Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Aquellas predicaciones o publicaciones que son agradables a nuestros oídos pero que no hablan el lenguaje de la Cruz, la Sangre de Cristo, la redención del pecado, el valor de los sacramentos y nuestra propia conversión, son un engaño, si es que pretenden representar nuestra fe.

Homilía ao22011a, predicada en 20200830, con 20 min. y 13 seg.

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Transcripción:

En el evangelio de hoy Cristo nos da muchas enseñanzas. Quiero comentar dos. Una pequeña y otra más grande. La pequeñita tiene que ver con el apóstol Pedro. Recuerdas que el domingo pasado Jesús le decía a Pedro: "Bienaventurado eres tú, Simón, hijo de Jonás, Porque eso que estás diciendo no te lo reveló la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo". Tremenda felicitación en público viniendo de Jesucristo, el Hijo de Dios. Pero lo que más nos interesa, más que el aspecto, llamémoslo público, de ese honor o felicitación para Pedro, es el hecho de que Jesús le dice -Eso no viene ni de la carne ni de la sangre. Eso te lo reveló mi Padre del cielo.-

En cambio, hoy ¿Qué le tiene que decir Cristo a Pedro? "Tú piensas como los hombres, no como Dios". O sea que el mismo Pedro en un momento dado fue sensible a la voz de Dios que por decirlo de alguna manera, habló a través de Pedro. Cuando Pedro proclamó: -Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo.- Pedro ahí fue instrumento de Dios Padre, y podemos decir que era el cielo el que hacía resonar su voz en la boca de Pedro. Pero ahora no es el cielo. Cristo lo llama "Satanás" que es lo peor que le puede decir, "Apártate de mi vista. . . " Dice esta traducción. Más correcto sería decir " . . .detrás de mí Opíso Mou" es la expresión en griego detrás de mí. Y lo llama Satanás. Fíjate el mismo Pedro y le dice: "Tú ahora estás pensando como los hombres y no como Dios".

Esto, entonces, nos muestra algo muy importante y es que la misma persona puede en un momento dado, ser sensible a la voz de Dios y en otro momento, si se descuida, puede ser sensible, puede ser instrumento de las voces del infierno. Por supuesto, nosotros no queremos esa ambigüedad, pero la primera enseñanza para que nos quede algo claro, es eso, que es necesario discernimiento, porque una misma persona puede decir cosas que son preciosas y vienen del cielo, o cosas que son confusas y vienen del infierno. Pero aquí es donde viene la enseñanza grande. ¿Y entonces, cómo se distinguen unas cosas de otras? ¿Cómo podemos tener un criterio de clasificación? Pues miremos lo que le pasó a Pedro.

Pedro soltó esas palabras: "No vaya a permitir Dios eso, que no vayas tú a sufrir, que no venga la cruz". Cristo dijo esas palabras sobre la cruz y Pedro dijo las palabras, -que no venga la cruz.- Cristo afirmó el misterio de la cruz, y Pedro pretendía negar el misterio de la cruz. Pretendía mostrar una salvación sin cruz. Ojo con esto: -Salvación sin cruz.- Ese es el sello del diablo. Salvación sin cruz, salvación sin renuncia al pecado, salvación sin expiación, salvación sin reparación, salvación sin arrepentimiento, salvación sin recibir la gracia de Dios. Ese es el mensaje del demonio. Y Pedro lo que le propone a Cristo Incluso con una manera podemos llamar fraterna. Lo que le propone Pedro a Cristo es eso una salvación sin cruz. Ese es el sello del enemigo, la salvación sin cruz.

Por eso, en numerosos retiros que he tenido ocasión de predicar, retiros a sacerdotes, a seminaristas, a laicos, a religiosas, a comunidades, siempre ofrezco, siempre que puedo y se da la ocasión, Ofrezco este criterio. Si usted quiere saber sobre la calidad de la predicación, por ejemplo, de un sacerdote, si usted quiere saber si un determinado libro de espiritualidad le conviene o no, si usted quiere saber si lo que se dice, lo que se enseña usualmente en una comunidad está o no conforme con el Evangelio, el filtro decisivo es la cruz. Entonces hay autores que escriben muy bien, muy, muy bien, porque el talento literario es algo que existe en esta tierra. Y sin embargo tú puedes pasar páginas y páginas y páginas y nunca aparece el sacrificio de Cristo y nunca aparece el valor de la cruz y nunca aparece la redención por la sangre y nunca aparece el arrepentimiento de los pecados.

