Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuando Dios Padre y Dios Hijo se encuentran en nosotros.

Homilía ao21004a, predicada en 20020825, con 13 min. y 16 seg.

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Transcripción:

La pregunta que hace Jesús, es la gran pregunta para este día. ¿Quién dicen ustedes que soy yo? Una pregunta que no envejece nunca. Hoy nos interpela. Hoy nos atraviesa, Hoy nos penetra con la misma fuerza que cuando fue dicha la primera vez. ¿Quién dices tú que es Jesús? Y también hoy las respuestas serían muchas. La gente de la Nueva Era habla mucho de Jesús. Dicen que Jesús es un maestro de la luz. Es un hombre que alcanzó una perfección espiritual muy grande. Otros miran en Jesús al gran revolucionario, el que se opone a la clase dominante y llega hasta la muerte, llevado por sus convicciones. Otros miran en Jesús a un místico, un poeta, un filósofo, un buen hombre.

¿Quién es Jesucristo para mí? Esta pregunta no envejece. Y uno puede responder desde uno mismo, desde lo que uno encuentra en su propio corazón. Pero el Evangelio de hoy nos quiere llevar más allá de nuestro propio corazón. La respuesta más perfecta no es la que da nuestra naturaleza. La respuesta grande sucede cuando una voz salida de nuestras entrañas, salida de lo más profundo. Pero una voz que viene en realidad del cielo nos permite decir Tú eres el Mesías, Tú eres el Ungido, Tú eres el Cristo, Tú eres el Salvador. Esa voz que nace de adentro, pero que, como decía San Agustín, -está más adentro de nosotros que nosotros mismos.- Esa voz profundísima no es otra sino la voz del Padre que por el poder de su Espíritu se adueña de nosotros en una llamarada, nos recorre de abajo arriba y nos permite exclamar Tú eres el Señor.

Y nadie puede decir que Jesús es el Señor. Nadie lo puede decir si no es por ese poder, si no es por esa llamarada del Espíritu que permite que la voz del Padre brote de nuestros labios con nuestra naturaleza humana. Solamente vemos en Jesús a una persona inteligente, a una persona coherente, a una persona valiente, a una persona hermosa. Hasta ahí ven nuestros ojos. Necesitamos del auxilio como lo necesitó Pedro. Necesitamos del auxilio del Espíritu para que se deje oír esa voz que está más adentro de nosotros que nosotros mismos. Nosotros, hermanos, somos imagen de Dios. Imagen viva de Dios. Dios se puede ver adentro de nosotros. Adentro de nosotros. Dios mismo puso su imagen. Y no una imagen muerta, sino una imagen viva. La mirada de Papá Dios. La voz de Papá Dios está allá porque nosotros somos imagen de Él. Pero esa voz está ahogada y esa imagen está tapada.

Le hemos echado basura encima. Tenemos sepultada la imagen de Dios en nosotros. No nos parecemos a Dios en muchas cosas. Tenemos sepultada la imagen y por eso, eso que llevamos adentro de nosotros, esa imagen viva y palpitante de Dios no se deja oír y no se deja sentir. ¿Qué fue lo que sucedió en esta escena maravillosa que nos cuenta el Evangelio? Sucedió como cuando se descubre un lienzo, se encuentra por allá, un lienzo que estaba perdido y estaba cubierto de mugre, de polvo y con infinito cuidado. Los restauradores empiezan a limpiar hasta que de pronto aparece la imagen que estaba allá oculta. A través de la Palabra de Jesús, a través de la acción del Espíritu, a través del amor de Dios Padre. La basura iba saliendo del corazón de los discípulos.

La palabra de Jesús va limpiando la basura porque Él mismo lo dice en el capítulo 15 de San Juan: "Ustedes están limpios porque mis palabras los han limpiado". Jesús predicando es como una señora lavando, limpiando, sacando la mugre y va saliendo y va saliendo el pecado y va saliendo toda esa basura que nos ha echado el mundo y van saliendo todas las imágenes sucias, todos los engaños, todas las mentiras, todo va saliendo. Y de pronto, como un milagro, aparece la imagen de Dios y se escucha otra vez la voz de Dios adentro de nosotros. Es una experiencia fantástica. De pronto, algunos de nosotros la hemos tenido. Sentir que algo puro, algo limpio y bello, palpita en nuestro corazón y nos permite reconocer a Jesús, es sentir que adentro de nosotros vuelve a hablar Dios.

