Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La renuencia de Cristo en atender a la cananea enseña la diferencia entre la salvación "barata" en que uno sigue a cargo de la vida, y la salvación real.

Homilía ao20007a, predicada en 20140817, con 17 min. y 47 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Amados hermanos, estamos acostumbrados a ver a nuestro Señor Jesucristo muy cerca de los pobres, los pecadores, los enfermos. Su corazón compasivo es una constante en el Evangelio. Por eso el pasaje de hoy nos deja un poco extrañados. Estoy seguro. Da la impresión de que Cristo no quiere atender la necesidad de esta mujer. Aunque es muy evidente el problema que tiene, Cristo parece renuente, no responde inmediatamente a la necesidad de ella. Tenemos dos posibilidades. Una es juzgar a Cristo y al Evangelio, lo cual es una locura y no lleva a ninguna parte. La otra posibilidad es descubrir en el modo de actuar de Cristo, así nos parezca extraño, alguna enseñanza que debe ser útil para nosotros, porque por algo ese texto quedó consignado en la Escritura y por algo nuestra Madre, la Iglesia, nos lo ofrece clara y abiertamente, como sucede hoy.

¿Qué podemos aprender de esa lentitud de Cristo en administrar misericordia, en traer salvación? Creo que la palabra salvación nos va a ayudar, porque de eso es de lo que se trata de la salvación. Y yo creo que el Evangelio de hoy, si lo aprovechamos, sirve para que entendamos un poco más qué quiere decir esta salvación que Cristo trae y por consiguiente, que conozcamos también un poco mejor a la persona del Salvador. Utilizamos la palabra salvación cuando alguien nos ha sacado de un gran problema o nos ha evitado un gran problema. Si una persona tiene una deuda terrible y va a perder su casa porque no puede pagarla y un amigo le dice no te preocupes, yo te ayudo con eso mientras tú te repones, mientras tus finanzas mejoran, el otro le dice -Me salvaste, me salvaste la casa, me salvaste la vida.- Pero también si una persona va por un camino y va derecho a un hueco terrible y otro le advierte cuidado que te caes, ¡me salvaste!

La salvación es a veces rescate y la salvación es a veces prevención del daño. Cristo es nuestro Salvador y la mayor parte de las veces pensamos en la salvación como salir de un problema. La vida que nosotros espontáneamente queremos llevar es una vida sin problemas. Yo creo que todos queremos tener una vida sin problemas, es decir, que no haya contratiempos en la salud, que no haya dificultades económicas, que nadie me vaya a hacer daño, que mis negocios salgan bien Espontáneamente. Esa es la vida que nosotros queremos, una vida sin problemas. Cuando llegan los problemas, buscamos soluciones. Si el problema es muy grande y está más allá de nuestras capacidades, buscamos que alguien nos salve.

Es ahí donde la salvación se vuelve una realidad existencial. Así pues, la manera como uno se suele imaginar la salvación es como alguien que me evita un problema o me saca de un problema para que mi vida siga tranquila, para que no haya dificultades. Yo llevaba una vida tranquila, me salió una enfermedad cómo rara. Pero Jesús hizo una oración por mí, me curó mi enfermedad. Gracias Jesús. Sigo yo con mi vida. Esto fue lo que sucedió muchísimas veces en los evangelios la gente miraba a Jesús como una solución para un problema, solo que esta vez el problema es muy grande. Necesito que alguien me ayude. Pero resulta que por ahí anda un profeta que hace bastantes milagros. Entonces voy allá y él me arregla mi problema y yo sigo con mi vida.

Un poco lo que a veces sucede cuando hay eventos como estos que organiza la Renovación Carismática y se anuncia sanación. La gente va en masa. Vamos allá a que nos sanen. A veces la vida cambia, pero muchas veces no cambia. La gente se cura, pero no cambia la vida. ¿Por qué? Porque fueron a que les arreglaran un problema. Yo tenía un dolor terrible. No me dejaba mover bien este brazo, pero me sané. Puedo moverlo. Bendito sea Dios. Y yo sigo con mi vida. La idea que nosotros solemos tener de salvación es esa y por consiguiente, la idea que nosotros tenemos del Salvador es la idea de una persona que nos soluciona un problema, solo que esta vez era un problema muy grande. Una cosa que yo no podía arreglar. Ese es el modo como solemos ver la salvación. Un problema que se arregla.

