Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El pecado y la ignorancia nos alejan de Dios; pero Él ha salido a nuestro encuentro y nosotros somos llamados a invocarlo, dejar nuestras culpas, olvidar la arrogancia y así acercarnos a Él.

Homilía ao25012a, predicada en 20200920, con 21 min. y 24 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Mis amados hermanos, es un buen ejercicio. Lo hemos comentado varias veces y es válido sobre todo para los domingos, tratar de buscar ese hilo conductor entre las lecturas. Hoy vamos a tomar como hilo conductor dos palabras que se complementan la palabra cerca y la palabra lejos. Pero no vaya usted a pensar que estamos en Plaza Sésamo. Cuando se hablaba de cerca y de lejos. ¿Qué queremos decir con esto de lejos? Está muy claro en la primera lectura dice el profeta Isaías o mejor Dios a través del profeta Mis planes no son vuestros planes. Y dice también como el cielo se levanta sobre la tierra, eso es bastante distancia. Así se levantan mis planes sobre los planes de ustedes.

De manera que hay bastante distancia. Yo creo que muchas veces uno experimenta esa distancia entre el plan de Dios y el plan de uno. Cada vez que uno dice, -No entiendo por qué pasa esto- ¿Qué es lo que uno está diciendo? Uno está diciendo Dios tendrá sus razones, pero yo no se las entiendo. Es decir, en el fondo uno está diciendo estoy lejos y no logro comprender qué es lo que está pasando. Esa distancia la experimenta uno por dos razones, según nos enseña Santo Tomás. Una muy poderosa se llama la ignorancia y otra se llama el pecado. O sea que incluso una persona sin pecado puede experimentar esa distancia. Así, por ejemplo, vemos en el capítulo segundo de San Lucas que la Virgen María, bendita sea Ella, y bendito su nombre. Libre de pecado. Sin embargo, no entendía. No entendía.

Por eso Ella tenía que guardar silencio y tenía que meditar en su corazón, teniendo confianza de que en algún momento Dios le ayudaría a comprender qué era lo que estaba pasando. Entonces, un motivo para esa distancia es la ignorancia, y la ignorancia puede ser sin culpa. Es que hay cosas que son muy difíciles de entender. El sufrimiento de los inocentes es difícil de entender. Cuando una persona le sucede una cosa y dice como decía un amigo mío, nunca me gano una rifa y esto sí me lo gané. Entonces la persona siente que no entiende y no siempre te repito, porque es clave esta parte. No siempre que uno no entiende es por causa del pecado. ¿Por qué? Porque uno tiene una doble oscuridad. Dice Santo Tomás por una parte, el pecado, pero por otra parte, la ignorancia.

Ahora no cabe duda de que el pecado oscurece muchísimo la mente y que en ese sentido nos aparta mucho de Dios. Descubrir la alegría del plan de Dios y descubrir la bondad del plan de Dios es casi imposible cuando estamos sometidos al pecado. Porque claro, mientras estamos en el pecado, estamos caminando exactamente en la dirección opuesta a lo que Dios quiere. Entonces, ¿Cómo le puedo entender a Dios sus caminos, si me estoy apartando de ellos? Uno tiene esas dos oscuridades, pero luego está la palabra cerca y la palabra cerca aparece en primer lugar. En el salmo hemos repetido "Cerca está el Señor de los que lo invocan". Y esto me parece maravilloso porque nos da una clave de cómo puede uno empezar a acortar la distancia hacia la voluntad de Dios y hacia el plan de Dios.

¿Qué es lo primero que tengo que hacer cuando no entiendo? Obviamente el enemigo malo va a querer aprovechar ese momento de ofuscación y ese momento de desconcierto para soltarme sus estribillos de infierno. Los estribillos del demonio son ¿Te das cuenta? Todo lo que te decían de Dios ¡Mentira. Mentira! El demonio va a tratar de aprovechar tu desconcierto, tu momento de desconcierto, tu momento de ofuscación, tu momento en que te preguntas, pero ¿Por qué me pasa esto? Ese momento lo va a aprovechar el demonio para tratar de apartarte de Dios, de su Iglesia y de la fe. Pero así como existe esa fuerza negativa que trata de apartarnos del Señor. También existe una fuerza muy, pero muy positiva, y esa es la fuerza de la invocación. "Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente".