Precisamente ese es el sello que tiene toda la literatura de autosuperación personal y la literatura tipo Nueva Era. Y algo de eso ha entrado también en la espiritualidad católica. Sé que es fastidioso, pero. Tengo que decir algún nombre y eso es lo que ha sucedido, por ejemplo, con los escritos de El sacerdote Anthony de Mello. Usted mira el caso de Anthony de Mello y usted se da cuenta que es un hombre con un talento increíble para la narrativa y es delicioso leer, pero nunca aparece la cruz de Cristo. ¿Dónde está el arrepentimiento? En la mayor parte de sus obras, las más vendidas. Eso no aparece. Aparece la iluminación, aparece una especie de "In side" aparece el caer en cuenta de muchas cosas, Todo eso sí, pero lo que tiene que ver con la cruz eso no aparece.

Por eso hay un paquete. Yo lo llamo el paquete, el paquete básico que todo cristiano católico debe tener, porque es el gran discernimiento. Eso se llama el paquete. ¿Y qué contiene el paquete? El paquete contiene las siguientes palabras. Puedes hacerlas un poquito más extensas. Cruz. Sangre. Arrepentimiento. Conversión. Valor de los sacramentos. Eucaristía. Adoración. Esperanza de cielo. Certeza del infierno, de la existencia del infierno. Ese es el paquete. Ese paquete tiene que ver. Tiene que ver con el kerigma. Es decir, tiene que ver con el primer anuncio de la salvación. Si tú miras el anuncio básico de la salvación, siempre es lo mismo que Cristo murió por nuestros pecados. Lo resume, entre otras cosas, el apóstol San Pablo en su carta a los Corintios, busca el pasaje, por favor. . . "Cuando estuve entre vosotros, os anuncié en primer lugar que Cristo murió. Según las Escrituras, que resucitó según las Escrituras". Es decir, es la muerte redentora de Cristo.

Entonces el paquete ¿Qué es el paquete? Es el núcleo fundamental de nuestra fe. Núcleo fundamental que si se pierde, tú te puedes ir por una religiosidad que es más o menos agradable, porque te repito, hay gente que escribe delicioso, hay gente que escribe de un modo deleitable, pero hay autores que yo no puedo recomendar y sé que me gano algunos enemigos con lo que digo. Pero yo no puedo recomendar a un Anselm Grün. No lo puedo recomendar. Yo no puedo estar tranquilo si una persona está leyendo a Anthony de Mello. Yo no puedo estar tranquilo con eso. Por no hablar, por supuesto, de las toneladas y toneladas de libros y la cantidad de literatura tipo nueva era que hay por todas partes. Entonces, la gran enseñanza es que nosotros como católicos tenemos que tener desarrollado esto que se llama olfato, olfato espiritual, y el olfato espiritual es donde está el paquete aquí.

Si un sacerdote, por ejemplo, es muy popular, muy, muy popular y predica y tiene no sé cuántos seguidores y, bueno, grandes eventos y todo muy bien, ¿Dónde está el arrepentimiento? ¿Dónde está el valor de la sangre de Cristo? ¿Dónde está el valor de los sacramentos y de la Iglesia? Todas esas palabras que están interconectadas y que conforman lo que yo de modo informal llamo el paquete. Si tú oyes que el sacerdote habla muchas cosas, como ya hemos tenido casos aquí en mi país, hemos tenido el caso de sacerdotes que hablan así con esa elocuencia y te dicen: -Ten ánimo hermano, este tiempo malo va a pasar, Dios te va a bendecir, tus proyectos son maravillosos para el corazón de Dios. Apóyate en la fe, sigue luchando.- Ya ves cuántas cosas dije. ¿Mencioné por alguna parte arrepentimiento; Mencioné conversión? ¿Mencioné el valor de la sangre de Cristo? ¿Mencioné la cruz? Nada.

