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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Tres lecciones de Cristo caminando sobre las aguas: (1) Dios puede y sabe manifestarse tanto en lo ordinario como en lo extraordinario; (2) el silencio la soledad y la oración son necesarios para no perder nuestro centro y la verdad de lo que somos; (3) cada uno de nosotros tiene su propio lago y Jesús también puede caminar en él.
Homilía ao19012a, predicada en 20200809, con 25 min. y 46 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, estas lecturas nos traen preciosas enseñanzas y con el auxilio del Espíritu Santo queremos presentar algunas de ellas: Primera: Observemos el contraste entre la lectura tomada del primer libro de los Reyes, que fue la primera lectura y el Evangelio. En ambos casos se trata de manifestaciones de Dios. Pero ¿te diste cuenta lo que le pasó al profeta Elías? Elías vio pasar huracán, terremoto, fuego; es decir, fenómenos impresionantes, podríamos decir extraordinarios. Uno no ve un huracán todos los días, ni tiene un terremoto todos los días. Pues bien, en esos fenómenos tan singulares, extraordinarios; no era donde Dios le iba a hablar a Elías. Le habló a través de algo muy sencillo, algo que puede suceder cualquier día, -una leve brisa-. Pero en el Evangelio nos damos cuenta que si sucede algo absolutamente extraordinario. Ya quisiera yo que los que niegan el milagro de la multiplicación de los panes empezaran también a negar este milagro; a ver qué van a decir. El Cristo que se supone que no puede multiplicar panes o que no los multiplicó; aquí, ¿qué hizo? ¿Estaba caminando por las piedritas o qué? Pero bueno, no entremos en esa pelea que es ridícula, como es ridículo quitarle milagros a Cristo. Lo que quiero decir es que en el Evangelio hay algo absolutamente extraordinario, algo impresionante, y también ahí se está manifestando Dios; por supuesto que sí. Entonces, date cuenta: En la primera lectura, Dios escogió manifestarse no a través de cosas muy singulares, únicas, extraordinarias, sino Dios se manifestó a través de un medio tan suave como la brisa. En el Evangelio, Cristo quiso ofrecer a sus discípulos esta manifestación absolutamente impresionante. ¿Qué debemos concluir, entonces? Que Dios no está amarrado ni a lo extraordinario ni a lo ordinario; quiero decir, Dios no está amarrado a lo extraordinario. Puede hablarte a través de las cosas más sencillas. A mí no se me olvida que Santa Laura Montoya, aquella bendita religiosa colombiana canonizada no hace mucho, tuvo una de sus experiencias místicas más profundas y bellas viendo un hormiguero. Dios puede hablarte a través de las cosas más sencillas, pero por otra parte, no le quites a Dios el derecho de hacer también cosas extraordinarias, cosas inexplicables, cosas que rebasan nuestra razón y que están más allá de lo que puede explicar la ciencia con sus leyes. Entonces, el cristiano tiene que estar preparado para ambas cosas. Dios puede hacer cosas maravillosas, extraordinarias, o puede manifestarse a través de cosas muy sencillas. Dicho de manera más sencilla para nosotros, -no le pongamos condiciones a Dios, no le pongamos condiciones a Dios-. Algunas tendencias espirituales, algunas escuelas de espiritualidad parece que se apegan demasiado a las cosas extraordinarias. Así, por ejemplo, hay personas que se vuelven casi adictas de las oraciones de liberación y tienen que estar con tal o cual padre que está en un ministerio de liberación y cada semana están ahí y liberando y liberando, bueno, llega a volverse casi una obsesión en esas personas. Y como le decía, no hace mucho a una amiga, esos equipos de liberación se vuelven tan obsesivos con el tema que en lo que yo he visto, a todo el mundo hay que hacerle liberación según ellos. En los años que tengo de vida y de sacerdocio y que he conocido muchos