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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jeremías, San Pablo y Jesucristo nos enseñan algo: que la opinión que prevalece en el mundo suele ir en contra de lo que agrada a Dios.
Homilía ao22007a, predicada en 20140831, con 19 min. y 17 seg. 
Transcripción:
Hay un ejercicio que es muy bueno hacer los domingos. No me refiero a un ejercicio corporal que también es necesario. Me refiero a un ejercicio espiritual. En esta zona de Washington he visto que hay mucha gente que cuida su cuerpo, tratan de alimentarse bien y hacen ejercicio. Salen a trotar temprano en la mañana. Eso no está mal. Eso está bien. Pero debemos siempre recordar que además de los ejercicios del cuerpo, también hay que hacer ejercicios del espíritu, ejercicios espirituales. Y hoy les quiero hablar de un ejercicio espiritual que es muy bueno para los domingos. Cuando venimos el domingo a la misa. Encontramos que hay tres lecturas. Una se llama la primera, la otra se llama la segunda lectura y después viene el Evangelio. Son en total tres lecturas. Y el ejercicio espiritual que les propongo es ver en qué se parecen esas lecturas, para ver también cuál es el mensaje que podemos sacar de cada domingo. Porque las lecturas que escuchamos en la Iglesia están muy bien escogidas. Tienen mucho alimento para tu corazón y para tu vida. Pero así como nosotros con el alimento del cuerpo, tenemos que masticar bien para que los alimentos nos aprovechen, así también este alimento espiritual que son las lecturas de la Palabra de Dios, tenemos que masticarlas bien. Y ese acto de masticar es tratar de entender, ver qué significan las palabras y ver cómo se relacionan las lecturas. Hoy, por ejemplo, hemos tenido una primera lectura que fue del profeta Jeremías. Tuvimos una segunda lectura que es del apóstol San Pablo en la carta a los Romanos, y tuvimos el Evangelio que fue tomado de San Mateo en el capítulo 16. Son tres situaciones muy distintas. Pero el ejercicio espiritual que les propongo lo vamos a hacer ahora juntos. Vamos a ver en qué se parecen esas lecturas. Jeremías está hablando de las dificultades que encuentra en la misión que Dios le puso. Jeremías era un profeta. Jeremías había recibido el encargo de Dios de hablarle al pueblo en una época muy difícil, una época con gran rebeldía y con muchísima corrupción y pecado. Y lo que hemos escuchado de Jeremías Es como una confesión que él hace porque se siente cansado. Su palabra no es bien recibida. Cada vez que predica parece que se gana más enemigos. Jeremías está cansado. El apóstol San Pablo, en la segunda lectura, nos invita a presentar nuestros cuerpos como ofrenda a Dios, a llevar una vida santa con nuestro cuerpo. Y nos invita a renovar nuestra mente para poder verdaderamente convertir nuestro cuerpo en una ofrenda. Porque en el mundo en el que vivía San Pablo, el cuerpo humano se miraba prácticamente como un juguete de entretenimiento, especialmente el cuerpo de la mujer. Como un juguete para darle placer al hombre. Por supuesto, esta es una degradación de la mujer. Y San Pablo dice: "La mujer no es un juguete y el cuerpo tuyo, hermano, tampoco es un juguete". Pero hay que cambiar de mente, hay que cambiar de mentalidad para llegar a eso. San Pablo se da cuenta que hay que tener ese cambio de mentalidad, cambiar la mentalidad se dice "Metanoia" en griego y es una palabra que suele traducirse por la conversión. Así que San Pablo les está proponiendo a estos romanos, es decir, a los cristianos que vivían en Roma a que cambien su mente, les dice: -No se acomoden al mundo presente.