Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En Cristo se manifiesta Dios mismo y también se manifiesta al comunicarse a nosotros, permitiéndonos participar de su naturaleza divina.

Homilía ao19011a, predicada en 20200809, con 6 min. y 47 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Con bastante frecuencia los pasajes de la Sagrada Escritura nos permiten lecturas a distintos niveles; o a veces uno puede enfocarse en un tema, en otro, en un personaje, en otro, en los verbos, en los sustantivos; realmente es una fuente inagotable La Palabra de Dios. Este pasaje, por ejemplo, de Cristo caminando sobre las aguas, es uno de esos que puede leerse de muy diversas maneras. Por ejemplo, desde el ángulo de la fe, es lo más frecuente, cuando uno se da cuenta que Pedro dudó viendo la fuerza del viento, dudó de que la Palabra de Cristo pudiera vencer a la fuerza del viento. Esa sería una manera correcta, ciertamente, de leer este pasaje. Pero hoy vamos a tomar un enfoque diferente.

Con alguna frecuencia nos hemos dado cuenta que si uno hace una pregunta, a veces se encuentra una gran respuesta en la Palabra de Dios. Hoy, por ejemplo, preguntémonos: ¿Por qué Cristo camina sobre el agua? Es decir, hay tantas maneras de resolver las cosas, hay tantas maneras de llegar de un punto A a un punto B, ¿porque Cristo camina sobre las aguas?. Está excluido que se trate de una necesidad absoluta, como decir: -No tenía otra manera de llegar allá-. No, eso no es así. Intentemos otra explicación, intentemos decir: -Era tal vez como una especie de demostración-. . . Cristo no tiene que demostrarle nada a nadie. Entonces ¿por qué camina sobre el agua?

Para llegar a una respuesta, hay que recordar qué significaba el agua para los hebreos. El agua es aquel elemento de la naturaleza que está únicamente bajo el dominio de Dios y del agua dependen la vida o la muerte. Cuando falta el agua, es decir, ante una sequía terrible, llega la muerte. Pero por otra parte, el exceso del agua o la tempestad en el mar también significan muerte.

Entonces, el agua es como una criatura gigantesca y poderosa que solo Dios puede dominar. Así, por ejemplo, y es un pasaje que hemos recordado en otras ocasiones, Dios le dice a Job, en el Antiguo Testamento, en el libro de Job, capítulo 38, Dios le dice: "¿Quién puso un límite a las aguas? ¿Quién?, le dijo al océano aquí, se romperá la arrogancia de tus olas" , es una pregunta retórica, porque la única respuesta posible es, Dios.

El profeta Elías, cuando quiso demostrarle al rey Ajab y a su esposa, que era una mujer practicante de la brujería fenicia, una mujer llamada Jezabel, cuando quiso demostrarle al rey y a la esposa que se había conseguido él, que sólo Dios es Dios. Una cosa que hizo: fue lo que la Biblia llama cerrar el cielo. No va a caer lluvia; es decir, no importa qué tan bruja seas, no importan tus sortilegios o tus encantos o encantamientos, no vas a poder producir lluvia. Solo Dios es Dios.

Entonces el pasaje de hoy debemos leerlo ante todo como una teofanía. ¡Qué palabra tan bonita! Una teofanía, es decir, una manifestación de Dios, es una manifestación, de cómo es Dios quien está obrando en todo el ministerio de nuestro Señor Jesucristo.

Yo iré todavía más lejos y voy a decir es uno de esos pasajes que nos muestran la divinidad de Jesucristo. Pero lo más admirable desde este ángulo es que Pedro le dice: -Permite que yo también camine sobre las aguas-. Claramente, según lo que acabo de exponer. Caminar sobre el agua indica una soberanía que sólo Dios puede tener. ¿Quién puede dominar el agua? Y Pedro dice: -Pues si tu eres, entonces hazme caminar a mí sobre el agua-, y Cristo se lo concede. Eso es lo que significa una expresión que luego aparece en la primera carta de Pedro: -Nosotros somos partícipes de la naturaleza divina-. Es decir, Dios obra en nosotros, ¡Oye eso! Dios obra en nosotros y nos permite participar de distintas maneras, participar de la naturaleza divina.

Donde más se nota esto es precisamente en el sacramento del orden sacerdotal. Cuando el sacerdote consagra el pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo, ese no es un acto de un hombre, es un acto divino que sucede por el ministerio del sacerdote; pero es que el sacerdote en ese momento está obrando en persona de Cristo. Lo mismo sucede con el perdón de los pecados; entonces, date cuenta que el trasfondo de este hermoso milagro es la participación de la naturaleza divina, pero primero, la teofanía de Cristo, es decir: en síntesis, que en Cristo se manifiesta Dios mismo y se manifiesta Dios que se comunica a nosotros y nos permite participar de su naturaleza divina, porque ese es nuestro destino.

Es decir, a eso estamos llamados, es decir, somos imagen y semejanza de Dios. Y esa vocación nuestra, que es la más profunda, la más auténtica, estaba frustrada por el pecado, por obra de Satán. Y esa obra preciosa es la que ha quedado restaurada por el amor de Cristo, por la fuerza de Cristo.

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