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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Ante lo inesperado refugiate y confía plenamente en el Señor y ante una tentación que tiene fuerza no te separes de Él, no dejes que el miedo entre a tu vida.
Homilía ao19007a, predicada en 20170813, con 7 min. y 51 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! El Evangelio de hoy está tomado del capítulo número 14 de San Mateo. Es un pasaje bastante conocido. Nos presenta a nuestro Señor Jesucristo caminando sobre el agua. Los discípulos se asustan. Cristo los invita a tener confianza. -Ánimo, soy yo,- les dice, no teman. -Y entonces Pedro, que tantas veces toma la iniciativa en los evangelios, le dice a Cristo,- Si eres tú, haz que yo camine sobre el agua". Y entonces Cristo invita a Pedro. Pedro empieza a caminar, se asusta frente al viento, se hunde y le pide nueva ayuda a Jesucristo, que entonces lo reprende diciéndole: "¿Por qué has dudado?" Este es el resumen del texto que tenemos para este domingo. ¿Qué quiero destacar yo en este texto? Que hay dos momentos en que los discípulos y concretamente Pedro, sienten miedo, dos momentos diferentes. Un primer momento es cuando se enfrentan a lo desconocido, a lo absolutamente inédito, inusual. Se enfrentan a lo que ellos consideran que es como un fantasma, alguien que camine sobre el agua. Eso nunca lo habían visto. Es algo absolutamente desconocido y produce miedo. El segundo miedo que tiene Pedro es en el momento en el que siente la fuerza del viento. El viento sí es algo que él conocía y Cristo es alguien a quien él conocía. Pero Pedro, sin embargo, siente miedo, por segunda vez, y en este caso se empieza a hundir. Le pide ayuda a Cristo y Cristo lo reprende. O sea que tenemos como dos momentos de miedo, uno que podemos llamar el miedo frente a lo desconocido, como es un fantasma, que era lo que ellos pensaban o temían. Y el otro es el miedo frente a lo conocido, porque Pedro conocía el agua, Pedro conocía el viento y sobre todo Pedro conocía a Jesús. De manera que hay un miedo que se sitúa ante lo desconocido. Y hay otro miedo que sucede incluso dentro de lo que uno ya conoce. Son dos miedos distintos. Esto es lo que quiero subrayar. Una cosa es el miedo frente a lo que uno no conoce y otra cosa es el miedo dentro de lo que uno ya conoce. Y por eso la reacción de Cristo es tan diferente. Observa, cómo ante el primer miedo, la respuesta de Cristo es condescendiente y es de dar ánimo. "Ánimo, soy yo, No tengan miedo". Frente a ese primer miedo, el miedo de lo desconocido. Cristo es conciliador, condescendiente y lo que quiere es darles ánimo. En cambio, con respecto al segundo miedo, el miedo que acontece dentro de lo que ya Pedro conoce, las palabras de Cristo son más bien de reprensión, son de exhortación, son palabras fuertes. ¿Por qué dudaste? ¡Hombre de poca fe! ¿Cómo podemos aplicar esta historia de los dos miedos, a nosotros? Porque es importante saber que los dos miedos, los dos tipos de miedo, también nos llegan a nosotros. Por ejemplo, frente al miedo de la muerte o a una enfermedad grave, o frente a un peligro que es completamente nuevo, ahí está y ahí estará Cristo. Nosotros no debemos en esas circunstancias tratar de hacernos los fuertes, sabiendo que el único fuerte, el único que conoce nuestras entradas y salidas, el único que puede dirigir nuestros caminos, es el Señor. De modo que ante la muerte, ante lo inesperado, ante lo que nos sobrepasa completamente, nuestra actitud debe ser como la de quien se refugia completamente en el Señor, al estilo de lo que dice el Salmo del Buen Pastor. -Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.- Es decir, yo me refugio a la vera del Buen Pastor. Yo me escondo en el corazón de Jesucristo. Yo deposito toda mi confianza en Él y sé que no quedaré defraudado. Esa clase de miedos nos llegan. Pero hay otros miedos que son miedos que acontecen dentro de lo que uno sí conoce. Es decir, ese otro tipo de miedo es el miedo, que en realidad proviene de haberle retirado nuestra confianza al Señor. Pensemos en el caso de una persona que está tratando de salir de un vicio. Por dar un ejemplo, una persona que ha pasado por años enteros de dependencia del alcohol y de repente llega un fin de semana, un viernes por la tarde y se encuentra con una llamada telefónica, un mensaje de WhatsApp de uno de sus compañeros de trago. Y entonces la persona entra como en una especie de inseguridad. ¿Y ahora qué hago? ¿Y ahora qué hago? ¿Y ahora qué hago? Esa inseguridad, ese temor de caer, no es inocente, porque ese temor de caer proviene de haberle retirado la confianza al único que puede darnos fuerza. Cuando nosotros nos debilitamos porque nos apartamos del que nos hace fuerte, no somos inocentes. El miedo que sentimos cuando experimentamos la fuerza, por ejemplo, de una tentación. Ese miedo probablemente es un miedo que incluye una cierta culpa de parte nuestra, porque nos estamos apartando de Aquel que es nuestra fuerza. Entonces, fíjate cómo hay dos estrategias distintas aquí, frente a lo que es completamente desconocido, como es el hecho de la muerte. Tenemos que ser corderos pequeños, ovejas indefensas que se pegan al pastor y sabemos que solamente en Él está nuestra esperanza y Él nos dará palabras de consuelo. Es lo que dice San Pablo. "Él nos da su consuelo" y con la fuerza de su consuelo podemos consolar a otros. Segundo: Si estamos ya rescatados, y si vamos caminando en la senda del Señor, entonces cuidado con apartar nuestra confianza de Él. Cuidado con olvidar lo que ya ha hecho por nosotros. Cuidado con dejar nuestras prácticas de fe y de oración, porque entonces con ese otro tipo de miedo podemos hundirnos, como le pasó a Pedro. Así que hay que aprender estas dos estrategias. Cuando somos pequeños nos refugiamos en el Señor. Cuando estamos ante una tentación que ya sabemos que tiene fuerza, la estrategia es no separarse de Él y no dejar que entre miedo en nuestro pecho.

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