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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El agudo contraste entre las palabras de Pedro el domingo pasado, y sus palabras en este domingo, muestra que su conversión era aún vacilante, como quizás es la nuestra todavía.
Homilía ao22004a, predicada en 20110828, con 13 min. y 21 seg. 
Transcripción:
Queridos amigos, el Evangelio que acabamos de escuchar está tomado del capítulo 16 de San Mateo. Son los versículos 21 a 27. El domingo pasado habíamos escuchado del mismo capítulo 16 los versículos del 13 al 20. Eso significa que la lectura de hoy es exactamente la continuación de la lectura del domingo pasado. El domingo pasado. Pedro recibió una especie de felicitación. Hoy recibe un regaño. La primera enseñanza que obtenemos de este contraste es que tenemos que estar dispuestos para recibir del Señor. A veces palabras de consuelo y de ánimo, otras veces palabras de corrección y de regaño. El mismo Dios que a veces nos anima y consuela. Otras veces tiene que decirnos ¡Así no! corrígete de esto. Devolvámosle al Señor la autoridad y el derecho para corregirnos. Porque si no reconocemos ese derecho de Dios, estamos negando su señorío sobre nosotros. Pero hay otra manera de mirar este contraste entre el domingo pasado y el actual, el domingo pasado. Pedro hablaba como un instrumento de Dios. He aquí lo que le dijo Jesús: "Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre". Pedro había dicho Tú eres el Mesías. Y Jesús le dice: "Esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos". Es decir, que en ese momento la voz de Pedro había sido un instrumento de Dios. Pero vamos a ver de quién es instrumento Pedro en esta ocasión: "Apártate de mí, Satanás. No intentes hacerme tropezar en mi camino," le dice Jesús. O sea que el pobre Pedro estaba como en una montaña rusa, ¿No? ¡Arriba, abajo! Algunos de los que estamos aquí algo sabemos de montañas rusas. El padre Augusto se salvó de eso. Pedro estaba en la montaña rusa. Jesús le dice -Bien, Pedro, eso te lo reveló Dios.- Tres minutos después. -Mal Pedro, eres instrumento de Satanás.- Pobre Pedro. Podemos decir que Pedro estaba a medio convertir. Algunas veces acertaba y otras veces no. Algunas veces captaba el pensamiento de Dios, otras veces se dejaba llevar por la marea del mundo o por las insinuaciones del espíritu del mal. Así que otra lectura que podemos hacer es leer este texto desde la conversión. Y ahí encontramos una relación con la segunda lectura de la carta de Pablo a los Romanos. "Los exhorto a que se ofrezcan ustedes como ofrenda viva. No se dejen transformar por los criterios de este mundo" dice San Pablo. Carta a los Romanos, capítulo 12. -No se dejen transformar por los criterios de este mundo, sinó dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios. Una nueva manera de pensar. En griego eso se dice "Metanoia," una nueva manera de pensar. La metanoia es la participación en la mirada, el pensamiento y el plan de Dios sobre el mundo. La metanoia nos conduce a eso que San Pablo llamaba la sabiduría escondida, la que no conocieron los príncipes de este mundo, porque si la hubieran conocido, jamás hubieran crucificado al Señor de la gloria. La metanoia, como bien lo dice esta traducción, es una transformación interna que nos da libertad de la influencia externa. Metanoia es lo que quiere el Papa de nuestros jóvenes y por eso les advierte, les recomienda y les persuade, aprendan a vivir en contravía, en contracorriente. Acostúmbrense, queridos jóvenes, que muchas veces lo que le gusta al mundo, lo que el mundo aplaude, lo que el mundo sigue, no corresponde al plan de Dios. Esa metanoia es lo mismo que nos dice Jesús en el Evangelio -El que quiera venir conmigo, tome su cruz. El que quiera salvar su vida, la perderá.