de esos equipos de liberación, he notado, que prácticamente toda persona que llega donde estos grupos siempre le dicen lo mismo: -a usted, parece que hay que hacerle una liberación muy fuerte, muy fuerte-. Entonces están apegados a ese tema extraordinario, apegados a eso. No hace bien esa clase de comportamiento, no hace bien, no es correcto. Otros, en cambio, se apegan al tema de las apariciones; parece que no pudieran dar un paso sin saber qué fue lo último que dijo la Virgen a través de tal o cual vidente, a través de tal o cual aparición. Ese tipo de comportamiento no hace bien y de hecho casi pone en ridículo nuestra fe, porque cualquier persona con un espíritu crítico, con un espíritu simplemente científico, empieza a notar que hay cosas que no necesitan de tanta parafernalia para explicarse. Por ejemplo, esos mensajes que van saliendo, salen y salen mensajes de la Virgen. Y tú te pones a analizar y realmente hay una repetición de temas, que claro, ellos lo explican diciendo: -no es que la Virgen insiste en eso porque es que no lo hemos hecho-. Sí, puede ser, pero a mí no se me olvida; que uno de los grandes santos de nuestra Iglesia, con un gran don de discernimiento, San Ignacio de Loyola, decía que esas manifestaciones pueden venir de Dios o pueden venir del enemigo, o pueden venir de la misma persona. Yo no estoy diciendo que todos estos fanáticos de las apariciones y los mensajes, yo no estoy diciendo que ellos están perturbados por el demonio. ¡No! estoy diciendo que como enseña la Iglesia, no consta el origen supernatural, sobrenatural de muchas de estas supuestas manifestaciones. Entonces ahí tienes el caso de gente que está obsesionada con lo extraordinario. Tiene que haber milagro, tiene que haber manifestación, tiene que haber don de lenguas, tiene que haber visión. Si no hay de eso, entonces es que estamos bajos, bajos, bajos, en nivel de Espíritu Santo, no es buena idea a mis hermanos, pero tampoco es correcto lo que sucede en otros ambientes de nuestra Iglesia. Entonces hay personas, hay sacerdotes, hay teólogos que se jactan de una cierta suficiencia y parecen encontrar placer en mutilar la Sagrada Escritura, tratando de quitar el máximo de elementos sobrenaturales, quizás con la idea vana, de que un Evangelio, una Biblia así mutilada, va a ser de fácil recepción por mucha gente, como quien dice vamos a quitarle las aristas incómodas, vamos a quitarle lo difícil de creer al Evangelio para que ese Evangelio, así correctamente mutilado, resulte más fácil de digerir por la gente. Ese proyecto tiene nombre, un teólogo protestante llamado Rudolf Bultmann le puso nombre; eso se llama el proyecto de lo que él llamó Desmitologización de la Biblia, es decir, tratar como si fueran mitos, como si fueran fábulas, como si fueran frutos de una mentalidad ignorante y pre-científica, todos los milagros y todas esas cosas, de tal manera que la ilusión de ellos, de estos intelectuales más bien racionalistas, más que intelectuales, es que si nosotros mutilamos y le quitamos bastante a la Biblia de todas esas cosas, entonces vamos a tener un Evangelio de fácil recepción, va a ser bien aceptado. Las lecturas de hoy nos enseñan que hay que evitar esos dos extremos y esta es la primera enseñanza que quiero que nos quede clara. Evitar el extremo de los que se apegan tanto a lo extraordinario que necesitan estar esperando a ver cuál es la última noticia y el último mensaje de la Virgen, o los otros que pretenden negar todos los milagros; siempre empiezan por el de la multiplicación de los panes, diciendo que es un acto de solidaridad. Entonces, negar todos los milagros y quedarnos con un cristianismo que finalmente consiste en ser buena persona. Y claro, la pregunta que yo me hago, educado hasta dónde puedo por las enseñanzas de tantos santos, entre ellos destacó, Catalina de Siena. Yo me pregunto -para