Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios quiere que vivamos en la gratuidad, que veamos nuestro trabajo en su Reino un regalo, que sintamos el privilegio de trabajar para Él.

Homilía ao25011a, predicada en 20200920, con 6 min. y 8 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Las lecturas de este domingo vuelven a traer a nuestra consideración un tema que hemos comentado varias veces: la diferencia entre la lógica de la transacción y la lógica de la gratuidad. Llamamos transacción, cuando tú das lo que esperas recibir y recibes lo que esperas dar. Por ejemplo, el caso típico es el del comercio, tú pagas lo que consideras que es justo por algo que necesitas y se supone que debe haber una correspondencia entre lo que tú pagas y lo que tú recibes. Eso se llama lógica de la transacción.

El tema se vuelve interesante y a la vez dramático cuando pensamos que a veces utilizamos esa misma lógica en nuestras relaciones interpersonales. Es decir, soy amable únicamente con aquellos que son amables conmigo. Y al contrario, soy antipático y distante con los que son distantes y antipáticos conmigo. Es algo que yo creo que todos hemos hecho alguna vez. Eso se llama lógica de la transacción.

El gran problema de la lógica de la transacción es que abandona las personas cuando están más necesitadas. Piensa, por ejemplo, en el caso de la eutanasia. Decía con verdad una política muy interesante de España. Decía, la eutanasia consiste en que dejamos morir a la gente cuando ya no produce. Es decir, ya está dando muy poco a la sociedad. Ya realmente no tiene mucho significado que conserve su vida. Si no es útil, entonces la eliminamos. La disculpa del dolor es una tontería porque sabemos que lo que ha avanzado la ciencia de los llamados cuidados paliativos es simplemente una proeza. Y es una maravilla de la medicina moderna.

Pero al tener que escoger entre cuidados paliativos y eutanasia, muchos gobiernos están escogiendo eutanasia. Así que el problema no es el sufrimiento. Ese es el engaño que nos han metido, porque realmente lo que quieren es eliminar al que no produce para destinar ese dinero a otras cosas. Por supuesto, este es un fracaso de la sociedad, porque, entre otras cosas, significa que somos incapaces de acompañar y de dar sentido al sufrimiento humano. Pero nuestro tema principal no es ese. Esto lo he mencionado solamente para que nos demos cuenta de los límites que tiene la lógica de la transacción.

O pensemos en una persona que está entrando en un proceso depresivo. Claramente, lo que esa persona puede dar a los demás es muy limitado, porque precisamente su estado de ánimo es bajo, su situación no es buena. Pero tal vez ese es el momento en el que más necesita apoyo, compañía, una sugerencia oportuna, un tratamiento médico. Entonces, si nosotros vamos a implantar la lógica de la transacción en todas nuestras relaciones interpersonales, claramente le vamos a hacer daño a mucha gente y vamos a dejar abandonada a mucha gente.

Por eso Cristo trae una nueva lógica, que es la lógica de la gratuidad. Y esa lógica de la gratuidad quiere decir que nosotros recibimos en primer lugar el amor que no merecemos. Por eso dice San Pablo en el capítulo octavo de la Carta a los Romanos: -La prueba de que Dios nos ama es que cuando nosotros éramos pecadores, cuando no merecíamos, es precisamente cuando Dios más nos amó y nos dio a su Hijo como redención por nuestros pecados-. Eso se llama lógica de la gracia o lógica de la gratuidad. Es la manera como Dios nos piensa.

Por eso utilizamos la palabra lógica, porque es la manera como Dios nos piensa. Es la ventana a través de la cual Dios nos ve. ¿Y qué tiene que ver esto con el Evangelio de hoy, con aquella parábola de los viñadores que llegaron a distintas horas? Pues si te das cuenta, ahí aparece el tema de la gracia dos veces. En primer lugar, este dueño de la viña, que sigue contratando gente a las cinco de la tarde, cuando ya se va a acabar la jornada. Evidentemente no está pensando en su beneficio, está pensando en el bien de aquellos que necesitan un sueldo y que además están desperdiciando su día y su vida. Ahí aparece la lógica de la gracia.

Pero en segundo lugar, y esta es la parte que a mí personalmente me parece más interesante. Observa que Dios quiere que nosotros veamos nuestro trabajo en su Reino, nuestro trabajo en su viña, nuestro trabajo para su gloria. Lo veamos como un regalo, es decir, es un privilegio trabajar para Dios. Y si tú miras que es un privilegio trabajar para Dios, entonces tú jamás tendrás las palabras que tuvieron aquellos que empezaron a trabajar desde muy temprano en la mañana, porque los que empezaron a trabajar muy temprano en la mañana estaban llevando cuentas de todas esas horas, como diciendo ahora me tendrán que pagar más, me tendrán que pagar más que al otro que llegó de último.

O sea que no estaban viendo su trabajo como un regalo, sino simplemente como una cosa pesada que tenía que ser compensada, compensada como con la lógica de la transacción. Entonces por eso te digo que en este pasaje del Evangelio aparece la lógica de la gratuidad dos veces. Primero, la manera como Dios tiene ese llamado compasivo, ese llamado de la gracia a todas horas de la vida. Y segundo, Dios quiere que nosotros vivamos en esa lógica de la gratuidad.

Es decir, Dios quiere que nosotros sintamos el privilegio de trabajar para Dios y que encontremos, como dice San Pablo en su carta a los Corintios: -que trabajar por el Evangelio ya es la paga-. Si hemos llegado a ese nivel, somos verdaderos cristianos. Si hemos llegado a ese nivel, somos verdaderos discípulos, sino, pues hay que ponerse en camino y hay que avanzar hacia esa meta. Amén.

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