Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La palabra de Dios es indestructible y seguirá por todos los tiempos.

Homilía ao21003a, predicada en 19990822, con 21 min. y 43 seg.

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Transcripción:

Nos dice el Evangelio según San Mateo, del cual fue tomada también esta primera lectura, que en aquella ocasión, ya resucitado de entre los muertos, lo que les dice es: "Id y predicad, y haced que todas las naciones sean mis discípulos, y bautizádlos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu" . Son dos mandatos, ambos vienen de Cristo, ambos son para los discípulos, pero son dos órdenes, podríamos decir contrarias.

Hoy que hemos escuchado este texto, capítulo 16 del Evangelio según San Mateo dice: -No digan-. Y luego en el capítulo 28 dice: -Ahora sí, digan-, primero que no dijeran y luego que si hablaran, que si predicaran, que si dijeran. Es muy importante esta diferencia. Es muy importante descubrir esta diferencia y lo menos que podemos hacer es preguntarnos ¿por qué se da esa diferencia? ¿Por qué? primero les dijo que no dijeran y luego les dijo ahora sí, prediquen, ahora sí digan.

Hay una diferencia en el mandato, porque hay una diferencia también en el mismo Cristo. Cristo cuando les dice: "No digan a nadie que yo soy el Mesías" , es Cristo antes de la Cruz, antes de la resurrección, es Cristo antes de la Pascua. Ahora, si digan, es Cristo después de la Pascua, Cristo después de la resurrección. Aquí debe haber un mensaje para nosotros, porque con una frase que me encanta del Papa Pablo VI está dicho todo. Dice el Papa Pablo VI en Evangelii Nuntiandi -La Iglesia existe para evangelizar-.

La Iglesia existe para evangelizar, es decir, existe para decir, para proclamar, para predicar: -Que Jesús es el Señor, es el Mesías, es el Cristo-. Mesías es tomado de la lengua hebrea, Cristo es la misma palabra pero pronunciada desde el griego, y todo el mensaje de los apóstoles es, Jesús es el Cristo.

Tanto que la primera carta de Juan nos enseña: Si alguien dice, que Jesús es el Cristo, ese es de Cristo, pero si alguien niega que Jesús es el Cristo, ese no es de Cristo. O sea que el gran mensaje de la Iglesia, que además es la razón de ser de la Iglesia, es el mensaje de que -Jesús es el Mesías-. Pero, ¡oh sorpresa! Lo que nos encontramos aquí, es que nuestro Señor le dice a los discípulos, -No lo digan- Ay, pero aquí va otro detallito. Pedro dice: -Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo-. Jesús lo bendice y lo felicita, "¡Dichoso tú! Eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora yo te digo Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré futuro" .

Fíjate la concordancia que hay entre el Evangelio, la enseñanza del Papa y un mensaje profundo que estamos queriendo desentrañar, aquí.

Lo que estamos descubriendo es, que la Iglesia nace con la Pascua de Cristo, nace con el poder de la Pascua de Cristo y nace para anunciar la Pascua de Cristo. Lo que estamos descubriendo es que solo con la Pascua de Cristo, que trae en sí la riqueza y el don del Espíritu Santo para nosotros, solo con ese don del Espíritu que viene de la Pascua de Cristo, es posible descubrir que Jesús es el Cristo.

De manera que la frase que dijo San Pedro: -Tú eres el Mesías-, fue como un anticipo del nacimiento de la Iglesia. Por eso Jesús le dice: -Eso no te lo enseño ninguna persona humana, nadie de carne y hueso, eso te lo ha enseñado mi Padre que está en el cielo, mi Padre Celestial.

Pongamos en orden nuestras ideas. . . ¿Qué nos enseña entonces, esto? Un montón de cosas maravillosas. Primera, que solo con la acción del Espíritu Santo es posible reconocer que Jesús es el Ungido, es el que tiene el sello de Dios, es el que tiene el chiste, el que tiene el estilo, ese es el que sabe cómo es que es la cosa.

Ser el ungido es ser el que está marcado por Dios, ser el ungido en griego Cristo, en hebreo Mesías, significa ser el escogido, el que tiene la misión, el encargo, el poder, la potestad, el que tiene la manera, el que tiene la llave, el que dio con el chiste; todo eso significa el ungido.

