Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuando comprendemos lo que significa compartir las llaves, de Cristo para Pedro, entendemos cuál es el sentido genuino del "poder" en la Iglesia.

Homilía ao21007a, predicada en 20110821, con 10 min. y 43 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

La palabra llave en castellano viene de la palabra "Clavis" en latín y de la palabra clavis en latín. Viene también la palabra clave en castellano. O sea que tenemos dos palabras en nuestro idioma que vienen de una sola palabra en latín. Cuando se habla de llaves se habla de claves. Imaginémonos en el Evangelio de hoy. Imaginémonos que Jesús le dijera a Pedro lo siguiente: -Yo te daré las llaves del reino de los cielos.- En la cultura informática en la que vivimos ya, eso suena distinto, porque los que manejan los grandes sistemas financieros no entran con una pieza metálica llamada llave, sino que entran con unas claves. Entonces, es muy interesante leer el Evangelio de hoy desde esa perspectiva.

La gente de la antigüedad no tenía sistemas criptográficos o informáticos como los nuestros. Ellos solo tenían las piezas de metal, pero nosotros utilizamos a veces esas piezas de metal y a veces unas claves. Y esas claves son muy personales. Es posible que usted sea una persona casada. Usted tiene un correo electrónico, su esposa otro, Y usted no necesariamente comparte la clave de su correo electrónico, ni siquiera con su esposa o con su hijo. Esto nos da una idea de lo personal, de lo intensamente personal de esa información, cosa que puede servir para el bien o que puede servir para el mal. Eso también hay que decirlo. O sea que Jesús estaba compartiendo sus claves con San Pedro.

Poniendo un poco de fantasía, Pedro podía entrar al email de Jesús. Pedro podía entrar a los archivos secretos del Reino. A nosotros nos puede parecer un exceso de confianza de Jesucristo, pero es que Jesucristo obra de una manera muy diferente a como nosotros estamos acostumbrados. Para nosotros las cosas valiosas son para retenerlas y para esconderlas y para que no se sepan, especialmente si uno vive en una ciudad o en un país con algunos peligros y ya no quedan muchos países sin peligros. Los bienes que se tengan toca esconderlos. Ayer o anteayer salía en el periódico una noticia sobre qué hacer si usted se gana un baloto. Eso le puede interesar a muchos de ustedes. Y la primera recomendación era guarde un perfil bajo, es decir, esconda sus millones, no los muestre.

Estuve escuchando un informe financiero de nuestra universidad, Santo Tomás y las personas de la contabilidad nos hablaban de CDTs y de certificados virtuales. Ya no se conservan los papeles como tal en las entidades o en las casas, sino que se dan claves muchas veces claves, que solo están en la memoria de unas cuantas personas. Claves con las cuales usted puede ir al banco y solamente en el banco puede ver el papel el CDT como tal. Estamos avanzando hacia una sociedad sin papel y esto significa una sociedad cada vez más abstracta, en la cual la información es la clave. Qué interesante volver al Evangelio de hoy desde ese ángulo, porque eso nos da una dimensión de lo que significa el lazo de amor y de confianza que une a Cristo con Pedro.

Ya en la primera lectura, otro personaje llamado Eliaquím recibe una confianza semejante. Se le dice a este Eliaquím: "lo que tú abras, nadie lo podrá cerrar y lo que tú cierres nadie lo podrá abrir". de nuevo esa es demasiada confianza. Pero de nuevo debemos recordar que Dios obra de un modo distinto. Permítame un par de ejemplos para que se vea cómo es de distinto el obrar de Cristo. Cristo hizo unos milagros maravillosos. Cualquiera diría que como los milagros atraen tanto la atención de la gente, Cristo iba a mantener el monopolio de los milagros. Aquí el único que hace milagros soy yo. Pero lejos de obrar de esa manera, cuando el Señor envía a sus apóstoles, les dice: "Vayan, expulsen demonios, curen enfermos" y les da poder sobre los demonios y les da poder sobre las enfermedades de modo que ellos hagan como Él hacía.