Entonces, el llamar al Señor, incluso cuando uno no entiende, parece que Jesús nos dio ejemplo de esto cuando oró estando en la cruz. El Salmo número 22, ese salmo empieza con estas terribles palabras: "Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? Esas fueron las palabras que Cristo oró en la cruz. ¿Por qué Cristo tomó ese salmo? Sabemos que Cristo en la cruz estaba orando. Ese salmo, de hecho, termina en una inmensa profesión de fe y de confianza. O sea, ese salmo de hecho, es como un camino que nos invita a la confianza. Pero ¿Por qué Cristo, de tantos salmos, quiso que oyéramos esas palabras de su boca? Seguramente para enseñarnos que en los momentos en los que nos sintamos más abandonados son los momentos en que hemos de llamar al Señor.

Y aunque utilicemos las palabras del salmo ¿Por qué me has abandonado? Si persistimos en la oración, realmente empezaremos a ver lo que antes no veíamos, lo que antes nos parecía imposible de comprender. Se va iluminando poco a poco. O sea que para salir de ese estar lejos y poder empezar a estar cerca, entonces tenemos una herramienta que se llama invocar al Señor. Además, fíjate la primera palabra que nos dijo el profeta Isaías en la primera lectura de hoy dice esta palabra: -Buscad al Señor mientras se le encuentra. Invocadlo mientras está cerca. Que el malvado olvide su camino.- Entonces, si hay algo que puedo hacer. Yo puedo dejar mis pecados porque claro el pecado me cambia la cabeza. El pecado me cambia el corazón.

Mientras uno está en pecado, ya lo dije antes, el pecado te trastorna la cabeza y hace que todo lo de Dios de alguna manera te fastidie o te cueste demasiado, demasiado trabajo. Entonces, ¿Qué puedo hacer? Resumamos esta parte, ¿Qué puedo hacer yo frente a esa distancia que muchas veces hay frente al plan de Dios? ¿Qué puedo hacer yo? Puedo invocarlo. Número uno, puedo buscarlo. Y ¿Cómo lo busco? Bueno, trato de entender. Trato de mirar lo que está sucediendo. Pero sobre todo lo busco. Si me aparto de mis pecados, cualesquiera que sean, tengo que apartarme de mis pecados. Y así se puede vencer un poco la distancia. Bueno, en este momento es posible que te estés preguntando ¿Qué tiene que ver todo esto que estamos diciendo? que yo creo que es interesante, yo creo que es importante, pero es posible que te estés preguntando esto qué tiene que ver con el Evangelio?

Porque en el Evangelio de lo que se nos habla es de unos trabajadores y de una viña. Eso es de lo que nos hablan. ¿Qué tiene que ver esto con el Evangelio? Pues tiene que ver de dos maneras. En primer lugar, date cuenta que la primera lectura decía Buscad al Señor. Y ¿Qué es lo que nos muestra el Evangelio con la imagen de ese propietario de la viña? Que el Señor nos está buscando a nosotros. ¿Te das cuenta la belleza? Tú pon de tu parte para buscar al Señor, pero ten la certeza de que ya Él te está buscando a ti. Y aunque sea la última hora de tu vida, el Señor te va a seguir buscando. Hay una historia que he contado varias veces y que muestra cómo Dios, hasta el último minuto, hasta el último segundo, siempre te estará buscando.

Es la historia impresionante de una mujer que quiso suicidarse arrojándose del famosísimo puente Golden Gate de la ciudad de San Francisco. Tristemente, es uno de los lugares en donde han sucedido estadísticamente más suicidios en el mundo. Ella se arrojó de ese puente porque quería matarse, pobrecilla. Y se dieron una serie de coincidencias maravillosas que hicieron que no se muriera. Muchas personas cuando se arrojan de ese puente, como el agua tiene desigual profundidad, a veces entran con gran fuerza. Y es el golpe contra las rocas, contra el suelo lo que los deja inconscientes o lo que los desnuca. Es algo terrible, pero es que además, aunque la persona no se mate de ese golpe, está el hecho de que las aguas de la bahía de San Francisco son muy, pero muy frías, y a menos que seas un experto nadador, es difícil sobrevivir en aguas tan frías, porque rápidamente el esfuerzo y la el agotamiento, la asfixia, hacen que la persona naufrague. No es una muerte de ninguna manera pacífica.

