Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Por que Jesús en cierto momento mandó a sus discípulos que no contaran que Él era el Mesías, y tiempo después les ordenó exactamente lo contrario?

Homilía ao21009a, predicada en 20140824, con 27 min. y 36 seg.

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Transcripción:

Evidentemente el tema central en este domingo es el tema de las llaves. Encontramos a un personaje llamado Eliacin que recibe una profecía de parte de Dios y la profecía es, -Te voy a dar las llaves de la casa de David y lo que tú abras nadie lo podrá cerrar. Lo que tú cierres, nadie lo podrá abrir.- El mismo tema encontramos en el Evangelio aplicado al apóstol San Pedro. Esta vez no es David, sino es el descendiente de David, nuestro Señor Jesucristo, el que le da un encargo semejante al apóstol Pedro. Ese es el tema central de hoy. Pero en este caso yo quisiera que nos detuviéramos en una frase que puede parecer lateral pero que tiene una gran importancia.

Es la frase que se leyó en último lugar en el pasaje del Evangelio. Les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Mesías. Esta frase nos llama la atención por varias razones. En primer lugar, porque si Él es el Salvador, y si es tan importante conocerlo, ¿Por qué quiere permanecer cómo escondido? En segundo lugar, porque nos damos cuenta que después de la cruz, la muerte, el sepulcro, la resurrección y Pentecostés. Ojo con esa serie. Después de esa serie de cruz, muerte, sepulcro, resurrección, Pentecostés. Después de eso, les da la orden contraria. Ahora sí, vayan y cuenten. Eso nos tiene que llamar la atención, porque primero les dice -No cuenten nada- y después les dice -Ahora sí, vayan y díganle a todo el mundo-

¿Qué pasó entre esta primera orden, este primer mandato. -No cuenten- y el segundo mandato? Ahora sí cuenten. Evidentemente, Dios sigue siendo Dios y Cristo sigue siendo Cristo. O sea que no debemos suponer que fue tanto un cambio en Él. Más bien fue algo que cambió en los discípulos. Entonces reformulamos nuestra pregunta de esta manera; ¿Qué fue lo que cambió en los discípulos para que ellos al principio no debían contar y después si debían contar? O tal vez debo decir por qué al principio no podían contar y por qué después sí podían contarlo. Decir que Jesús es el Mesías no es simplemente soltar una frase de nuestra boca. Decir que Jesús es el Mesías es presentar el plan de Dios que está en colisión frontal con los planes de este mundo.

Se nota muy bien en la época en la que vivió Cristo. ¿Qué significaba la palabra Mesías en ese tiempo? Mesías traduce ungido. Pero ¿Quién es el Ungido dentro del pueblo de Israel? Él Rey. Decir que Jesús es el Mesías, que Jesús es el Rey, pues significa -Este es el que va a echar a los romanos. Este es el que va a restablecer la grandeza del pueblo elegido, del pueblo de Israel.- Entonces, la palabra Mesías es una palabra que tiene una carga supremamente fuerte. Una palabra que está marcada por unos intereses muy fuertes. Evidentemente, esos intereses no son los que tiene Cristo. A Cristo no le interesa, en primer lugar, un proyecto político, ni un proyecto militar, ni siquiera directamente un proyecto económico o social. Lo primero a lo que viene es a instaurar y a anunciar el reinado de Dios. Ahora Dios reina.

Entonces, ¿Cuál es el problema con que ellos empiecen a decir que Jesús es el Mesías? Que si ellos van a tomar en serio esa frase y si la van a decir de verdad. Van a tener que entrar directamente en colisión con la interpretación que tiene el resto del pueblo. Evidentemente, Jesús se da cuenta de que ellos no están listos para esa confrontación. No están listos, no pueden, no tienen las herramientas ni el conocimiento de la palabra, ni la virtud, ni la coherencia, ni la humildad, ni la oración. Y sobre todo, no tienen la fuerza del Espíritu. Dicho de otra manera, la frase Jesús es el Mesías significa Lo que Dios está pensando es distinto de lo que todo el mundo está pensando. Eso es lo que significa esa frase.