Eso fue lo que le sucedió a Pedro. Jesús, que estaba con ellos y que caminaba con ellos a través de su testimonio, de su oración y de su amor. A través de sus palabras, los iba limpiando y la basura iba saliendo. Y de pronto un pedazo del suelo del alma de Pedro quedó limpio y la voz de papá Dios se levantó como una llamarada reconociendo a su hijo. ¿Usted se da cuenta lo místico y maravilloso que es esto que estamos diciendo? Nosotros llevamos adentro la imagen de Dios y tenemos delante a Jesús. Y Dios Padre reconoce a su Hijo. Pero entre el Dios Padre que yo tengo adentro como imagen, y Cristo vivo que está delante de mí. Entre esos dos está la basura, está el pecado, está la miseria nuestra. Pero Jesús empieza a sacar toda esa basura hasta que queda esto limpio.

Y entonces, Papá, Dios hace oír su voz a través de mí, y yo reconozco a Jesús. Eso fue lo que le pasó a Pedro. Pero lo más lindo es que también nos puede pasar a nosotros. Si nosotros nos sometemos al mismo procedimiento de Pedro, también a nosotros nos puede pasar. Si nosotros nos dejamos limpiar por Jesús, si nosotros le entregamos a Jesús todo lo que somos y tenemos, todo lo que recordamos y proyectamos, todo lo que soñamos y el mundo nos echó encima. Si le decimos a Jesús te autorizo para que tú quites, limpies, arranques, laves. Jesús empieza a hacer su obra. Jesús es activo. Jesús está vivo y Jesús empieza a limpiar y empieza a limpiar el corazón. Hasta que un día nosotros sentimos que la palabra de Jesús y la Palabra de Papá Dios. Adentro de nosotros se encuentran.

Eso se parece. Eso se parece al túnel de Buenavista. Resulta que los túneles desde hace mucho tiempo los hacen por lado y lado. Ese túnel. Ese túnel nuevo tiene 4 kms. 4 kms largos. Y empezaron a hacerlo por los dos lados. Es una maravilla la ingeniería. No. Empezaron a hacerlo por los dos lados, quitando toneladas y toneladas de roca por ambos lados. Hasta que un día se encontraron. Eso es lo mismo que sucede. Toda esa roca fría y muerta es el pecado. Y entonces Jesús empieza por fuera y Dios Padre empieza por dentro. A trabajar. A quitar esa roca muerta. Y Jesús va limpiando con el poder de su palabra. Y Papá, Dios nos va lanzando hacia Jesús con el poder de su Espíritu. Por eso dijo Jesús Nadie viene a mí si el Padre no lo atrae. Con eso Jesús estaba diciendo El túnel hay que hacerlo por ambos lados.

Dios Padre ya está trabajando adentro de ti con el poder de su Espíritu. Y Jesucristo vivo está trabajando en ti con el poder de Su Palabra. Están trabajando por lado y lado. ¿Y qué fue lo que sucedió en el Evangelio de hoy? Que se encontraron los dos, es decir, esa imagen de Dios que está en nosotros, ese Dios vivo que está en nosotros y que quiere reinar en nosotros. Y la Palabra de Cristo y el testimonio de Cristo que aparece ante nuestros ojos se encontraron. ¿Y qué pasa entonces? Una corriente de aire puede circular, Una corriente de vida se puede dar y es el momento en el que Pedro exclama, -Tú eres el Mesías, Tú eres el Hijo de Dios vivo.- Esas palabras a ustedes, ¿A qué se le parecen? Esas palabras se parecen al día del bautismo de Cristo, cuando Dios Padre dijo -Este es mi Hijo, este es mi Hijo.- Cuando nosotros por fin dejamos que se rompa toda esa roca fría y muerta del pecado, y se abre esa corriente de vida, y Dios Padre que está en nosotros, puede mirar a Dios Hijo que está ante nosotros en ese momento.

Es Dios Padre el que está diciendo Este es mi Hijo, este es el Ungido. En él me complazco. Bueno, ¿Qué tenemos que hacer? Quitar todo lo que sea posible de esa roca dura, fría, muerta. Vamos a darle en esta noche permiso a Jesucristo. Jesús trabaja en mí. Jesús. Jesús trabaja en mí. Quita todo lo que está estorbando, Señor Jesucristo, Quita todo. Te doy permiso, Jesús, para que quites todo lo que está estorbando. Te doy permiso, Papá Dios, para que con el poder de tu Espíritu, que es más fuerte que toda dinamita, alejes de mí toda esa basura, porque yo quiero escuchar la voz de mi Padre Dios diciendo Este es Jesús, un mensaje maravilloso, un mensaje de esperanza, que en esta Santa Misa, cuando se presente la Hostia Santísima ante tus ojos, tú puedas sentir que Dios Padre te grita desde dentro Ese es Jesús, ese es el Ungido, ese es el Verdadero, y así te puedas acercar a comulgar. ¡Qué cosa tan grande poder comulgar así!

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