Pero resulta que no es fácil descubrir que Jesús es el Ungido, que Jesús es el Cristo, eso no es tan fácil de descubrir, porque Jesús aparece ante nuestros ojos muchas veces como impotente, aparece débil, aparece crucificado, parece que el mal, lo avasallara, lo aplastara a Él; no es fácil descubrir que Jesús es el Mesías.

Se necesita el chiste, se necesita el toque del Espíritu Santo que viene del Padre Celestial, se necesita que el Padre Celestial envíe su Espíritu para que uno pueda reconocer como reconoció San Pedro: -Ese es el Mesías-. Para eso se necesita el don del Espíritu Santo. Y esto explica por qué Jesús dice lo que le dice a los discípulos: -No digan que yo soy el Mesías-. ¿Por qué les habla así? Porque esa afirmación de que, -Jesús es el Mesías-, esa afirmación, sólo tiene sentido, cuando uno ha descubierto en la Cruz de Cristo y en la Pascua de Cristo la máxima manifestación del amor de Dios.

Si los discípulos hubieran empezado a contar, -Este es el Mesías, este es el escogido de Dios, este es el Ungido de Dios, este es el elegido-. Cada persona que oye ese anuncio se hubiera podido hacer la idea de que ese Jesús era como una especie de mago que podía resolver todos los problemas. Jesús no quería que su mesianismo se entendiera en términos solamente, de que me van a resolver mis problemas. Jesús quería que entendiéramos en la medida justa, en qué consiste ser el elegido y en qué consiste la elección.

En otra ocasión, unos apóstoles le dijeron: -Queremos sentarnos el uno a la derecha y el otro a la izquierda-, querían ser elegidos. Y les dice Cristo: ¿Y ustedes están dispuestos a beber el Cáliz?. Ellos hablan de elección y Cristo habla de Cáliz, Cáliz de dolor. ¿Qué significa todo esto? Que Cristo es el elegido, que Cristo es el Ungido, pero que la unción de Cristo tiene un camino que nosotros no nos imaginamos. La Salvación de Cristo tiene un camino, tiene un estilo, tiene una manera que pasa por el escándalo de la Cruz y del sepulcro.

Y eso nosotros no nos lo imaginábamos y por eso fácilmente podemos horrorizarnos de Cristo cuando ya no le vemos en el espectáculo de la multitud que resulta sanada, sino en la soledad de la Cruz que es despreciada. Jesús quería que entendiéramos de la manera justa, qué quiere decir ser el elegido.

En esta tierra, ser elegido es gozar de privilegios, en el Reino de los cielos, ser elegido es participar del Cáliz de Cristo. Y si uno no ha entendido esa diferencia, uno cree que cuando Cristo lo elige a uno, es para darle privilegios.

Cristo nos elige: Significa Cristo nos acerca al misterio de su dolor, al misterio de su amor, al misterio de su cruz y al misterio de su Pascua. Pero descubrir que eso es ser elegido no se puede con una mente que solo esté pensando en esta tierra. Todo el mundo quiere ser elegido, -qué bonito que Dios me eligiera-. Seguramente Jesús nos respondería lo mismo que les dijo a aquellos apóstoles: -Oye, tú qué quieres ser el elegido o quieres ser del número de los elegidos, ¿Te han hablado del cáliz del dolor? ¿Te han hablado del Cáliz del amor? ¿Te han hablado de que ser elegido significa unirse a mi Cruz? ¿Te han hablado de eso? ¿Lo has aceptado? ¿Lo has aceptado? ¿Estás dispuesto a abrazar mi amor?- Es que Cristo está clavado a la Cruz y dice Santa Catalina de Siena: -¿No hubieran bastado los clavos para fijarlo a la cruz si el amor no lo hubiera tenido Ahí?

Cristo está clavado a la Cruz. Y así como está aquí arriba, hay una imagen hermosa de Cristo crucificado, así como está Cristo crucificado, es muy difícil abrazar a Cristo sin abrazar la Cruz de Cristo. Ser elegido significa participar de la unción de Jesús y la unción de Jesús pasa por la Cruz. Esa es la parte que muchas veces no nos gusta, pero es la parte que es necesario que comprendamos hoy.