Y tomar esa frase y decirla significa declararse uno en guerra, en cierto sentido, contra lo que todo el mundo piensa. Porque vivir bien, estar salvado, ser feliz, tener éxito. Esas son las frases que hoy ocupan el lugar que lo político y lo económico tenían en el tiempo de Cristo. Dicho de otra manera, anunciar que Jesús es el Mesías es anunciar el paradójico plan de Dios que está en contravía de lo que hoy el mundo llama éxito. De lo que hoy el mundo llama felicidad. De lo que hoy el mundo llama triunfo. De lo que hoy el mundo llama, -Usted ha hecho las cosas bien en la vida.- Por ejemplo, si se casa una pareja, el mundo ya tiene planes para esa pareja. Se supone que ambos deben trabajar, deben trabajar hasta reventarse, deben ganar muchísimo dinero. Deben tener a sus hijos en los mejores colegios, sobre todo esos colegios donde no es necesario ver a los hijos. Porque los papás estarán demasiado ocupados produciendo dinero para pagar ese colegio.

Entonces, supongamos una pareja que toma en serio esto del mensaje de Jesús y de la vida cristiana y ellos dicen si queremos realmente educar hijos, el camino no es llenarnos nosotros de plata para no ver a los hijos. Entonces resulta que deciden algo tan loco, tan absurdo como decir va a trabajar solo uno de nosotros dos. ¡Pero qué tontos son ustedes! ¿Cómo se les ocurre; van a vivir dos o tres estratos por debajo de lo que podrían vivir si ustedes tuvieran dos sueldos? Ustedes podrían vivir supremamente bien. Ustedes son unos tontos, pero es que nos interesa la formación espiritual y moral y cristiana de los hijos. ¡Ay la formación! Son unos ilusos.

La única manera de proclamar a Jesús como Señor es estar dispuesto a entrar en confrontación, paso a paso. Me contaba una amiga soltera que fue donde el médico y era una cuestión propia de las mujeres. Un ginecólogo. Y la primera pregunta que le hace el ginecólogo así, digamos, de rutina. ¿Usted con qué está planificando? Mi amiga soltera, le dice no, yo no estoy planificando. Pero ¿Y esa irresponsabilidad por qué? ¡No! Es que yo no tengo relaciones. Ella, como extrañada y a la vez tímida, tiene que explicarle, Usted no tiene, ¿No tiene relaciones? Pero, ¿Pero qué le pasa a usted? Aún en eso, aún en el consultorio de un médico que tendría que tener por lo menos discreción y respeto. Fíjate el diálogo que le toca a esta muchacha. Ella tiene que explicar. No tengo y no me interesa tener relaciones. Si un día me caso, ese día tendré relaciones. No, vieras la mirada de infinito desprecio y de incredulidad ese médico hacia ella.

Es decir, usted está fuera de siglo, usted está fuera de onda, usted no entiende nada. Pero bueno, si usted quiere pasar esos riesgos, entonces haga lo que quiera con su cuerpo. Más o menos ese fue el tratamiento que le dio el médico. Asumir la vida cristiana significa que me voy a encontrar con burlas de compañeros, desaprobación de la familia, ataques de personas incluso desconocidas. Los medios de comunicación me van a estar repitiendo continuamente que soy un estúpido. Soy un estúpido porque pertenezco a una organización que está repleta de corrupción. Pertenezco a una cosa que se llama Iglesia Católica. Por favor. Cualquier otra cosa. Pero ¿Cómo la Iglesia? Usted no sabe. No sabe lo que es eso.

Hace poco estuve en una misión en Estados Unidos y resulta que una señora amiga trabaja precisamente con médicos y entonces se confundió y no le dijo al médico doctor, sino le dijo Padre. Bueno, este doctor monta en cólera. -Dígame cualquier otra cosa. No se le ocurra decirme sacerdote. ¿Usted no sabe quiénes son los sacerdotes? ; ¿No sabe; por qué me insulta? Eso fue lo que le dijo a esta señora. Entonces date cuenta que en el momento en el que tú tomas una opción por Cristo y tú haces visible tu opción por Cristo, los medios de comunicación te van a echar toda la basura, por no decir una plebedad te van a echar toda la basura por los ojos. Tus compañeros de trabajo, tu propia familia. A veces la gente de la que tú no te esperarías te va a dar esta clase de consejos.

