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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La oración tiene mucha fuerza cuando la hacemos en comunidad y con un mismo propósito.
Homilía ao23003a, predicada en 20020908, con 8 min. y 28 seg. 
Transcripción:
Jesús en el Evangelio que hemos oído, nos muestra la fuerza de la comunidad. La comunidad es el lugar de la corrección, es el lugar de la verdad, es el lugar de la oración eficaz. Hay un refrán que todos conocemos -La unión hace la fuerza-. Y en ninguna parte es tan cierto ese refrán, como entre los discípulos de Jesucristo. Somos fuertes cuando estamos unidos, somos demasiado débiles cuando estamos separados. Allí donde dos o tres están en el nombre de Cristo, allí donde dos o tres se ponen de acuerdo para rezar, allí suceden cosas extraordinarias, cosas maravillosas. Y esta fuerza deberíamos aprovecharla más, porque a veces en nuestras familias no nos ponemos de acuerdo para rezar en la misma dirección, sino que hay alguien pidiendo una cosa y hay otro pidiendo otra cosa. Y así es difícil, porque Dios es un papá. Y qué hace un papá si el hijo mayor le dice: -salgamos, salgamos de paseo-. Y el hijo menor le dice: -quedémonos y hagamos un asado en la casa-. Lo mínimo que siente el papá es que no los voy a poder complacer a ambos. La petición pierde fuerza cuando estamos rotos, cuando estamos divididos. La oración tiene mucha fuerza cuando nos ponemos de acuerdo. El padre Darío Betancourt cuenta que en un país que conoció el odio en grandes dimensiones. Estoy hablando de Sudáfrica. Las cosas empezaron a cambiar cuando muchísima gente se puso de acuerdo para orar. Como no lograban ponerse de acuerdo sobre si católicos, protestantes o lo que fuera, digamos que aplazaron esa discusión y dijeron: -tal día a tal hora vamos a orar, pero es a orar y vamos a orar todos y vamos a pedirle a Dios por la reconciliación, por la paz en Sudáfrica-. Y lo cierto del caso es que este país que conoció mucha violencia, pues indudablemente ha mejorado mucho en su situación, en su realidad, en su problemática. La oración tiene mucha fuerza y la aprovechamos muy poquito. Si pedimos en la misma dirección, es muy fácil para Dios complacernos. Además que en el proceso de ponernos de acuerdo para orar, nuestro corazón aprende muchas cosas, aprende a ceder, aprende a ser humilde, aprende a descubrir que los otros también tienen una parte de verdad. Y todo esto que aprendemos nos hace más maduros como personas y nos hace mejores hijos de Dios. La promesa de Jesús está vigente: "Si dos o tres de ustedes aquí en la tierra, se ponen de acuerdo para pedirle una gracia, mi Padre del cielo se la concederá". Sin embargo, ponerse de acuerdo no es solamente como el que hace un negocio. Jesús dijo esa frase dirigida a sus discípulos, los que estaban con Él, los que vivían con Él, los que lo oían todos los días, los que eran testigos de su amor, de su poder y de la acción del Espíritu Santo en Él. Cuando Jesús dice: -Si dos o tres se ponen de acuerdo para orar-, no nos está dando una especie de fórmula mágica. No es para que ahora ustedes salgan de la iglesia y entonces se den codazos, el esposo y la esposa y digan: -pues pongámonos de acuerdo en que nos vamos a ganar la lotería y pidámosle a Dios. Los dos estamos de acuerdo en eso. ¿Usted quiere que nos ganemos la lotería, mija?, Sí, ¿y usted mijo?, pongámonos de acuerdo y vamos a pedirle a Dios que nos ganemos el gordo para salir de las deudas gordas que tenemos-. Cristo no nos dio una fórmula mágica, cuando Él dijo ponerse de acuerdo no significaba solamente como el que va a hacer un negocio; se trata de ponerse de acuerdo los discípulos de Jesús, los que están con Jesús, los que oyen a Jesús y obedecen a Jesús. Esta no es una receta para lograr uno lo que uno quiera. Esta es una promesa que Cristo hace a sus discípulos, así como cuando dice: -que si tu hermano peca y no te hace caso, llama a otro o a otros dos- porque ahí hay una presencia de Dios, ahí hay un juicio de Dios. Así también en este caso, cuando habla de dos o tres se refiere a la presencia de Dios, reinando la presencia eficaz de Dios entre nosotros. O sea que en últimas no es el misterio, no es solamente la fuerza de ponernos de acuerdo, no es solamente la fuerza de la unión de opiniones humanas, es la fuerza que nace de estar en Dios, es la fuerza que nace de consolidarnos en Él, de aceptarle sin condiciones y de obedecerle sin condiciones. Entonces, ¿cuál será el sentido más profundo de estas palabras de Cristo? Pues parece que la cosa va por este lado. Los discípulos de Jesús saben de la presencia de Dios en sus vidas, pero aún les puede tentar un cierto orgullo, un cierto sentido de individualizarse. Pero si uno es discípulo de Cristo y renuncia a toda forma de soberbia y no quiere imponer sus planes a Dios ni a nadie, entonces la oración de un discípulo así, es una oración que cambia al mundo. Y esto es lo que hemos visto en las vidas de muchos santos, santos que han cambiado la historia, santos que siendo unos pocos han hecho maravillas, empezando por el grupo de los apóstoles. ¿Quién iba a pensar que de ese grupo de doce pobres pescadores y cobradores de impuestos y medio guerrilleros, quién iba a pensar que de ese grupo de hombres pobres ignorantes, iba a salir una revolución de amor? Que mire que ya nos alcanzó a nosotros, porque nosotros creemos en Dios por la predicación de ellos. Si los discípulos de Jesús creen en la acción de Dios, y si renuncian a ese individualismo y a ese orgullo que nos puede tentar a todos, entonces la oración se hace increíblemente eficaz porque Dios mismo realiza sus planes entre nosotros.

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