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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La aparente lentitud de Cristo en la administración de la misericordia nos enseña el balance entre elección y misión.
Homilía ao20006a, predicada en 20140817, con 5 min. y 49 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Este es el domingo número 20 del tiempo Ordinario en el ciclo A. Ciclo A, quiere decir que es el evangelista Mateo, el que nos está acompañando y nos está guiando en nuestro camino de fe durante este año litúrgico y semana número 20, quiere decir que hemos pasado la mitad de lo que dura el tiempo ordinario. Nuestra Iglesia Católica contempla durante todo el año a Jesucristo. Hay tiempos fuertes como Adviento y Navidad, por una parte, Cuaresma y Pascua, por otra parte; y después tenemos unas treinta y cuatro semanas que son conocidas como tiempo ordinario. Durante esas semanas tomamos a un evangelista en los domingos y vamos siguiendo los textos; la mayor parte de los pasajes de ese evangelista, para que nos enseñe quién es Jesús, porque nosotros no queremos quedar simplemente con un recuerdo que se va desvaneciendo. Mucho menos queremos reemplazar al verdadero Cristo, por lo que nos dicta nuestra fantasía o nuestro deseo. La única manera de permanecer fieles a Jesucristo es permanecer fieles al testimonio que nos da la Palabra de Dios sobre Jesucristo. Por esa razón, estos textos, estos pasajes del evangelio, nos están mostrando la verdad sobre Cristo, y por eso el cristiano católico tiene que volver una y otra vez sobre esos mismos textos, para encontrar ahí, para beber con toda pureza la verdad de Jesús. Que no reemplacemos a Jesús con ninguna ideología política, con ningún deseo puramente sentimental, con ninguna moda del tiempo presente, que sea Él y solamente Él quien nos guíe en lo que nos parece más agradable y también en lo que nos parece más difícil de comprender. Por ejemplo, el texto de hoy, tomado del capítulo 15 de San Mateo, no es fácil de comprender. Muchas veces hemos oído y hemos predicado sobre la grandeza de la misericordia del Señor. Pero hoy encontramos a un Cristo que parece un poco, despacioso, un poco lento en la administración de esa misericordia. Una mujer que no pertenece al pueblo de Israel se acerca y quiere buscar ayuda, quiere buscar sanación para una hija suya que es atormentada por un demonio. Cristo, sin embargo, parece resistente y tienen en cierto sentido que intervenir los apóstoles para decirle: -Mira, ayúdala-.¿Por qué esa tardanza de Cristo? ¿Por qué el llamado angustioso de esta madre tarda un poco, según parece, en llegar al corazón de Jesús? Pues parece que la explicación la podemos empezar a encontrar si relacionamos el Evangelio con la primera lectura tomada del capítulo 56 de Isaías, nos muestra algo muy importante y es cómo el pueblo de Dios sólo progresivamente se fue abriendo a una realidad universal. Podemos decir que hay una tensión entre dos palabras la palabra elección y la palabra misión. Lo mismo que el corazón tiene dos movimientos uno en el que se contrae y otro en el que se expande; así también el pueblo de Dios tuvo que vivir esos dos movimientos, tiene que saber recogerse y tomar conciencia de que es el pueblo elegido y luego tiene que saber expandirse, para llevar la Buena Noticia a todas partes. Y eso es exactamente lo que está en juego en el Evangelio de hoy. Cristo dice: "He sido enviado a las ovejas de la casa de Israel" . Eso ¿qué quiere decir? Quiere decir que, en primer lugar, el papel de Jesús no es simplemente el de ir haciendo curaciones, milagros, prodigios, algo así como una especie de sanalotodo. Cristo es, en primer lugar, la respuesta de la fidelidad de Papá Dios a todas las promesas que recibió el pueblo de la elección, el pueblo judío. Eso es Cristo en primer lugar. Es la fidelidad, la expresión de la fidelidad de Dios para ese pueblo. Y por eso en esa primera parte del Evangelio de hoy, lo que brilla es ese elemento de fidelidad de Dios que confirma: el pueblo elegido es este y ningún otro. Pero luego esa misma fidelidad de Dios tiene que abrirse y se abre por las puertas de una misericordia sobreabundante. Y es a través de esa abundante misericordia como llega finalmente la curación, como llega finalmente el milagro pedido. La elección nos recuerda que hemos de ser santos, la misión nos recuerda que hemos de ser compasivos y misioneros. No se puede quedar uno solamente en una compasión, un poco barata y un poco superficial. La compasión del que sale demasiado pronto a misionar muchas veces no lleva la integridad del mensaje, pero tampoco puede uno encerrarse en el egoísmo de que somos los elegidos, los elegidos. Cristo nos da la medida. Conciencia de que somos elegidos, generosidad porque somos misioneros.

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