Yo he conocido muchachas que lamentablemente ya se va a entender por qué digo, lamentablemente han quedado embarazadas sin estar casadas y las mamás catoliquísimas, les han dado el gran consejo de que aborten. Las mamás católicas, -Porque, es decir, el aborto es un desastre, pero que mi hija, que mi hija eche a perder su futuro, su carrera. Entre paréntesis, los millones que le hemos metido. Eso no puede ser.- Entonces esta muchacha tiene que oponerse. Por supuesto que reconoce su error, porque es un error un embarazo en esas circunstancias. Pero ella no está dispuesta a matar a un inocente. Y entonces se planta delante de la mamá. La mamá catoliquísima; a decirle a la mamá catoliquísima. Yo no voy a abortar y viera el tratamiento que le da la mamá.

Entonces aquí vamos entendiendo la frase de Jesús. Jesús les dice: No digan que yo soy el Mesías. ¿Cómo estoy entendiendo y cómo estoy tratando de interpretar esta frase en este momento? Todavía no están listos. La guerra que se les viene a ustedes encima en el momento en el que ustedes digan que ser Mesías no es ser triunfador según el mundo, no es ser feliz según el mundo, no es ser déspota según el mundo. La guerra que se les viene a ustedes encima en el momento en el que ustedes digan que yo soy el Mesías, ustedes no están en este momento listos para afrontarla. En cambio, cuando ya viene la cruz y la muerte, y el sepulcro, y la resurrección, y Pentecostés, cuando ya viene la Pascua, y cuando ya viene el poder del Espíritu, ahora sí están listos. Y entonces les dice ahora sí, vayan y cuenten.

¿Y qué les pasó cuando empezaron a contar? Lo que sabemos que les tenía que pasar. De inmediato los sumos sacerdotes los encarcelaron, los azotaron, los insultaron. Al primero que mataron fue a Santiago, el mayor. Lo decapitaron, encarcelaron a Pedro. Se veía que eso iba a suceder. Como dice el refrán, se veía venir. Sí. Esas persecuciones les suceden a ellos antes de cruz. Muerte. Sepulcro. Resurrección. Pentecostés. La persecución se los lleva por delante. Pero una vez que esas cosas sucedieron. Y una vez que llegó el poder del Espíritu. Entonces. Ahora sí. Ahora Sí. Ahora sí. Vayan y cuenten. Si esta interpretación es correcta, mis amados hermanos, inmediatamente nos damos cuenta lo que este texto implica para nosotros.

Tenemos dos opciones: crecer o no crecer. Hay personas que no quieren crecer en su fe. Hay personas que creen que con la fe de primera Comunión, hay personas que creen que con la fe de la abuelita que reza mucho, con eso basta. Hay personas que creen que visitando una iglesia cuando me nazca, me nació. No sé. Hoy nací como hoy. Me desperté como con ganas de ir a la a la iglesia. Voy a ver. Hay gente que cree que así se alcanza a ser cristiano. Permítanme bajarlos de la nube. Los niveles de acoso, los niveles de asfixia, los niveles de ataque, los niveles de burla que ya estamos viviendo. No estoy hablando del futuro próximo, Los niveles de burla y de ataque que ya estamos viviendo no dan pal pobre católico que está con esas.

Las exigencias de la vida, los niveles de exigencia de la vida actual no dan para eso. Yo voy a predicar en los próximos tres minutos, algo que solamente me atrevo en grupos como este. Qué pienso que ya ha hecho un pequeño recorrido en la fe. A mí me aterra que muchas parejas no se preparan para recibir un hijo que no sea perfecto, bonito, inteligente. Parejas que pueden tener hijos. Estoy hablando, por supuesto. ¿Qué quiero decir con esto? Que muchas parejas que se consideran catoliquísimas, no están preparadas. Si Dios quiere regalarles un niño con síndrome de Down, no están preparadas para recibir un niño autista. No están preparadas para recibir un niño con esta enfermedad que llaman piel de mariposa. No están preparados para recibir, sino niños perfectos. Mi niño tiene que ser perfecto. Tiene que ser bebé Duryea. Si mi niño no es un bebé hermoso y sano.