ese evangelio no se necesitaba que mataran a Cristo en la cruz, ni que Él se dejara morir-. La sangre, el llegar hasta la sangre, no era necesario para darnos un mensaje tan sumamente suave como decir: seamos buenas personas y hagámonos pasito; eso no puede ser el Evangelio. Bueno, ahí termina esa primera enseñanza. Segunda enseñanza. El Evangelio de hoy, que ya dije, está tomado de San Mateo, nos cuenta un detalle revelador sobre Jesucristo. Estas son las palabras: -después que la gente se hubo saciado-, se refiere a la multiplicación de los panes, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca mientras Él despedía a la gente. Cristo se encarga de despedir a la gente, ojo con ese detalle, y después de despedir a la gente, subió al monte a solas a orar, subió al monte a solas a orar. Cristo despide a la multitud, Él mismo se encarga de despedir a la multitud. Hay varias explicaciones de por qué hizo esto Cristo. Recordemos que Cristo multiplicó los panes, los dio a los discípulos, y los discípulos se los dieron a la gente, los panes multiplicados. Quizás Cristo quiere evitar la tentación de que estos apóstoles que habían llevado toda esa abundancia de alimento de panes y peces a la gente, tomaran una especie de protagonismo que no les correspondía. Existe siempre la tentación cuando Dios se vale de nosotros, existe siempre la tentación de apropiarnos del don. Si Dios, por ejemplo, nos concede el don de sanación, es fácil que la gente nos mire como si los milagros vinieran de nosotros. Y por consiguiente, es fácil la tentación de creerse uno autor de milagros. Esa es una posible explicación. Otra posible explicación está en el hecho de que Cristo se preocupa mucho por sus apóstoles, que de hecho estaban agotados en esa jornada. Quiere que ellos empiecen a descansar, y aún otra posibilidad es que Cristo quiere saber qué es lo que ha quedado en el corazón de aquella multitud; quiere saberlo por sí mismo. Porque recordemos que para Cristo no sólo era importante el milagro, sino lo que llamaríamos el post-milagro, es decir, qué queda después del milagro Eso le interesa mucho a Cristo. Sobre este aspecto estamos respaldados por el texto paralelo del Evangelio de San Juan, capítulo 6. Bueno, pero lo que quiero destacar no es tanto el hecho de la despedida, sino el hecho de que Cristo se va a orar, se va a orar, se va a solas a orar. Observemos que según este relato de la multiplicación de los panes, en otros evangelios se cuenta que la gente entusiasmada quería proclamarlo rey. No, Cristo se va a orar. Esto es interesante. Cristo busca esa soledad, incluso sin sus discípulos; necesita estar a solas, necesita estar en oración, necesita soledad y oración. ¿Qué nos enseña esto? Hermanos míos, hermanos queridos, la soledad y la oración te dan la visión exacta, te dan los anteojos precisos para ver, por lo menos mejor, ojalá con total claridad, para ver mejor tu realidad. La gente hoy te aclama y mañana te repudia, hoy te odian y mañana te necesitan. Decía Fray Luis de Granada, famoso predicador dominico del siglo XVI que la opinión pública es como un monstruo de cien cabezas, que cada vez dice algo distinto. Por eso el cristiano, sobre todo el cristiano que tiene un servicio directo a las almas, como nos pasa muchas veces a los sacerdotes, el cristiano necesita el balance que solo encontrará en el silencio, la soledad y la oración. Cristo despide a los discípulos, Cristo despide a la multitud, Cristo no quiere más voces que las voces del silencio. O, para ser más precisos, la voz del Padre es el encuentro en soledad y silencio, es el encuentro en soledad y silencio con el Padre el que mantiene a Cristo en ese centro de su misión. Porque la gente te dirá todo tipo de cosas, y déjame recordarte, tú no eres de bronce, ni yo tampoco. Por eso, cuanto más intenso sea el ministerio hacia afuera, más intensa