Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Pautas sobre como practicar la corrección fraterna.

Homilía ao23008a, predicada en 20140907, con 21 min. y 48 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, el mensaje de las lecturas de este domingo es relativamente sencillo. Lo podemos condensar en una sola frase: -Una buena corrección es un verdadero acto de amor.- Corregir es amar. Básicamente eso es lo que nos transmiten las lecturas de hoy. Pero es bueno saber por qué y cuándo una corrección es un acto de amor. Y esto me hace acordar una historia que se cuenta de San Francisco de Asís. Cuando él estaba empezando su comunidad. Los que hoy llamamos los franciscanos.

Había un cierto religioso. Que era particularmente una persona difícil. Y todos en la comunidad estaban cansados con él. Como no encontraban manera de que éste mejorara su comportamiento, fueron a hablar con Francisco y le pidieron que corrigiera a este fraile. Y la respuesta de Francisco fue: -Todavía no estoy preparado.- Unos días después volvieron a decirle. Este hombre parece que está empeorando. Hay que corregirlo. Y Francisco volvió a repetir: -Todavía no estoy preparado. Necesito orar más.- Finalmente, al tercer o cuarto intento, Francisco accedió y habló con esta persona. Y verdaderamente este fraile cambió y llegó a ser una persona, un verdadero religioso ejemplar, un buen hermano.

Y entonces los demás frailes estaban agradecidos con San Francisco y solamente tenían una pregunta: ¿Si lo podías corregir, por qué esperaste tanto tiempo? Y respondió el gran Santo de Asís: -Porque primero tenía que aprender a amarlo mucho.- Es una gran lección. Muchas veces creemos que corregir a otra persona es quitarnos nosotros un problema. Sobre este tema habla una religiosa a la que le tengo aprecio, una santa. Se llama María Magdalena Patzi. Esta santa educadora fue ella misma directora de Colegios de Niñas y fundó esa congregación; una congregación religiosa con ese mismo carisma.

En una de sus cartas dice María Magdalena Patzi, es fácil dejarnos llevar por el disgusto y soltar un torrente de palabras. Por ejemplo, cuando una alumna está inquieta, es indisciplinada, desobediente, desafiante, grosera. En esos momentos es fácil para quien tiene la autoridad soltar un torrente de palabras. Pero eso no es corregir. La persona que obra con esa agresividad, la persona que está pensando simplemente en quitarse un problema de encima. Esa persona no está amando. Esa persona no está buscando el bien del otro, está pensando únicamente en su propia comodidad, está pensando solamente en su bien.

Así que una buena corrección es un gran acto de amor. Pero hay que tener cuidado. Y antes de abrir la boca para corregir a otra persona, sobre todo si es una persona que está bajo nuestra autoridad, como sucede a los hijos que están bajo autoridad de los padres o a los alumnos que están bajo autoridad de sus profesores o a los feligreses que estaban bajo la autoridad del sacerdote. Es muy fácil en esos casos caer en una tentación. Y es que la corrección la hacemos no tanto pensando en el bien de la otra persona, sino solamente queriendo librarnos de problemas nosotros.

Por eso, con gran sabiduría, San Francisco de Asís tenía muy claro que tenía que orar, orar, llenarse de amor para poder hacer una verdadera corrección, una corrección que no fuera para quitarse un problema de encima, sino para sumar valor, para sumar un bien, para traer un bien a la otra persona. Y es que hay que decir que el corazón humano parece que tiene un radar. ¿Por qué aquel religioso de la historia de San Francisco se corrigió y se corrigió a fondo? Porque aunque tuvo que decirle palabras fuertes, Francisco, eran palabras que brotaban del amor. Y debemos convencernos de que las únicas correcciones que hacen bien son las que nacen de ese deseo del bien de la otra persona.

Y para eso, lo mismo que hizo Francisco, también nosotros tenemos que orar. Esta es la primera condición de una verdadera corrección. Tenemos que purificar nuestra intención. ¿Qué es lo que voy a decir? Pero sobre todo, ¿Qué me está moviendo a decirlo? Este error, lamentablemente, lo cometen muchos papás. El hijo tiene ese equipo de sonido a todo volumen. El papá está fastidiado, ya no aguanta más y va y echa tres o cuatro gritos a ese muchacho. ¿Usted qué cree que esto es una discoteca de esas en las que usted anda con sus amigotes? O ¿Qué es lo que pasa aquí? Ese papá, al dejar estallar su ira, se está desautorizando, porque lo que está diciendo en el fondo es Quiero que me dejes en paz.

No hay una verdadera expresión de amor. La primera característica para una buena corrección es el amor. Y para eso, sobre todo si la persona es antipática o nos cae mal o nos está fastidiando. Para eso, lo mismo que San Francisco, necesitamos bastante oración. Hay una segunda característica de una buena corrección. Cuando una corrección simplemente señala el mal, el mal que se está cometiendo es una palabra que paraliza. Imaginémonos que estoy caminando por una ciudad que no conozco. Quiero llegar, por ejemplo, a la catedral, pero estoy perdido en las calles de Guayaquil. No sé por dónde queda. Me encuentro con alguien y le pregunto: -Disculpe, señor, ¿Hacia allá queda la catedral? Y me dice, Usted va muy mal. Adiós. No me ayudó mucho.

