Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hay elecciones que son sólo privilegio, y hay elecciones que son principio de servicio. En la Biblia sólo interesa este segundo caso.

Homilía ao20004a, predicada en 20110814, con 4 min. y 33 seg.

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Transcripción:

Una de las palabras claves en el Antiguo Testamento y en realidad en toda la Biblia, es la palabra elección. El pueblo de Dios es el pueblo elegido. Si lo pensamos bien, esta palabra es problemática. Imaginémonos que un papá tiene varios hijos, pero únicamente elige a uno, y a ese lo llama el elegido. Eso será fuente de tensiones y de peleas. Será fuente de malos entendidos y de dificultades. Hay un pueblo que es el pueblo elegido. Y la pregunta que uno se hace es ¿Qué va a pasar con los demás pueblos, los que no han sido elegidos? Esta pregunta no nos la hacemos únicamente nosotros. Está presente ya en la Escritura.

Así encontramos, por ejemplo, que en el profeta Isaías, en el capítulo 56, se habla sobre los extranjeros, pero ya sabemos que la palabra extranjero quiere decir los pueblos no elegidos. Y en el capítulo 15 de San Mateo, que corresponde al Evangelio de hoy, encontramos una situación semejante. Jesús está fuera del territorio elegido, está fuera del territorio que Dios otorgó al pueblo hebreo. Se encuentra en la región de sirofenicia, es decir, por la actual Siria y por la actual Jordania. Y allí una mujer que no pertenece al pueblo elegido le pide un milagro, le pide un favor a este Cristo. O sea que esa es como la pregunta que atraviesa las lecturas de este domingo ¿Qué va a suceder con los que no son elegidos? ¿Qué va a suceder con los que parecen excluidos?

Pero desde luego, la pregunta hay que hacerla desde antes. Y es ¿Para qué elige Dios a un pueblo? Hay dos maneras de mirarlo. Se puede elegir a alguien simplemente para llenarlo de privilegios y de preferencias, y en ese sentido todos los demás quedan efectivamente excluidos y castigados. Pero también se puede elegir a alguien para que sea principio y para que sea ministro de ayuda y de salvación para los demás. Pensemos, por ejemplo, cuando hay una gran situación de analfabetismo y entonces hay que empezar a educar a la gente. Y se empieza por algunos, pero con la idea de que esos después puedan enseñar a otros.

Al primer caso, es decir, una elección únicamente para dar privilegios, lo podemos llamar una elección egoísta. Al segundo caso, cuando se elige como un principio de salvación para todos los demás, podemos hablar de una elección altruista. Esa palabra quiere decir que se refiere al otro que va más allá. Pues realmente lo que nos muestran las lecturas de hoy es que la elección de Dios no es una elección egoísta. Isaías tiene promesas maravillosas para estos pueblos que parecían completamente excluidos.

Y luego en el Evangelio, si lo miramos bien, lo que hace Cristo es un camino, un camino acelerado, pero un camino de fe para que esta mujer, la que está pidiendo el milagro, no lo mire a él únicamente como un curandero, como una especie de brujo con poderes maravillosos, sino para que lo encuentre como un salvador en el que vale la pena tener fe. Y este itinerario de fe que le hace Cristo muestra cuál es el papel de elegido que tiene Cristo y cuál es el papel de elegido que tiene todo cristiano en la Iglesia. Hemos sido escogidos y en cierto sentido es un privilegio tener fe, pero no es un tesoro que hemos de guardar para nosotros, sino un don que hay que poner al servicio de los demás.

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