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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cuatro desenlaces, que pueden darse separados o combinados, trae el NO perdonar: (1) Dureza de corazón; (2) Ansia de venganza; (3) Absurdo y depresión; (4) Cadena que pasa a otros el mismo dolor.
Homilía ao24014a, predicada en 20230917, con 18 min. y 35 seg. 
Transcripción:
Hermanos queridos. Pasa con alguna frecuencia que cuando uno escucha el Evangelio, uno siente que no es capaz, no es capaz de vivir, de practicar, de obedecer lo que nos dice la Palabra de Dios. El Evangelio está lleno de ternura, pero también está lleno de un nivel de exigencia que a veces no se predica tanto, pero que ahí está en la Palabra de Dios. Y a veces uno puede sentir yo eso no puedo. Hace un par de semanas conocí el caso de una señora que vivió con mucha alegría y generosidad su vida de esposa, una esposa dedicada, amorosa, generosa con su esposo, con los hijos. Pero ella fue traicionada vilmente. Es una historia muy triste. Fue traicionada por este hombre que tenía otra relación. Y bueno, fue una cosa increíblemente dolorosa. Uno la puede entender a ella, pero da mucho pesar escucharla cuando dice: -Yo jamás le perdonaré lo que me hizo- Este señor que cometió esos errores horribles y que arruinó varias vidas, murió. De hecho ya murió hace años y uno de los hijos le decía a la señora. -Perdona ya la memoria de mi papá, ya perdónalo, ya se murió.- Y ella decía Hasta el último día de mi vida jamás lo voy a perdonar. Ya el hombre muerto, jamás lo voy a perdonar. Es decir, que esa mujer siente que lo que pide el Evangelio, por ejemplo, el día de hoy. Capítulo número 18 de San Mateo, que es lo mismo que pedía también la primera lectura tomada del libro eclesiástico. Eso es en el capítulo número 27 y 28. Ella siente, yo con eso no puedo, yo eso no lo voy a hacer. Es decir, yo le voy a desobedecer a Cristo, yo le voy a desobedecer a Dios porque yo me quiero quedar con el odio que yo tengo y con ese odio me voy a morir porque me la hicieron y yo eso no lo voy a perdonar. Cuando ya uno lo pone en estos términos, uno se pregunta ¿Qué tan sabio es eso? Uno se pregunta qué tan sano es eso, si realmente conservar esos rencores es sano. Yo tengo varios amigos y parientes, psicólogos, por ejemplo, un hermano mío, es psicólogo y otros amigos que son psicólogos, gente con muy buena formación y gente con una gran experiencia en psicología clínica atendiendo personas. Y les he escuchado a varios psicólogos esta idea, que la persona que se resiste a perdonar, especialmente cuando pasan y pasan los años, termina haciéndose daño a sí misma. Más que hacerle daño a la otra persona, termina, es destruyéndose, termina haciéndose daño a sí misma. Entonces, yo creo que esta es una buena introducción para el tema que nos propone la Palabra de Dios hoy. Definitivamente perdonar no es fácil. Además, perdonar tampoco es hacer de cuenta que no pasó nada. Además, perdonar tampoco significa ser un tonto y que uno no se da cuenta o que le repitan lo mismo. Yo creo que habría que hacer cómo un retiro espiritual. Sobre el tema del perdón, eso no cabe en una homilía, pero lo que sí quiero tratar en esta homilía es una pregunta muy sencilla ¿Cuál es la alternativa? Cuando la gente no quiere perdonar o siente que no puede perdonar, ¿Qué hace? ¿Con qué se queda? ¿Qué camino toma? ¿Cuál es la alternativa? Y esa pregunta ha rondado mi cabeza estos últimos días y he llegado a la conclusión de que las personas intentan hacer cuatro cosas cuando no perdonan. Cuatro. Y ustedes juzgarán por ustedes mismos si esas cuatro cosas que hace la gente son sanas, son constructivas. Les ayudan o quizás los hunden. Por ejemplo, muchas personas toman la actitud de Encallecerse. La primera palabra de esas cuatro es dureza. Voy a desarrollar callo, voy a desarrollar coraza, que nada me importe. O como a veces dice la gente, que todo me resbale. Esa es una actitud como quien dice no voy a sentir y cómo no voy a sentir, no me va a doler. ¿Qué tiene de atractiva esa propuesta? Que efectivamente la persona como pone una muralla, como no le importa lo que le digan, pues no sufre. Allá ellos, aquí yo. ¿Cuál es el problema de eso? El problema de ese callo en el corazón es que los corazones endurecidos con mucha frecuencia se vuelven egoístas. Con mucha frecuencia se vuelven crueles. Con mucha frecuencia carecen de la generosidad para ayudar al que de verdad necesita. La persona dura, esa persona que dice: -A mí me tocó ganarme todo a pulso. Yo me hice solo. Yo me lo gané todo.