Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Ley del Tubo: para recibir más y de nuevo, hay que de nuevo y más aprender a dar.

Homilía ao24006a, predicada en 20110911, con 11 min. y 17 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, la palabra perdón es una palabra que todos necesitamos alguna vez en la vida. Todos necesitamos ser perdonados, por supuesto, perdonados por Dios, pero incluso por otras personas también. Por ejemplo, dentro de la pareja, dentro de la familia, es inevitable que surjan alguna vez discusiones, lenguaje duro, tal vez ofensas. Y por eso, sin perdón no puede sobrevivir la pareja. Sin perdón no puede sobrevivir la familia. Pero el Evangelio de hoy y las lecturas de hoy en realidad nos hablan no solamente del perdón.

Fíjate cómo en la parábola que nos dio Jesucristo hoy, aparecen otras palabras. "Ten paciencia". Así le pidió el hombre que tenía la deuda gigantesca, Así le pidió al rey. Ten paciencia. Y luego el compañero que le debía alguna cosa, le repitió las mismas palabras: "Ten paciencia". El rey tuvo compasión de ese hombre y luego le reclamó al que tenía la deuda grande. Le reclamó porque no había tenido compasión del otro. Entonces, fíjate que aparecen varias palabras. La palabra perdón, la palabra paciencia, la palabra compasión.

También en la primera lectura tomada del libro eclesiástico aparece otra palabra. Esa palabra es la cólera. Como esa rabia extrema, esas ganas de destruir a otra persona porque nos ha hecho mucho daño. Y también esa palabra se riega, pasa de unas personas a otras con mucha frecuencia. La violencia causa una reacción en cadena. Una persona es violenta con otra y esa con otra y esa con otra. En la familia pasa a veces así. A veces hay hombres que son muy violentos, son agresivos y utilizan un lenguaje insultante, pero cuando uno conoce la historia de ese hombre, se da cuenta que a él, el papá lo trataba así. Y ese papá trataba así porque el papá de ese papá también era violento. Entonces hay cadenas, cadenas de mal, cadenas de cólera.

A veces hay cadenas de venganza. En Italia, en Estados Unidos o en mi país, Colombia, hemos vivido espantosamente lo que son las cadenas de venganza. La guerrilla hace daño a los paramilitares, los paramilitares se vengan contra la guerrilla, la guerrilla se venga contra lo que le hicieron y los otros se vengan. Y en esa espiral de venganza se acaba el mundo. Un político y pensador de la India llamado Mahatma Gandhi, decía: -Con la ley esa del ojo por ojo, el mundo entero se quedará ciego.- Porque vamos creando cadenas de retaliación, cadenas de venganza. -Tú me hiciste. Entonces ahora yo te hago. Pero yo no te hice tan duro. Te hago peor. Y entonces yo te hago más fuerte.- Y así nos destruimos.

En la familia también puede pasar eso. Cada vez las peleas más violentas entre los papás y los hijos o entre el hombre y la mujer. Así que el mensaje de este domingo no es solamente el perdón. El mensaje son esas cadenas. Pero hay algo maravilloso. Quitemos la palabra cadena y pongamos otra palabra. Si ustedes me la permiten, vamos a poner, por ejemplo, la palabra serie o la palabra secuencia, una serie, algo que se va repitiendo y extendiendo una secuencia. Quito la palabra cadena porque la palabra cadena parece que alude siempre a algo cómo malo. Dejo más bien la palabra serie o la palabra secuencia y ya vamos entendiendo por dónde van las lecturas de hoy.

Hay series, hay secuencias del mal, pero también hay secuencias del bien y lo que nos está proponiendo Jesucristo es que no cortemos la secuencia del bien. Si Dios me ama, el paso natural es que yo también ame, para que el que se sienta amado también ame y ese ame a otro, y hagamos una secuencia del bien. Si Dios es mi alegría, entonces que yo pueda alegrarle la vida a otros para que esos sientan la alegría de Dios y pasen esa alegría a otros, y ellos a otros, y a otros. Si Dios me perdona, yo recibo ese perdón, se lo agradezco y yo riego ese perdón, propago ese perdón. Si yo conozco, si yo llego a conocer la Palabra de Dios, entonces hago lo posible por pasarle esa palabra a otros a través de un buen consejo, o si tengo habilidad pedagógica, entonces a través de una catequesis, o si Dios me llama al sacerdocio a través de la homilía. De modo que hagamos secuencias del bien. Estas lecturas, mis hermanos, nos están enunciando lo que me gusta llamar la ley del tubo. Un tubo recibe y da.

Recibe, por ejemplo, agua y entrega esa agua. Y cuanta más agua entrega, más agua puede recibir. O sea que esto de la secuencia se aplica a muchas cosas. Hay gente que lo aplica al dinero, por ejemplo. Cuanto más cerrados, egoístas, avaros somos, más bloqueamos el bien. En cambio, yo he conocido personas y el padre Raniero ha conocido muchas más, personas que han recibido muchos bienes de Dios, también mucho dinero, pero no se han quedado con él. Reciben y dan. Eso se llama generosidad. Eso se llama caridad. Eso se llama bondad. Y yo te invito hoy a que hagas la prueba. Así parezca que tus recursos económicos no son muy grandes, haz la prueba de dar más. Es una ley extraña del universo. Cuanto más das, más llega. Porque cuanto más das, más conectas los seres humanos unos con otros, y resulta que Dios nos creó para que viviéramos conectados como las neuronas de ese cerebro maravilloso que tienes en tu cabeza.

Y cuanto más conectados estamos, más circulan maravillosamente los bienes entre todos. La ley del tubo, la ley de la neurona, secuencias de bien. Si este mensaje ha llegado a tu corazón, dáselo a otros para que ellos lo pasen a otros para que triunfe el amor. Déjame terminar con una frase: ¿Te acuerdas que una vez le preguntaron a Jesús cuál era el mandamiento más importante? Y él dijo, "Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón". Y luego dijo: -Hay otro mandamiento igualmente importante, amar al prójimo.- Hoy yo creo que entiendo un poquito más. ¿Qué quiere decir lo de amar al prójimo? Amar al prójimo es garantizar el siguiente paso en la secuencia del bien. Ninguno de nosotros puede llegar a todas partes.

Ninguno de nosotros puede estar en todas las necesidades. Pero si yo doy el paso que me toca con la persona que tengo cerca, la Biblia lo llama el próximo el prójimo. Si yo doy ese paso, entonces esa otra persona quizás de ese otro paso, y otro y otro, y finalmente llega a todos. Es decir que esta ley del tubo, estas secuencias del bien, no son otra cosa sino la expresión del amor al prójimo.

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