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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Si en la historia de Caín se ve que el mal corre, en las palabras de Jesús se ve que el bien vuela.
Homilía ao24009a, predicada en 20140914, con 5 min. y 47 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, todos los días aprendemos. También yo, por supuesto. De hecho, una gracia que le pido al Señor es saberme y reconocerme siempre discípulo suyo, aprender cuanto pueda según su misericordia, para servirle y para anunciarle. Empiezo diciendo esto porque esta mañana un compañero de mi convento de Santo Domingo en Bogotá, que es doctor en Sagrada Escritura, nos hacía un delicioso comentario a la hora de un delicioso desayuno. Decía este hermano sobre esas cifras que aparecen aquí, lo del siete y el setenta veces siete. Y nos llamaba la atención sobre una comparación muy interesante que puede hacerse entre este capítulo de San Mateo, del cual acabamos de escuchar el Evangelio y el capítulo cuarto del libro del Génesis. En el capítulo cuarto del libro del Génesis aparece una tragedia. La tragedia del primer homicidio. Caín mata a su hermano Abel. Y Caín siente que su culpa es demasiado grande para él. Le remuerde su conciencia. Caín se siente un maldito. Caín tiene un hijo que se llama Lamec o Laméc. Y es interesante ver cómo Caín teme por su vida. Pero Dios le dice: -Mira, si alguien quiere hacerte daño a ti, lo pagará siete veces- El hijo de Caín, o sea, Lamec es más agresivo que el papá, más agresivo que Caín. Y entonces hay una expresión que utiliza Lamec que dice de la siguiente manera. Lamec o aquí acentúan Laméc dijo a sus mujeres. Él tenía dos esposas, Ada y Zillah. Les dijo a sus mujeres. Adá y Zillah: "Oíd mi voz. Mujeres de Lamec, escuchad mi palabra. Yo maté a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un moretón que me dejó. Caín, será vengado siete veces. Pero Lamec será vengado setenta y siete veces". Es interesante el paralelo. Allí donde Dios desaparece. Muy pronto el mal crece como espuma. La venganza y el resentimiento crecen como espuma. De modo tal que allí donde Dios no está, eso es lo que nos representa Caín y su descendencia. Un mundo sin Dios. Un mundo donde solo queda la ley del más fuerte. Allí donde Dios desaparece, la venganza sobreabunda, el rencor se impone, la violencia crece en una espiral de infierno. Y eso es lo que indican las cifras que dice Lamec en el versículo 24 del capítulo cuarto del Génesis. Caín será vengado siete veces, Lamec será vengado Setenta y siete. Es decir, allí donde no está Dios, cada vez más la venganza, la crueldad, la violencia, el rencor, la intolerancia se vuelven la ley. Y ahora, qué es lo que le dice Pedro a Jesús: ¿Tendré que perdonar siete veces? Y Jesús le dice: -No te digo que siete, sino setenta veces siete.- Y parece que otra traducción posible es precisamente setenta y siete veces. ¿Te das cuenta cómo Jesús es exactamente el reverso de Lamec? Para Lamec desde la embriaguez de la ira, desde la desproporción de su mente turbada por la oscuridad del pecado, lo único que hay es una abundancia, abundancia de rencor y se pasa del siete al setenta veces siete en la venganza del siete al setenta y siete en la venganza. Pero ahora llega Jesús y Jesús pasa del siete al setenta y siete, del siete al setenta veces siete en el perdón. ¡Qué hermoso ver esto! Allí donde no está Dios, la venganza impone su régimen. Pero allí donde llega Dios, con la misma y mayor velocidad, se difunde el perdón. Que llegue a nosotros esa experiencia del perdón, que nos sintamos amados sobre amados, súper amados, recontra amados, hiper amados. No sé qué más palabras usar, que nos sintamos amados y perdonados para que desde nosotros crezca la experiencia del verdadero perdón y se riegue la experiencia de la reconciliación. Que si el mal pretende correr, el bien en Cristo, ha aprendido a volar.

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