- Esa persona difícilmente le tiende la mano al que necesita una ayuda. Es un poco peligroso ese camino de la dureza. Existe la dureza arrogante. Y también existe otra forma de dureza que es la que buscó Siddharta Gautama, conocido como el Buda. El Buda también quería una especie de muralla para evitar el sufrimiento. El gran problema del budismo es ese, ¿cómo superar el sufrimiento? Lo que sucede es que el budismo no pone el lenguaje tan drástico de una muralla, sino es como una especie de trabajo mental que finalmente equivale a lo mismo que las cosas no me afecten. ¿Qué tan sabio es eso? ¿Qué tanto nos puede ayudar? Es una buena pregunta. Otras personas se concentran en el tema de la venganza. Maquinan la venganza. Se deleitan planeando qué van a hacer. Buscan cómo lograr que a la otra persona le duela. La historia de nuestro país, en buena parte creo que ha estado marcada por eso, por venganzas. El uno hizo, el otro le respondió. Pero este cree que le hicieron demasiado daño entonces. Y ahí sigue. Y ahí sigue el ciclo de la violencia. ¿Qué tan sana es la venganza? ¿Qué tan sano es entregar años de tu vida productiva a diseñar cómo destruir a otra persona o cómo destruir a un grupo social? O ¿Cómo destruir a los enemigos del país? ¿Qué tan sano es eso? Es una buena pregunta. Entonces uno tiene que preguntarse si de verdad quiere tomar ese camino, el camino de la venganza. Otras personas se dejan aplastar por las circunstancias. Sus recursos psicológicos y emocionales no son demasiados. Y cuando se sienten ofendidos, despreciados o excluidos. se van abrumando con lo que les va llegando y se van hundiendo, hundiendo, hundiendo. Es como una especie de autodestrucción. Pierden la confianza en sí mismos y se dejan finalmente derrumbar interiormente. Por supuesto, uno ve que eso no es, no puede ser la mejor alternativa. A pesar de que todos hemos tenido momentos en que decepcionamos a otras personas u otras personas, nos insultan o nos disminuyen. Y esas personas pueden estar muy cerca. Pueden ser tus propios hijos, puede ser tu esposo, tu esposa que te descalifica, que te cancela y a veces uno no tiene los recursos emocionales y entonces uno se empieza a derrumbar. ¿Qué tan sabio es eso? ¿Qué tan útil es eso? Es una buena pregunta. ¿Y el cuarto caso? Porque les dije que eran cuatro. Es la cadena. Es la persona que muchas veces parece que razonara de esta manera. -A mí me la hicieron, yo la hago.- Se parece a la venganza. Pero es como vengarse hacia adelante, no pagándole a la persona que le hizo el daño, sino transmitiendo ese daño a otros. Esto lo encontramos a veces en las familias. Mi abuelo fue muy violento con mi papá. Mi papá fue muy maltratado en la infancia. Cuando él tuvo su propia familia, se volvió muy violento con los hijos. Ahora que yo me casé, estoy esperando a que crezcan un poquito esos bebés para ser violento con los bebés. Y vienen las cadenas y vamos transmitiendo y vamos propagando. Eso tampoco parece que sea muy sabio. Entonces las palabras ¿Cuáles son? Las palabras son en el primer caso, es la persona que se endurece. Entonces la palabra es dureza. La segunda palabra es la venganza. La tercera palabra es la depresión. Un tipo de depresión. La depresión. El cuarto ejemplo lo podríamos describir con la palabra cadena. Si uno lo piensa fríamente. Porque tal vez alguno de ustedes tiene mucho dolor en el corazón y el dolor a veces no lo deja pensar a uno bien. Pero si usted lo piensa fríamente, usted se da cuenta que esos caminos no llevan a nada bueno. Y ahí es donde uno empieza a preguntarse probablemente lo que Cristo nos está proponiendo, esto del perdón tiene mucha lógica, mucha lógica. ¿Cómo puede uno perdonar? ¿Cómo pueden perdonarse cosas que son absolutamente devastadoras? Que nos han destruido, que nos han denigrado, que nos han desgarrado. . . Es muy difícil dar una instrucción sencilla. Pero les voy a compartir solo dos cosas para terminar. Primera: Hay una oración que yo llevo mucho tiempo propagando. Creo que cada vez la conoce más gente y que le ha servido a muchas personas. Y es una oración que le ayuda a uno a liberarse del peso emocional que le impide perdonar. Porque está demostrado que lo que más le dificulta a uno perdonar es una carga emocional por haber experimentado