Pero bueno, supongamos que esa fue una homilía. Supongamos. A mí me parece grave que uno suelte toda una homilía y que nunca mencione el valor de la redención de la cruz de Cristo. De una manera o de otra, eso tiene que estar siempre ahí. Pero bueno, supongamos que en una homilía no menciona nada de eso. Era una homilía para darle ánimo a la gente. Mira, tus sueños son importantes, no dejes de luchar por tus metas. Ponle, échale ganas. Dale, ¡Alabío, alabao, alabim, bom bau! y eso le gusta a la gente y eso le gusta a la gente. Y eso da seguidores. Eso le encanta a la gente. A la gente en cambio, no le gusta que se hable de esto que estamos hablando hoy de discernimiento. No les gusta mucho que se hable. ¿Por qué? Porque hay gente que ya tiene la colección completa de libros de Nueva Era.

Hay gente que tiene la colección completa del caballo de Troya de este señor JJ Benítez, y le encanta que le digan historias sobre Cristo, que serán mentira, pero pero le encanta que le digan esas historias. Entonces a la gente no le gusta que se hable de discernimiento, no les gusta, no les gusta, pero uno tiene que hablar, uno tiene que hablar porque, porque hay que seguir aquella frase de San Agustín, que, -La verdad hay que decirla con amor, pero que el amor no puede ser pretexto para callar la verdad.- Esencialmente, ese es un pensamiento de San Agustín. Lo repito: -La verdad hay que decirla con amor. Pero el amor no puede ser pretexto para callar la verdad.- Entonces, estos temas son incómodos y hemos tenido esos sacerdotes. Luego, lamentablemente, uno ve que algunos de ellos ya se están retirando del sacerdocio. Es algo que a mí me parte el alma.

Son personas con las que yo he predicado, son personas con las que yo he estado en eventos. Y mientras digo esto, yo digo Señor, misericordia, Señor, misericordia, porque yo también estoy hecho de barro. Yo me siento feliz en el ministerio sacerdotal, en mi Orden Dominicana. Me siento feliz y le pido al Señor y le clamo concédeme la gracia de morir religioso, dominico, sacerdote, ofreciendo hasta la última Eucaristía por la Santa Iglesia, porque todos estamos hechos de barro. Pero debo decir también y esto también es antipático, debo decir que hay varios de estos casos que, como se dice en Colombia, los veíamos venir y los veíamos venir por el paquete de discernimiento que hemos dicho. Porque cuando una persona cada vez está más tratando de complacer al espíritu del mundo y está cada vez tratando de hacerse a más amigos y por lo tanto tratando de criticar lo menos posible para tratar de ser tolerante y progresista y amplio y mente amplia, amplia.

Una mente tan abierta que finalmente cabe todo, hasta el diablo. Cuidado con eso. Entonces hay que tener el discernimiento, hay que tener ese discernimiento. Y esto vale para la literatura, esto vale para las películas, esto vale para el material católico o presentado como católico. Por eso, cuando la gente me dice ¿Qué me recomienda para leer? Casi todo lo que yo recomiendo para leer se consigue gratis. ¿Y por qué se consigue gratis? Porque hay una maravilla que se llama Internet y porque casi todo lo que yo recomiendo para leer son los autores seguros. Y son autores seguros porque en primer lugar vivieron la cruz ellos mismos porque ellos padecieron Cruz, tú ponte a pensar un San Juan de la Cruz que por algo se llamaba así. Él escogió conscientemente ese nombre San Juan de la Cruz de la familia Carmelita. ¡Qué hombre! Es que él vivió, vivió el misterio de la Cruz y predicó el misterio de la Cruz. Entonces, ¿Qué te puedo decir yo?

Ve con amor a Juan de la Cruz. Ve con amor a Teresa de Jesús. Mira, acércate a San Francisco de Sales, acércate a San Alfonso María de Ligorio. Acércate al fundador de los jesuitas. Y hay muchos jesuitas excelentes. Hay unos que no puedo recomendar de ninguna manera. Pero utiliza tú el paquete para eso. Toma la obra de Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola. Aprovéchala. Toma los escritos de una Catalina de Siena, los escritos de una Teresa de Jesús, los escritos de una Hildegarda de Bingen, esos. ¿Por qué la Iglesia tiene esos que se llaman doctores? También hay doctoras, por supuesto, como ya he mencionado. ¿Por qué la Iglesia tiene doctores? Doctor en latín significa "is qui docet" El que enseña, el que enseña, ese es el Doctor. Entonces, cuando la iglesia nos dice. Son cerca de treinta doctores y doctoras de la iglesia que nosotros tenemos.