Pero resulta que esta mujer cayó en un punto en que el agua no era ni demasiado pandita, ni demasiado corta, ni demasiado larga, y la corriente la arrastró no hacia adentro de la bahía, sino hacia afuera, de modo que ella alcanzó a llegar a la orilla y todavía una especie de coincidencia milagrosa, más una persona que pasaba por ahí y que se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, se acercó para auxiliarla. En resumen, esta mujer no murió. ¡Bendito sea Dios! No murió la mujer, pero ahora observa lo siguiente: Ella dio su testimonio después y ella cuenta que desde el momento en el que soltó la baranda del puente arrojándose porque ella quería matarse, es decir, cuando ya quedó en caída libre, lo primero que sintió fue arrepentimiento.

Sintió, me equivoqué, me equivoqué. ¿Cuánto tiempo de caída hay entre la baranda del puente y el agua? Unos pocos segundos. En esos segundos ya ella se había arrepentido. Me equivoqué. Y por eso es famosa una frase: Entre el puente y el río todavía cabe la misericordia de Dios. Entonces, el primer punto de contacto entre la primera lectura y el Evangelio es que la primera lectura nos dice Busca a Dios. Y el Evangelio dice Dios te está buscando. Y eso es muy bello que hasta el último momento de la vida Dios nos está buscando y por consiguiente hay que dejarse encontrar por Él. De manera que esa es una conexión entre el tema de la primera lectura de los lejos y los cerca y el Evangelio. Pero luego hay otro tema que es más profundo, pero que a mí personalmente me llega mucho al corazón, porque es de esos momentos en los que uno puede realmente descubrirse, puede conocerse de qué se trata.

Mira. Observemos lo que le sucedió a los que fueron contratados de primeros. Ellos estaban en la viña de ese señor que representa, por supuesto, a Dios. Ellos estaban en la viña, estaban trabajando en la viña. Estuvieron todo el día en la viña, pero su corazón estaba distante, distante de Dios. Observa cuándo se presenta ese diálogo de la parte final del Evangelio de hoy. Observa cuándo se presenta ese diálogo. Las palabras que dice el propietario. Dice el propietario ¿No habíamos acordado un denario por tu trabajo? Toma lo tuyo y aléjate. Alejarse. Toma lo tuyo y vete. A los otros no les dijo que se fueran. A éste le dijo toma lo tuyo y vete. Pero además le dice esta otra pregunta que es clave: ¿O es que tienes envidia de que yo sea bueno? ¿Qué quiere decir eso? Que uno puede estar en la viña del Señor y haciendo trabajo para el Señor. Como quien dice metido en las cosas de Dios y sin embargo lejos de Dios.

Es una tremenda advertencia. Es decir, no te fíes de que porque estoy trabajando para Dios o porque tengo muchos amigos creyentes, o porque soy sacerdote, caso mío, o porque soy religioso, como quien dice, si estoy metido aquí en este ambiente, entonces ya yo soy de Dios. ¿Eres de Dios? Si tu corazón está en sintonía con el Señor. La gran pregunta es esa: ¿Tu corazón está sintonizando con el Señor? Hay otro pasaje de la Biblia súper conocido, el pasaje del hijo pródigo, un pasaje que nos muestra clarísimamente, clarísimamente que uno puede estar en la casa de Dios y sin embargo lejos de Dios. Y esa es la es la advertencia que debemos tener presente. Te acuerdas que en la parábola del hijo pródigo hay un hijo mayor y un hijo menor. ¿El hijo menor que hizo? A ver, responder, el hijo menor, ¿Qué hizo? Se ¿Qué? Se ¿Qué? Se alejó. Distancia.

Aparentemente el hijo mayor estaba. Estaba ¿Qué? Cerquita. ¿No ve que se quedó ahí? Estaba en la casa. Él se quedó ahí, en la casa. Se quedó tranquilo en la casa. Él seguía trabajando. Por la mañana saludaba. Buenos días, papá. Por la noche. Hasta mañana, papá. Que descanses mucho. Seguro desayunaban delicioso, los domingos desayunaban. Apetitosamente. No diría ningún menú. Solo digo que desayunaban apetitosamente. Aparentemente el hijo estaba cerca. ¿Cierto? Aparentemente. Pero la realidad. ¿Cuál era? Cuando llegó el hijo menor, se reveló lo que había en el corazón del hijo mayor. Entonces ahí sí le salió al hijo mayor, ahí sí le salió todo lo que tenía adentro. Y entonces dice el hijo mayor, yo me lo imagino así como cuando los niños se ponen groseros y levantan manos y dice, yo toda la vida trabajando y haciendo cosas. Y usted nunca me ha dado un cabrito para yo organizar una fiesta con mis amigos. Usted nunca me ha dado nada. Y hoy llega ese tipo que se perdió con todas esas viejas.

