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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El que se abstiene de perdonar conserva veneno en su corazón, que no dejará de hacerle daño.
Homilía ao24012a, predicada en 20200913, con 12 min. y 23 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos en la misma proporción que la palabra culpa es como una carga sobre nuestros hombros, en esa misma proporción, la palabra perdón es una inmensa liberación. Liberación para la persona que es perdonada y liberación para aquel que perdona. Hoy en día, muchas veces, y no solo en el ámbito de la fe católica, se habla del perdón y de su fuerza liberadora. Algo así como recomendando a la persona que se siente ofendida a que tenga la actitud de dar el primer paso hacia el perdón, tal como nos lo recomendaba el Papa Francisco tres años hace, cuando visitó este país nuestra querida Colombia. ¿Por qué El perdón es liberador?, el perdón es liberador por varias razones: tal vez la primera, y quizás la más importante, es porque, si lo piensas bien, no perdonar, es tener algo contra alguien, y eso significa conservar dentro de tu corazón, una mala voluntad; mala voluntad que significa voy a insultar, mala voluntad, que significa voy a maltratar, mala voluntad, que significa voy a humillar, voy a vengarme, voy a destruir. Entonces observa. La persona que no perdona es una persona que tiene dentro de su corazón esa mala voluntad. Y yo te hago una pregunta ¿Qué crees que hace esa mala voluntad en tu corazón? aún antes de que te vengues, o de que insultes, o de que maltrates, aún antes de que salga por tu boca ese insulto, esa palabra que maltrata a la otra persona; esa mala voluntad ya está en tu corazón y el problema es que durante todo el tiempo que no perdonas, esa mala voluntad está activa en ti. Es algo parecido a una persona que quisiera vengarse de un vecino y para vengarse del vecino se pone a criar, por ejemplo, víboras. Al fin y al cabo, si tengo muchas víboras, algún día esas víboras pueden morder a mi vecino y lo pueden acabar. Pero mientras tanto, ¿te imaginas lo que es criar víboras en tu casa? Aún suponiendo que ninguna te muerda y te envenene, ¿Te imaginas lo que implica eso? ¿Estar criando víboras? Eso es lo que tú haces cuando tú te abstienes de perdonar. Por eso el primer sentido del perdón es soltar, soltar. Eso se nota muy bien en la lengua griega, donde uno de los sinónimos para perdonar es el verbo lyo y ese verbo lyo, lo que significa es desatar, soltar. ¿Te acuerdas? cuando Cristo dice a sus apóstoles: -lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo- Ese es el verbo lyo en griego, y ese verbo es el verbo de desatar, el verbo de soltar. La persona que no perdona es una persona que no suelta y por eso el primer amarrado es él mismo. Y si te estás amarrando, no solo estás criando víboras, sino que te estás haciendo daño. Esto explica por qué es una gran bendición aprender a perdonar, recuerda lo que estamos diciendo, aprender a perdonar no es lo que en inglés llaman get even getting even no es empatar. Ojo con esto, que este es un malentendido que a veces tenemos, a veces creemos que perdonar es algo así como empatar el partido, como quien dice, tú me la hiciste, yo te la hago. O tanto como tú me hiciste daño, ahora necesito que te humilles; eso es tratar de empatar. Perdonar no es empatar. A ver, que el Espíritu Santo permita que mis palabras sean claras y que el Espíritu Santo nos ayude para que esas palabras penetren en nuestro corazón. El perdón no significa que yo voy a tratar de empatar, entre otras cosas porque hay cosas que no se pueden empatar. Piensa tú, por ejemplo, en una pareja donde alguno, lamentablemente, yo sé que es horrible, sé que es doloroso, sé que es humillante; pero imagínate que uno de los dos ha caído en infidelidad. ¿Dime cómo se empata eso? Dime cómo se logra eso, de empatar, que quedemos igualitos, ¿Cómo se logra eso? No hay manera de que quede empatado; de hecho, yo he conocido personas que llenos de rabia porque su pareja les fue infiel, entonces dicen, ahora yo también voy a ser infiel. A mí me impactó mucho la confesión de una mujer, de una señora que precisamente hizo eso, el esposo, yo sé que es repugnante, sé que es asqueroso, lo que hizo el esposo, fue infiel con ella. Y entonces ella por una especie de empatar el famoso Getting Even. Esta señora entonces dijo, -pues ahora yo también voy a ser infiel con él-. Y se puso en la tarea y después de no poco tiempo, pues lo logró y efectivamente le fue infiel al esposo, como quien dice él me fue infiel con otra, pues yo le voy a ser infiel con otro y ahora sí estamos empatados. Pero en su confesión me impactó muchísimo lo que decía esta señora: -Lejos de sentir paz, porque quedábamos empatados, ahora sentí que tenía el dolor de lo que él me había hecho y el asco de lo que yo había hecho con mi cuerpo, porque yo no amaba a ese tipo con el que me metí, yo no, no lo amaba a él. Yo simplemente lo usé para desquitarme de mi esposo-. O sea que antes tenía solo dolor, que era un dolor terrible y se le entiende perfectamente, pero antes tenía solo dolor. Ahora tengo dolor y tengo asco; y tengo rabia conmigo porque ahora yo ensucié mi propio cuerpo, ensucié mi propio corazón, ensucié mi vida. Entonces, perdonar no es empatar, por favor, entendamoslo de una vez; perdonar es un acto de libertad, es un acto de comprensión de la naturaleza humana. Por supuesto, hay que buscar el perdón de modo que no suceda más daño en la relación. Hay que buscarlo, pero hay que buscarlo desde la conciencia de lo que nos dice Cristo en el Evangelio, que todos somos pecadores. Observa lo que dice, por ejemplo, la primera lectura de hoy, capítulo 27 del Eclesiástico, dice: -¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedirle salud al Señor?