Es decir, Cristo no es mezquino. Nuestro Dios es un Dios dadivoso, generoso, que quiere darse, que quiere compartir lo que Él es, lo que Él puede. En el Evangelio de Juan, hacia el final de su vida, Cristo dice estas palabras: -El que crea en mí, hará lo que yo hago. Y aún más.- Y aún más. Es decir, que nuestro Dios es un Dios que comparte lo que tiene. Vamos a tener muy pronto una fiesta chiquita, chiquita en comparación con otras. Es la memoria de Santa María, Reina del Universo. Se celebra el 22 de agosto. Y entonces hay algunos protestantes que dicen ¿Cómo se va a llamar a María, reina del universo? El único rey es Jesucristo. Él es el Rey de reyes. Parece que esos protestantes no han leído la Biblia. En la Biblia leemos que San

Pablo dice: -Si sufrimos con Cristo, reinaremos con Cristo.- Y también Cristo dice a sus apóstoles en otra ocasión, -Cuando llegue el tiempo de la restauración, ustedes van a regir, van a reinar en doce tronos.- Nuestro Dios no es un Dios acaparador, envidioso, mezquino, miedoso de dar lo que tiene. Son miedosos o somos miedosos de compartir lo que tenemos nosotros, que tenemos tan poquito. El que solo tiene dinero es muy pobre, ¿No? Y como solo tiene dinero, se aferra a su dinero. -Qué me cuiden mi dinero. Que nadie le haga nada a mi dinero.- Pero es porque tiene solo ese poquito de dinero y miles de millones de euros son muy poquito para lo que vale el planeta Tierra, para lo que valen las galaxias que Dios ha creado. Nosotros que tenemos tan poquito que tenemos una vida tan breve, que tenemos un cuerpo tan frágil, que tenemos tantas amenazas.

Nosotros somos los mezquinos. Nosotros somos los envidiosos y por eso nos parece extraordinario que se hable de María, Reina del Universo. Pero desde la perspectiva bíblica es apenas natural, quien sufre con Cristo, reina con Cristo. Por eso es también natural que Cristo haya llegado al extremo de compartir sus claves con San Pedro. Casi siempre se mira este texto del Evangelio en una clave de poder. El poder del Papa, El poder de la Iglesia. ¡Ahí está retratada la mezquindad nuestra! Como el poder, es un bien que queda en unos pocos. Por allá el presidente y el curubito y los de su rosca y el partido que manda. Como es tan chiquito, chiquito lo que hay ahí. Entonces inmediatamente decimos eso no se puede compartir. Pero qué tal que miremos este Evangelio de otra manera.

Qué tal que lo leamos no en la clave del poder, sino en la clave de los secretos, que por eso me gusta tanto esa comparación con las claves. Pedro es el que tiene los secretos de la gracia, los secretos de la verdad que salva es ante todo el Maestro. Y así lo dice el Evangelio de Juan, refiriéndose a aquel diálogo entre Cristo y Pedro. Tú confirma a tus hermanos. Eso es lo que tiene que hacer el sucesor de Pedro. Su poder, su inmenso poder. El poder del Vaticano. Y hacen y hacen novelas sobre el poder del Vaticano y todo el poder que tienen los Monseñores, los Cardenales y nos presentan al Vaticano como una sociedad secreta, donde hay espías que se infiltran y secretos impronunciables.

¡Qué tanto poder! El poder de Pedro es el poder de conocer mejor que nadie, de intuir mejor que nadie, de saber mejor que nadie dónde están las fuentes de la verdadera gracia. Por eso somos felices de estar en comunión con el sucesor de Pedro. Como esos millones de jóvenes que han quedado afónicos aclamando y celebrando a Benedicto XVI por quien también oramos en esta Misa.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM