Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El plan de Dios fue bendecir con su fidelidad al pueblo judío para que luego a través del anuncio de los judíos convertidos bendecir con su misericordia a los demás pueblos de la Tierra.

Homilía ao20012a, predicada en 20230820, con 8 min. y 24 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Si en este domingo nos quedamos en el texto del Evangelio, yo creo que nos produce un poco de perplejidad, porque lo que encontramos es una señora, una mamá, que tiene una gran necesidad; que busca ayuda en Cristo y que no encuentra fácilmente esa ayuda, porque por lo menos al principio, el Señor parece ignorarla. Lo cual, por supuesto, nos desconcierta, porque estamos acostumbrados, bien acostumbrados a que Cristo, nuestro Señor, es compasivo y es particularmente ágil en atender la necesidad de la persona que sufre. Por eso, si uno se queda solamente en el pasaje del Evangelio que hemos escuchado, puede sentirse en desconcierto.

Ahora bien, la Iglesia, que es madre y es maestra, nos ayuda a acercarnos a este texto y a este momento de la vida del Señor, dándonos un poquito de contexto. Así, por ejemplo, la primera lectura trae una palabra clave, porque es una promesa de lo que va a suceder con los extranjeros, es decir, lo que quiere Dios con los pueblos no judíos, entre los cuales, por cierto, estamos nosotros, porque la inmensa mayoría de nosotros no somos descendencia judía.

O sea que este domingo es una oportunidad magnífica para tener lo que se llama: -El cuadro grande- o como dicen en inglés, la big picture. Ver el conjunto y preguntarnos en ese conjunto cuál es el papel del pueblo judío y cómo entramos ahí nosotros, los extranjeros. Porque resulta que en el Evangelio lo que dice Cristo es eso: "Yo he sido enviado a las ovejas perdidas de Israel" . Cristo tenía claro que su primera misión era con el pueblo de Israel. Y eso ¿qué quiere decir? Eso quiere decir que para Cristo los extranjeros iban después; nosotros íbamos después. No hay manera de entender esto si uno no busca tener el cuadro grande, tener la perspectiva general. Y es lo que vamos a intentar.

Básicamente, lo que nos plantea la Biblia es que hay una cosa espantosa que se llama el pecado y que esa realidad que es el pecado, ha afectado a toda la humanidad. Lo cual, dicho de una manera sencilla, quiere decir que en todas partes hay egoísmo, en todas partes hay codicia, en todas partes hay lujuria, en todas partes hay mentira. Nosotros no conocemos y no existe una cultura inmaculada donde la gente sea toda sincera, buena, pura, generosa; eso no existe. Esa ideología que algunos plantearon, esa ideología , del buen salvaje o esa idea de Juan Jacobo Rousseau de que el hombre nace bueno, bueno, todos somos buenos y luego la sociedad nos corrompe. Esa idea no corresponde a la realidad.

Lo que nosotros encontramos en los estudios antropológicos culturales siempre es que en todas partes hay mentirosos, hay envidiosos, en todas partes hay gente violenta, abusadora, en todas partes hay gente mentirosa, gente. . ., eso está por todas partes, eso no lo podemos negar.

Entonces el plan de Dios es, cómo se puede llegar a toda esa realidad, cómo se puede cambiar toda esa realidad, y lo que Dios quiso para cambiar esa realidad fue elegir un pueblo. Dios eligió un pueblo en particular, la descendencia de Abraham, y ese pueblo es el que después, con el paso de los años, con los distintos azares de la historia, llega a ser el pueblo judío y de ese pueblo judío va a nacer el mismísimo Hijo de Dios. Hasta ahí vamos.

Pero luego ¿qué pasa? Que ese pueblo que recibió unas promesas magníficas de Dios va a experimentar la fidelidad de Dios y esa fidelidad abundante y perfecta de Dios que se muestra en Cristo, es la que después va a llegar como Buena Noticia a todos los demás pueblos; pero es un proceso, no es una cosa automática.

¿Qué queremos decir con ese proceso? Lo que queremos decir, es que ese pueblo de las promesas, cuando recibe el cumplimiento de esas promesas, lo cual sucede en Cristo, puede convertirse en vocero, en multiplicador. Esa es la palabra clave multiplicador. Esa fue la estrategia de Dios. Ese fue el plan de Dios. Elegir un pueblo, colmarlo de bendición, hacerle unas promesas, cumplirles esas promesas para que luego ese pueblo fuera el multiplicador a los demás pueblos. A todos nosotros, los demás pueblos, y así pudiera llegar la Buena Noticia a todos.

Pero todo tiene un orden. ¿En qué momento ese pueblo elegido descubre que Dios ha sido fiel? Lo descubre en la renovación de la Alianza, renovación de la Alianza que sucede en la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo. Ahí, el pueblo, el pueblo elegido, por lo menos, si quiere aceptarlo, encuentra el cumplimiento de las promesas. Y ese pueblo elegido por boca de los apóstoles, que eran básicamente judíos, el pueblo elegido va a poder proclamar, va a poder cantar, va a poder anunciar a los demás pueblos ese, plan de Dios.

No es obvio, pero esa es la manera como el Señor quiso llegar a todos los pueblos, es la manera como el Señor quiso llegar a nosotros. De manera que de los apóstoles, y con la fuerza de Pentecostés, saldrá la Buena Noticia para propagarse a otros pueblos para llegar a otras naciones, y de esos a otros y a otros; porque la palabra clave es multiplicar, multiplicar. Y esa multiplicación llega después a España, a Portugal, y esa multiplicación llega después a América, y aquí estoy yo.

Así funciona. Ese es el método de Dios. Ese es el maravilloso plan de salvación por el que la Buena Noticia ha llegado hasta nuestros corazones. O sea que fíjate cómo de una anécdota de lo que sería prácticamente una anécdota, que es lo que se cuenta hoy, con la mujer sirofenicia, podemos asomarnos al maravilloso plan con el que Dios quiso bendecir con su fidelidad al pueblo judío, para después, a través del anuncio de los judíos convertidos, bendecir con su misericordia a todos los demás pueblos.

Ese es el plan de Dios. Y si no lo conocías, pues conócelo y alégrate. Amén.

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