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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La autoridad que Cristo le confirió a Pedro está sostenida por el don de la fe y nadie se la puede quitar.
Homilía ao21010a, predicada en 20170827, con 5 min. y 33 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! El Evangelio del día de hoy está tomado de San Mateo en el capítulo número 16. Como hemos escuchado, Cristo dice al apóstol San Pedro palabras que si las pensamos un poco, realmente resultan sorprendentes. Lo que le dice Cristo es que le entrega las llaves del Reino de los cielos a éste que es el primero entre los apóstoles, pero que es un ser humano, un ser humano como los demás apóstoles, un ser humano como los demás creyentes, un ser humano como todos nosotros. Repito, si lo pensamos un poco, esto tiene que llamarnos mucho la atención. ¿Cómo es que Cristo se atreve a entregar tanto a un ser humano? ¿Qué significa? ¿Cómo debemos entenderlo? Al respecto hay que hacer tres anotaciones: La primera es, que este misterio es tan grande que hay toda una sección, toda una gran parte del cristianismo, que retuerce y termina negando este texto de hoy, son los protestantes. Los protestantes niegan este texto, le dan la vuelta de una manera o de otra, pero finalmente lo que hacen es negarlo. El texto, en su sentido claro, dice lo que dice, lo que hemos escuchado. Cristo le da enorme autoridad a Pedro, y no es el único pasaje donde esto sucede. En otro evangelio, en el de Juan, encontramos que Cristo le dice a Pedro que: pastoree que cuide las ovejas del rebaño que es de Cristo. Cristo le dice: "Cuida mis ovejas, pastorea mis corderos". Es decir, no es el único pasaje, el que hemos oído hoy. Y en otra oportunidad dice nuestro Señor Jesucristo al mismo apóstol: "Yo he orado por ti para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando seas confirmado, confirma a tus hermanos". Es decir, que la enseñanza bíblica es clara; pero el misterio es tan grande que, repito, hay personas que sencillamente lo rechazan. Esas personas son los protestantes. Puede haber y hay cosas buenas en ellos, pero es evidente que en este caso niegan la Biblia porque quizás les parece muy grande el misterio. Los protestantes también niegan otros textos, ellos niegan la presencia real de Cristo en la Eucaristía. En su inmensa mayoría, los protestantes la niegan, entre los luteranos hay una versión que filosóficamente es insostenible, pero bueno, ellos sí afirman que Cristo está en la Eucaristía. En todo caso, ese es el primer punto; estamos ante un misterio muy grande: ¡Cómo es que Cristo le puede dar tanta potestad a un ser humano!. El segundo punto es complementario, es que no se trata simplemente de apoyarse en el ser humano como tal; se trata de un ser humano que está siendo sostenido por un don, que es el don de la fe. Pedro le ha dicho a Cristo: -Tú eres el Mesías, tú eres el Hijo de Dios-. Es decir, esa luz de Dios, esa gracia de Dios que ha recibido Pedro, esa fe que ha recibido Pedro es la que le permite responder al don. Y si examinamos las cosas de esta manera, nos damos cuenta que así sucede siempre en la Biblia. Pensemos en el caso de la Santísima Virgen María. María Santísima es llamada a un servicio tan grande, tan sublime. -Tú eres la Madre del Hijo de Dios- y madre, no es simplemente una incubadora, donde crecen las células; madre es madre, es la que cuida, es la que ama, es la que enseña, es la que guía en tantos momentos, sobre todo del comienzo de la vida. Pero María no está sola en esa tarea, sino que ella es revestida. Ella es ungida con el poder de Dios precisamente porque es creyente. Así que el segundo punto es no es solamente el ser humano, sino es el ser humano revestido por el don de Dios. Es lo que también sugiere el texto que ya mencioné, donde Cristo le dice a Pedro: "He orado por ti". Es como si la oración de Cristo y el don de Cristo estuviera sosteniendo permanentemente a Pedro. Y ciertamente así es. El tercer punto es simplemente que reconozcamos que si esta es la autoridad que Cristo le ha dado a Pedro, nadie se la puede quitar. Uno puede tener quizás mayor gusto por un Papa o por otro Papa, pero la autoridad que Cristo le ha dado a Pedro y a sus sucesores nadie, nadie se la puede quitar.

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