Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Grandes virtudes podemos aprender de esta mujer cananea del Evangelio: (1) Ella obró por caridad hacia su hija; la caridad está dispuesta a sacrificarse por el bien de los que ama. (2) Ella fue humilde. Recuerda que el tamaño de tu humildad es la profundidad de la vasija que Dios llenará de bendición. (3) A pesar dle rechazo que podía sentir, esta mujer no apartó su confianza de Jesucristo. Inmensa fue su fe.

Homilía ao20009a, predicada en 20170820, con 21 min. y 47 seg.

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Transcripción:

En esta ocasión, queridos hermanos, tenemos un Evangelio que es un poco difícil de entender. Da la impresión de que Jesús no quería curar a esta mujer. La actitud de los discípulos de Jesús tampoco es muy edificante. Si ellos le insisten a Cristo en que sane a la mujer, o mejor dicho, en que la atienda, el problema era la hija de ella. Si los discípulos le insisten, no parece que sea tanto por caridad, sino por quitarse un problema de encima. "Está gritando mucho. . . " Es difícil entender el comportamiento de los discípulos y es más difícil entender el comportamiento de Jesús.

En esta ocasión quiero invitarles a que, sin embargo, no miremos tanto a ellos, ni a Jesús ni a los discípulos. Ya en otras oportunidades hemos podido predicar sobre el comportamiento de Jesús y las posibles razones para obrar así. Básicamente, lo que parece es que Cristo no quiere ser visto simplemente como un curandero, como una caja de milagros, como una especie de caja de soluciones. Voy donde Él y resuelvo mi problema y me voy. Y ese es el tema con esta situación. Es una región de paganos. Ellos no son judíos. Y todo indica que lo que esta mujer está buscando en Jesús es -Arréglame mi problema y yo sigo mi vida.- Y Jesús no quiere que lo vean así.

Por eso, en cierto sentido, presiona para que haya una relación más completa. Y es lo que conduce finalmente a la curación. Esa idea se puede explicar un poco más, pero repito, no nos vamos a detener hoy en eso. Hoy no nos vamos a detener en el comportamiento de los discípulos de Jesús, ni en el de Jesús, sino vamos a mirar a esta mujer y vamos a aprender de ella. Esta es una mujer pagana, es una mujer que pertenece a pueblos paganos como nosotros. Nosotros todos venimos de pueblos paganos, nuestros antecesores. En el caso de nosotros, los hispanos, nuestros antecesores, son los aztecas, son los incas, son los chibchas, son los guaraníes, son naciones paganas. Nosotros, como esta mujer, venimos de regiones y de países que originalmente eran paganos.

Así que seguramente podemos aprender algo de ella. Podemos aprender de las tres o cuatro características principales, tres o cuatro virtudes que brillan de un modo tan claro en ella y que son un ejemplo para nosotros. Lo primero que nos llama la atención es la claridad. Ella no está pidiendo para sí misma, está pidiendo para su hija y toda la dificultad y todo el trabajo y toda la humillación. Ella la sufre por la hija porque ama a su hija. Es decir, hay amor aquí. En los testimonios que ustedes estaban dando, uno de los últimos que alcancé a escuchar precisamente una mamá hablaba de cómo había orado muchas veces por sus hijos. Y si entendí bien es que la hija estaba haciendo el retiro. Sí fue así, ¿No? la hija estaba haciendo el retiro y la mamá estaba pidiendo por ella.

A mí eso me parece muy lindo y hoy es un buen día para que recordemos y agradezcamos a nuestros papás cuántos trabajos pasan los papás, cuántas humillaciones Y detrás de eso ¿Qué hay? Amor. El amor de esta mamá que pasa tantas cosas difíciles hasta lo que podríamos llamar, repito, una humillación. Ella todo lo sufre. ¿Por qué? Porque ama. Porque ama a su hija. Y esto es importante saberlo. Que muchas veces, cuando nosotros vamos a servir a otras personas, cuando nosotros queremos ayudar a otras personas. A veces las cosas no son fáciles y a veces incluso tenemos que pasar por dificultades. Tenemos que pasar por humillaciones. Yo miraba, por ejemplo, a los organizadores de este retiro, nuestros queridos aquí presentes, Carlos y Rosario.

