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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dependemos unos de otros por lo que vamos a necesitar que nos corrijan porque no somos perfectos. Estamos en camino y nuestros pecados, defectos, errores e irresponsabilidades dañan a otros.
Homilía ao23014a, predicada en 20230910, con 4 min. y 53 seg. 
Transcripción:
Feliz domingo para todos. Hoy vamos a hablar de ilusiones ópticas. ¿Por qué? Lo vas a ver en un momento. A ver ¿qué es una ilusión óptica? Es algo que parece que está, pero en realidad no está. Por ejemplo, una de mis favoritas es esa, en la que hay dos líneas que son paralelas, pero te ponen de fondo una serie como de rayos, como una especie de sol, que destellará y ya no las ves paralelas; parece que hubiera una curva, pero no hay ninguna curva, siguen siendo líneas rectas, pero tú ves una curva y no está. Es una ilusión óptica. Las ilusiones ópticas existen también en la sociedad y en la vida humana. Por ejemplo, la peor tal vez de las ilusiones ópticas es el individualismo. Eso de creer que uno se basta solo y que por consiguiente uno puede decidir lo que uno quiera, como uno quiera, cuando uno quiera, ese famoso: -yo veré qué hago-, ese famoso: desentendernos de los demás, porque -él verá, es su vida-, es una ilusión óptica, con la diferencia de que la ilusión óptica de las líneas paralelas, pues que yo sepa, no acaba con la vida de nadie. En cambio, el individualismo está cobrando millones de vidas, entre otras cosas, a través de la plaga del suicidio. Es una verdadera epidemia lo que está sucediendo; la gente quitándose la vida. . . Una vez un profesor, entiendo que sucedió en una universidad norteamericana. Tenía el salón, pues, con todos sus estudiantes bastante numeroso grupo y toma un lápiz y les dice: ¿Quién de ustedes es capaz de hacer este lápiz? Un lápiz, que a precio de dólar son centavos, ¿Quién de ustedes puede hacer este lápiz? Ya sabes, el lápiz, el de toda la vida; el cilindro de madera con un poco de grafito adentro. ¿Quién puede hacerlo? Y luego analiza lo que tienes puesto, lo que utilizas, donde vives, donde te sientas, donde escribes. Y pregúntate en cuál de esas cosas materiales tú eres tan experto y eres tan capaz que podrías hacerlo tú solo. Si eres honesto, seguramente la respuesta va a ser muy clara. Ninguna de estas cosas, ninguna de esas cosas, nada de eso lo puedes hacer tú solo. O sea que desde el punto de vista material, nos necesitamos unos a otros para vestirnos, para comer, para estudiar, para trabajar, para descansar, para divertirnos. La sociedad es un tejido y es una espantosa ilusión óptica. Creer que entonces yo puedo hacer mi vida como a mí se me antoje, como si yo no dependiera de nadie, como si yo no le debiera nada a nadie. Ese ser humano que cree que no le debe nada a nadie, termina obrando en contra de todos, porque todos tenemos deuda, todos. Lo dice Tomás de Aquino, por ejemplo, pero es que, es obvio, es que estamos en deuda. Yo tengo una deuda inmensa con esta sociedad que tiene imperfecciones, que tiene problemas, todo lo que tú quieras, pero yo tengo una deuda inmensa con esta sociedad, este conjunto, este tejido de seres humanos. Y eso nos lo recuerda el Evangelio de hoy, cuando nos habla de la corrección fraterna, porque entonces, si dependemos unos de otros, quiere decir que algunas veces y muchas veces yo voy a necesitar que me corrijan; yo no soy perfecto, yo estoy en camino y además mis pecados, mis errores, mis defectos, mis vacíos, mis irresponsabilidades dañan a otros. Entonces necesito de la corrección de otros. Y también tengo el sagrado deber de corregir a otros. Eso de que: -esta es mi vida, yo veré que hago, este es mi cuerpo, yo veré que hago-. Esa es la peor de las ilusiones ópticas y esa ilusión se tiene que acabar y se tiene que acabar hoy con el poder del Evangelio.

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