abuso, injusticia, traición o cualquier otra cosa grave. Cuando uno está aplastado por la situación emocional. Entonces uno cae en las cuatro palabras o en alguna de ellas: La dureza, la venganza, la depresión o la cadena, o sea, transmitirle a otros. Entonces la oración esta que le voy a comentar, le puede servir a usted como le ha servido a mucha gente esa oración. Yo mismo la he tenido que practicar porque en alguna ocasión me sucedió una cosa que no se lo deseo a nadie. Una persona, por razones que yo desconozco, me levantó una calumnia espantosa, pero así pues, disparó a matar una cosa terrible. De manera que hubo que hacer un proceso jurídico. Finalmente, el proceso jurídico llegó a la única conclusión a la que podía llegar que no había ninguna sustancia en ese caso. El caso fue completamente cerrado, pero créanme que yo tuve que pasar unos meses supremamente amargos y como yo sabía el nombre de la persona que había iniciado la calumnia contra mí, cuando yo les digo de este tema del perdón, yo no estoy hablando de la teoría de un libro, estoy hablando de algo que yo mismo conozco por experiencia. Y es ahí donde les cuento que esta oración es bendita. ¿Cuál oración? Señor, cumple tu voluntad en; y ahí se dice el nombre de la persona, el nombre. ¿Por qué es importante decir el nombre? Porque cuando usted está cargado emocionalmente, el nombre de la persona es como una bofetada. Cada vez que usted puede decir ese nombre en oración, usted le está quitando poder al recuerdo de ese nombre, al recuerdo de esa persona sobre usted. Entonces yo mismo me apliqué ese tratamiento que he predicado tantas veces, Señor, cumple tu voluntad en; y ahí decía yo el nombre exacto de esa persona. Esa oración hay que decirla muchas veces. Siempre que predico de este tema le digo a mis amigos, le digo a mi gente esa oracioncita es como una gota. Haga de cuenta una gota de lluvia. Una gota no puede lavar un piso, pero dos gotas, mil gotas, cinco millones de gotas, treinta millones de gotas lavan. Y lo que necesita el corazón suyo para que usted pueda empezar a perdonar es que le laven ese corazón, porque usted tiene una carga emocional que es la que no le deja ni siquiera pensar bien y por eso usted cae en dureza. En venganza. En depresión o en cadena. Esa oración es bendita. Practíquela. Y tal vez un día me lo va a agradecer. Y lo segundo que quiero destacar, tomado del Evangelio, es la importancia de esta palabra que aparece aquí, que hacia el final en la parábola esta que nos enseña Cristo: El Rey ese, le pregunta al siervo malvado, ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Compasión. Experimente usted la compasión de Dios. Lo que está haciendo la gente que se está confesando allá, yo procuro confesarme con cierta frecuencia, máximo dos o tres semanas, cada dos o tres semanas. Yo me confieso. Y ese baño de misericordia que es la confesión, me permite decir Dios ha sido compasivo, Dios ha sido grande y compasivo conmigo. Dios se ha compadecido de mí, y a medida que uno se siente bañado en misericordia, algo le entra. Y esa misericordia y esa compasión que uno tiene por dentro, porque se la ha dado Dios, es la que hace que uno busque el bien de la otra persona, así como se oye. Perdonar no es tanto devolver una película. Hay gente que dice, -Yo no puedo perdonar eso- porque creen que perdonar es volver a lo que había antes. En el Reino de los Cielos, en la Sagrada Escritura, nosotros nunca volvemos al pasado. Nuestro Dios en griego tiene este apelativo "Ho erchomenos" es el que viene. Nuestro Dios no nos devuelve al pasado. Por eso es muy importante la compasión. La compasión es: ¿Cuál es el bien que se puede construir en esta persona? Ese es el resumen de la compasión en la Sagrada Escritura. ¿Cuál es el bien que se puede construir en esta situación? El bien que se puede construir en esta persona. El perdón no es tanto sentir cosas bonitas. El perdón no es tanto, devolvamos la película. El perdón es esta compasión, ¿Cuál es el bien que se puede construir ahora? Así que le dejo esas dos recomendaciones. Le repito la oración: Señor, cumple tu voluntad en, y dice el nombre de la persona. Y eso como el agua de la lluvia muchas veces. Y segundo, entender y vivir lo que es la compasión, recibirla, compartirla, para que poco a poco el mundo se parezca más y más a lo que nos dejó Jesús y a lo que quiere el Señor de nosotros. Amén.

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