La elección de Dios significa unirnos a Aquel que es su gran elegido y el elegido de Dios es Cristo. El que quiera unirse a Jesucristo, que se una también a la Cruz de Jesucristo y que se una también al amor de Jesucristo, para que tenga también la victoria de Jesucristo. Este es el camino. Pero este camino no se puede entender, si nos lo va a explicar alguien de carne y de hueso, es decir, si se va a explicar solo con la lógica humana. No, a uno no le suena eso, para uno la elección es la elección de los aplausos, la elección de los privilegios, la elección de las prebendas, la elección de los bienes.

Y resulta que Cristo tiene almas elegidas, pero estar en el tiempo de elección, estar entre las personas elegidas, estar en el grupo elegido; todo eso significa estar en el horno del amor de Cristo, participar de la Cruz de Cristo. Si estás dispuesto a eso, entonces puedes decir: -Yo quiero ser elegido-. Si no estás dispuesto a eso, es mejor que digas: -Yo no entiendo ese Evangelio, necesito el don del Espíritu Santo para poder aceptar esa elección-.

Le dice Jesús a Pedro: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder del infierno no la derrotará" . ¿Son estas las palabras de un loco o de un poeta? ¿Es un hombre que está entusiasmado y que dice palabras bonitas?. No es eso. La soberbia humana ha dicho palabras parecidas; el ingeniero constructor del barco Titanic, dijo, he hecho un barco insumergible, como quien dice, nunca será vencido mi barco. . ., primer viaje, y todos sabemos lo que pasó, al fondo del mar; he hecho un barco insumergible.

Cuando Cristo dice a mi iglesia no la derrotarán, ¿Es este un arranque de un fanfarrón?, Dios nos libre pensar así. ¿Son las palabras de un loco, de un entusiasta, de un poeta o de qué se yo? ¿Son palabras bonitas solamente?. No.

¿Por qué Cristo puede decir esto? Porque esa Iglesia que se constituye solamente por el poder del Espíritu Santo, es la Iglesia que ha pasado por el horno de la Cruz y resulta que la Cruz, la bendita Cruz de nuestro Señor Jesucristo, es invencible. Porque la Cruz de nuestro Señor Jesucristo no puede ser insultada sin que se agrande. Cuando Cristo estaba crucificado, los que estaban ahí, algunos de los que estaban ahí lo ofendían, añadiendo dolor a su dolor, agrandaban la cruz. Los que luchan contra la cruz la agrandan. Y si tu no luchas contra la Cruz, reina, por eso la cruz es invencible.

La cruz, si alguien se le opone y se burla, se agranda. Y la Cruz, si nadie se opone, reina. La Cruz, esa es la llave del Reino de los Cielos. Esa es la llave que solo puede ser comprendida con el poder del Espíritu Santo, La cruz, si tú te le opones, crece, porque no hace sino aumentar el dolor, pero un dolor que no logra vencer a Jesús, porque Él nos amó hasta el extremo, porque Él tenía su fundamento, no en nosotros.

Su reino no viene de esta tierra, viene del Padre Celestial. La Cruz, cuántos, se oponen a la Cruz, la agrandan. Y los que no se le oponen, los que no nos oponemos a la Cruz, la proclamamos y Reina. Por eso Cristo no estaba diciendo palabras bonitas. La Iglesia, la Iglesia santa, está sustentada en el amor de la Cruz, y el amor de la Cruz es invencible, porque si te burlas de Él o lo atacas, no haces sino manifestar su grandeza. Y si no te burlas de Él, y si no lo atacas, reina, impera, rige, reina, gobierna. Por eso Cristo pudo decir: -Las puertas del infierno, el poder del infierno no la derrotará-.

El infierno, toda la argucia de Satanás, toda la fuerza de los demonios, no puede acabar con la Cruz, porque la Cruz ha nacido del mismo amor que llevó a Cristo, porque la Iglesia ha nacido del mismo amor que llevó a Cristo hasta el extremo de la Cruz. Es ese mismo amor el que tenemos nosotros dentro. ¿Y qué es lo maravilloso de todo esto? Que si ese es el amor que tenemos dentro, nosotros como Iglesia somos humildemente, pero realmente invencibles, somos invencibles.

