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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La cruz no es un accidente ni una casualidad: es el fruto maduro del amor cuando quiere superar el nivel de la transacción.
Homilía ao22005a, predicada en 20110828, con 34 min. y 44 seg. 
Transcripción:
Jesús, mis queridos hermanos, vino a traer a esta tierra un fuego nuevo, un espíritu nuevo, y por eso también una nueva manera de pensar, según la expresión que utiliza San Pablo en la segunda lectura de hoy. Pero sobre todo, una nueva manera de amar. Ese amor nuevo de Cristo tiene como emblema la cruz, y con la ayuda del Espíritu Santo, es importante que descubramos cuál es la novedad de este amor. Porque en un primer intento el apóstol San Pedro no fue capaz de descubrir esa novedad, Pedro quería a Jesucristo, y por eso trata de protegerlo. -Que no te suceda eso, Señor. Eso no te puede pasar-. Pedro en un primer intento, no comprende la novedad del amor que trae Cristo, amor que se expresa sobre todo en la cruz, amor del que somos beneficiarios todos nosotros. Creo que la manera más sencilla de entender en qué consiste esta novedad, es con la expresión que utiliza Pablo en su carta a los Romanos; allí donde dice: -La prueba de que Dios nos ama es que siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros-. Es decir, el amor que Dios nos ha tenido, no es un amor que mereciéramos, sino un amor que necesitábamos. Dios me amó, no porque yo lo mereciera, sino porque yo lo necesitaba. El amor que entrega Dios es entonces regalo, es gracia. Y esta es la gran novedad. Porque según la lógica de este mundo, uno tiene que dar algo para que le den algo; este mundo está marcado por la lógica del mercado. Lo veíamos muy bien en la predicación que tuvimos con los jóvenes; este mundo funciona con la lógica del mercado, mientras tenga yo algo para dar, puedo esperar recibir algo. Pero esa lógica del mercado es una lógica homicida, porque en efecto, todos llegamos a un punto en el que no tenemos para dar, porque somos pobres o ignorantes, porque somos débiles, porque estamos frustrados, cansados, deprimidos o envejecidos. Mientras uno se siente fuerte, la lógica del mercado a uno le gusta. Para el que tiene harto dinero para gastar, no hay sitio más agradable que un buen centro comercial, un mall. Para el que ha alcanzado su límite del crédito, para el que ya no puede endeudarse más, para el que ya no puede comprar ni siquiera una aguja; ese sitio ya no es amable. Cristo trae un nuevo tipo de amor, es el amor que no se merece, pero es el amor que se necesita. El amor de Dios se ha manifestado por aquellos que más lo necesitaban y menos lo merecían. El pecador, el pecador empedernido, se ha hecho tanto daño, que es el que más necesita del amor de Dios, y sin embargo, es evidente que es el que menos lo merece por las repetidas desobediencias. El amor gratuito, el amor de regalo, el amor que no se merece, es ese, es el amor nuevo y ese es el amor que ha venido a traer Jesucristo. Ese amor nuevo, mis hermanos, tiene que pasar la más dura de las pruebas, es el amor que tiene que pasar por la prueba de no recibir retorno, de no recibir la correspondencia, el pago, la contraprestación. Es ahí donde aparece la calidad del amor. La prueba más dura para el amor es que no haya reciprocidad, la prueba más dura del amor es que el amor se pague con ingratitud, con agresividad, con burla, con indiferencia. El profeta Jeremías conoció esa clase de pago, Jeremías es un enamorado de Dios, preocupado por la suerte de su pueblo, Jeremías tiene amor, mucho amor por su pueblo, lo llama a conversión porque lo ama. Pero lo que recibe en retorno, ¿que es? persecución, agresión y burla. Jeremías se cansa de ser maltratado y toma una decisión: -Ya no voy a predicar más-. Pero esa decisión no le dura, resulta que Dios ya lo ha infectado con ese amor, ese amor que es un fuego