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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nos corresponde unirnos al designio de Dios acompañando con nuestro afecto en oración al sucesor de Pedro, al Papa Francisco.
Homilía ao21012a, predicada en 20200823, con 7 min. y 5 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Uno de los rasgos más interesantes de los evangelios es la manera tan clara, tan abierta como nos presentan los defectos de los discípulos. Algunas veces en los libros de historia uno se encuentra figuras muy embellecidas por el recuerdo. Por ejemplo, cuando yo evoco mis años de colegio, de escuela, recuerdo la manera como nos hablaban de los próceres de la independencia. Para nosotros eran como superhéroes. Un Simón Bolívar, un Camilo Torres, Antonio Nariño. Todos esos nombres Policarpa, Salavarrieta, eran personas que aparecían embellecidas, embellecidas por el relato histórico. En la Biblia más bien sucede lo contrario, son los rasgos incómodos, decepcionantes, los que más a menudo aparecen. Así, por ejemplo, el rey más importante del Antiguo Testamento, sin duda es David. Pero fíjate cómo en el segundo libro de Samuel se cuenta claramente todos los crímenes que perpetró y cometió. Después de un primer pecado de hecho grave, un adulterio. Entonces la Biblia podemos decir no idolatra a las personas. Más bien muestra sus defectos. También, claro, las cualidades. Pero en cuanto a los defectos, es implacable. Saúl fue un desobediente. David cometió sus crímenes. Salomón introdujo brujería y superstición en Jerusalén. Roboam fue un niño consentido. Ezequías hizo mucho por prohibir la idolatría, pero no llegó hasta el final en la purificación del pueblo. Es decir, la Biblia nos va contando la realidad de la gente. Y en ese orden de ideas, la Biblia nos muestra, por ejemplo, lo imperfectos que eran los apóstoles, cómo estaban sujetos a envidia, cómo eran codiciosos, ambiciosos del poder. Y todo esto lo comento porque el evangelio de hoy nos da ese momento en el que Cristo pronuncia palabras inauditas, palabras que nunca dijo a una persona específicamente, Solo a este hombre, a Pedro. -Te daré las llaves del Reino de los Cielos.- Eso se lo dice a una persona. Bien. Anota San León Magno que en algunas ocasiones, lo mismo que dijo a todos en general, se lo dice a Pedro en particular. Pero lo que nunca sucede es que lo que ha dicho a todos en general se lo diga a otra persona que no sea Pedro. A Pedro le dice: "Te daré las llaves del reino de los cielos". A Pedro le dice: "Apacienta mis ovejas". A Pedro le dice: "He orado por ti para que tu fe no desfallezca". Por lo menos estos tres pasajes nos muestran escenas en las que Cristo le habla específicamente a este hombre un hombre pecador, un hombre que lo traicionó. Un hombre débil, primario, impulsivo. Como tal vez muchos de nosotros. ¿Qué demuestra esto? Que seguramente en aquella época, sobre todo al principio y antes de la cruz y de la Pascua y de Pentecostés. Seguramente algunos de los compañeros sintieron desconfianza o desobediencia, o envidia o desprecio hacia ese hombre. ¿Acaso no es un hombre como nosotros? De hecho, esto ha sucedido siempre con los líderes. Fíjate cómo Moisés fue atacado brutalmente, atacado brutalmente cuando guiaba al pueblo por el desierto, incluyendo atacado por su propia familia. Así vemos que Aarón y María, que eran los hermanos de Moisés se rebelan contra el mismo Moisés. ¿Acaso Dios le habló sólo a Moisés o qué? Algo parecido debió de suceder en el caso de Pedro, y algo parecido sigue sucediendo en la historia de la humanidad. Es decir, muchas veces, y desde muy distintos grupos, desde muy distintas tendencias, se mira a Pedro, en este caso al sucesor de Pedro, al Papa, y se dice ¿Y por qué él? Pero, ¿Ése hombre; pero en serio, ese? Y ¿Por qué ese? Sí, ese tiene este defecto y este y este otro. . . No nos corresponde a nosotros tomar esa actitud, es estéril, es camino de tinieblas. Lo que a nosotros realmente nos corresponde, lo que hemos de hacer es unirnos al designio de Dios, orando, orando, acompañando con nuestro afecto, con nuestra oración, acompañando al sucesor de Pedro. Eso es lo que nosotros hemos de hacer. Y aquellos que ponen como comentario cuando yo hablo así del Papa, ponen como comentario insultos, sepan que serán borrados por su puesto, yo haré oración por las personas que atacan al Papa, incluso le niegan la legitimidad. Yo haré oración por esas personas, pero no voy a permitir insultos contra el Papa Francisco ni contra ningún Papa. Oraremos. Perseveraremos y Dios mostrará su victoria, porque las puertas del infierno no prevalecerán.

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