Entró en conflicto con Dios y entró en conflicto con todo eso. ¿Qué quiere decir? Que muchas parejas sencillamente no están preparadas para ser papás y para ser mamás. Muchas parejas de novios no están preparados para la esterilidad. Ay padre, ¿Por qué menciona esas cosas? ¡Por qué pasan! Por qué pasan. Entonces, ¿Cómo es la vida cristiana, padre? Le preguntan a uno. La vida cristiana es que si tú vas a ser novio y tienes planes de matrimonio, tú estás en la voluntad de Dios. Si el Señor quiere regalarnos hijos, bienvenidos son. Si no, seguramente adoptaremos. O tal vez seguimos así y orientamos nuestra fecundidad de otra manera. Eso es ser católico. Pero las parejas no están preparadas para eso. Quiere decir que las parejas no están preparadas para ser católicas.

Quiere decir que cuando les nace un hijo autista. Entonces ¿Qué dicen? ¿Dónde está Dios? ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Cómo así? ¿Cómo Así? ¿Cómo así? Le dan una patada a su fe. Le dan una patada a su pasado católico y se largan de la vida. Entonces ¿Qué es creer en Cristo? Pues te voy a contar. Creer en Cristo es que Él es el Señor. Él es el Señor de mi salud, de mis finanzas. Él es el Señor de mi fecundidad. Vale, para quienes van a tener hijos o piensan tenerlos. Él es el Señor de mi fecundidad. Entonces, ¿Qué pasa? Que la pareja catoliquísima que no está dispuesta a recibir el señorío de Cristo cuando descubren que no pueden tener hijos, inseminación artificial. Pero yo me tengo que salir con la mía, hijo. Tengo, sea como sea, por encima del Papa, por encima del cura, por encima de la Biblia, y a blasfemar y a renegar y apostatar porque no estaban preparados. Entonces, ¿Cómo es la vida cristiana? La vida cristiana es la del Padre Nuestro, hermano. La vida cristiana es la de hágase tu voluntad. La vida cristiana es la de creo en ti, confío en ti. Con hijos o sin hijos, con cáncer o sin cáncer, con Parkinson o sin Parkinson, Con enfermedad dolorosa o sin enfermedad, dolorosa. Con viudez o sin viudez.

Eso es ser cristiano. Eso es proclamar que Jesús es el Señor. Lo demás, vamos a decir con caridad que lo demás es preparatorio. Pero todavía no has empezado a ser cristiano. Y para decir que Jesús es el Mesías, hay que primero decir: -Lo recibo como mi Señor, Señor de mi vida. Suceda lo que suceda, váyame bien. Váyame mal, llegue o no llegue. Yo he conocido personas en crisis. Voy a hablar concretamente de varias mujeres que he conocido que dicen Pero si ya debería haber llegado mi pareja. Es que yo soy una persona buena. Es que yo no me merezco la suerte que tengo. Mi primer impulso, un poco por la formación matemática, es presentarles las estadísticas. Querida dama, 51% de la población humana son mujeres. Haz las sumas, haz las restas. Quiere decir que siempre habrá algunas. ¿Y por qué tengo que ser yo? No, no es que tengas que ser tú. Simplemente te estoy comentando unas cifras y unas estadísticas si. Unas estadísticas.

Pero si yo no me merezco esto, tú no te mereces vivir. Tú no te mereces la salud que tienes. Tú no te mereces pronunciar el nombre de Cristo. ¿Nos empezamos a entender? Ay yo no me merezco el hijo autista. Tú no te mereces la vida. Tú no te mereces la fe. Tú no te mereces la salud. Si te lo digo más claro, no te mereces nada. ¿Entendiste? ¡Nada! Todo es regalo. El día que entiendas que todo ha sido regalo y que dentro de ese regalo está incluso la fuerza y la bendición para reconocer amor donde parece que no lo hay. Ese día empiezas a ser cristiano. Y ahí es donde uno se pregunta entonces, ¿Cuántos cristianos hay? Si vamos a ser sinceros, parece que muy poquitos, muy poquitos. Vamos a ser sinceros, muy poquitos. Porque ¿Quiénes son estos? ¿Quiénes son los que están en esa disposición? ¿Quiénes son los que son capaces de llevar al altar todo, todo?