incontenible en los huesos del profeta. Ese amor, ese fuego que finalmente se vuelve otra vez, palabra, predicación, profecía. -Aunque me maltraten, aunque no me crean, aunque no agradezcan, aunque se burlen-. Jeremías ya conoció esa calidad de amor. Jesús va de camino hacia Jerusalén, ese es el marco en el que se inscribe el Evangelio de hoy, los apóstoles se imaginan que está muy próxima la hora de la victoria. La película que tienen los apóstoles es esta: -Va a llegar el Mesías, lo van a recibir con júbilo, tomará posesión de su cetro y de su trono, y empezará a vencer al enemigo y a instaurar el poder de Dios, y de nuevo Israel será una gran nación, y nosotros que hemos estado con Él, seguramente vamos a tener altos cargos, nos va a mostrar el nuevo esplendor, un esplendor mayor que el de la corte de Salomón, y nosotros seremos esos grandes personajes y nosotros vamos a disfrutar la gloria de ese reino-. Pero Jesús utiliza un lenguaje muy diferente. He aquí lo que dice Jesús: "Tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho, tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día". Van para el mismo lugar, van para Jerusalén, pero cada uno tiene una película diferente. Los discípulos están montados en la película de la gloria, los aplausos, el éxito. Jesús les predica la película de la ingratitud, la agresión, la tortura y la muerte. Los discípulos no entienden nada, los discípulos no se dan cuenta que hay que pasar por la prueba de la ingratitud, hay que pasar por el hielo de la indiferencia, hay que pasar por las pullas de la burla, hay que pasar por el dolor de la agresión para que el amor brille en todo su esplendor. Jesús se da cuenta que esos que tienen ahora tanto poder, es decir, los escribas, los fariseos, los sacerdotes, ni se han sentido felices, ni se van a sentir felices de que llegue Jesús. Jesús no es ningún fantasioso, no es ningún iluso, Jesús sabe muy bien que esos personajes están bien atornillados en sus puestos, Jesús sabe muy bien que esos escribas no quieren soltar lo que tienen. Y esos sumos sacerdotes del templo de Jerusalén viven demasiado bien y les ha costado demasiado trabajo y demasiado malabarismo diplomático estar donde están y no van a soltar lo que tienen. Jesús no se sube a la película de los aplausos y del éxito fácil. Jesús sabe que tendrá que aparecer la verdad de los corazones, porque el corazón aparece en toda su verdad únicamente cuando recibe oposición, indiferencia, burla, agresión. El amor que, frente a esos enemigos se detiene y se devuelve, ya mostró que era puro amor de comercio. En cambio, el amor que pasando por encima de las pullas, que son las burlas y del hielo, de la indiferencia y del dolor, de la agresión, el amor que sigue siendo amor, después de todo eso, ese sí es verdadero amor. Es decir, Jesús se da cuenta que Jerusalén va a ser la hora de la verdad, la hora en que va a aparecer el verdadero amor, ese amor que puede acercarse a levantar a la persona que no lo merece pero que sí lo lo necesita, ese amor que finalmente todos necesitamos, porque todos pasamos por circunstancias en la vida en que estamos reventados, decepcionados, rotos, sin fuerzas. Y si Dios no tuviera una cuerda de misericordia para lanzarle a ese pobre que está desahuciado, sin esperanza, sin recursos, ese pobre que ya no cree ni siquiera en sí mismo. Si Dios no tuviera una cuerda de piedad para lanzarle a ese que está roto por dentro, no habría salvación para la raza humana. Jesús sabe muy bien tres cosas: que el ser humano necesita, ese tipo de amor para ser salvo, que el ser humano no merece ese amor y que en cambio sí es capaz de maltratarlo y que el ser humano vive montado como los discípulos en la película falsa de un amor a medias, un amor de comercio, un amor que siempre está esperando un pago. Jesús sabe esas tres cosas y por eso habla a los discípulos, pero estos no le entienden. Y como representante