Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Sagrada Escritura nos invita a hacer un acto de caridad con las personas en pecado, invitándoles a salir de sus males para que encuentren los bienes de Dios.

Homilía ao23010a, predicada en 20170910, con 5 min. y 54 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Las lecturas de este día, especialmente la primera tomada del profeta Ezequiel y el evangelio tomado, de San Mateo, nos hablan de la corrección fraterna, es decir, del deber y por consiguiente, el derecho que tenemos todos de ayudar a nuestros hermanos, cuando vemos que están cometiendo un error.

Creo que unas palabras malentendidas del Papa Francisco le han hecho daño a este mandato bíblico de la corrección fraterna, porque evidentemente, para corregir a otra persona es necesario darse cuenta de que está obrando mal y luego es necesario hacerle ver a la persona que está obrando mal. Por eso aquella frase que en un contexto muy particular utilizó el Papa cuando dijo: -¿Quién soy yo para juzgar?- se utiliza de una manera irresponsable para evitar que se cumpla este mandato bíblico y este mandato de Cristo, de que tenemos que corregirnos los unos a los otros.

Efectivamente, si yo no puedo opinar del comportamiento de nadie, si ni siquiera puedo pensar en mi cabeza que la persona está equivocada, pues mucho menos voy a poder corregirla. Entonces fíjate que la Biblia sería un libro absurdo, porque nos estaría mandando algo que luego la misma Biblia prohíbe, es decir, nos estaría mandando que nosotros tenemos que corregir; pero resulta que no podemos corregir, porque toda corrección sería como juzgar.

Toda esta confusión proviene de no hacer una adecuada distinción entre lo que es juzgar a las personas y lo que es juzgar los actos. Juzgar a una persona, como se entiende en la Biblia, es pronunciarse sobre el destino de esa persona. En la Biblia, en el Antiguo Testamento, la persona que juzga, el único autorizado para juzgar es Dios, porque un juicio es definir el destino de una persona. . . Este vive, este muere, este está condenado a la cárcel, este queda en libertad. Juzgar en la Biblia tiene ese sentido definir el destino de una persona. En cambio, cuando nosotros hablamos de lo que es juzgar los actos, es darse cuenta que una persona está obrando mal.

Y efectivamente Cristo juzgó los actos de muchas personas. Así, por ejemplo, a los fariseos que los veía como hipócritas, les dijo: "Ustedes están actuando de una manera hipócrita", eso es juzgar de los actos de una persona. Lo mismo el apóstol San Pablo, cuando supo que en la comunidad de Corinto había algunos que estaban viviendo en terrible inmoralidad sexual, hasta el punto de que alguien, tomó como esposa a la que era su madrastra, entonces San Pablo efectivamente se pronunció y dijo: -Como si yo ya estuviera ahí, excluyan, excluyan a esa persona de su comunidad-. ¿Qué es lo que está haciendo San Pablo en ese caso? ¿Es un acto de odio?, ¿Es un acto de soberbia?, ¿es un acto de arrogancia? De ninguna manera; es un acto de caridad, porque al hacer ver a las personas el mal que están cometiendo, les damos la oportunidad de que se corrijan; y salir de sus males, es empezar a encontrar los bienes de Dios.

Así que es muy importante que en este domingo terminemos de aclarar nuestra cabeza sobre el tema del no juzgar, sobre todo por algo que ya hemos dicho en otras oportunidades. Y es que la gente dice, no juzgar, pero refiriéndose solo a ciertos pecados, particularmente los que tienen que ver con el comportamiento sexual de las personas.

A nadie se le ocurre que si yo veo a una persona torturando a un inocente, yo diga: -No, no se puede juzgar eso-. Por supuesto que uno sabe lo que está sucediendo ahí. Entonces hay muchas trampas mentales y hay muchas trampas sociales con el asunto de no juzgar. Hay muchas trampas.

Las lecturas de hoy, las lecturas de este domingo, nos invitan a salir de esas trampas y a darnos cuenta que es un deber de amor hacer ver a los demás en qué se están equivocando. Por supuesto, habrá condiciones para ese acto de corrección. No vamos a llegar simplemente con una actitud de superioridad, porque todos somos pecadores, no vamos a llegar con una actitud dramática y trágica, porque el primero, que le está dando tiempo de conversión a ese ser humano equivocado es Dios.

Entonces, nosotros no vamos a llegar con una actitud trágica ni con una actitud dramática que simplemente no ayuda. Y tampoco vamos a llegar con una actitud egoísta como el que simplemente le dice al otro: -Ahí tiene ese problema, ahí verá qué hace-. Muy al contrario de lo que se trata aquí, es de cómo se puede ayudar.

El que denuncia un pecado tiene que estar siempre dispuesto a ayudar. Esto nos enseña la Escritura. Y esto, repito, es deber y derecho de todo cristiano.

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