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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo camina sobre el agua. ¿Por qué o para qué? La respuesta te va a fascinar.
Homilía ao19008a, predicada en 20170813, con 19 min. y 9 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, hay milagros de Cristo que responden a una necesidad clara de las personas que se le acercan, por ejemplo, enfermos, leprosos, paralíticos, ciegos. Podemos decir que esos milagros encuentran una explicación en la inmensa compasión del corazón de Cristo ante la necesidad evidente de una persona que padece sordera, lepra o cualquier otra clase de carencia o de dolencia. El amor de Cristo se muestra, y se muestra con abundancia en un torrente de milagros. Así, por ejemplo, nos dice el Evangelio en algún lugar que una cierta tarde toda una población y la población era Cafarnaún, estaba a las puertas de la casa donde estaba Cristo, es decir, una gran multitud, y luego dice el evangelista: "Todos fueron curados". Esa clase de milagros la entendemos como una muestra de ese amor y de esa compasión. Hay otros milagros, en cambio, como es el caso del evangelio de hoy, en que no parece tan clara la intención. Evidentemente, estamos ante un hecho milagroso Cristo que camina sobre el agua. Pero no es tan fácil entender cuál es el propósito de este milagro. Uno supone que debe haber un propósito, porque Cristo no hace las cosas simplemente por mostrarse o como decimos, por lucirse. Debe haber algún propósito, pero no es tan fácil. No es tan evidente como en el caso de los milagros de curación. Una clave importante, sin embargo, la tenemos en el versículo final del pasaje que fue leído. Es decir, el versículo número 33 de este capítulo 14 de San Mateo. Nos damos cuenta que a raíz de este milagro, la fe de los discípulos alcanzó una nueva intensidad y profundidad. Viendo lo que había hecho Cristo al caminar sobre el agua y al pacificar el viento, los discípulos nos dice el texto que fue leído Se postraron ante Jesús y decían Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios. Es decir, que este milagro sirvió para profundizar la fe de los discípulos. Sirvió para que ellos entendieran que realmente en Cristo había alguien absolutamente superior a todas las fuerzas de la naturaleza. Efectivamente, si nos acercamos a la Biblia nos damos cuenta que el dominio sobre las aguas es algo completamente privativo de Dios. Solo Dios tiene poder sobre las aguas. Así aparece desde el capítulo primero del libro del Génesis al describir con ese hermoso lenguaje simbólico la creación. El libro del Génesis nos dice que Dios separó las aguas superiores de las aguas inferiores y luego nos dice que estableció la tierra firme. Es Dios el que tiene dominio sobre las aguas. También en el capítulo 28 del libro de Job encontramos una descripción del señorío de Dios sobre las aguas que se repite en el mismo libro de Job en el capítulo 38, donde Dios le habla a Job y le dice: "Quién le puso un límite a las aguas, diciendo: aquí se romperá la arrogancia de tus olas". De manera que el agua, en su doble naturaleza de dar vida y de quitar vida, es una criatura que impacta, que impresiona al pueblo hebreo desde siempre. Pero una criatura que, como toda criatura, finalmente tiene que obedecer al único Creador que es Dios. Esto significa que el señorío sobre las aguas, el poder sobre las aguas, es algo que manifiesta la presencia y la acción de Dios. Si hubiera que recordar otro pasaje, pues recordemos dos: Uno que tiene que ver con la salida de Egipto y otro que tiene que ver con la entrada a la tierra prometida, porque en ambas ocasiones el agua tiene que obedecer al mandato divino a través de dos grandes líderes al salir de Egipto. El caudillo que va guiando al pueblo se llama Moisés, y al entrar a la tierra prometida, quien va llevando al pueblo, quien lo educa y lo introduce en la tierra que había sido prometida, es un hombre llamado Josué, que fue educado de un modo particular por su cercanía con el mismo Moisés. Cuando salieron de Egipto. Hubo un momento que fue absolutamente desesperado porque se encontraron con el Mar Rojo, iban los hebreos y llegaron hasta el Mar Rojo, y en ese momento se dan cuenta de que las tropas del faraón los están persiguiendo y se ven así, en máxima angustia, delante las aguas y detrás el Faraón. A medida que la distancia se va acortando y a medida que la presión va creciendo, los hebreos sienten morirse de terror porque saben que el faraón será implacable contra ellos. En ese momento tienen el estatuto de esclavos fugitivos y saben que serán durisimamente castigados, si no muertos por el Faraón. Así las cosas, Dios le da un mandato a Moisés, le dice: "Toma tu cayado. . . Y ese cayado con el que ya ha hecho otras señales. . . .te va a servir para golpear. . . Oiga esa expresión. . . .para golpear las aguas". Moisés golpea las aguas del Mar Rojo y las aguas se separan obedeciendo al mandato de Dios. El cayado de pastor de Moisés se convierte en bastón de mando