Usted va muy mal. Vaya, voy mal. Pero lo que yo en realidad necesito saber no es que voy mal, sino cómo hago para ir bien. A nosotros se nos olvida que cuando corregimos a una persona hay que cerrar una puerta, que es lo que está haciendo mal. Pero hay que abrir una puerta, que es lo que puede hacer mejor. Esta es exactamente la estrategia que utilizaba otro santo llamado Juan Bosco, conocido como Don Bosco. En la época de Don Bosco había un problema muy serio con los jóvenes en la ciudad de Turín, norte de Italia. Las circunstancias eran difíciles. Había poco trabajo, mucho muchacho desocupado. Empieza a presentarse un fenómeno de amistades indeseables, vandalismo, pandillas.

¿Cuál es la actitud general de la sociedad frente a esos jóvenes? El señalamiento, la crítica, la grosería, la fuerza pública. A través de ese lenguaje. La sociedad les estaba diciendo a estos jóvenes, -No nos gusta lo que están haciendo ustedes.- Estaban cerrando una puerta, pero con una sabiduría que le venía del Espíritu Santo. Don Bosco se dio cuenta que no bastaba con decirles: -No hagan esto.- Hay que mostrarles lo que sí pueden hacer. Y el modelo pedagógico precioso de Don Bosco lleva a los jóvenes a descubrir sus talentos a través del arte, la carpintería, el deporte, el canto y muchos otros caminos. Cuando vayamos a corregir a una persona, no tenemos que concentrarnos solamente ni principalmente en qué es lo que está haciendo mal.

Este creo que es un error que cometen también algunos padres de familia. Cuántas veces sucede que en el hogar la mamá le dice a la hija, quizás una hija adolescente, -No me gustan esas amistades. Ya dije.- Es lo mismo que lo de la catedral. ¿Por aquí queda la catedral? No, está, equivocadísimo. Adiós. Indíqueme. Muéstreme. Abra un camino. Llevamos dos características de una buena corrección. Hay que purificar la intención y estar seguros de que estamos amando. Y segundo, hay que ver cuál es la puerta que vamos a abrir. Tercera característica: La persona que está descarriada se parece a la oveja perdida. ¿Y qué nos muestra la parábola del Buen Pastor? Nos dice Jesús que el buen Pastor encuentra la oveja perdida.

¿Y qué hace? Le dice, -El rebaño está a cuatro kilómetros y medio hacia allá. ¿Qué pasa, que no corre?- No es así como obra el Buen Pastor; muchas veces es necesario cargar a la oveja. Muchas veces es necesario acompañar. Muchas veces es necesario gastar tiempo. Esta es otra de las virtudes que encontramos en los grandes educadores. Gastar tiempo. Hay muchos papás que están ocupadísimos. Entonces, cuando van a hablarles a los hijos, lo único que quieren es darles instrucciones, que aprendan rápido y que no se vuelvan a equivocar. Pero hay un ingrediente indispensable en la educación: Gastar tiempo. El que no tenga tiempo para tener hijos, por favor, procure no tener tiempo para engendrarlos. Si tuviste tiempo para engendrar un hijo, ahora necesitas sacar tiempo para acompañarlo, para guiarlo.

No tiene que ser todo el tiempo, pero una parte importante de tu agenda, de tu horario, está para ese hijo. Una parte importante de tu tarea como sacerdote es gastar tiempo. Por eso tenemos a un sacerdote que está gastando tiempo. Yo creo que ninguno de nosotros piensa que es muy simpático y muy agradable estar escuchando pecados. Les puedo decir por experiencia que puede ser una tarde muy aburrida, puede ser una noche muy aburrida. Algunas personas dicen que si uno no se contamina oyendo tantos pecados. Mi respuesta siempre es más que contaminarse. Se aburre. Es aburrido escuchar pecados, pero tenemos a un sacerdote que está gastando tiempo.

Y esos minutos que este sacerdote le va a regalar a esa señorita. Esos minutos que le va a regalar a ese caballero, esos minutos que ese sacerdote me ha regalado a mí, esos minutos que el padre Carlos Lugo, que el padre Carlos Mena gastan. Esos minutos son el acompañamiento. Necesitamos corregir, no desde la posición arrogante del que dice como si fuera Dios: -Hágase, cúmplase, publíquese y cúmplase.- El Presidente de la República y antes de él, los reyes y los emperadores utilizaban ese lenguaje, decretase, publíquese, cúmplase. Ya dije, ya dije. Ese es lenguaje de emperador.

¿Se han puesto ustedes a pensar que Cristo formó a sus apóstoles persona a persona, cara a cara? Gastó tiempo con ellos. Había veces, nos dicen los evangelios, que trataba de buscar un tiempo a solas con ellos, a solas con ellos. Les daba tiempo. Cristo no formó a sus apóstoles por correo ni a distancia. Cristo gastó tiempo con ellos. Esta es la tercera característica de una buena corrección. Si tienes tiempo para corregir, saca tiempo para acompañar. Cuarta y última característica de la corrección. Así como los demás algunas veces necesitan ser corregidos, seguramente yo también. Querido papá. Querida mamá. Querido sacerdote. Querido profesor. ¿Usted está dispuesto a que también le ayuden y lo corrijan?

En un ambiente de verdadera comunidad cristiana, todos debemos estar dispuestos a recibir una Corrección. El que no está dispuesto a que lo corrijan está tomando el lugar de Dios. Y créeme que Dios no necesita impostores. Hoy aprendimos que la corrección puede ser un verdadero acto de amor, pero para que una corrección funcione, hay cuatro características. La primera tiene que nacer del amor. Es fundamental. La segunda tiene que abrir un camino de crecimiento. La tercera, si voy a corregir es porque estoy dispuesto a acompañar, a apoyar. Y la cuarta, si voy a corregir, es desde la conciencia de que también yo mismo muchas veces me tengo que corregir.

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