- ¿Cómo puedes tú estar criando víboras en tu casa y decirle al Señor envíame tus santos ángeles, trae tus bendiciones?. O sea, tienes una caja de maldiciones para el que te hizo daño, tienes una caja de maltrato para el que te hizo daño y le estás pidiendo a Dios que te trate bien. Observa la incoherencia. Entonces es muy importante entrar en la dimensión del perdón; el perdón que suelta, el perdón que libera. No se trata de ser tontos, por supuesto que hay que buscar las maneras, pero hay que buscarlas civilizadamente, porque es que hay maneras de buscar la justicia que en realidad son brutalidad. Por eso muchas veces la justicia parece que es simplemente afán de venganza, lo que ya dijimos empatar. Hay que buscar justicia, hay que buscar que las cosas no se repitan, por supuesto, eso hay que buscarlo y hay que buscarlo de una manera razonable y humana. Pero, pero mientras llegue a ese momento es importante soltar, es importante quitarse los guantes, es importante dejar el orgullo. Mira, en mi experiencia como ser humano, como pecador que soy, como cristiano, que soy desde hace cincuenta y cinco años, como sacerdote que soy hace veintiocho años. Mi experiencia es que lo único que impide el perdón se llama soberbia. Y por eso, en la medida en que una persona más y más se pone delante de Dios y reconoce ante Dios sus pecados, qué es lo que nos propone Cristo en el Evangelio. Cuanto más se pone uno frente a Dios, más, mucho más entiende cuán bueno es el Señor. Y entonces, comprendiendo la bondad de Dios, comprendiendo la santidad de Dios y abajándose uno ante la inmensidad de Dios, destruyes esa soberbia que es la que no te está dejando perdonar. Destrúyela, destrúyela hoy en el nombre del Señor. No te hagas ese daño, deja de criar víboras, destruye en el nombre de Cristo, esa cadena, rompe esa cadena y empieza por experimentar libertad tú; ayuda a que esa otra persona pueda encontrar un camino. Lo que hizo Cristo con Pedro, lo que hizo Cristo con los demás apóstoles en realidad. Si Cristo se hubiera quedado simplemente reclamándoles: -Sí, pero me traicionaron , si ahora vengan, fervorositos, sí, pero me traicionaron, ahora hagan buena cara, como si no supiera yo que me hubieran traicionado, y usted ¿por qué me mira así? otra vez me va a repetir la mirada traidora que me hizo la otra vez cuando me echaron allá a la cruz. Y usted que no sirvió para nada. A ver esa cara de traidor que tiene-. Ese no fue Cristo. Si hay una frase del Evangelio que a mí me derrumba por la misericordia de Jesús, es que después de su pasión ya usted sabe cuál fue el saludo que Él les dio a los apóstoles. El saludo fue shalom. Nosotros lo conservamos en el texto griego Iríni imín La paz con vosotros, no llegó a reclamar, no llegó a aplastar. ¿Cómo puedes llamarte discípulo de Cristo si tú lo único que tienes son reclamos, recriminaciones y a hundir al otro? ¿Cómo puedes ser discípulo de Cristo? Más bien, serás discípulo de Satanás, porque acuérdate que Satanás significa acusador. Entonces es el momento de romper esa cadena. Claro, yo sé que algunos dirán: -Sí, padrecito, muy bonito todo, pero es que uno también es humano-. Sí, claro que somos humanos, pero ¿no crees tú en que ese Dios ya conoce tu humanidad y en que ese Dios que conoce tu humanidad te da la gracia, te da el Espíritu si tú lo pides?. Yo sé que humanamente no se puede. Me acuerdo de un matrimonio muy amigo, un matrimonio entrañable para mí, que conocí en los principios de mi vida religiosa. Después, esa estimada señora falleció prematuramente, ese matrimonio yo lo quise y creo que ellos también me quisieron muchísimo y aprendí muchas cosas de ellos. Tuvieron sus problemas y en un momento dado esta señora le dijo estas palabras al esposo: -Yo, yo, yo como persona, yo como mujer, yo no puedo perdonar, pero Cristo sí puede y Cristo puede conmigo. Y yo te perdono en el nombre de Jesús-. Y ese día y ese abrazo no solo, se salvó ese matrimonio, se salvó esa familia, se salvaron una cantidad de cosas, que no debo decir aquí porque serían demasiado biográficas. Eso es precioso, ábrete a ese amor, cree en ese poder, cree en ese amor, eso libera. Si, tú eres humano y yo también. Pero así como somos humanos para pecar, así también somos humanos, para pedirle al Señor que nos dé la gracia de su Espíritu y para renovar nuestra vida con el poder, con la potencia de su amor. Amen.

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