prestadoras de salud, el egoísmo y la codicia de los que quieren acaparar todo; son los que engendran revoluciones destructivas, guerras civiles, regímenes de gobierno que luego se burlan de la Iglesia, que pisotean los derechos de muchos a nombre de un cierto populismo.

Antes de que sea tarde, necesitamos recapacitar, detenernos y decir: ¿Qué estoy haciendo? Oír de nuevo la voz de Dios, recibir su Palabra, dejarnos guiar por su Espíritu.

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