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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La comunidad creyente, con sus legítimos pastores, es el lugar donde residen la verdad, la autoridad y la fuerza de la oración.
Homilía ao23007a, predicada en 20140907, con 5 min. y 45 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! El Evangelio del día de hoy, tomado del capítulo 18 de San Mateo, nos enseña cosas bien importantes sobre la presencia de Dios en medio de la comunidad creyente. Como vivimos en tiempos en que se exalta tanto el gusto personal, la decisión personal, el sujeto individualmente considerado; se nos puede olvidar que la fe tiene una dimensión profundamente comunitaria. Por algo el Catecismo de la Iglesia Católica titula esa primera gran sección sobre la fe: -Creo, creemos-, pone juntas las dos palabras para que recordemos que la fe acontece siempre en lo más profundo del misterio de cada persona, pero acontece también como una realidad esencialmente comunitaria. Concretamente, el Señor Jesucristo nos enseña hoy, cómo en la comunidad: se da autoridad, se da verdad y se da la fuerza de la oración. La comunidad es el lugar de la verdad; se da importancia a los testigos, si alguien no quiere corregirse porque tú se lo dices, es importante que haya testigos. Esos testigos no son testigos ante un jurado humano, esos testigos no son fiscales que buscan la condenación de una persona, esos testigos son más bien testigos de la verdad de Dios, frente a la ilusión de que podemos escondernos y arroparnos en nuestras mentiras; la palabra caritativa pero firme de esos testigos y de la comunidad entera, es un camino providente para recuperarnos a las tierras de la verdad. Necesitamos de esa verdad y la comunidad es lugar de verdad. Por eso mismo, la comunidad también es lugar de autoridad. ¿Cómo se manifiesta esta autoridad? Ante todo en el hecho de que, es la comunidad la que hace posible el crecimiento en la fe de las personas. Nosotros no recibimos al recibir la fe, simplemente información, recibimos algo que es mucho más rico. Recibimos testimonio, y ese testimonio no es el de una o dos personas. Aquello que se vive en la comunidad creyente nos alimenta y por eso el que nos alimenta y el que nos sana, o mejor, la comunidad que nos sana y que nos alimenta, es también la comunidad que tiene poder para decirnos en un caso extremo: -Mira, tú no eres de aquí, mira qué es lo que estás haciendo, porque tú no eres de aquí-. Es un caso extremo, pero ahí llega también la autoridad de la comunidad. Por último, la comunidad es lugar de intercesión, Jesús dice: -Pónganse de acuerdo para orar-. En la unión de la oración hay una fuerza, una fuerza que proviene del mismo Dios. Bien dice aquel refrán: -Dios lo puede todo, pero la oración tiene poder ante Dios-. Santa Catalina de Siena lo explica: La oración que tiene poder ante Dios es la oración que el mismo Dios ha inspirado. Cuando hablamos así de la comunidad, no debe pensarse, sin embargo, que estamos hablando de un grupo de personas que deciden por votación. . ., no estamos hablando de una democracia, no estamos hablando de un colectivismo. El hecho de que haya esa presencia densa y rica de Dios en la comunidad, no excluye, sino que más bien incluye los carismas propios de gobierno dentro de la misma comunidad. No es el tema del Evangelio de hoy, pero es bueno recordarlo: Cómo Dios dentro de la comunidad, multiplica los distintos dones y cómo ciertamente dentro de esos dones están dones específicos de gobierno que tienen su soporte histórico en esa cadena ininterrumpida que se remonta hasta los apóstoles. O sea que cuando hablamos de la comunidad hablamos también de todo este regalo que es jerarquía. En la Sagrada Escritura, concretamente en el Nuevo Testamento, no hay oposición entre la presencia de Dios en la comunidad y la voz del Señor, a través de los legítimos pastores. Pidamos al Señor entonces, que nos permita recobrar ese sentido de ser Iglesia, de vivir nuestra fe con gozo y con constancia, ayudados por otros hermanos y ayudando a otros hermanos.

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