- ¿Qué quiere decir ahí querer salvar la vida? Es tratar a toda costa de no perderse las ventajas, los placeres, las ganancias, los honores de este mundo. El que se quiere situar en esa corriente no puede ser discípulo de Cristo. Y advierte Cristo -Ese el que quiera salvar su vida, la perderá. Pero el que pierda su vida por mí, la encontrará.- ¿Y qué es perder la vida por Cristo? Si tú eres un joven y alguien te ofrece droga para que sientas algo fantástico, un viaje increíble, un placer inexpresable, una sensación inigualable. Si tú le dices a esa persona no me interesa y jamás me vuelva usted a proponer eso, esa persona va a sentir que tú eres un tonto, que te estás perdiendo las cosas buenas de la vida. Si tú eres un joven y estás en los catorce, los quince y alguien te propone alguna forma de placer sexual y quiere que a escondidas de tu familia tú empieces a disfrutar los placeres de la carne y tú le dices a esa persona no me interesa eso. Esa persona va a pensar que tú eres un tonto, un tonto, o una tonta que se está perdiendo los placeres de la vida. Pero Jesús te dice querida jovencita, Jesús te dice Querido muchacho, bendito tu si te pierdes esos placeres ilícitos. Bendito tú si te pierdes ese viaje de esa droga, bendito tu si te pierdes eso, porque aunque el mundo diga que estás perdiendo la vida, tú la estás perdiendo por mí. Y dice Jesús -El que pierda su vida por mí, la encontrará.- Esa es entonces, creo yo, la enseñanza profunda que nos trae este Evangelio. Y en realidad las lecturas de hoy. El profeta Jeremías decía que la Palabra de Dios era un fuego devorador que él no podía contener. Jeremías tenía la experiencia de esa voz interna de Dios, ese nuevo pensamiento que viene de Dios, esa metanoia. La gente despreciaba y perseguía y atacaba a Jeremías, pero finalmente él fue testigo de Dios. Yo hoy te invito, querido hermano, querida hermana, yo te invito a que tú y yo entremos en el camino de la metanoia. Quizás tú y yo nos parecemos demasiado al apóstol San Pedro. Estamos todavía en la montaña rusa. A veces proclamamos a Cristo con ganas, a veces lo negamos con nuestras obras. Dios es paciente, pero su llamado es insistente en este momento. Dios es paciente, pero en este momento te urge, te llama y te apremia a que tengas esa conversión interior, a que le entregues ese corazón, a que experimentes ese cambio de mentalidad, a que seas capaz de plantarte delante del mundo y decir no me interesa, no me vuelva a proponer eso. Así la gente te mire y diga Eres un tonto que está perdiendo la vida. Y tú por dentro pensarás Sí, parece que estoy perdiendo la vida, pero en realidad la estoy encontrando. Porque hay uno que se llama Jesucristo. ¿Y de qué sirve ganar el mundo entero si yo me pierdo a mí mismo? Que esta Eucaristía, mis hermanos, nos anime en el camino de conversión con esta Eucaristía. Se abre el año Equipista. Esa obra preciosa de santificación y conversión en familia. Yo creo que recibe un mensaje muy poderoso de este Evangelio. Yo creo que este quizás puede marcar una ruta para el año equipista. Que sea este un año de metanoia, un año de tomar con mayor seriedad todavía y con mayor amor todavía el Evangelio de Jesús. Un año para enseñar a los hijos y para que los papás practiquen una vida cristiana con todas sus consecuencias. Así, a veces parezca que estamos perdiendo la vida, pero sí la estamos perdiendo por Jesús ¡Aleluya! Eso es lo que hay que hacer sembrar para que la cosecha sea abundante. Que Dios bendiga los equipos de Nuestra Señora y que a todos nos dé espíritu de conversión para que el mundo, aunque a veces se burle, y aunque a veces crea que no necesita de Dios, pueda encontrar en nosotros testigos del Evangelio a su debida hora. Los mismos que se burlan lo buscan a uno después y piden ayuda y piden un consejo y piden una oración. Sin arrogancia los recibiremos y en el nombre del Señor seremos testigos de la luz que hemos recibido. Amén.

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