Caerán los imperios, las legislaturas humanas caerán, los poderes de esta tierra caerán, los siglos se rinden, los milenios se agotan, los ejércitos se cansan y la Iglesia de Jesucristo permanece porque está cimentada, en el amor, que si tú lo atacas, muestra su grandeza, y si no lo atacas, reina; está fundado en el amor invencible, el amor de la Cruz de Cristo.

Por eso, mis amigos, nosotros como creyentes, como cristianos, tenemos una razón muy firme de esperanza. Nosotros sabemos que las palabras de Jesús son ciertas, son verdaderas. Sabemos que estas palabras no pueden ser quebrantadas. Yo me iré de esta tierra, me moriré cuando Dios quiera. Y esta Palabra seguirá reinando. Los que se oponen a esta palabra, los que se burlan de esta palabra, los que atacan esta palabra, morirán como todos, y esta palabra seguirá reinando.

Las culturas que pretenden burlarse del Evangelio de la vida, los que se oponen a la predicación del Evangelio, morirán como todos. No son los primeros, no serán los últimos. Por dar un ejemplo propio del día que hemos celebrado ¿Saben ustedes, mis amigos, que las culturas de la antigüedad todas eran pro-aborto? todas, ¿Saben ustedes que, por ejemplo, los romanos, que a veces parecen ejemplo de civilización, permitían incluso que los niños ya nacidos, fueran abandonados, niños expósitos a que se murieran en los bosques o en cualquier parte?. La Iglesia ya sabe de eso.

La Iglesia ya ha tenido que pasearse por esas plazas donde se desprecia la vida y donde se exalta el placer como el último dios. Somos Iglesia, estamos toreados en todo eso y sabemos por la palabra de Cristo, que el amor de la Cruz no puede ser burlado sin ser agigantado, y por eso sabemos que, de esta también salimos, y por eso sabemos que aunque se opongan a nosotros, el Evangelio de la vida, el Evangelio que es amor para el más pequeño, para el más débil, para el más inocente, para el más indefenso; ese amor, sale adelante, porque la Iglesia ya tiene práctica en pasearse por culturas paganas.

Y si esta cultura nuestra, en un arranque de locura, quiere volver al paganismo y quiere insultar la Cruz, no será la primera cultura que haga eso. Nosotros, desde el día aquel, en que Cristo murió sobre el madero, ya sabemos qué es lo que nos espera, ya lo sabemos y no nos asusta. Ya sabemos que nos aguardan injusticias, insultos, persecuciones y muerte.

Hay una cuota significativa que seguirá creciendo, pienso, lamentablemente, una cuota significativa de sacerdotes, religiosos, misioneros que están entregando su vida. Y muchos laicos, desde luego. Tal vez un día me toque a mí mismo. Será la voluntad de Dios. Pero yo estoy seguro de que, aunque mi voz fuera apagada, aunque me pudieran acabar a mí, esta Palabra seguirá victoriosa un siglo tras otro. ¿Hasta cuándo? Hasta que Jesús mismo vuelva a consumar toda la historia. Y todas las naciones tendrán que ser juzgadas en su presencia y todas esas culturas.

Y me perdonan todos esos canallas que le mataron los niños a Dios; tendrán que presentarse en su presencia, tendrán que estar ante Él y tendrán que dar cuenta de lo que hicieron.

Tenemos una Palabra indestructible, tenemos un amor que vence y se llama el amor del Crucificado. Y se llama el poder del Espíritu Santo. Por eso nosotros en este día, proclamando con vigor el Evangelio de la vida, nos unimos, abrazamos, nos aferramos a esa Cruz. No tenemos nuestra confianza puesta ni en el gobierno, ni en la ciencia, ni en la policía, ni en el arte, ni en nadie. Ni siquiera nos fiamos de nosotros mismos. Abrazamos la Cruz de nuestro Señor Jesucristo y creemos que un amor que llega hasta ese extremo es amor que da la victoria.

A Él, honor y alabanza por los siglos. Amén.

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