Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo es santo y salvador: es el que se sostiene por encima del caos y ayuda a otros a salir.

Homilía ao19005a, predicada en 20140810, con 4 min. y 29 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

El Evangelio del día de hoy, tomado del capítulo 14 de San Mateo, nos recuerda dos milagros de nuestro Señor Jesucristo. Primero, el hecho de que Él camina sobre el agua. Segundo, Él es capaz de salvar, de levantar a los que se hunden en las aguas. Estos dos hechos prodigiosos tienen una aplicación directa en nuestra vida. Cristo camina sobre el agua en el sentido de que la pureza y santidad de su vida lo sostienen por encima del caos, de la fragilidad y la inestabilidad de las cosas de esta tierra. Podemos decir que su caminar sobre el agua es una señal de su propia santidad. Él es el Santo. Por otro lado, Cristo es aquel que rescata a los que se hunden. Y esto nos habla de su magnífica caridad. Nos habla de su misericordia.

Nos dice también que Él es el Redentor. Él es el Salvador. Así encontramos en Cristo Aquel que es santo y por eso camina sobre el agua. Pero también es Salvador, y por eso rescata a los que se hunden. Es importante tener estas dos dimensiones: La perfección de Cristo y la misericordia de Cristo. La carta a los Hebreos en algún lugar tiene un mensaje semejante cuando nos habla, por ejemplo, del sacerdocio de Cristo y nos dice, tal era el sacerdote que nos convenía, santo, inmaculado, separado del número de los pecadores. Pero también dice que este sacerdote es compasivo porque está rodeado de fragilidad, está rodeado de debilidad, conoce el barro del que estamos hechos.

Este es el doble aspecto de Cristo. Al mismo tiempo, tan santo y tan cercano. Hay personas que consideran que su perfección espiritual tiene que ponerlos muy lejos, muy, muy lejos de los miserables y sucios pecadores. Hay otras personas, en cambio, que consideran que para que la Iglesia pueda realizar su labor de evangelización, tiene que untarse de mundo, tiene que mundanizarse. Entonces tenemos el caso de sacerdotes que por su manera de expresarse, incluso a veces vulgar, inapropiada, de su estado de consagración, supuestamente se están acercando a la gente. Cristo viene a contradecir estas dos ideas. La santidad no consiste en apartarse, pero la redención tampoco consiste en pecar.

La santidad viene a hundirnos en el misterio del amor de Dios. Y en ese mismo amor está la respuesta que hemos de dar. Está el camino que hemos de encontrar para ser útiles verdaderamente a nuestros hermanos. Por supuesto, lo que he dicho de los sacerdotes vale para todo cristiano. Se espera de nosotros, de todos, en cuanto somos miembros del cuerpo de Cristo, que participemos de la santidad que le es propia, pero que jamás olvidemos la misericordia que Él ha venido a hacer realidad en nuestras vidas. Queremos una Iglesia que sea santa y que sea compasiva. No podemos sacrificar ninguna de las dos dimensiones.

Si la misericordia significa compromiso con el pecado, significa bajar los estándares morales, significa ceder ante la mediocridad humana, no es verdadera misericordia. Si la santidad significa aislamiento, desprecio, elitismo, no es verdadera santidad. Solo en Cristo está el verdadero balance, y Él, y sólo Él es referencia para el cristiano.

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