y en expresión del cetro que tiene Dios como único Creador. Las aguas se separan y se hace un camino. Ahí está el primer milagro. Los israelitas atraviesan ese camino. Y cuando los egipcios en su furia se van detrás de los hebreos y entran en ese mismo espacio creado por Dios. Resulta que el espacio que Dios creó entre las aguas es salvación para los hebreos, pero va a ser la muerte de aquellos egipcios, porque una vez que entran en ese espacio sagrado, las ruedas de sus carros avanzan demasiado pesadamente. Cuando intentan huir, ya no lo logran. Y entonces las aguas, obedeciendo una vez más al mandato de Dios a través de Moisés, vuelven a su curso. De modo que las mismas aguas son la salvación de los hebreos y la ruina de los egipcios. ¿Quién lo hizo posible? ¡Dios! Y ¿Cómo lo hizo? A través de Moisés, con ese bastón de mando, con ese cetro real que viene a ser el cayado de Moisés. Milagro parecido encontramos cuando los hebreos van a entrar en la tierra prometida, haciendo un rodeo que no es necesario explicar. En este momento las cosas se plantean de tal manera que cuando ellos van a entrar en la tierra prometida, tienen que atravesar otras aguas. Esta vez las aguas del río Jordán. El que guía al pueblo en esa circunstancia es un hombre llamado Josué, como ya se dijo. Y Josué da instrucciones que son todavía más precisas y no menos preciosas que las que recibió Moisés. Esta vez no se utiliza el cayado. Esta vez es el Arca de la Alianza la que hace que las aguas huyan. Efectivamente, guiado por la voz de Dios, Josué da las siguientes instrucciones: -Los que tienen que ir delante serán los sacerdotes que llevan un objeto máximamente precioso para los hebreos; el Arca de la Alianza.- Y cuando los sacerdotes con el Arca cargada tocan las aguas del Jordán, las aguas se retiran. Por eso hay un salmo que dice: "¿Qué te pasa, mar, que huyes, y tú, Jordán que te echas atrás?" Cómo quien dice, ante la llegada del arca de Dios, el agua se retira. ¡Es la grandeza de Dios, la grandeza de Dios! Las aguas se retiran y entonces los sacerdotes, llevando el Arca Divina, van atravesando el río Jordán. Las aguas se mantienen a distancia como en respetuosa veneración al Dios que es todopoderoso, el único que tiene poder sobre las aguas. Pero los sacerdotes no cruzan, los sacerdotes se quedan en la mitad del río, del cauce del río y las aguas quedan retenidas a distancia, y los sacerdotes se quedan ahí quietos. Y mientras ellos están ahí, el resto del pueblo va pasando por los lados. Y cuando termina de pasar todo el pueblo, entonces sí, los sacerdotes se mueven, llegan a la otra orilla. Y en cuanto los sacerdotes llevando el arca divina, tocan la otra orilla, saliendo así del cauce del Jordán, las aguas respetuosa y obedientemente vuelven a su curso. Ésa es la señal de lo que significa el agua en la Biblia. Esa es la señal. -Sólo Dios tiene poder sobre las aguas.- Por eso también hay otro salmo que dice: "La voz del Señor sobre las aguas, El Dios de la gloria hace oír su trueno, El Señor sobre las aguas torrenciales". Sólo Dios está por encima de las aguas torrenciales. Por eso también en el momento del diluvio, Dios utiliza el agua como castigo. Y si recuerdas y lees con atención el texto del Génesis, te das cuenta que no fue únicamente que llovía muchísimo. No era simplemente un fenómeno prolongado de la niña. ¡No! No era que llovía y llovía. Es que dice la Biblia también de los manantiales salía agua con abundancia, es decir, agua arriba y agua abajo y va como sepultando, se va como cerrándose el espacio de la creación. El agua es instrumento poderoso de Dios y el agua solo obedece a Dios. Si hubiera que recordar un último texto, permítanme que les recuerde el capítulo primero del libro del Apocalipsis. El visionario del Apocalipsis, el que tuvo la visión, es un hombre llamado Juan. Muchos han identificado a ese Juan con Juan el apóstol. Otros dicen que no fue Juan. El apóstol no es lo más importante. Sabemos que se llamaba Juan y en el capítulo primero este Juan tiene una visión que le muestra a Cristo resucitado. Es una visión impresionante que yo no voy a resumir aquí, porque usted la tiene en la Biblia y usted desde hoy es un ávido lector de la Biblia, entonces no se la tengo que leer. El capítulo primero del Apocalipsis nos muestra esa visión Cristo resucitado y glorioso se aparece a este Juan; con unas características que son francamente impactantes, pero solo destaco una cosa. Dice el libro del Apocalipsis: "Y su voz era como voz de muchas aguas" -Cómo voz de muchas aguas.