Todo es Señor, ahí están mis hijos. Yo, por supuesto, no tengo hijos, pero yo no me imagino lo que siente un papá diciendo Señor, ahí están tus hijos. Pero cuidadito, cuidadito, eso tiene que dar mucho susto, Señor, aquí está mi salud. Pero tú sabes que tengo mucho miedo, señor, porque es que estar enfermo es complicado y estar uno pa morirse es complicado. Y eso de que le digan a uno ¿Se acuerda que usted iba a viajar a Europa el año entrante? ¿Por qué dice iba doctor? Porque si usted no viaja pronto, quizás no alcance. Eso es duro. Esa es la vida cristiana. Eso es creer en Cristo como Señor. Lo demás son jueguitos mentales con que nacemos y más o menos una especie de club en el que uno se mete, ¿No? Uno encuentra más o menos amigos. Es el peligro o el riesgo la tentación que pueden tener a veces los jóvenes.

A mí me encanta que tengamos jóvenes entre nosotros, pero un poquito la tentación de los jóvenes es que es chévere, sobre todo donde hay otros jóvenes. Entonces uno se sienta, nos sentamos todos en la misma mesa, todos alrededor de la misma mesa, nos reímos de los mismos chistes, comemos bastante y despacio. ¿Sí? Entonces eso es rico. Y tiene unos amigos. Y tiene amigas y se siente bien. Purifica tus intenciones. O sea, muy rico estar en comunidad, muy rico, tener oración. Pero la vida cristiana es la vida cristiana. Y entonces, qué ¿Tengo que estar preparado, pues, para el garrotazo? O sea su modelo Padre de vida cristiana es que esté preparado a ver por dónde va a venir el garrotazo. Por la derecha, por la izquierda.

Mi modelo de vida cristiana es; que biológicamente, biológicamente, usted tiene una serie de limitaciones que establecen una serie de probabilidades. Entonces resulta que hay una explicación muy linda que proviene de las matemáticas, que demuestra estadísticamente que todo ser humano tiene que afrontar tragedias. Voy a dar el resumen aquí porque hay gente que sabe de matemáticas. Voy a dar el resumen de esa explicación, que es una hermosura, porque es la demostración lógica y matemática de por qué todo ser humano va a vivir una tragedia.

Eso no es por ser cristiano, eso no es por ser ateo, eso no es por ser musulmán. Es algo muy sencillo de demostrar. La probabilidad de que suceda una cosa como por ejemplo, que un pedazo de techo se caiga encima mío es pequeña. Pero existe. Si existe esa probabilidad, esa probabilidad. Esa probabilidad vamos a decir que es 1 sobre 10.000. Eso es 0,01%. ¿Estoy bien? Si ¿No? 0,01%. Eso quiere decir que la probabilidad de que no se me caiga esto encima es 99,99 a mi favor. Está bien, supongamos que yo digo misa aquí todos los días, que no es el caso. La probabilidad de que no se me caiga esto ni hoy ni mañana. ¿Cuál es? Es la probabilidad de 9.999, sobre 10.000 elevado al cuadrado, porque la probabilidad de dos eventos independientes es la multiplicación.

La probabilidad de que yo diga tres veces la misa aquí no se me caiga. Esto es 9.999, sobre 10.000, elevado al cubo. Y si estoy aquí "N" días, es 9.999, sobre 10.000, elevado a la N. Como usted es matemático, ¿Usted sabe lo que sucede cuando un número es menor que uno y usted lo empieza a elevar a una potencia? El número cada vez es menor. Hagamos el ejercicio, por ejemplo, con 9/10. Si yo empiezo con 9/10, al cuadrado, me da 81/100. Entonces ya te das cuenta que la probabilidad disminuyó. Entonces quiere decir que la probabilidad de que no se me caiga esto en cien días es 9.999, sobre 10, elevado a la cien. Esos números van bajando. Eso quiere decir que existe un número al cual llamaremos "K", para el cual 9.999, sobre 10 elevado a la K es menor que 0,5 Los que saben de probabilidades saben lo que eso significa. A partir de un cierto día, es más probable que me suceda esa tragedia a que no me suceda.

