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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Amar y abrazar la cruz supone aceptar las situaciones inesperadas, los ataques injustos y confiar en el plan que tiene Dios para mí sin tratar de conocerlo y controlarlo todo.
Homilía ao22008a, predicada en 20170903, con 6 min. y 31 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! El Evangelio de hoy es continuación del del domingo pasado. El domingo pasado escuchamos a Cristo cuando dice palabras sublimes al apóstol Pedro "Bienaventurado eres, esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre". "Tú eres Pedro, y sobre ti edificaré mi Iglesia". Hoy el mismo Cristo le habla al mismo apóstol, pero esta vez en un tono de durísima reprensión: "Apártate de mi vista, Satanás." "Tú piensas como los hombres, No piensas como Dios". Primera lección para nosotros: Nos damos cuenta que la misma persona puede, en un momento dado, tener una gran claridad sobre el plan de Dios, la manera de Dios, la perspectiva de Dios. Y luego esa misma persona puede estar completamente desubicada y puede estar en contra incluso de los planes de Dios. Esta inconsistencia interna del ser humano nos invita a la humildad. Si un día nos sentimos fuertes en la virtud, claros en la doctrina, fieles al Señor, demos gracias. Pero hay que permanecer humildes, porque muchos, como decía San Agustín, que tuvieron altura de cedros, también cayeron. También fueron a tierra. Lo mismo nos dice el apóstol San Pablo El que esté en pie, mire, no caiga. No fiarse demasiado ni de las propias fuerzas, ni de las propias cualidades, ni de la virtud pretérita. Pero el centro del Evangelio de hoy está indudablemente en aquella frase tomar la cruz. Para muchos cristianos este es un lenguaje difícil, lo cual no debe extrañarnos porque para los mismos apóstoles fue difícil, dice en algún lugar el Evangelio: -Ni siquiera se atrevían a preguntarle a Jesús. Era algo que no entendían y que en cierto sentido no querían entender.- ¿Por qué hay que tomar la cruz? Vamos a resumirlo en tres puntos. Primero: Porque no siempre lo que a mí me parece lógico es lo que va a suceder, mis preferencias, mis gustos, lo que yo considero normal no es lo que siempre va a suceder. Pensemos en el caso de una quiebra económica, la enfermedad de un hijo. Esas no son cosas que uno diga, hombre, lo mejor que me puede suceder es tener un hijo muy enfermo. si llega a suceder. Esa misma persona puede recibir del cielo grandes claridades que le terminen por hacer ver una bendición en donde él solo veía un dolor. Pero en principio, algo de ese tamaño rompe nuestra lógica. Así que ahí está el primer punto. La cruz se hace presente en nuestra vida, porque muchas veces en el camino de la fe suceden cosas que no son de nuestra escogencia, que no son de nuestro gusto y que no encajan en nuestra lógica. Entonces, si tú vas a aprender, si tú vas a pretender que tu lógica y lo que a ti te parece normal es lo que tiene que funcionar, ah, entonces vas a estrellarte muchas veces. La segunda razón por la que es necesario abrazar el misterio de la cruz es porque en ocasiones seremos atacados injustamente. esto sucedió a los mártires y esto nos puede suceder y nos va a suceder a nosotros. Puede ser ocasión de desconcierto para algunas personas, especialmente para los más jóvenes. Yo veo con mis propios ojos, veo cuánto sufren los jóvenes cuando toman opciones claras, por ejemplo, opción pro vida y se dan cuenta que en el entorno en el que están eso no es aceptado, eso es ridiculizado. No comprenden por qué esa oposición, no comprenden por qué los aíslan, no comprenden por qué se burlan de ellos. En algunos casos puede llegar incluso hasta la tortura y la muerte. Así que también en ese sentido hay una experiencia de la cruz. La tercera razón por la que es necesaria esta actitud de amar la cruz y de abrazar la cruz es porque el plan definitivo de Dios conmigo no es algo que yo conozco. ¿Te acuerdas de Abraham? ¿Te acuerdas lo que le dice el Señor a Abraham? -Vas a partir de lo que tú conoces y vas a ir a donde no conoces. Vas a partir de lo que tú dominas y vas a ir donde yo solo soy Señor.- Eso es lo que podemos entender de aquella frase: "Sal de tu tierra, a la tierra que yo te mostraré". Y esto significa no tener el control. Esto significa que yo no domino el proceso. Eso significa que muchas veces mi única alternativa es confiar y esperar. Y eso supone morir a mis ganas de tenerlo todo claro y de poder controlarlo todo. Al menos por estas tres razones es indispensable que el cristiano abrace la cruz. Pero lo que viene después es la resurrección. Lo que viene después es la gloria misma de Cristo.

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