- Si usted ha tenido esa experiencia, que seguro que sí, de estar cerca de una caída de agua, una catarata, incluso si es pequeña, usted se habrá dado cuenta que es muy difícil escuchar a una persona cuando está cerca de usted, aunque esté cerca de usted. Si usted le habla al lado de una catarata, porque una de las características del agua que cae y golpea es que produce un espectro de sonido que cubre completamente la frecuencia de la voz humana. Por eso, frente al torrente de las aguas es casi imposible entenderse. De aquí la grandeza de la descripción de aquel salmo que ya cité, que me parece que es el Salmo 28. "La voz del Señor sobre las aguas. . . " El único que se impone por encima del agua, de ese torrente que cubre todo el espectro de frecuencias del sonido. La única voz que se impone es la voz del Señor. Y nos dice el Apocalipsis que -La voz del Cristo resucitado era como voz de catarata,- es decir, voz que se impone por encima de todas las otras voces. Esto, mis hermanos, es una muestra de lo que significa el agua en la Biblia, y esto es una muestra de lo que significa que sólo Dios es Señor del agua. Por supuesto, todo esto nos ayuda a entender el impacto que tiene en los apóstoles ver que alguien camine sobre el agua ¡Sobre el agua! Lo maravilloso no es que el cuerpo de Cristo se haya vuelto liviano, tan liviano que pueda sostenerse sobre el agua. Si necesitaras una prueba, acuérdate que estaba soplando un viento intensísimo, tan intenso que lograba frenar la barca de los apóstoles. Cristo no se vuelve; el milagro no consiste en que el cuerpo de Cristo se vuelva liviano, porque si se hubiera vuelto liviano, perdón, por lo que estoy diciendo, pero sería como un objeto que se lleva el viento. El milagro no fue que el cuerpo de Cristo se volviera tan liviano que el agua pudiera soportarlo. El milagro de Cristo es que la presencia del Señor fortalece, es decir, obliga a que tenga fuerza esa agua que de suyo no la tiene. Cristo domina sobre esa agua y la hace sólida, porque Él solamente Él tiene ese poder. De hecho, este pasaje no es otra cosa sino una "Teofanía". Es una manifestación de la gloria de Dios. Es decir, el único que hace esto es, ¡Dios! Y este es un pasaje que proclama la divinidad de Jesucristo, y eso es lo que significa, "Verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios", que es la frase con la que se cierra el pasaje de hoy. Nosotros empezamos esta homilía con una pregunta: ¿Por qué hizo Cristo este milagro que no responde a una necesidad evidente de nadie? Pues si hay una necesidad más necesario que ser curados de ceguera física, más necesario que ser curados de sordera física, más necesario que ser curados de lepra física, más necesario que todo lo que necesite nuestro cuerpo. No hay necesidad más grande que una fe, una fe viva, una fe sólida. Y eso es lo que Cristo les concede a los apóstoles a través de esto. Y es una gran enseñanza para nosotros. Lo que tú más necesitas, tú tienes muchas necesidades y yo también. Seguramente tenemos necesidades de salud, necesidades de afecto, necesidades familiares, necesidades de toda clase, necesidades económicas. Todos tenemos necesidades, pero no se nos olvide que no hay necesidad más grande que tener una fe viva. Nada es más necesario, porque cualquier otra necesidad que tú tengas, incluso si es satisfecha, llegado el umbral de la muerte, ya no tiene importancia. El día que te estés muriendo, los autos que estén parqueados, que estén estacionados cerca de tu casa o que sean tuyos, no importan; qué auto esté estacionado en el garaje de tu casa el día que tú te mueras, ¿Eso importará? Eso no importará en absoluto. Cuál es la cifra, que te reporta el banco en Panamá o en el exterior diciendo. . . -Este es su saldo.- Imagínate una persona a dos minutos de morirse y que le digan, ahora su saldo es este; -Gracias, Gracias.- Eso muy poco importa. Tal vez un poco para decir, bueno, esto le quedará a mis hijos o le quedará a alguien. O sea, ya tienen materia para que peleen por algo. Ya por lo menos pueden pelear por eso. Ahí le dejo esos impuestos al gobierno para que siga haciendo de las suyas. Ahí le queda ese dinero. ¿Qué será importante el día que te estés muriendo? Hay una cosa que será muy importante, la fe. La fe es importante toda la vida y la fe es lo más importante a la hora de la muerte. Ese poder decir a la hora de la muerte Jesús, ¡Creo en ti! ¡Pongo mi confianza en ti! ¡¡Jesús, yo confío en ti!! Eso es lo más importante y eso es lo que Cristo está concediendo aquí a los apóstoles y les concede ese regalo de fe en un momento que es particularmente dramático, porque es de noche, porque están solos, porque están rodeados de agua, porque no hay camino de auxilio. En esas circunstancias, que son como las cañadas oscuras del salmo del Buen Pastor. En esas circunstancias, Cristo les dice: "Ánimo, soy yo, no tengan miedo". Y así les concede, les afianza, les aumenta el don de la fe. Hermanos, sigamos esta celebración. Pidamos a Cristo Jesús que también a nosotros nos dé esa fe, para que aún en las circunstancias en las que podemos llegar a encontrarnos circunstancias de gran soledad, circunstancias de noche cerrada, circunstancias de viento contrario, circunstancias de miedo, circunstancias de no ver por dónde vendrá el auxilio. Aún en esas circunstancias nosotros tengamos la capacidad de decir creo en ti, Señor. Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios. Amén.

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