Y sin embargo; y sin embargo. Ese papá tenía misericordia para el hijo menor. El hijo mayor no tenía misericordia para su hermano. Entonces, fíjate, uno puede estar aparentemente muy aparentemente en las cosas de Dios y uno dice, estoy cumpliendo. Es decir, cuando necesiten enderezar un riel, me llaman. Vertical, vertical. Todo lo hago en orden. Todo lo hago bien. Vertical. Vertical. Y ¿Cómo estás De misericordia? Mal. Ah. ¡Entonces! ¿Entonces en qué quedamos? Si tu corazón no está sintonizando con el corazón de Dios. En ¿Qué estás? Estás lejos. Y a mí sí que me impacta que los que no le entienden el lenguaje de la compasión a Dios escucharán la palabra que aparece en la parábola. -Coge lo tuyo, lo tuyo, que se te va a acabar. Coge lo tuyo y vete, vete.-

Yo no sé, a mí esos textos en donde Cristo despide a la gente, a mí me sacuden, como el más terrible de todos, que está en Mateo 25. "Id malditos al fuego eterno". Eso a mí me impacta, me impacta muchísimo. ¿No vé que es Cristo hablando? ¡Cristo! Entonces, el que no aprenda las lecciones de la compasión, así sea un riel. Porque fíjate que estos tipos, los de la mañana, ellos trabajaron. Ahí no dice que eran flojos, ahí no dice que hacían las cosas mal, que hacían trampa. Nada de eso. Eran personas que hacían todo así, Vertical. Cuando necesite enderezar un riel, me llama me hace el favor. Recto. Vertical. Implacable. Pero tu corazón está lejos de Dios. Y el único lenguaje que oirá. Ese que se precia de su ¡¡Rectitud implacable!! Lo único que el único lenguaje que oirá es: -Pues entonces agarra toda tu rectitud y Lárgate, vete con tu denario.

En cambio, a los otros no los despidió. Es que hay detalles. Uno tiene que leer la Biblia así, con detalles. Detalles que son claves. Fíjate este detalle que aparece aquí. Un detalle importante. El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Salió a contratar jornaleros. No, dice que necesitaba trabajo para un día ¿No? No dice que el trabajo era para un día. O sea que los que trabajaron por la mañana y se pusieron, como se dice en México y en Colombia de Rezongones. Los que se pusieron de rezongones se quedaron sin trabajo. ¿Quién dijo que el trabajo era para un día? ¿Acaso todo lo que hay que hacer en una finca grande se hace en un día? No, señor, el trabajo era para varios días. Pero resulta que estos se pusieron de rezongones porque ellos eran verticales. Un riel soy yo. Pues agarre su denario y queda despedido. Chao, adiós, váyase. Se acabó su trabajo.

¿Y los otros qué? Los que llegaron en la última hora. Quédense, esos pueden quedarse en la viña. Entonces ¿Cuál es la enseñanza? Las conexiones que hay entre el Evangelio y la primera lectura. La primera conexión, ya dijimos, es que somos llamados a buscar a Dios. Pero es que Dios nos está buscando también a nosotros. Y la segunda conexión es, mucho cuidado con creer que una semejanza externa significa cercanía, semejanza externa es yo cumplo, yo cumplo, yo hago, yo no fallo. Eso se llama semejanza externa. Cuidado con creer que la semejanza externa es cercanía. Cuidado con creerlo. La verdadera semejanza externa es que nuestro corazón empiece a parecerse al corazón de Dios. Por eso dice Filipenses dos: "Tened entre vosotros los sentimientos de Cristo". Ese es el camino. -Tened entre vosotros los sentimientos de Cristo.- Terminemos ahí.

Pidámosle al Señor. Esa es la verdadera, la verdadera cercanía. Grandes santos lo han dicho mucho mejor que cualquier predicación mía. Mira lo que dijo Juan de la Cruz: "En el atardecer de la vida te van a examinar en el amor". En el amor de Dios, claro, no cualquier cosa que tú llames amor, porque hoy llaman amor. Amor es amor; no, no. Amor de Dios. Te van a examinar en el amor de Dios. Te van a examinar. Entonces mira; mira lo que nos dijo Isaías. Busquemos al Señor. Invoquémoslo mientras está cerca.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM