Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hay varios modos de leer la parábola de los trabajadores que fueron contratados a distintas horas: nos habla de las actitudes de los fariseos, o del camino de conversión en la vida, o de la historia de la evangelización.

Homilía ao25007a, predicada en 20110918, con 22 min. y 1 seg.

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Transcripción:

Hermanos. Jesús era un gran pedagogo, utilizaba recursos apropiados a la capacidad de la gente y a las circunstancias de su enseñanza. Sabemos que no daba conferencias en salones cerrados. Sabemos que la inmensa mayoría de sus oyentes no podían leer ni escribir. Era un verdadero desafío, si lo pensamos un poco. Por eso hay que admirar mucho a Cristo. Por eso y por muchas más razones, porque utilizaba recursos muy apropiados para la mente humana, de modo que el mensaje no solamente se entendiera, sino que se recordara y además ganará terreno en el corazón.

Es decir, la Palabra de Cristo quería y quiere conquistar nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestra memoria. Uno de los recursos de Cristo eran esas frases extrañas, paradójicas, enigmáticas, que le sirvieron para que su enseñanza fuera recordada. El estribillo -El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres. Parece que viene directamente de Cristo.- Un protestante llamado Joaquín, Jeremías, dedicó buena parte de su vida a estudiar cuáles palabras podían conectarse directamente con Jesús, lo que él llamaba las mismísimas palabras de Jesús. Y entre esas palabras está, por ejemplo, la que acabo de recordar: -El Hijo del hombre en manos de los hombres.-

Es algo que es muy fácil de recordar y que lo hace pensar a uno. Otra frase de Jesús es la de hoy: Los primeros serán los últimos y los últimos los primeros. El que oiga esa frase una o dos veces ya la recuerda el resto de la vida. Sabemos que Jesús utilizaba también el recurso de las parábolas, porque la mente humana parece especialmente diseñada para recordar narraciones. Los datos abstractos, los cuadros esquemáticos, los montones de datos son difíciles de recordar y es difícil hacer sentido con ellos. En cambio, una narración es mucho más accesible. Esta parábola de hoy, por ejemplo, tiene muchas interpretaciones, muchas y muy bellas. Creo que alcanzo a pensar y a recordar unas siete u ocho interpretaciones distintas y aplicaciones distintas de la parábola de hoy.

Y uno de los propósitos de estas palabras mías es tratar de que usted se enamore de la Palabra de Dios, porque esta palabra está para que la entendamos. Nunca la terminaremos de entender, pero para que entendamos un poco y para que apliquemos mucho. Pero no es un puro ejercicio intelectual, es un ejercicio también del paladar. La palabra sabiduría Etimológicamente está conectada con sabor. El buen cristiano tiene el paladar sano y la palabra de Dios le sabe, le sabe delicioso. De eso se trata. Miremos entonces algunas de estas interpretaciones, porque eso puede servir para que algunos también se animen a leer con ojos nuevos y con un corazón más dispuesto y generoso la Palabra de Dios.

Jesús dice esta parábola explicando sobre el poder y la soberanía de Dios. Es que sucede que, y esta es la primera interpretación. En la época de Cristo había unos que consideraban que tenían más derecho que los demás. Esos eran los fariseos y los escribas. Ellos consideraban que ellos sí eran verdaderamente fieles a Dios. Y como esa clase de opción. Volverse fariseo o volverse escriba era una opción que se tomaba prácticamente en la niñez. Era una cosa como de familia. Entonces los fariseos y los escribas en su edad adulta sentían que habían trabajado mucho y que eran los que más merecían y por el contrario, pensaban que otros, como decir por ejemplo, esa gentecita que andaba con Jesús, esos no se merecían tanto porque habían llevado una vida disipada, una vida de pecado, no habían trabajado por la causa de Dios.

Entonces a ellos les parecía injusto que Dios manifestara tanta bondad con esos que apenas habían llegado a la fe, a una fe viva. Al final de su vida. La parábola viene a dar una respuesta a ese modo de pensar de los fariseos y los escribas. Es como si Jesús les estuviera diciendo Se supone que tú estás trabajando por recibir tu paga. Pues entonces recibe tu paga, que es lo que tú quieres. Pero es más duro lo que dice la parábola: -Toma tu denario y vete.- Si ustedes escucharon atentamente, se dieron cuenta que a los otros a los que se les pagó de primero, pero que habían llegado de último. A esos no les dijo que se fueran. O sea que el mensaje no subliminal, pero sí sutil de la parábola. En esta lectura, para los fariseos y los escribas es decirles: -Mira, si tú estás trabajando para que Dios te pague tranquilo, un día te va a pagar y te quedas con tu paga y te largas. ¿De acuerdo?

