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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
"¡Sígueme!"
Homilía ao22001a, predicada en 19960901, con 6 min. y 58 seg. 
Transcripción:
El Evangelio que hemos escuchado, continuación del, del domingo pasado, cambia radicalmente la actitud de Pedro y la actitud de Jesús. En la lectura que escuchamos hace ocho días, Pedro recibe un mensaje de elogio, y digo especie, porque el elogio no era para él, sino para la revelación que Dios le había dado; pero Pedro se la tomó a pecho. Armado por esa alabanza, él sigue espontáneo, como siempre, y se convierte en director espiritual de Jesús. Jesús no acepta ser el dirigido espiritual de Pedro, y entonces tiene que decirle más o menos lo contrario de lo que le dijo hace ocho días. Si el domingo pasado le decía bienaventurado porque eso no te lo reveló ni la carne ni la sangre. Hoy le tiene que decir: tú piensas como los hombres y no como Dios. El Evangelio pasado decía: -Estás hablando como Dios y no como los hombres-, ahora le tiene que decir lo contrario, -Ahora, si estás hablando como los hombres y no como Dios. Pedro, te pasó tu cuarto de hora, tu inspiración feliz se acabó, y ahora has vuelto a pensar como los hombres-. La traducción que trae este leccionario, lo hemos dicho en otras ocasiones, no es la mejor. Opíso mu dice el griego, algo así como detrás de mí. Lo importante de ese detrás de mí, no es: -quítese que yo no lo vea, sino póngase a seguirme, es usted quien tiene que seguirme a mí, no yo quien tiene que seguir sus consejos-. De modo que la traducción, que sigue siendo tan frecuente en español, la que seguimos escuchando mucho, por ejemplo aquí en el monasterio, no es correcta, no es apropiada. Realmente Jesús no le está diciendo a Pedro: -estoy tan bravo, tan bravo que quítese que yo, no lo vea-. Esta no es una manifestación de la rabia de Cristo. -Piérdase, desaparezcase, ni se le ocurra volver a decirme eso-. ¡No! Jesús no le está diciendo: -Piérdase que yo no lo vea, sino lo que le está diciendo es póngase donde usted me pueda ver. Es usted quien tiene que seguir mis pasos- y por eso Jesús dice lo que escuchamos después: -"El que quiera venir conmigo, que cargue con su cruz y que me siga"-. Si uno se pone a pensar bien en medio de su dureza, las palabras de Cristo, las palabras que Él le dice a Pedro son un llamado vocacional. ¿Usted cree que todos los llamados vocacionales son llenos de ternura y poesía al borde de la playa, con una mirada soñadora y una voz que dice: tú sígueme?; esos son algunos de los llamados vocacionales, pero hoy Jesús le está haciendo un llamado vocacional a Pedro: -Cállese y sígame-. Eso es lo que le está diciendo, deje de decir tonterías, deje de proponer cosas que no son; -Cállese y sígame-. El lenguaje es duro. Por lo visto, Pedro se quedó callado, por lo visto, no respondió nada, no soltó una palabra. Si, el lenguaje es duro, pero el mensaje es claro y es positivo, Sígueme. Realmente Jesús, después del primer y poético -sígueme-, que le dijo a Pedro en la playa, después de ese, que es el que sirve, para la promoción vocacional, después de ese, Jesús le dijo muchos síguemes a Pedro, hasta el final. Recordemos cómo, después de resucitado, cuando le pregunta que si lo quiere y que si lo ama, ahí también le dice a Pedro: -Sígueme-. Jesús le dijo muchas veces a Pedro -sígueme-. Y esto tenemos que recordarlo los cristianos y especialmente los religiosos. Cristo va a seguir diciendo Sígueme. Unas veces lo dirá de un modo triste, otras veces lo dirán con alegría, otras veces dándonos ánimo, otras veces, como en este domingo, a Pedro, nos lo dirá con cierta dureza, -usted no sabe ni dónde está parado, párese detrás de mí para que sepa por lo menos que está siguiéndome a mí-. Demos gracias a Dios por esa palabra de seguimiento, que la virtud que tiene esta proclamación de la Palabra nos haga discípulos del Señor, para estar detrás de Él, para seguir sus huellas. Y sin embargo, aunque vamos detrás de Jesús, cada uno tiene que llevar su propia cruz. Con la diferencia de que cuando vamos detrás de Jesús, ese dolor que de todos modos estará en esta tierra, ese dolor del que nos habla Santa Catalina y otros santos, tendrá un sentido, tendrá una dirección, tendrá un, para qué. Dios nos lo conceda.

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