- Ahora vamos con el Evangelio. Encontramos la continuación de un texto que empezó la semana pasada. La semana pasada el apóstol Pedro recibió una felicitación de Jesucristo porque Pedro respondió acertadísimamente a la pregunta que hizo Jesús. Jesús preguntó ¿Quién dice la gente que soy yo? Y fue Pedro el que dio la respuesta correcta: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo" y Jesús lo felicitó. Más que felicitarlo, le hizo ver cómo debía sentirse feliz porque había recibido una revelación de lo alto del cielo. . . "Eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso. Eso te lo reveló mi Padre, que está en el cielo". Pedro, en la lectura del domingo pasado, ha recibido como una revelación del cielo. Pero el pobre Pedro, en el Evangelio de hoy, está en la situación contraria. Ahora parece que recibió una revelación pero falsa, una revelación del infierno, porque Jesús le dice: "Apártate de mi vista, Satanás". Lo trata de Satanás. ¡Qué cosa tan dura! ¿Y por qué Jesús le da ese regaño tan fuerte? Porque Pedro le dice a Jesús: "Eso no te puede suceder". -Eso de estar padeciendo en la cruz, eso no te puede suceder Jesús.- Pedro pretende apartar a Cristo del camino de obediencia al Padre. Pedro pretende apartar a Jesucristo del camino de la cruz. Y Jesús le dice estas palabras: "Tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres". Amigos, ahí tenemos el resumen de las tres lecturas; Jeremías, San Pablo y esta parte del diálogo entre Jesús y Pedro. Y yo vuelvo con mi ejercicio espiritual, un ejercicio que cada uno de nosotros puede hacer y qué debe hacer los domingos. Yo por la mañana salí a caminar aquí un poco por estas calles y avenidas y me encontré una cantidad de gente haciendo ejercicio, sudando la gota gorda. Está bien eso, pero que no se nos olviden los ejercicios espirituales, eso no se nos puede olvidar. Por eso estoy feliz viendo estas familias que llenan el Templo del Sagrado Corazón en nuestra querida Washington. Entonces, hermanos, ¿Qué habrá en común entre estas lecturas? Jeremías, que está cansado de luchar contra la oposición de la gente. San Pablo que dice -No se acomoden a la opinión de la gente.- Y Jesús que dice a Pedro: "Tú estás pensando como la gente. Tú no estás pensando como Dios". ¡Ah! ahí aparece un elemento en común. Ese elemento en común es muy importante. El elemento que aparece en común es que al pobre Jeremías lo digo con cariño claro, al pobre Jeremías le toca luchar casi solo porque la opinión de los demás, es que ahí no pasa nada. Hay injusticia, hay opresión, hay idolatría, hay adulterio, hay robo. Pero la gente, la gente del tiempo de Jeremías, no le ve ningún problema a eso. Y cuando Jeremías habla. Cuando Jeremías denuncia al que tratan mal es a Jeremías. Grave, eso. Grave. Tratan mal a Jeremías. Fíjate eso. Entonces Jeremías tiene que oponerse contra la opinión mayoritaria. Jeremías tiene que ir contra la corriente. Ahora vamos al apóstol San Pablo: En la época de San Pablo. El cuerpo era visto como un juguete. Sobre todo, el sexo era visto como un juguete. La mujer como un juguete sexual. Niños y niñas eran tratados con frecuencia como juguetes de entretenimiento sexual para los adultos. La prostitución y la infidelidad matrimonial en todas partes. ¿Y qué es lo que les quiere decir el apóstol San Pablo a los cristianos que viven en medio de toda esa corrupción? Lo que les quiere decir es, ustedes son de otra estirpe, ustedes no se acomoden a eso. Es decir, vayan en contra de la opinión mayoritaria, vayan en contra de la corriente. Y ahora vamos con Jesús y San Pedro. ¿Qué es lo que le dice Pedro a Jesús? Las palabras textuales, según esta bella traducción, son las siguientes: "No lo permita Dios Señor. Eso no te puede suceder a ti". No debe llevar la cruz, no debe llegar el sacrificio. La idea que tiene Pedro de lo que es un Mesías. La idea de Pedro es que el Mesías tiene que ser algo así como un general victorioso que no pierde ninguna batalla. La idea de éxito que tiene el apóstol Pedro es un éxito puramente mundano. Es el éxito propio de aquellos que acumulan victorias, hacen crecer su prestigio y se encumbran por encima de los demás. Pero el camino de redención que Jesucristo ha recibido del Padre es muy distinto. El camino de redención de Cristo no consiste en encumbrarse