Normalmente cuando se predica el retiro, el sacerdote está encargado de las predicaciones, está encargado de las oraciones, la Hora Santa y resulta un poco difícil porque esto es un retiro intenso, es un retiro fuerte. Y sin embargo, había algunas parejas que querían tener alguna conversación con el sacerdote. Entonces yo miraba a ambos, pero sobre todo a ti Rosario. Miraba a Rosario intercediendo. No, un caso especial, Padre. Este es un caso especial. Mire, Padre, que por favor. Y yo decía. Yo miraba en los ojos de ella. En este caso no se trata de una hija directamente o de un hijo. Pero yo miraba amor. Eso era lo que yo miraba en los ojos de esta mujer. Y yo decía ella quiere realmente hacer el bien y hacer el bien. Muchas veces supone que uno tiene que pasar por dificultades y humillaciones. Cuántas veces un papá le dice a un hijo oye, mira, hay un retiro que están dando allí en New Jersey, un retiro bueno ¿Por qué no vas? -Ay, mamá, yo no estoy para eso. Tú sabes que no. Tú sigue allá con tu. . . - Y maltrata a la mamá.

La trata mal. Pero la mamá tiene perseverancia y llega otro retiro y vuelve y le dice Hijo, otro retiro. No, mamá, no quiero. Pero después de un tiempo, quizás a la tercera, a la cuarta, a la quinta vez, llega un momento en el que dice: bueno, mamá, voy a pensarlo. Y un día está ese hombre aquí y luego si se para acá y llora y dice: -Ay, sí, sí, Jesús me convirtió.- Entonces fíjate la primera enseñanza que sacamos de esta mujer, porque hoy nos estamos fijando en la mujer, en la cananea. Es la caridad que se sobrepone a todo, porque a veces uno quiere evangelizar, pero que sea sin trabajo ¿No? Uno quiere evangelizar, pero que no me consuma mucho tiempo. Uno quiere evangelizar pero que no me vaya a dañar el partido ¿No? Uno quiere evangelizar, pero cuidado, que tenga un asado, que no se me cruce con el asado de la evangelización.

Entonces date cuenta que la caridad que va a evangelizar es la caridad que tiene que estar dispuesta a sufrir, que tiene que estar dispuesta a pasar por muchas cosas. Cuando uno entra a este país, algunas veces la entrada es muy amable, es muy simpática, es muy agradable. Esta vez, por ejemplo, el oficial que me atendió en inmigración, una persona muy amable, realmente de lo mejor. Una experiencia muy bonita. Otras veces molestan un poco, dice uno. Molestan. Tengo un amigo que es sacerdote nicaragüense y él ha venido muchas veces a este país y yo no sé, será cosa de suerte o coincidencia o lo que sea, pero varias veces. Yo sé que lo han tratado mal, sé que lo han tratado mal por distintas razones, a veces porque son de otra religión o por lo que sea.

No entremos en detalles, simplemente sé que lo han tratado mal y coincidimos con este amigo nicaragüense. Coincidimos en una misión en California. Y entonces le pregunto Bueno, y qué tal? Y me contó un poquito de cómo le había ido regular. Le había ido mal en ese momento. Y entonces dice el padre dice este sacerdote que Dios lo bendiga, dice él: "Pero, pero las almas, las almas lo valen todo". O sea, el que quiere servir, el que quiere evangelizar tiene que estar dispuesto a eso, a que a veces la cosa es difícil, a veces a uno lo tratan mal, a veces la gente no agradece, a veces la gente, a veces la gente es complicada. ¿Por qué estoy diciendo eso? Porque ustedes, amados hermanos del retiro, ustedes tienen que ser difusores del Evangelio de Cristo. Si usted tiene una cantidad de amigos que son como decimos en Colombia, de la parranda, amigos fiesteros y amigos de tragos, el trabajo suyo es ahora traer a los amigos aquí. Sus amigos de tragos lo llevaron a usted a la botella. Usted tiene que traer a sus amigos a Cristo.

¿Pero qué pasa? Que cuando usted empiece a hablar con sus amigos de la botella y empiece a decirles que vayan a un retiro, Ah, yo sé lo que le van a decir. ¡Ay! Pero cómo se convirtió. . . Ahora ¿Cómo lo llamaremos? San Nelson. Al fin se dejó convencer de esa esposa suya que le lavó el cerebro. Y se van a burlar de usted. Pero la primera lección que nos da este Evangelio es, el que quiera amar de verdad se sobrepone a las dificultades. Segunda enseñanza Aprendamos lo que significa la humildad. Desde el comienzo de esta misa. Estamos hablando de la humildad. Una vez fue un señor donde el psicólogo y entonces empezaban a hacer como una evaluación del estado de este hombre y llegaron al tema de que el tipo era lo más soberbio que hay en esta tierra, pero de una petulancia, un tipo arrogante, soberbio, insoportable.

