Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Negarse a sí mismo es renunciar a afirmarse a sí mismo por las cosas externas y mundanas que muchas veces nos seducen.

Homilía ao22006a, predicada en 20140831, con 5 min. y 4 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

El texto del Evangelio de hoy está tomado del capítulo 16 de San Mateo. No es una sorpresa que se trate de San Mateo, porque es el evangelista que nos ha ido acompañando durante los domingos de este año. La Iglesia, en su pedagogía, nos da un evangelista cada año, en el año que corresponde a Mateo, decimos que está el ciclo A. El año entrante será el ciclo B con San Marcos y después tendremos el ciclo C con San Lucas.

El pasaje de hoy trae palabras muy fuertes de Jesucristo. Sobre todo nos llama la atención aquello de que, hay que negarse a sí mismo, dice Jesús: "El que no se niegue a sí mismo no puede ser discípulo mío". Esas palabras pueden parecer extrañas; vivimos en una época en la que muchas personas se sienten disminuidas, se sienten acomplejadas y tendríamos que preguntarnos: ¿Es eso lo que Dios quiere? ¿Quiere Dios que nosotros vivamos como en una especie de permanente complejo de inferioridad? ¿O quiere Dios que nosotros no asumamos posiciones de liderazgo demasiado visibles? O tal vez ¿será que Él quiere que nuestras cosas no funcionen bien?

Todo esto suena muy ridículo, suena muy extraño. Hay que saber entender qué quiere decir aquello de negarse a sí mismo. Y he descubierto que un modo de entenderlo es como nos enseña Santa Catalina de Siena, mirando a la expresión contraria.

Es decir, hagámonos esta pregunta: ¿En qué clase de cosas la gente de nuestro tiempo se afirma a sí misma?. Si Jesús nos dice que se trata de negarse a sí mismo claramente en un sentido que estamos explicando, entonces viene la pregunta.

Según eso, ¿qué sería afirmarse a sí mismo? Y nos damos cuenta que muchas personas se afirman a sí mismas, por ejemplo, por el dinero que tienen, es decir, cuando tienen una gran cantidad de dinero, entonces se sienten muy seguros de sí mismos; decimos que se vuelven arrogantes, se vuelven vanidosos. Otras personas se afirman a sí mismas por la belleza corporal que tienen, por el cuerpo que tienen, entonces hay una cierta arrogancia de la persona bella que toma actitud de princesa o de príncipe azul, como quien dice: -Yo a todas las domino, yo soy la reina de la fiesta-, dirá otra. En la belleza corporal la gente se afirma mucho, también por las amistades que consiguen, también por los puestos de poder que tienen, o también, a veces, por el volumen de placer que pueden darse. Entonces, la persona que lleva una vida de placer o la persona que se sacia, por ejemplo sexualmente, esa persona siente una gran afirmación de su propio yo. Creo que Jesús se refiere precisamente a eso.

La persona que está buscando afirmarse a sí misma por estos ejemplos, por los caminos que he mostrado con estos ejemplos, es decir, por el dinero que tiene, por los títulos que ha conseguido, por los amigos, por el prestigio, por el placer que es capaz de darse. Esa persona en realidad está perdiendo su vida, en realidad está equivocada.

Entonces, negarse significa, no seguir ese camino de las falsas afirmaciones, eso que muchas veces nos tienta de afirmarnos a nosotros mismos pero de un modo falso en ese tipo de cosas externas. Eso es lo que Jesús está criticando y nos está invitando entonces a no apoyarnos en eso.

Pero por supuesto, cuando uno renuncia a darse tanta importancia por esas cosas externas, pues tiene que desprenderse de una cierta opinión pública y tiene que desprenderse de un cierto gusto interno, y eso ya nos da como un preludio de lo que significa el misterio de la cruz. Es un desprenderse de lo que yo usualmente pensaba, de lo que yo usualmente valoraba.

Cristo quiere llevarnos a otro nivel. Cristo quiere llevarnos a encontrar otros tesoros, otros valores, otras riquezas.

A Él sea la gloria por los siglos. Amén.

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