A esa salvación la podemos llamar una salvación barata. Barata, porque no me cuesta mayor cosa y barata porque tampoco cambia en realidad mi vida. Algo así como cuando una persona compra un reloj que es barato, no barato, simplemente en el sentido de que es económico, sino que no es gran calidad de reloj. Se sabe que ese reloj no va a durar mucho tampoco, pero ahí está y por lo menos se ve bonito. Muchos de nosotros queremos una salvación barata y nos pasamos la vida con una solución o con muchas soluciones y salvaciones baratas. Tengo un problema. Voy donde Dios. Dios mío, ayúdame. Ayúdame. Ayúdame. Ya me ayudó. Dios. Hasta luego, Dios. Incluso hay personas que solo aparecen por la iglesia cuando tienen un verdadero problema. De resto, no aparecen por la iglesia. Eso se llama una salvación barata.

Y es aquí donde me parece que podemos empezar a entender la manera extraña como Cristo trata a esta persona. Esta es una mujer que no pertenece al pueblo de Dios. Esta es una mujer cananea. Probablemente sirofenicia. Y ella tiene un problema. El problema como tal es terrible porque se trata de una perturbación demoníaca en la casa. Concretamente algo que afecta a una hijita de ella. El problema como tal es terrible, pero lo que ella está buscando es solamente, solamente esa solución para su problema. Y lo que viene a decir Jesús es Yo no soy un -Resuelve problemas- Yo no soy simplemente un parche que tu le pones a la llanta o a la goma de tu carro para que sigan andando. Yo no quiero ser un parche en tu vida, yo no quiero ser una solución temporal, no quiero darte simplemente una salvación barata.

Yo quiero darte mucho más que eso. O sea que si Cristo parece renuente no es por falta de generosidad, sino por exceso de generosidad. La palabra nueva, la palabra que interviene y la que hace posible el milagro, es la que dice Cristo: ¡Mujer, qué grande es tu fe! Y eso se lo dice en el momento en el que esa mujer inserta su historia en la historia del pueblo de Dios, en el momento en el que ella se reconoce miembro de ese pueblo, así sea solo por las migajas que caen de la mesa del pueblo elegido. En el momento en el que la humildad y la fe llegan a esa historia de esta mujer y en el momento en el que ella se encuentra, no con los milagros de Jesús, sino con el Jesús de los milagros. En ese momento la curación se da, o sea que Cristo no quiere dar una salvación barata.

Cristo no quiere ser simplemente el parche que le pones a tu vida. Cristo quiere ser aquel con el que tú te encuentras, el que marca un antes y un después realmente en tu existencia. Y por consiguiente, esta lectura nos da las claves para superar la salvación barata que hemos llamado y para llegar al verdadero encuentro con Jesús. ¿Cuáles son esas claves? Son cuatro puntos que están muy bien presentados en el pasaje de este capítulo 15 de San Mateo. Si tú lo que quieres es solamente resolver tu problema para seguir tú mandando en tu vida, haciendo lo que a ti te parece. Tarde o temprano Jesús te va a parecer distante y no va a seguir tu juego. Esa es otra manera de entender la lección de hoy.

La repito: Si lo que tú pretendes es que Dios siga poniéndole parches a tu vida para tú seguir haciendo tu vida como a ti se te da la regalada gana, va a llegar un momento y eso es lo que aparece en este pasaje. Va a llegar un momento en el que vas a sentir que Jesús te parece distante, frío y ya no va a seguir con ese juego contigo. Verdad que ha ayudado muchas veces, pero Él no quiere ser simplemente un parche. Él quiere llevarte a un encuentro personal y transformante. Eso es lo que él quiere hacer contigo. Entonces, ¿Cuáles son los pasos? Lo primero, el reconocimiento de una necesidad profunda. No es solamente un problema. Es una necesidad profunda. Fíjate cómo cambia la súplica de la mujer. Al principio, ella dice Tengo un problema. En la casa hay un demonio que nos fastidia. Cuando ella hace su súplica final, se pone delante de Jesús y le dice Señor ¡Socórreme!