Esto no depende de que tú seas cristiano. Esto no depende de que tú seas musulmán, esto no depende de que tú seas hombre o mujer, buena persona o mala persona. Estadística y probabilísticamente es inevitable que sucedan tragedias en todas las vidas. Hay virus de todo tipo en el ambiente, pero mi sistema inmunológico responde. Sin embargo, mi sistema inmunológico responde según la ley de probabilidades, porque en el sistema inmunológico no es perfecto. Eso quiere decir que la probabilidad de que, habiendo por ejemplo, bacterias de tuberculosis en el ambiente, a mí no me dé tuberculosis, es algo como nueve mil novecientos noventa y nueve sobre diez mil y vuelve y juega. La probabilidad de que no me dé tuberculosis una vez, dos veces. Tres veces.

Eso ¿Qué significa? Eso significa que estadísticamente, es inevitable que el ser humano enfrente una tragedia. O dicho de otra manera, eso demuestra que es estadísticamente inevitable que un día. Lo que a ti te parecía perfectamente razonable, no suceda, y lo que a ti te parecía perfectamente imposible, te pase. Parece increíble. Esto se puede explicar más detallado, pero usted lo pueden ver en cualquier libro de probabilidades. Esto ¿Qué está demostrando? Que estadísticamente es inevitable que la vida, un día me contradiga de frente. Para una persona, será que le cayó un pedazo de techo. Para otra persona, será que le cayó un rayo. Claro, cuando uno ve a una persona caminando por la calle y de pronto ¡Pum, un rayo cayó!

No, quién sabe que hizo ese tipo, ¿Por qué eso? No otra vez aplíquele la probabilidad de que un rayo le caiga en clima seco en la ciudad de Chía. Por eso hay que terminar y salir rápido aquí. La probabilidad de que eso le suceda es 998.345, sobre un millón. Empieza a hacer la multiplicación y otra vez lo mismo. Entonces las tragedias en principio no nos suceden ni porque nosotros seamos muy buenos, ni porque nosotros seamos muy malos. No, no suceden por eso y por eso hay personas que pueden ser sumamente perversas y la ley de probabilidades les funciona bien durante un tiempo. Esto siempre cae, ¿No? Pero durante un tiempo les funciona y entonces uno dice oiga, al bueno le va mal y al malo le va bien. ¿Y entonces ahí qué está pasando? Dios es injusto, Señor, usted no ha estudiado nada de probabilidades.

Empiece a estudiar y usted se dará cuenta que en toda vida humana vendrá una contradicción y una contradicción frontal. Esa contradicción puede ser enfermedad, puede ser la muerte de un hijo, puede ser el secuestro de un pariente, puede ser lo que sea. Pero entonces eso me va a pasar inevitablemente. Yo solo te puedo responder como matemático que soy o que fui yo solo te puedo decir que a partir de un cierto día en tu vida es más probable que te suceda una cosa muy terrible a que no te suceda. Así de sencillo es. Entonces, cuál es la diferencia que da la fe? La fe no es ningún seguro de vida. La fe lo que te da es la certeza de que cuando eso suceda, tú estarás anímicamente, afectivamente, mentalmente mejor preparado que cualquiera.

A todos nos va a pasar a todos, A todos nos va a pasar. ¿Cuál es la diferencia que hace la fe? Que para nosotros esas contradicciones de nuestras expectativas y para nosotros esos dolores inesperados, y para nosotras, esas persecuciones que no nos imaginábamos, no son el fin del mundo. Porque nosotros sabemos que más allá de cualquier ley de probabilidades, nosotros sabemos que más allá de cualquier burla y más allá de cualquier persecución, hay uno, hay uno que se llama el Señor, y el reconocimiento de ese como señor, es el que marca la diferencia en mi vida. Eso es ser cristiano. Cuando te sientas listo para admitir eso, clama el don del Espíritu Santo y con esa fuerza ve y cuéntale al mundo. Jesús es el Mesías.

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