Si tú estás haciendo un negocio con Dios, haz tu negocio, pero en ese negocio vas a perder. Vas a perder, ¿Qué? ¡Vas a perder a Dios! Hay otros modos de interpretar. Una interpretación bonita es la que tiene que ver con la conversión. San Agustín. San Agustín de Hipona. El gran doctor de la Iglesia, gran predicador, gran teólogo de los siglos IV y V de nuestra era, llevó una vida muy apartada de Dios en lo doctrinal y en lo moral. Hacia los 30 años de edad, él se convirtió después de un tortuoso e incluso doloroso proceso, llegó a la fe. Según cuenta la tradición, fue bautizado por San Ambrosio, uno de los más grandes obispos de la antigüedad latina. Así que Agustín recibió el bautismo, pero sobretodo recibió la fe, sobre los 30 años de edad.

Agustín fue el que escribió ese libro que se llama Confesiones y en sus confesiones Agustín tiene estas famosas, estas memorables palabras: "Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé". Una vez que Agustín ha llegado a Dios, esa luz de la conversión le hace caer en cuenta de todo el tiempo que ha perdido, y él siente que ha llegado tarde. Tarde porque ahora comprende de cuántas cosas se ha perdido, porque su juventud la vivió lejos de Dios. Esta historia de Agustín nos permite leer la parábola de hoy de otra manera también. La parábola parece referirse a los distintos modos que el Espíritu Santo tiene con distintas personas, porque hay gente que parece que Dios la llamó como desde niña. Así, por ejemplo, el fundador de mi comunidad, nosotros somos dominicos; el fundador de mi comunidad, Santo Domingo, desde tierna infancia, parecía con una disposición tan favorable a las cosas de Dios, que luego uno no se extraña que haya llevado una vida con tanta oración, con tanta piedad, con tanto fervor, con tanto celo apostólico.

Santos que han crecido así como desde la niñez, para Dios no son pocos. Uno puede recordar, por ejemplo, a Catalina de Siena. Uno puede recordar a Tomás de Aquino. Uno puede recordar al padre Pío de Pietrelcina. Pero la Iglesia también cuenta otros santos que fueron llamados en la tarde de su vida. Algunos se convirtieron mucho después. Este obispo Ambrosio era un hombre recto. Él era un funcionario del Imperio Romano. Pero él no era bautizado. Se bautizó también. Él mismo fue bautizado bastante adulto. Y ya comentamos el caso de Agustín y muchos otros se han convertido también más bien después de una. . . de un recorrido. Y ellos, seguramente al leer esta parábola, dicen ahí está pintada mi vida, porque Dios me llamó a trabajar en su viña tarde y en realidad le dí a Dios no toda la vida, sino solo un pedazo, una parte.

Pero Dios en su bondad ha querido darme todo su cielo. Es una interpretación hermosa. En esa misma línea también se puede leer esta parábola de otro modo. Se puede ver cómo los distintos pueblos han llegado a la fe en distintos momentos y cómo los pueblos nuevos a veces causan cierta envidia en los pueblos que recibieron el cristianismo hace mucho tiempo. Concretamente, hay la idea en algunos círculos intelectuales europeos hoy, la idea de que el cristianismo ya se ha superado, ya eso pasó. Estamos en un tiempo post-cristiano. El cristianismo fue como un largo paréntesis. Nosotros éramos paganos felices, dicen algunos, en Noruega, en Suecia, en Inglaterra, en Dinamarca. Nosotros éramos paganos y vivíamos en comunión con la naturaleza. Y estábamos muy bien.

Llegaron esos tales misioneros cristianos, hicieron ruido, montaron sus iglesias, recogieron gente para sus monasterios, tuvieron su época. Pero ya eso se acabó. Las iglesias son museos. El jefe que tienen es un papá decrépito que ni sirve ni piensa y que solo sirve para tapar delitos. Así piensa la gente en esos países o mucha gente. El cristianismo ya pasó. Ahora volvamos al paganismo. En esos países, esa clase de personas miran con una mezcla de fastidio y mal disimulada compasión el fervor que puede darse en otros sitios donde el cristianismo es reciente. Un ejemplo muy visible es el que sucede con los anglicanos. Resulta que los anglicanos, por ejemplo, allá en su tierra de origen en Gran Bretaña, ya no saben qué hacer para tratar de recoger gente y para tratar de tener ministros. A ver, vamos a ordenar. Hombres, mujeres, hombres heterosexuales, mujeres, homosexuales, homosexuales, en pareja, ordenemos tríos o de a cuatro, de a cinco, hagamos algo para que esto funcione, para que no se caiga este tinglado.

Al mismo tiempo, en África todo el mundo diría la atrasada África, la primitiva África. Los mismos anglicanos se encuentran en una etapa de mucho fervor. Y entonces, cuando vienen todas esas reformas de que ordenemos el que pase por aquí por el frente, lo ordenamos. Cuando vienen esas ideas, son los obispos anglicanos de África los que más se oponen y entonces los de la culta y envejecida Europa se parecen a los del principio de la parábola, como diciendo si nosotros somos los que entendemos el cristianismo, nosotros somos los que sabemos cómo es el cuento. Y ahora vienen ustedes, negritos, que acaban de quitarse el taparrabo a enseñarnos lo que es el cristianismo. ¡Ustedes no saben nada de esto! Fíjate cómo también en los pueblos de la historia sucede esto. En nuestra orden Dominicana, si tú vas a Madrid, no encuentras vocaciones jóvenes. Si tú vas a París, no se consiguen. En Roma no las hay.

