Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Seamos firmes en la voluntad de Dios.

Homilía ao26001a, predicada en 19960929, con 11 min. y 20 seg.

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Transcripción:

Esta vez, queridos amigos, el día domingo coincide con el veintinueve de septiembre. Usualmente la Iglesia celebra el veintinueve de septiembre a los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. No sería correcto litúrgicamente que dedicara mis palabras a decir algo sobre el misterio de los ángeles y su papel en nuestra vida, no sería correcto litúrgicamente, pero casi me muero de ganas de hacerlo viendo tanta literatura que se multiplica en torno a los ángeles.

Casi uno puede seguir este criterio, creo yo, cuando los periódicos empiezan a ocuparse de algo, quiere decir, en primer lugar, que ese algo está de moda y en segundo lugar, que lo que digan los periódicos y las revistas, no es la verdad. Si lo que dicen los periódicos sobre otros temas, es como lo que dicen sobre los ángeles, podemos ahorrarnos muchas suscripciones, queridos amigos; tampoco ahondó en este tema porque yo no sé si aquí hay gente del Tiempo o del Espectador que pueda sentirse ofendida o rechazada y que luego hagan un artículo sobre mí.

Si llega a salir un artículo sobre mí; estén tranquilos, no lo tienen que leer, seguramente no va a decir nada, que sea cierto. Por lo menos lo que se dice sobre los ángeles en su gran mayoría es una especie de moda, y lo podemos resumir diciendo: Que los ángeles son, en la versión del Tiempo, el Espectador, Semana, etcétera, son fuerzas misteriosas, desconocidas, con las cuales uno puede entrar en contacto y que uno puede poner a su favor.

Esa se llama la versión mágica de los ángeles. Realmente lo que pretende esta ola de literatura sobre los ángeles es, que nosotros, todos, volvamos al paganismo, es decir, que dejemos la fe y que volvamos a la magia. ¿Cuál es la diferencia entre la fe y la magia?

¡Bendito sea el Señor! El Evangelio de hoy divinamente nos ayuda en este sentido. La diferencia entre la fe y la magia es que, en la magia yo intento entrar en contacto con fuerzas, poderes, energías, conocimientos, para ponerlos en función de mi voluntad, de mi plan, de mis pretensiones. La magia en sus diversas versiones, desde el indio amazónico y demás locales que tristemente se encuentran en la Avenida Caracas, que es como la brujería para el vulgo, hasta los ángeles de la Hacienda Santa Bárbara, que son la brujería para la clase alta, desde una hasta otra clase de brujería; el papel es conseguir un poder, meterlo en mi mano y ponerlo a mi favor, de modo que mi voluntad se realice, hasta extremos simplemente ridículos.

Por ejemplo, quiero lograr que alguien me quiera, que alguien me ame; entonces consigo una fuerza, una pócima, un líquido, probablemente verde o rosado, son los colores preferidos. Líquido verde fosforescente o un rosado chillón, y ese líquido me asegura el quereme, me asegura que la otra persona me va a querer a mí. La magia es para que otros hagan mi voluntad, la magia es para que se cumpla lo que yo quiero; esa es la magia.

La fe, en cambio, es para que yo haga lo que Dios quiere. Cuando rezamos ante Dios, insistiendo y persistiendo en que se hagan nuestros planes y nuestra voluntad, estamos tratando a Dios como al brujo mayor. Cuando oramos ante Dios, como nos enseñó Jesucristo, especialmente en el Padrenuestro, cuando oramos ante Dios de esa otra manera, oramos para que se cumpla su voluntad en nosotros.

En la magia, yo no sé con quién me estoy metiendo en realidad, lo único que sé es que es un poder, es una energía, es una fuerza. Hermanos, mucho cuidado con cambiar a Dios por un transformador. Uno le puede rezar a Dios, uno puede orar a Dios y confiarse en Dios, uno puede depositar su vida en Dios, pero por favor no se enchufe a ningún transformador, cable de alta tensión, channeling, regresión o demás aromas extraños que venden, por ejemplo en Hacienda Santa Bárbara. Los que trabajen allá no se sientan ofendidos, oren por favor por esos locales y por esas personas.