Cuando la iglesia dice. Estos son doctores de la iglesia, estos, estos. ¿Qué es lo que te está diciendo? que vayamos a las fuentes limpias, a las fuentes donde está el paquete completo. Tú te acercas a una Teresa de Jesús y ella te lanza al misterio de la cruz de Cristo, al amor del Dios encarnado, al poder de la redención. En cambio, tú te acercas a otras obritas de esas que andan por ahí y te van a llenar de ese lenguaje de ánimo. Ánimo, ánimo, ánimo, tus metas. Sigue trabajando. Hoy es un día nuevo. Lucha, respira profundo, respira profundo, vete acercando al mindfulness, vete acercando al yoga, vete acercando a la meditación trascendental y te van llevando, te van llevando, te van llevando. Y tú, como oveja ingenua detrás de esos maestros, ¿Para qué? Pregunto yo, ¿Para qué tenemos doctores en la Iglesia? ¿Para qué? Para que no tengamos que estar mendigando migajas envenenadas de las fuentes que no son.

Entonces, el gran criterio es el que le permite a uno no cometer el error que en esa ocasión cometió Pedro. Por algo en su providencia Dios permitió que esas faltas de los apóstoles quedaran por escrito. ¿Para qué? Para enseñanza nuestra. Ahí están para enseñanza nuestra. Entonces vamos con los doctores de la Iglesia, vamos con Santo Tomás de Aquino, vamos con Alberto Magno, vamos con los doctores y con los grandes autores que tiene la Iglesia. Eso es beber en fuentes saludables. Quien me haya escuchado se dará cuenta que en realidad yo no quiero ni pretendo ser original. Yo miro mi labor de predicación simplemente como esto; cómo acercarme a los grandes tesoros que tiene la Iglesia y tratar de ofrecerlos Por eso menciono sobre todo a dos que han sido mis grandes maestros después de la Sagrada Escritura, Santo Tomás de Aquino y Santa Catalina de Siena.

El bien que me han hecho este santo religioso y esta santa Virgen seglar, el bien que me han hecho, jamás lo podré pagar en esta vida. Como los dos rieles de una carrilera. Tomás y Catalina me han ido llevando, llevando, llevando y aquí estoy por la misericordia de Dios. Pero aquí estoy también pidiendo misericordia, porque las noticias de sacerdotes abandonando su vocación para seguir adelante con sus proyectos personales, esas noticias no dejan de caer, no dejan de llegar. Por eso tenemos que pedir mucha misericordia. Y con esta predicación también les estoy pidiendo oración a ustedes por mí y por todos los sacerdotes que ustedes conozcan.

Resumen; ¿Qué hemos encontrado hoy? Hemos encontrado que una misma persona puede tener la bendición de decir una palabra del cielo, pero puede tener también el gravísimo error de ser un instrumento de las tinieblas. Y segundo, hemos visto que sí hay un criterio para discernir una cosa de otra, y ese criterio es el que yo llamo el paquete, es decir, el conjunto de verdades fundamentales del kerigma cristiano, del anuncio de la fe cristiana que debemos continuamente recordar. Y si a mí me viene un sacerdote, me viene una religiosa con un tema interesantísimo y me va a hablar del cambio social o me va a hablar de la meditación o me va a hablar de cosas preciosas. Qué bien que me diga todo eso.

Pero ¿Dónde está la redención por la sangre de la cruz de Cristo? ¿Dónde está el valor infinito de su sacrificio presente en los sacramentos, según el querer de mi Madre, la Iglesia? ¿Dónde está eso? ¿Dónde está el llamado al arrepentimiento y a la conversión? ¿Dónde está eso? Porque si no está eso, eso ya me huele a podrido. Eso ya no me huele por dónde es. Que pasé una página de un libro y no se mencionó nada de esto? Vaya y pasé unas cuantas hojas. Y todavía me sigue hablando de ánimo, ánimo, ánimo. Ya no me gusta tanto. Que prácticamente llegué al fin del libro y Cristo no es el protagonista. Fuera con ese libro, ese libro no es para mí. Ese es el paquete, ese es el discernimiento. Y hoy más que nunca, nosotros, católicos, lo necesitamos.

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