Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo edifica su Iglesia sobre la fe de Pedro, una fe que se apoya plenamente en Él, la Roca. El ser de la Iglesia es único porque nace de un don sobrenatural y de la unión con Jesús.

Homilía ao21016a, predicada en 20260823, con 10 min. y 10 seg.

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Transcripción:

Feliz domingo para todos. Mis hermanos, por lo menos desde el siglo XVIII y quizás un poco antes; hay una gran desconfianza con la acumulación del poder, sobre todo la acumulación del poder en una sola persona. Si nosotros miramos la historia de Europa, por decir algo, siglo XVI, XVII siglo XVIII incluso, pues encontramos que el régimen de gobierno era el de la monarquía, es decir, había reyes, había reinas, y la idea era que lo que dispusiera el rey, eso se hacía, lo que juzgara el rey quedaba juzgado lo que decidiera el rey, esa era la única palabra, esa era la única decisión. Pero esto condujo a muchos abusos y esto condujo a que muchas personas fueran excluidas, incluso de tener una voz y eran excluidas, posiblemente porque eran competencia para el rey o porque eran críticos de su manera de reinar.

Entonces surgió una teoría, que la debemos sobre todo al señor Montesquieu, una teoría que se llama la división de poderes. Es decir, no vamos a dejar todo el poder en una sola persona, sino más bien hay que distinguir tres poderes. Una cosa es el poder ejecutivo, la persona que toma las decisiones, pero esa persona tiene que someterse a un marco de leyes y esas leyes no las hace esa persona. Entonces ahí surge el Poder Legislativo, que suele estar por supuesto en manos de un parlamento. Y luego tenemos el Poder Judicial que realmente tiene que ver y que supervisa a todos, incluyendo a los que están en el poder. La idea fundamental de esta teoría de división de poderes es que nadie está por fuera de la ley y nadie está fuera del alcance de la justicia, ni siquiera la persona que toma las decisiones, es decir, ni siquiera el que está en el Poder Ejecutivo.

Esta teoría también se conoce como la teoría de los pesos y los contrapesos, que quiere decir que una persona no puede hacer simplemente lo que le parece porque hay un contrapeso, es decir, hay otro poder, hay un organismo de vigilancia, hay algo que impide que esta persona se salga con la suya simplemente porque es su capricho.

¿Qué tiene que ver esto con el evangelio de hoy? Es que el evangelio de hoy parece ir en una dirección muy contraria, muy distinta de lo que estoy contando. Porque lo que le dice Jesús a Pedro es: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Te daré las llaves del Reino de los cielos. Lo que tú abras, nadie lo puede cerrar. Lo que tú cierres, nadie lo puede abrir".

Es decir, es mucho poder para una persona. -Lo que tú abras, nadie lo puede cerrar. Lo que tú cierres, nadie lo puede abrir-. Y entonces dice uno bueno, ¿cómo queda la división de poderes y cómo quedan los pesos y contrapesos dentro de la Iglesia? Y también surge otra pregunta, tal vez incómoda, pero necesaria. ¿Es que acaso la Iglesia es una especie de monarquía? Es decir, mientras que el mundo, después de muchos siglos ha avanzado hacia formas de gobierno que tienen controles y que tienen división de poderes y que tienen pesos y contrapesos; pues la Iglesia se ha quedado atrasada en un modelo que es, el modelo monárquico. Eso es lo que uno podría criticar.

Pero vamos a ver qué es exactamente lo que nos presenta este texto. No se trata aquí de que una persona humana, por ser quien es, recibe semejante autoridad de parte de Cristo. No se nos puede olvidar que antes de que Cristo le dijera estas palabras a Pedro, Pedro dijo palabras a Cristo, y concretamente le dijo: -Tú eres el Mesías, tú eres el Hijo de Dios-. Es decir, Pedro ha hecho una profesión de fe, esa profesión de fe es un regalo del Espíritu Santo, es un don que viene de Dios Padre y que se hace presente en la persona de Pedro.

De manera que sí es verdad que Cristo le ha dado a Pedro una autoridad incomparable. Pero también es verdad que esa autoridad que Cristo le ha dado a Pedro es la autoridad a Pedro creyente, es la autoridad al Pedro que profesa la fe, es la autoridad, al Pedro que ha sido revestido con la fe, que ha sido infundido, con la fe que ha sido transformado con el don de la fe. Esto no lo debemos olvidar. Es Pedro, sí, pero no es Pedro simplemente por ser él, como quien dice, le cayó bien a Cristo o él, porque tenía una gran inteligencia, o él porque tenía una voluntad con tales características. No, Cristo no edifica su Iglesia simplemente sobre cualidades humanas, sino que edifica su Iglesia sobre un hombre, pero un hombre transformado por una fe única. Un hombre transformado por una fe que hace posible, hace posible que ese Pedro en el que se va a construir la Iglesia esté primero él apoyado sobre Cristo; suena muy raro, pero es que es así.

Mira, la fe es la que permite que Pedro se apoye completamente en la roca que es Cristo. El apóstol Pablo va a decir estas palabras: -El cimiento ya está puesto y es Cristo-. El cimiento ya está puesto, entonces lo que queremos decir es que Cristo no se guía por la división de poderes, Cristo no se guía por una especie de competencia entre intereses, de tal manera que éste no pueda hacer su capricho, porque habrá otros que también tienen sus intereses y entonces lo van a contradecir, que es más o menos lo que funciona en las democracias contemporáneas, las democracias modernas, no, así no es, Cristo no funciona según la división de poderes, sino que Cristo funda su Iglesia de una manera absolutamente única, que no tiene comparación y que no es entonces lo mismo que las monarquías tradicionales.

Porque en las monarquías tradicionales lo que sucede es que una persona llega a ser rey porque es el hijo o porque es la hija de su papá. Eso se llama una dinastía, no, la Iglesia no está fundada sobre una dinastía. La Iglesia no está fundada sobre la carne y la sangre, la Iglesia está fundada sobre la fe que se apoya en Cristo, el don excelso, el don sublime y poderoso de la fe en Pedro, ese don que le permite fiarse completamente de Cristo como un don peculiar y único, es lo que hace que Cristo pueda decir: "Sobre esta piedra edificaré mi iglesia. Lo que tu abras, nadie lo va a poder cerrar".

Entonces la iglesia no es una monarquía como las monarquías tradicionales, y la Iglesia no es y no puede ser una democracia en la que los distintos intereses se contrapesan unos a otros. La Iglesia tiene una entidad única que proviene de un don sobrenatural, un don que constituye y que robustece la fe de Pedro y que le permite a él apoyarse en Cristo, de tal manera que esa fe única, esa fe que es común con nosotros, pero que tiene un don particular de firmeza, permite que ahí se edifique la Iglesia.

Y ¿por qué decimos que la fe de Pedro tiene un don único, a pesar de que es la misma fe que todos profesamos? Porque solamente a Pedro, Cristo le dijo esto: "Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando estés convertido, tú, cuando seas renovado, tú, cuando seas fortalecido, confirma en la fe a tus hermanos". Esto no se lo dijo Cristo a otras personas, sino únicamente a Pedro.

Démonos cuenta la belleza de la Iglesia y démonos cuenta que el ser de la Iglesia es único. No es una monarquía, no es una democracia, es una realidad nueva que Cristo trajo a la Iglesia y que tiene como elemento constitutivo la presencia de Pedro y por lo tanto, de los sucesores de Pedro, que no son otra cosa que los Papas de la Iglesia Católica. Oremos por la Iglesia y agradezcamos al Señor el don de ser creyentes. Amén.

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