tiene que ser la soledad, la oración, hacia adentro. Me contaban, esta anécdota de un sacerdote muy admirado en nuestro tiempo, el padre Raniero Cantalamessa es el predicador de la Casa Pontificia, sacerdote capuchino, realmente muy bendecido por Dios con toda clase de dones. Bueno, este sacerdote, Dios lo bendiga. Cuando va a predicar un retiro, reclama fundamentalmente lo que leemos en el Evangelio de hoy: soledad y silencio. Entonces él, en los retiros, ya se trate de religiosas, laicos, sacerdotes, no importa quiénes sean. El Padre sabe, Padre Raniero sabe que tiene que seguir el ejemplo de Cristo. Hay que despedir a la gente, despedirlos. No quedarnos regocijándonos en: ¡Mira, pero qué bonito! ¡Pero qué bien que salió! Pero qué bueno todo, ¿no? Hay un momento en el que se le da gracias a Dios y ya. Bueno, hasta luego, hasta luego la gente, y vamos al silencio y a la oración. Solo esto resume lo que estoy tratando de decir: -Solo en el silencio y en la oración, solo en la soledad del silencio y la oración puedes recuperar tu brújula, tu ancla, tu centro, tu núcleo-. ¿Cómo quieres que te lo diga? Y no quiero decírtelo no tanto a ti, sino a mí mismo. Solo en el silencio, en la soledad, en la oración, puedes recuperar tu núcleo, tu centro. Y digo estas palabras con temor y temblor, pidiendo por mí mismo porque soy pecador, número uno y pidiendo por mí mismo, número dos, porque he visto caer, he visto caer sacerdotes y predicadores muy populares, muy, muy populares. Parece que Dios solamente lo sabe, sólo Dios lo sabe. Pero parece que faltó esto que nos enseña el Evangelio, que hay que despedir a la gente y hay que quedarse en mucho silencio, en mucha soledad y en mucha oración para no perder el centro. Porque en un momento dado la popularidad, el número de seguidores, el número de likes, el crecimiento de las ventas de tus libros, el crecimiento de las visualizaciones de tus conferencias, las multitudes que acuden para oírte; eso se te puede subir a la cabeza. Y la única manera de que eso no tenga poder sobre ti, es que en tu cabeza y en tu corazón esté, siempre reinando el Señor. Así que aquí hay una enseñanza muy grande. Esta receta, es receta de Cristo, receta marca Cristo, silencio, soledad y oración. Se aplica, se aplica especialmente para predicadores, sacerdotes, misioneros. Pero vale también para ti, para que tú recuperes tu centro, porque también tu vida, independientemente de qué tan popular seas o quiera ser, también tu vida puede perder su centro, y la vida puede perder el centro de muchas maneras. Hay veces que en tu lugar de trabajo te maltratan, no aprecian las cualidades que tú tienes. Yo conozco entre amigos muy cercanos, varios de ellos, me da un dolor, como hoy se maltrata, la gente que trabaja tanto en el ministerio público, tanto en funciones de Estado como en funciones privadas y en empresas privadas. Qué maltrato, cuando te tratan, como un engranaje más, dentro de una máquina, cuando te tratan como un peón del ajedrez que igual se puede eliminar si es preferible para obtener una victoria mejor según los intereses de ellos. Cuando te tratan de esa manera, tú necesitas silencio, soledad y oración para volver a tu centro y para reconocer en tu centro, que tú eres hijo del Altísimo, pero también lo contrario. Así sea en lo más sencillo y así sea en un círculo pequeño, cuando te llenan la cabeza de elogios, que eso también pasa cuando te llenan la cabeza de elogios: -y qué bien lo hace y qué bien lo hace-, así sean dos o tres personas. Nuestro corazón está tan ávido de ser importante, nuestro corazón está tan ávido de recibir cariño y reconocimiento que así no sean multitudes, se nos suben las cosas a la cabeza, se nos suben. Entonces todos necesitamos momentos de silencio, de soledad y sobre todo de oración. Pasemos a la tercera y última enseñanza: Cristo camina sobre las