de todos ellos, ahí tenemos a Pedro abriendo su bocota para darle consejos, no pedidos a Jesucristo. Cristo lo pone en su sitio. Más o menos lo que le dice Cristo es: -Quite de ahí, lo que no sirve, que no estorbe, usted no entiende nada, Pedro usted solo conoce el otro tipo de amor, ese amor que siempre está esperando la retribución y el pago, y Yo estoy hablando de otra cosa y usted no entiende de eso ahora, otro día entenderá. Por lo pronto, quítese, cállese y limítese a respirar-. Y Cristo sigue camino de Jerusalén, y en Jerusalén, a las afueras de Jerusalén, sobre el Monte Calvario, desde el altar de la Cruz, un goteito de sangre, va a declarar el amor que salva. Cada gota preciosa de esa sangre, cada rubí salido del corazón de Jesús, está diciendo: -Así Te amo, así te amo, así te amo- cada llaga de ese bendito cordero, cada lágrima de ese Santísimo Sacerdote, cada gota de sangre de esa víctima divina, está diciendo, qué cosa es el amor; desde la cruz a las afueras de Jerusalén, Cristo está redefiniendo la palabra amor, desde la cruz a las afueras de Jerusalén, Cristo está mostrando el camino para sus discípulos. Porque nosotros, hermanos, no somos solamente depositarios, receptores de ese amor. Esa sangre, ese fuego que ya quemó el corazón y los huesos de Jeremías, esa sangre y ese fuego llegan vivos, vivos a ti. Cristo dijo, refiriéndose a su manera de amar "Yo soy el pan vivo". Cristo llega vivo, vivo, su amor llega vivo. Eso quiere decir que Cristo llega no solamente amoroso, sino con ganas de seguir amando a través de ti. Y por eso el cristiano que ha recibido el goteo de esta sangre divina tiene que aceptar que esa sangre siga caminando, siga corriendo, siga cantando la oda del amor de Dios. Tú no puedes recibir la sangre de Jesús para matarla, tú no puedes recibir el fuego de Jesús para apagarlo, tú no puedes recibir la canción de Jesús para silenciarla. Si eres discípulo, si has recibido esta canción de amor, si eres discípulo, si has recibido este tamaño de misericordia, si eres discípulo y comulgas en el cuerpo y en la sangre del Cordero, tienes que darle permiso a esa sangre para que siga amando a través de ti. Y esa sangre quiere amar a través de ti de la misma forma y a la misma escala en que amó a través de Jesucristo. Y por eso nos dice Cristo: "El que no acepte su cruz no puede ser discípulo mío" Porque la cruz es la señal de ese amor que no depende de una respuesta o de un retorno. Y por eso el que ha nacido de la cruz, el que ha nacido del amor de la cruz, no puede detener ese amor. La carrera del amor que ya empezó en la Encarnación, ya no la puedes detener tú, ni la puedo detener yo. Hay una consecuencia que no es tan simpática de esto que venimos comentando. En nuestro mundo se suele tomar como gran referencia, como modelo supremo de amor, el amor de la pareja. Amor para mucha gente significa amor de pareja; les tengo una noticia regular, el amor de pareja, siendo tan bonito como es, no es el máximo modelo de amor. Sorry about that. No es el máximo modelo de amor. Porque el amor de pareja es un amor que reclama siempre respuesta. Les cuento una historia corta: Se acerca una joven, la llamamos joven, un poco por caridad, porque ya no era tan joven; que había estado en una relación de noviazgo largo. Para mi noviazgo largo es la peor inversión, el peor negocio que puede hacer una mujer, eso no trae sino males, eso no sirve. Por eso los amigos del novio y le decían: -cásese ya con ella, ya le resulta más barato casarse que pensionarla- Noviazgo largo, el tipo resultó traidor, para más ira. Esta mujer viene a consultar su historia y va donde el psicólogo de los pobres, es decir, el sacerdote. He aquí las palabras con las que ella describe su situación: -Yo le entregué todo, yo nunca le pedí nada, yo me di sin reservas y mire con lo que me viene a salir este @ * # & ¡! - y volvía y decía: -yo que le di todo, yo que