sobre los demás, sino en ponerse al servicio de los demás. No consiste en llenarse de egoísmo, sino llenarse de caridad, especialmente caridad por los más pequeños, necesitados, pecadores y pobres. Y entonces se ve que hay una contradicción entre la mente de Cristo y la mente de Pedro en el Evangelio de hoy, porque Pedro está pensando según el mundo. Pedro está pensando en acumular victorias, prestigio, importancia. Jesús está pensando en el servicio, en el perdón, en la misericordia, en el anuncio de la Buena Nueva a los más pequeñitos. Entonces están en conflicto. ¿Y qué es lo que viene a decirnos el Evangelio de hoy? Que nosotros no debemos seguir la mentalidad que tuvo Pedro en ese momento, que es la mentalidad egoísta, egolátrica la mentalidad que endiosa el prestigio y el poder. Esa no es la escuela del cristiano. Pero eso es lo que piensa la mayor parte de la gente. Por eso todas las propagandas políticas que encontramos en los afiches nos están mostrando a gente muy sonriente, muy exitosa, muy poderosa y muy bien conectada. Entonces, ¿Qué es lo que nos viene a decir el Evangelio? Que el camino de Jesús va a entrar en contravía, va a ir contra la corriente. Yo creo que nuestro ejercicio espiritual del día de hoy está funcionando porque nos estamos dando cuenta de que aquí hay un mensaje que está en común en las tres lecturas. La denuncia del pecado, como le tocó a Jeremías. La conversión de la mente como la propone San Pablo. Y la elección del camino de la cruz, como lo enseña Jesucristo. En los tres casos está mostrando que la vida del creyente, la vida del que es fiel a Dios, supone muchas veces ir en contra de la opinión de muchos y por eso es importante que nos acostumbremos todos, pero especialmente los más jóvenes, que son los que van a tener más luchas. Es importante que nos acostumbremos todos a que la vida cristiana tiene combate espiritual. No te parezca extraño, hermano. Si tú oyes en la iglesia un lenguaje y luego vas a la calle y oyes otro lenguaje, porque aquí en la iglesia tú vas a oír el lenguaje del servicio, de la misericordia, del perdón, de la intercesión, del dominio de uno mismo. En la iglesia vas a oír el lenguaje de la familia. La familia constituida por un hombre y una mujer. Un hombre, una mujer. Ese es el lenguaje de Dios. Pero si tú sales a la calle, encuentras que el lenguaje que prevalece es el lenguaje del prestigio, del poder, del dinero y de que el sexo sea todos contra todos. El que quiera, contra la que quiera, contra el que quiera, como quiera. No te extrañe, hermano, que afuera de la Iglesia encuentres otro lenguaje. No te extrañe, ya la Palabra de Dios muestra que eso es lo que va a suceder. Entonces es importante que los niños y los jóvenes, de los cuales hay muchos aquí. Gloria a Dios. Es importante que niños y jóvenes sepan eso. Sepan que nosotros tenemos que vivir en cierto sentido como extranjeros, no solamente porque todos o casi todos venimos de otros países, no solamente como extranjeros, porque somos salvadoreños, mexicanos, peruanos, ecuatorianos, paraguayos, colombianos, costarricenses, guatemaltecos, no solamente extranjeros porque venimos de otro lugar del mundo, extranjeros porque nosotros queremos pensar como Dios, pensar como Dios enseña y eso va a estar en contradicción con lo que dicen muchos en los medios de comunicación y con lo que dicen muchos en la calle. Pero el cristiano ha hecho el ejercicio espiritual y no se escandaliza y sabe que la misma lucha que tuvo Jeremías, la misma lucha que predijo San Pablo y la misma lucha que mostró con su ejemplo Jesucristo, esa es la misma lucha que me va a tocar a mí. Tengo frente a mis ojos a unos hombres jóvenes y fuertes que están ahí a unos pocos metros. A ustedes, queridos amigos, les digo lo que dijo Jesús, -Van a tener muchas luchas, muchos combates, pero no tengan miedo,- porque el mismo Cristo dijo "Yo he vencido al mundo".

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