aguas. ¿Cuáles aguas? ¿Cuáles eran esas aguas? Eran las aguas del lago de Galilea, lago que tiene varios nombres, es el mismo lago de Genesaret, es el mismo lago de Galilea, tiene varios nombres ese lago, es el lago donde Cristo caminó. Bien, ¿Qué significaba ese lago para los discípulos? Aquí es donde viene nuestra tercera enseñanza: El lago significaba para los discípulos su fuente principal de alimento, manutención; el lago significaba para ellos su lugar de trabajo entonces, pero el lago también significaba para ellos el lugar de peligro, porque si te ahogas, pues, el lago fue también tu sepultura. Por eso el grito del apóstol Pedro: ¡Señor, sálvame! cuando siente que se está hundiendo. Entonces el lago era algo que tenía gran poder sobre ellos, poder para darles alimento o poder, si te descuidas para hundirte la barca y que te ahogues. El lago es algo que tiene mucho poder sobre ti y tú tienes muy poco poder sobre el lago. Si llega una tormenta en el lago, ¿Tú qué haces? Entonces ¿qué representa el lago? Esta parte me encanta, esta parte me parece muy bella, ese era el lago de ellos. Ahora te pregunto: ¿Cuál es tu lago y cómo identificar tu lago? ¿Cuál es tu lago de Galilea? ¿Cuál es tu lago de Genesaret? ¿Cuál es tu lago? Te lo voy a decir: Tu lago es aquello que tiene mucho poder sobre ti, y tú tienes muy poco poder sobre eso. La respuesta puede ser distinta para cada persona. Demos algunos ejemplos así rápidos. Para muchas personas, su propio lugar de trabajo es como el lago; sea que trabajen en un taller o que trabajen en un almacén o que trabajen en una oficina, podemos decir que su trabajo es su lago. ¿En qué sentido? En que reciben la manutención de ese lugar, ese lugar tiene mucho poder sobre ellos, y tú tienes muy poca influencia, muy poco poder sobre tu lugar de trabajo, ese es tu lago, ah, interesante. En otro caso, el lago puede ser un examen que tienes que pasar. Hace poco hablaba con alguien que estaba preparando exámenes en Derecho, esos exámenes, por lo menos en este país, se llaman los preparatorios; son exámenes muy exigentes, desde siempre hay esa fama, son exámenes muy exigentes en la carrera de Derecho. Y resulta que presentar ese examen significa estar delante de un jurado, de lo que salga de ahí depende mucho, mucho, porque si tú no pasas esos exámenes jamás tendrás tu título de abogado y tú tienes muy poco poder sobre eso. Entonces, donde las consecuencias son muy grandes y el grado de influencia es muy pequeño, ahí tienes tu lago, ese es tu lago. Y ahora volvamos al Evangelio. Cristo camina sobre el lago. Pon a Cristo a caminar sobre tu lago. Ya que Él caminó sobre ese lago de Galilea, del Mar de Galilea; así lo llamaban. Ya que Cristo caminó sobre ese lago, dile que camine sobre tu lago, que salga a tu encuentro en medio de la noche y que si te hundes como Pedro, todos nos hemos hundido alguna vez. Su mano esté ahí firme para sostenerte. Esas, mis hermanos, son las tres enseñanzas que quería compartir con ustedes. Primera, que no nos amarremos a un Dios de manifestaciones extraordinarias, pero tampoco le quitemos a Dios el derecho soberano y majestuoso que tiene de manifestarse extraordinariamente. Segundo, la necesidad de silencio, soledad y oración. Solo eso te mantiene en tu centro y en tu verdad. Esto vale para todos, porque todos somos susceptibles, pero vale todavía más, para nosotros, sacerdotes. Ustedes y yo sabemos de quiénes estoy hablando cuando hablo de amigos sacerdotes que se han retirado. ¡Cuánto dolor, cuánto me duele! Y siempre tienen una explicación: -No, que la Iglesia es anticuada, que la Iglesia no se reforma-, ¡ay! todos sabemos lo que hay detrás de eso. . . Silencio, soledad y oración te mantendrán en tu verdad. Y tercero, ¿Cuál es tu lago? Descúbrelo y descubre a Cristo caminando sobre él. Amén.

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