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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Puede leerse la parábola del Evangelio de hoy como la historia de los llamados que Dios hace a distintas épocas de la vida, o como un retrato del descontento de los fariseos que no terminan de aceptar que Dios es mayor y más bueno de lo que ellos creían.
Homilía ao25006a, predicada en 20110918, con 4 min. y 19 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Nos acompaña en este domingo como durante todo este año, Mateo, gran testigo de la misericordia de Cristo. Y así como él experimentó la compasión de Dios, que lo sacó de una vida de egoísmo, de codicia y de pecado, así también Mateo quiere que nosotros palpemos el amor de Dios y seamos sus testigos. Hoy, por ejemplo, en el capítulo 20 encontramos aquella famosa parábola de los que son llamados a distintas obras, porque así obra Dios. A unos los ha llamado a temprana edad y a otros en el ocaso de la vida. A unos parece que los hubiera predestinado como para una gran pureza y santidad. A otros, en cambio, los lleva por el camino del arrepentimiento, la conversión y la humildad. ¿Qué es lo que nos cuenta esta parábola? Nos cuenta un hombre que contrata gente para su viña a distintas horas del día, y lo que resulta extraño es que al final les paga lo mismo a todos. Desde el punto de vista de las cuentas que hacemos los seres humanos, hay algo muy extraño en el proceder de este hombre. No podemos decir exactamente que sea injusto, porque a los que contrató desde la mañana les dijo que trabajarían por un denario el día y les pagó eso. Es decir, a ellos no les quitó. Pero a los que trabajaron solamente una hora les dio el mismo denario. Y aquí es donde está lo extraño. No se trata de una injusticia, se trata de una sobreabundancia. La parábola la podemos leer de distintos modos. Podemos compararla con los llamados que hace Dios a lo largo de la vida humana, como ya dije. O podemos situar esta parábola en el contexto de los oyentes que tenía Cristo en su tiempo. Según eso, los que fueron contratados a primera hora serían aquellos que han sido fieles a Dios, aquellos que han querido seguir sus mandamientos, o eso piensan. Y estos serían básicamente los fariseos. Fariseos y escribas consideraban que ellos eran los verdaderamente fieles a Dios, los que con gran esfuerzo, con gran fatiga, habían logrado permanecer, o pensaban ellos que habían logrado permanecer fieles en la obra de Dios. Y en cambio, ¿Quiénes serían? Según esa interpretación, los de la última hora; serían aquellos como los publicanos. El caso del mismo Mateo, como las mujeres de mala vida, como los pecadores todos que escuchando a Jesucristo se habían vuelto hacia Dios, habían recibido la Buena Noticia. Es evidente la envidia de aquellos que, habiendo trabajado todo el día, le dicen al dueño de la viña ¿Bueno, y a éstos por qué les das lo mismo que a nosotros? Entonces ahí están retratados los fariseos, que como lo dice la parábola, sienten envidia porque el viñador, porque el dueño de la viña es excesivamente bueno. Podemos decir que ellos no estaban preparados para un Dios tan bueno, para un Dios tan compasivo, para un Dios tan supremamente generoso. En este sentido, la parábola quiere ensanchar nuestra mente, quiere ensanchar nuestro corazón. O como decía San León Magno, enseñarnos, "Mira, tienes mejor Dios de lo que pensabas".

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