Vas al noviciado de los Dominicos en Hong Kong 12, 15, 20 muchachos que han tenido que aprender primero otra lengua con tal de poder servir a Jesucristo. Como frailes, predicadores. Esa es otra aplicación también de la parábola Y voy con la última porque no podemos pasar todo el tiempo en esto. Voy con la última. Esta parábola también se puede leer desde el ángulo del trabajo. A mí la inteligencia de Jesús simplemente me deslumbra. Me parece tanta, tanta la sabiduría que hay en la manera como Él se expresa. Porque resulta que estos trabajadores de la parábola de hoy son trabajadores de la viña del Señor. Entonces, cuando termina la jornada, los que empezaron a trabajar dicen lo siguiente: -Estos últimos sólo trabajaron una hora y los trataste lo mismo que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.-

Es decir que para ellos servir a Dios era una carga. Ojo con ese detalle. Servir a Dios era una carga, era algo gravoso, incómodo, pesado, algo por lo cual tenían que pagarles. Es muy interesante eso, porque sabemos de buena fuente que los fariseos consideraban, por ejemplo, que curar a los enfermos era una carga, era un trabajo. Un sábado, Cristo estaba curando. Y entonces los fariseos acusaron a Cristo de trabajar en sábado. O sea que para ellos curar era un trabajo. Servir era un trabajo, amar era un trabajo, orar era un trabajo. Estar en la viña del Señor era una carga. ¡Qué interesante! Porque entonces vemos que la parábola opone dos modos de ver la fe. Hay gente que todavía hoy siente que es una carga la religión.

Hay gente que va a la misa como pagando un impuesto. Yo fui uno de esos. Para no ir más lejos. Yo fui uno de esos que estaba pendiente del reloj. ¡A ver cuándo se acaba esta vaina! Yo fui uno de esos, porque yo sentía que yo le estaba pagando a Dios algo. Y que Dios tenía que pagarme a mí. ¡Cómo me avergüenzo de haber pensado eso! Me avergüenza sobremanera. Porque cuando yo estaba con mis amigos, yo nunca medía el tiempo. Pero cuando estoy en el templo, ahí sí prueba de que mi religión era. Espero que haya mejorado sustancialmente. Prueba de que mi religión era supremamente pobre. Simplemente a medirle el tiempo a Dios como el que le mide el tiempo al taxímetro. Como el que le mide el tiempo al médico. Como el que mide el tiempo. Todos los que miden sienten que se están desgastando.

Y parece que Jesús nos estuviera preguntando. Debajo de estas palabras Jesús nos está preguntando, ¿Dime de una buena vez si yo soy una carga para ti? Porque si yo soy una carga para ti, tú no sirves para mi cielo. ¿A qué vas a ir al cielo si te cansa estar conmigo? ¿Ir al cielo, a qué? ¿De verdad quieres ir al cielo? Allá vivo yo. ¿Quieres irte a quedar conmigo? Tú que me mides el tiempo. Una hora de cielo va a ser demasiado para ti. "Toma tu paga y vete". El cielo no es para ti. O sea que esta parábola tiene también un llamado muy profundo a la conversión. Una de las características de los santos, de los verdaderos santos de los grandes santos, es que pierden la medida cuando se trata de Dios.

San Francisco de Asís tiene esa frase que hay que aprendérsela y repetirla: "Mi Dios y mi todo". -Deus meus et omnia.- Francisco estaba apasionadamente enamorado de Dios. Yo creo que Francisco tiene que estar muy alto en el cielo y tiene que gozarse ese cielo, porque ya desde la tierra él disfrutaba la compañía de Dios. Pero si habrá cielo para el que le mezquina y le mide hasta el último centavo. . . No, un momentico. Limosna medido, medido. Si yo voy a comer con mis amigos. ¿Qué importan cincuenta, cien mil o doscientos mil pesos? Pa eso hay plata. Y para ayudar al prójimo, y para apoyar la Iglesia, y para apoyar la evangelización. Medido, medido y el tiempo medido. Que esto no se pase, que esto no se alargue.

Tú qué le mides tantas cosas a Dios. ¿Si será que quieres ir a un cielo donde nada se mide? Hoy el Señor nos invita a revisar nuestro corazón. Hoy el Señor nos invita a buscar en lo profundo del alma las fuentes vivas de un amor que no muera y sobre todo, nos invita a vivir agradecidos, a bendecirlo, porque Él, bendito sea, es distinto de nosotros, pero quiere hacernos semejantes a Él.

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