|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cuando el trabajo es realización y plenitud del propio ser ya trae su salario consigo.
Homilía ao25008a, predicada en 20140921, con 4 min. y 41 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! El Evangelio del día de hoy, tomado del capítulo 20 de San Mateo, nos presenta una historia que una y otra vez despierta inquietud, o tal vez curiosidad, o tal vez extrañeza, porque nos está hablando Cristo de trabajadores que no trabajan lo mismo pero que sí reciben lo mismo. Y la primera sensación que uno tiene es que hay una injusticia que se está cometiendo. Hay gente que trabajó desde muy temprano en la mañana, hay otros que apenas trabajaron una hora ya al final de la tarde y sin embargo todos recibieron un denario. Esa inquietud, esa extrañeza, probablemente es parte de un recurso pedagógico. Es lo mismo que sucede cuando Cristo nos habla del camello, que no puede entrar por el ojo de una aguja, o cuando dice: -Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros-. Ese tipo de lenguaje siempre produce una extrañeza en la mente. Y esa parte, esa dimensión enigmática de la enseñanza del maestro, ayuda a que se fije profundamente en nuestro corazón. Pero aparte de recursos pedagógicos, ¿cómo debemos entender esto de que se le pague lo mismo a distinta gente? Creo que uno de los efectos que esta parábola ha tenido en mí, es cuestionarme sobre qué significa trabajar, porque para muchos de nosotros el trabajo es una cosa desagradable, una cosa que uno no quiere hacer y que para convencerlo de que la haga, pues recibe un dinero. Como decía algún perezoso en un programa de chistes: -será tan malo el trabajo que tienen que pagarle a uno para que lo haga- Y yo creo que si nosotros miramos el trabajo desde esa óptica, entonces es evidente que la persona que ha trabajado más, tienen que darle más compensación, tienen que darle más dinero. ¿Pero qué tal que el trabajo sea otra cosa? Pensemos, por ejemplo, en una persona que hace lo que realmente ama, quizás un artista, usualmente los artistas no son obligados a entrar en ese tipo de actividad, sino que ellos mismos la han escogido. El pintor que tiene buenos recursos, que no está pasando hambre y que ama el arte de la pintura, ¿será que se preocupa mucho si pinta media hora, si pinta tres horas o si dura todo el día pintando?. Podemos decir que su misma pintura, aún antes de recibir el dinero por el que va a vender esos cuadros, el mismo acto de pintar ya tiene una retribución, ya es una paga en sí mismo. Yo creo que podemos aplicar lo mismo a la vida cristiana. Tú eres bueno para que te paguen, es decir, no encuentras alegría, no encuentras satisfacción en el hecho de ser bueno y estás esperando simplemente una compensación. Es decir, dentro de ti lo que hay es el deseo de ser malo, pero bueno, tratas de ser bueno, porque se trata de recibir una paga. Esa es tu manera de mirar el bien, esa es tu manera de mirar el ser bueno. O pensemos, por ejemplo, en la evangelización. ¿Qué va a pasar cuando una persona siente que dar testimonio de Cristo, es un trabajo incomodísimo y que tienen que pagarle por eso? ¿Tú crees que así se expande realmente la buena Noticia en el mundo? O sea que una de las interpretaciones de esta parábola es que aquello que Cristo quiere traer a nuestra vida no puede ser leído en términos de lo que nosotros usualmente llamamos un trabajo. Tendríamos que mirarlo más bien como una actividad que amamos profundamente. Y si no la amamos, ciertamente necesitamos una buena dosis de espíritu que nos revele en dónde está la gracia y la alegría del Evangelio para que podamos ser verdaderos testigos. Piénsalo un poco y que Dios te bendiga.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|