me entregué-, le hago yo una pregunta, semi perversa, le digo yo: ¿Tú te entregaste toda sin esperar nada a cambio? Ella cayó en la trampa de mis palabras y dijo: -Sí, Padre, yo me entregué sin esperar nada a cambio-. Entonces le digo yo: -Pues ahí está, no le dio nada. Usted dice que se entregó sin esperar nada, ahí, tenga. Ahí está, no recibió nada, se quedó sin nada-. ¡Ay!, padre, no me diga eso. ¿Qué enseña esa historia?, que es real, ¿Qué enseña esta historia? Que cuando la gente dice en su amor de pareja que se entrega sin esperar nada a cambio, no es cierto; el amor de pareja, no es, para entregarse sin esperar nada a cambio. Lo mínimo que la otra persona espera es fidelidad, lo mínimo. Entonces la noticia regular que les tenía es: -Háganme el favor de quitar de ese trono altísimo, el amor de pareja y háganme el favor de poner en ese trono altísimo la Cruz de Jesús-. ¿Qué es lo difícil de esto? Que en las películas no sale el amor de Jesús ni la cruz de Jesús. En cambio, en las películas, el momento culminante, el momento maravilloso, cuando suenan los violines, el momento fantástico es cuando por fin el príncipe se encuentra con la princesa. Y entonces todas las adolescentes suspiran. Ahhh! Queridas adolescentes y queridos adolescentes, más conocidos como manada de ilusos, el amor supremo, el amor supremo no es ese, ese es un amor muy bello. Un amor fecundo, un amor que puede ser santificado, y hay parejas, que expresan ese amor de un modo precioso, y son una referencia, son un ejemplo para todos nosotros. Pero esas parejas, las que llevan su amor con fidelidad, han tenido que pasar por la cruz, han tenido que aprender el misterio de la abnegación y de la renuncia. Porque casarse, es renunciar, la gente dice: -ay el sacerdote, la religiosa, esa renuncia tan dura-. En realidad, todo el mundo tiene que hacer renuncias, la persona que se casa, está renunciando. Se cree que en este mundo hay algo así como tres mil quinientos millones de hombres, de los cuales más de dos mil quinientos millones están en edad de casarse o de ser novios o de ser esposos. Eso quiere decir, querida jovencita, que el día que usted se casa con su querido y muy amado Antonio, Pedro, José, Wilmar o Andrew, Jack, Peter o Whoever el día que usted se casa, usted está diciendo: -Hoy me uno a Andrew y renuncio a estos dos mil cuatrocientos noventa y nueve mil millones novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve tipos con los que hubiera podido casarme, a todos ustedes les digo que no, para decirle que sí, al trasto este que me conseguí-. El que se casa le está diciendo que no a millones y millones de oportunidades, casarse es decir que no. Y si quieres permanecer fiel y feliz en tu matrimonio, tienes que seguir diciendo que no, porque si después de haber dicho que no empiezas a decirle, como que sí a este y como que si a este otro, se te acaba la vida y le destruyes la vida a tu esposa, a tu esposo, a tu familia. Así qué el amor de pareja no es el gran modelo de amor, el amor de pareja solo es modelo de amor si está iluminado y transformado por otro amor todavía más alto, que finalmente es el amor de la renuncia generosa de la cruz. Pidamos al Señor en este domingo, que nos dé, de su amor. Yo hacía una oración esta mañana y no les miento, me sentía y me siento tan profundamente indigno de todo lo que Dios nos da y de la manera como nos ama. Y hoy, delante de ustedes, le repito al Señor la oración del pecador: -Mi Jesús, mi Salvador, no te merezco, pero sí te necesito. Ten compasión de mí-. Pidamos al Señor que esa misericordia, que el goteo de su sangre nos redima, nos transforme. Pidamos al Señor que esa obra preciosa de su misericordia tomé victoria en nuestras vidas, no solo para que nosotros seamos salvados, sino para que el amor siga su carrera hermosa, su preciosa carrera sobre esta tierra. Amén.

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