De manera que los veintinueve de septiembre la Iglesia celebra a estos ángeles. Pero como estamos en domingo y litúrgicamente tiene primacía, el domingo, debo dar el primer lugar a lo que nos enseña el Evangelio y lo que nos cuenta el Evangelio es precisamente sobre la realización de la voluntad de Dios.

Y eso me permite decir otra palabrita sobre los ángeles. Resulta que hay esta diferencia entre los ángeles y los seres humanos. Ellos no tienen tiempo, no tienen un decurso temporal, nosotros sí. Por eso en los ángeles, propiamente hablando, sólo hay un acto de voluntad y un solo acto de entendimiento. Los ángeles entienden lo que entienden con una sola mirada y realizan toda su vida con un solo acto de voluntad.

Nosotros, los seres humanos, y eso nos lo explica muy bien el texto que hemos escuchado, realizamos nuestra vida en una sucesión de ideas que se llama discurso racional y en una sucesión de deseos y de actos que se llama vida moral. Nosotros los seres humanos, tenemos discurso racional y vida moral, los ángeles, en cambio, tienen solo un acto de entendimiento en el que ven más que todo lo que uno ve en esta tierra, y un solo acto de voluntad que es más vigoroso que toda la suma, de todo lo que uno haga en esta tierra.

Por esa razón también hay una separación neta y definitiva entre los ángeles, aquellos que en ese acto de entendimiento, seguido de un acto de amor, reconocen la soberanía de Dios; esos son los ángeles que nos ayudan a realizar la voluntad de Dios. Son nuestros amigos y benefactores y entre ellos, sobre todo, hay que recordar los nombres de San Miguel, San Gabriel y San Rafael. ¿Por qué esos tres, sobre todo?, porque esos tres son los únicos nombres de ángeles que aparecen en la Sagrada Escritura. Estos son los ángeles benéficos.

Pero hubo también la posibilidad y la triste realidad de que algunos de ellos, en ese único acto de voluntad, se rebelaron contra Dios. Estos son los ángeles caídos, estos son los demonios, y estos son los que, habiendo perdido la amistad con Dios, pero no sus fuerzas, de alguna manera influyen en nuestra vida. Habida cuenta, sin embargo, amigos, de que todas estas criaturas visibles o invisibles, favorables a nosotros, o contrarias, necesariamente de grado, por suerte, están sometidas al poder y a la soberanía del único Dios y Creador que se nos ha manifestado plenamente en Cristo.

Pero como esa no es la situación de nosotros los seres humanos, nosotros tenemos una serie de pensamientos que se llama discurso racional y una serie de actos que se llama vida moral. Y el peligro para nosotros es tratar a las demás personas como si ellas fueran ángeles. Si usted ve a una persona haciendo algo malo y la trata como si su naturaleza fuera angélica, usted dirá: quedó encadenado para siempre al mal.

Lo que nos quiere enseñar el Evangelio de hoy es que nadie está encadenado al mal y nadie está en esta tierra definitivamente salvado, porque hay el que dice: -Si voy a ayudarte, Señor-, y luego con sus obras lo niegan. Y hay el que dice: -no quiero- y luego sin embargo se convierte y vive. Por consiguiente, nuestro recorrido debe ser tal que el discurso racional esté iluminado y perfeccionado por la fe.

Porque la fe no va en contra de la razón, sino es la suprema perfección del entendimiento, nos dice Santo Tomás. Y nuestra vida moral debe estar animada por la esperanza y sobre todo por el amor. Amor no, simplemente gusto, amor no simplemente buenas intenciones, amor que es algo más que satisfacerse en la gratitud de la otra persona. Amor que, por decirlo también en palabras de Santo Tomás, es buscar, es querer ante todo el bien del otro.

Enseñanza para nosotros, aparte de lo dicho sobre nuestros queridos ángeles santos, enseñanza para nosotros nadie está definitivamente encadenado, ni al mal, ni asegurado al bien. Por consiguiente, hay que perfeccionar la razón con la fe, y hay que perfeccionar la vida moral con el amor teologal. De modo que buscando siempre el bien más allá del gusto y creyendo más allá de toda razón, seamos firmes en la voluntad de Dios y alcancemos por su gracia la vida perdurable. Así sea.

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