Y entonces le dice el paciente le dice al médico Pero entienda una cosa, doctor, que el tema de mi prepotencia lo vamos a tratar cuando yo diga. ¿Qué tal la sencillez del hombre? Así no se cura uno. Hay que aprender del camino de la humildad. El camino de la humildad es importante. Yo les decía a las parejas ya me lo oyeron varias veces. Yo les decía Mire, si usted aprende a mirar a su esposa como Moisés vio esa zarza ardiendo Y Dios le dijo Quítate las sandalias de los pies. Aprenda a acercarse con humildad a su esposa. Aprenda a acercarse con esa humildad a su esposo. San Pablo dice en el capítulo segundo de la Carta a los Filipenses que -Cada uno considere superiores a los demás.- Pero si usted empieza por maltratar en su pensamiento, después usted maltrata con su boca y después usted maltrata con sus puños y después el abogado lo maltrata a usted en el divorcio.

Esa es la cadena del maltrato. Usted empieza maltratando en el pensamiento porque menosprecia a ese hombre o a esa mujer que es su pareja. Usted empieza maltratando en el pensamiento y después un día maltrata con la boca, después otro día maltrata con los puños. A ver, pues entonces a ver. ¿Y después? ¿Y después qué? Después el abogado los maltrata a ambos. Así es como son las cosas. Entonces es la hora de empezar un lenguaje distinto. El lenguaje de la humildad. Y lo mismo con Dios. No hagan ustedes como hacía una señora en un grupo de oración. Me parece que eso pasó por allá en Brooklyn. Una señora que estaba orando Dios mío, ayúdame. Señor, necesito paciencia. Señor, ayúdame. Yo no tengo paciencia. Tú me conoces. Ayúdame, Señor, dame paciencia. ¡¡Pero ya!! Eso no puede ser la humildad. La humildad es necesaria.

Hay que pedirle a Dios. Hay que saber reconocer los errores. No hagan ustedes como un miembro muy ilustre de mi familia, que puede ser mi papá, un miembro muy ilustre de mi familia que dice -Mire, yo no soy terco, mejor dicho, yo sí soy terco, pero cuando soy terco es porque tengo la razón.- Así, muy fácil, así es muy facilito. Entonces, hermanos de verdad, el camino de la humildad, sobre todo la humildad ante Dios, -Un corazón contrito y humillado tú no lo desprecias, dice la Biblia. La oración del humilde atraviesa las nubes, la oración del humilde atraviesa las nubes. Y fíjese el ejemplo que nos da esta bellísima Señora aquí representada Nuestra Señora la Virgen María.

Mire el ejemplo que nos da Ella: "Porque ha mirado la humillación de su sierva. . . " de su esclava. El Señor ha mirado la humillación de su sierva y los grandes Predicadores sobre la Virgen María como San Bernardo, que normalmente se celebra el veinte de agosto, pero este veinte de agosto es domingo, entonces tiene primacía el domingo. Los grandes predicadores sobre la Virgen María, mire lo que nos dicen tan bonito: "Por supuesto que todo lo que Dios hizo en María es obra de su gracia y de su benevolencia. Pero hay una cierta correspondencia entre la grandeza del don que Dios le concedió a ella y la profundidad de la humildad que ella tuvo". Porque ¿Sabes lo que es la humildad? La humildad es como la vasija, y cuanto más honda es la vasija, más le cabe.

Dios quiere regalarte su gracia. Dios quiere regalarte su amor. Dios quiere llenarte de sus dones, pero tu vasija ¿Cómo es? Si tu humildad es cero, no tienes vasija. Lo que tienes es un plato que derrama el agua. El agua de la vida. Pero si tú tienes un poquito de humildad en ese cuenco te alcanza a caber un poquito de lo que Dios quiere darte. Y si tú eres de mayor humildad, te cabe más. Y si es profunda tu humildad, te cabe más del amor de Dios. ¿Y cómo era la humildad de María? Era insondable porque tenía una conciencia perfectísima de su condición de criatura. Si una mujer, como mi amiga Catalina de Siena podía decirle a Dios: "Tú eres el que es. Yo soy la que no soy" con lo cual reconocía ella su absoluta indigencia y necesidad. Yo no me puedo imaginar la humildad de María. Y la humildad es virtud inmensa, porque la profundidad de la vasija habla de la abundancia del regalo.

Todo el retiro les estuve diciendo a estos hermanos traigan donde apuntar. Ustedes pueden ver que todos están apuntando estas ideas. Ellos creen. Ellos creyeron que ya el retiro se había acabado. Ya no apuntaron más. Pero entonces le repito la frase para que se la aprenda. La profundidad de la vasija habla de la abundancia del regalo. El que tiene poca humildad es que quiere recibir poquito. Si están regalando oro en polvo y usted llega con un plato plano, ahí no le cabe casi nada. Pero si usted llega con una vasija profunda, ahí le cabe y le cabe y le cabe. Esa es la humildad de María. Y fíjese qué humildad la de esta mujer cananea. Así hay que llegar ante Dios, conscientes de la nada que somos. Catalina decía, "Yo soy nada con pecado encima". La Biblia nos muestra varias veces donde personas descubrieron la grandeza de Cristo y se humillaron ante Él.

¿Por qué no me voy a humillar yo? Pedro, en su propia barca, se humilló ante Jesucristo. Cuando la pesca milagrosa, Pedro se dio cuenta -Este es el Santo de Dios.- ¿Qué hizo Pedro postrado? Cayó ante Cristo. Reconoció su pecado. Aquel leproso que quería ser curado, ¿Qué hizo? Se postró ante Él y le dice estas palabras de ternura que tocaron su corazón: "Si quieres, puedes limpiarme". Eso mismo hizo esta mujer. Corrió, y se postró ante Él y solamente le dijo: "Señor, sálvame". Y Jesús le suelta esa frase que es un judaísmo es una expresión típica de los judíos. Es menos insultante en lengua hebrea que en nuestra lengua, pero es muy dura. Jesús le dice, -No, el pan es para los hijos, no es para los animalitos. La trató duro, muy duro. ¿Y ella? Ella ¿Qué hizo? Se levantó y dijo Bueno, quédese con su milagro. Ella no hizo eso. ¿Por qué? Porque su humildad era tan grande como su amor por esa hija.

La humildad logra maravillas. El que se postra, el que suplica, el que sabe agacharse. Dice Dios por boca del profeta Isaías. . . "En ése pondré mis ojos en el que tiembla ante mis palabras". Y el apóstol San Pedro dice la frase que ya recordábamos: "El Señor da su gracia a los humildes. Pero le pone una barrera a los soberbios". ¿Qué otra cosa podemos aprender de esta mujer? la total confianza, a pesar de que ella podía haberse sentido maltratada por Cristo, no se fue para otra parte. Yo he conocido personas que dicen -No, yo era católico, pero un día fui a confesarme y el padre me dijo que yo no estaba preparado, que en ese momento no me podía confesar; hombre, solamente porque estaba viviendo ahí con una mujer hasta muy bueno estábamos viviendo el padre no me dio la absolución. Los padres maltratan, entonces yo en ese momento decidí hacerme budista.-

Conclusión me salí de mi Iglesia porque me trataron mal. Hay gente que es así, porque me trataron mal. Esta mujer, a pesar de que podía haberse sentido muy maltratada, cualquiera de nosotros se hubiera sentido muy maltratado. Ella no se fue para otra parte. Ella fue no solamente humilde, sino que ella sabía, -En Él, en Él, en el profeta de Nazaret, en el bendito Jesús, ahí está mi salvación.- Ella puso toda su confianza en Él, y el que cree en Él no será defraudado, no será defraudado. Entonces, ¿cuáles son las tres palabras con las que nos vamos hoy? Las tres palabras son o Yo no sé si son cuatro. La primera es la caridad, amor. Usted si es capaz de evangelizar a sus amigos o ya va saliendo con miedo. Ya le vi la cara de miedo a algunos. Usted dice bueno, ya, yo, se acabó el retiro este. Ya. Bueno, prueba superada.

¡No! Usted tiene que salir a evangelizar, pero se le van a burlar, se le van a burlar. A usted se le van a burlar en la cara. Usted es capaz de superar una burla o ¿No? Usted es capaz de dar testimonio de Cristo, sí o ¿No? Sí. Vamos a preguntarles a los del retiro y ustedes fíjense si alguno se queda callado, lo dejamos para el otro retiro de una vez. A ver, ustedes los del retiro, ustedes son capaces de dar testimonio de Jesucristo, así se les burlen en la cara. Sí. Bueno, luego me cuentan quién dijo. . . Entonces caridad. La segunda humildad y la tercera fe. Confianza total en Jesús. Confianza total en Jesús. Así parezca que me está tratando mal, así parezca que me está tratando mal, así parezca que Dios no me está escuchando, así parezca como le pareció a esta mujer. Oiga, siguió de largo cómo así, siguió de largo, así parezca que Él siguió de largo. Así parezca, yo voy a depositar mi confianza solamente en Él. Solamente en Cristo está mi esperanza.

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