Socórreme. No es simplemente arregla mi problema, sino socorre mi vida. Ven, en defensa de mi vida, rescata lo que mi vida es. No es entonces solamente un parche; perdón que insista tanto en esta idea no es solamente una solución temporal. ¡Socórreme! Es la conciencia de mi necesidad real. Todo mi ser necesita de Jesucristo. No es solamente un número que anda mal en mis negocios, en mis finanzas. No es solamente lo que parece como un tumorcito que tengo por aquí, pero si me quitan ese tumorcito quedo perfecto y sigo mi vida como a mí se me dé la gana. No es solamente un tumorcito, no es solamente un pequeño número rojo en mi contabilidad. No es solamente un disgusto que tuve con uno de mis hijos. Es algo existencial y real hasta el momento en el que uno pueda decir Señor, socórreme. Lo cual significa sin mí, sin Ti, Señor, mi vida naufraga, Sin ti mi vida se hunde. Esa es la primera condición.

Segunda condición o segundo punto: Nos damos cuenta de que es necesaria la persistencia. San Agustín da una explicación hermosísima de por qué es necesaria la persistencia en la oración. Precisamente la persistencia es la que nos libera del automatismo de creer que yo simplemente pido. Y ya está. Se arregló como si fuera magia, porque uno quiere tratar a Cristo como si fuera magia. Para liberarnos de la mente mágica, para liberarnos del estilo automatista, Jesucristo nos conduce por el camino de la perseverancia en la oración. San Agustín nos enseña de esta manera: No es que Dios necesite que le repitamos para poder escucharnos, sino que la insistencia prepara ¡Nuestro! nuestro corazón para recibir los dones que Él desde siempre ha querido darnos.

Entonces, lo primero, sinceridad en el conocimiento de lo que uno es, hasta llegar a la necesidad profunda. Segundo, perseverancia en la súplica, en la oración. Tercero, humildad. La mayor parte de nosotros padecemos de un mal que se llama soberbia. Cada uno se enorgullece de algo. El que es joven porque es joven. La que es bonita porque es bonita. El que tiene plata porque tiene plata. El que tiene buenos amigos porque los tiene. Mientras estemos apoyándonos en los ídolos de este mundo, no llegamos al punto del grito. El punto del ¡Socórreme, Señor! No se llega a ese punto. Mientras uno esté apoyado en distintas cosas, el día que uno ya no se apoya en nada más, el día que uno se presenta ante Dios como uno es. Ese es el día de la humildad. Ese es el día donde uno dice para el mundo tal vez yo soy un hombre exitoso, pero por dentro estoy hueco y estoy muerto.

Esa es mi realidad para el mundo. Tal vez yo debería ser una mujer feliz y no me falta nada, pero por dentro estoy muerta. Necesito vida. Esta es mi verdad. Compadécete de mí, Señor. Ese llegar a esa humildad es indispensable. Y el cuarto punto, por supuesto, es lo que dice Jesús. No basta con que yo me castigue y me diga cosas duras, por ejemplo, que estoy muerto por dentro. Lo más importante es que yo descubra al que está vivo por dentro, que se llama Jesús. Eso es lo más importante. ¿Y qué es la fe? Es descubrir que más allá de mis méritos y de mis necesidades, Él me ama, de verdad me ama, y de verdad quiere hacer algo real, transformante, maravilloso. A través de mí, en mí y conmigo.

Esos son los cuatro puntos. Descubrir la necesidad. Perseverar en la oración. Llegar a la humildad y abrirse a la fe. Como te das cuenta, no era poco lo que tenía para enseñarnos Jesús en un pasaje que parece extraño, pero que es una preciosa catequesis para que dejemos la salvación mágica, la salvación barata. Dejemos al -Resuelve problemas- y nos encontremos con el Hijo vivo, el Hijo del Dios vivo, aquel en el que está verdadera salvación.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM