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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los milagros de Jesús son instrumentos de revelación y de alianza con el Dios que hizo promesas al pueblo de Israel y que luego las extiende a todos nosotros.
Homilía ao20008a, predicada en 20170820, con 5 min. y 44 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! El evangelio de hoy no resulta tan fácil de entender. Frente a la imagen que uno tiene de Jesucristo como una persona que simplemente ayudaba a los demás, es decir, un profeta que es muy buena persona, que es muy compasivo y que ayuda a mucha gente. Ese Jesucristo ayudador o curador es el que nos resulta difícil de encajar con el texto del Evangelio de hoy. Porque en primer lugar, da la impresión de que no quiere atender a una persona que está en necesidad; y en segundo lugar, parece que cuando la atiende la humilla. Y estas dos actitudes que uno, por lo menos de manera superficial, ve en Cristo, resultan muy difíciles de conciliar con la imagen que tenemos de Él por muchos otros pasajes del Evangelio. Resulta difícil de entender este pasaje a menos que nosotros nos hagamos una pregunta un poco más profunda. Es decir, que salga de la simple superficie. En la superficie lo que hay, efectivamente es una persona con gran necesidad y alguien que puede hacer algo por ella, es decir, Cristo. Pero ¿qué es lo que hay en profundidad? Lo que hay en profundidad es el tema de, ¿para qué son las obras prodigiosas, los milagros y exorcismos de Cristo?,¿Qué son? ¿Son simplemente gestos humanitarios frente a una necesidad? Sí, son simplemente eso, el Evangelio de hoy no tiene ninguna explicación, si los milagros de Cristo son simples gestos de una persona que es muy considerada y con una gran capacidad de empatía, no hay manera de entender el evangelio de hoy. Pero si los milagros de Cristo son señales del Reino de Dios, como efectivamente lo dice otro pasaje, entonces empezamos a entender que recibir un milagro de Cristo no es simplemente recibir una curación, por ejemplo, sino es entrar en una lógica, entrar en un camino, en realidad entrar en una alianza. Recordemos que cuando Cristo envió por primera vez a sus apóstoles, según cuenta el capítulo décimo de San Mateo, les dijo: -No vayan a tierras de paganos, vayan en primer lugar a las poblaciones de la casa de Israel- , es decir, Cristo, que les da poder para hacer milagros a ellos, les dice: -Lo primero es, que el pueblo de la Alianza se dé cuenta que Dios está cerca, porque esa cercanía, expresada, entre otras cosas con los milagros, es la que les ayuda a renovar su alianza-. Entonces las cosas cambian radicalmente cuando hablamos de una persona extranjera. Esta persona extranjera tiene una gran necesidad, nadie lo niega. Pero por otro lado, ¿dónde queda el milagro exactamente ahí?, es decir, ¿qué papel va a cumplir ese milagro? No es que Cristo sea tacaño o mezquino con sus milagros, es más bien que Cristo quiere que cada milagro tenga el fruto, el fruto propio. Un milagro no es un fin en sí mismo, es un medio, un medio que afianza un camino de alianza. Y por eso, cuando Cristo le habla, incluso con palabras que nos suenan tan duras a esta mujer y le dice: - "Mira el pan es para los hijos "-. Y ella dice: -no, pero es que los perritos también comen de las sobras-. En ese acto de increíble humildad de esta mujer, está también la conciencia de que el alimento de los paganos es el que cae de la mesa de los hijos y los hijos son el pueblo de Israel, son el pueblo de la Primera Alianza. Y esto es muy importante porque nosotros, los que venimos de pueblos paganos, la inmensa mayoría de nosotros venimos de esos pueblos. Nos hemos alimentado de lo que ha salido de la mesa del judaísmo. Jesús lo dice en el Evangelio de Juan -La salvación viene de los judíos-; nosotros nos hemos alimentado de ese pan, nosotros hemos recibido ese regalo. Y entonces, cuando la humildad y cuando la fe conectan a esta mujer con el camino de la Alianza, entonces el milagro no tarda más, el exorcismo se realiza y llega la paz también. O sea que esta es una gran catequesis sobre qué son los milagros; no son simples gestos humanitarios, son instrumentos de revelación y de afianzamiento en una estrecha unión con el Dios que hizo promesas al pueblo de Israel y que luego, por su inmensa ternura, las extiende a todos nosotros.

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