Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo vive el duelo de la muerte de Juan en una noche de intensa oración. Fortalecido y con una convicción ardiente, reclama ahora de sus discípulos una fe que permita caminar sobre el agua.

Homilía ao19004a, predicada en 20110807, con 4 min. y 39 seg.

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Transcripción:

¡Muy feliz domingo para todos!

Este es el día del Señor. Este es el día para alimentarnos con más alegría que nunca, con más gozo que nunca, de su Palabra y de su cuerpo y de su sangre. El domingo, el día de la asamblea. El día para reunirnos. El día para recordar que somos familia y que nuestro hermano mayor nos ha marcado un camino y nos alimenta con su palabra y con su cuerpo y con su sangre. Este domingo pertenece a lo que llamamos el ciclo A. Recordemos que las lecturas dominicales tienen ciclos. Por ejemplo, el año 2011 escuchamos a San Mateo, el 2012 escuchamos a San Marcos, el 2013 escuchamos a San Lucas, el 2014 volvemos a San Mateo y así sucesivamente.

Ese ciclo de los domingos es un ciclo que va cada tres años y San Mateo corresponde al ciclo A, que es en el que nos encontramos. Y luego viene Marcos, el ciclo B y luego San Lucas, el ciclo C. Como estamos en el Evangelio de Mateo, lo que hacemos fundamentalmente es tomar pasajes escogidos de este Evangelio para que Mateo nos cuente cómo ve a Jesús. Porque en el fondo, cada uno de estos evangelistas es un testigo del misterio de Cristo. Es alguien que nos da un enfoque particular que nos muestra de un modo singular quién es Jesús. Y a través de estos testimonios tan venerables, nosotros como Iglesia podemos contemplar de una manera creyente, amorosa y, por qué no decirlo, familiar, a nuestro hermano mayor, a nuestro querido Jesús.

Ahora, por ejemplo, estamos en el capítulo 14 de San Mateo. Se trata de esa escena tan hermosa y tan impactante cuando Cristo de madrugada camina sobre las aguas y va buscando la barca de los discípulos. Pero ¿Qué fue lo que sucedió antes? Pues antes fue la multiplicación de los panes. Si nosotros nos devolvemos un poco en el texto vemos cuál es el proceso que ha vivido Jesús. Todo empieza cuando se le anuncia la muerte de Juan el Bautista. Y entonces Jesús quiere retirarse, quiere irse a un lugar retirado, seguramente para orar.

Seguramente para hacer memoria de este gran profeta, quizás para sacar también algunas enseñanzas que queden bien grabadas en el corazón de los discípulos. Pero cuando desembarcan en ese lugar que él esperaba solitario, ya la gente ha llegado. Y entonces Jesús con misericordia se pone a enseñarles y después multiplica los panes y después despide a los discípulos y despide a la gente y se queda solo en esa intimidad de oración con el Padre. Podemos decir que está asumiendo esta realidad. La realidad de la muerte de Juan. No pensemos en Jesucristo como un ser insensible. Es todo lo contrario.

Y desde esa realidad de la muerte de Juan, Cristo toma su propia misión con un nuevo ardor, con un nuevo amor. Y es entonces cuando se acerca a los discípulos en esta nueva fuerza, en este nuevo poder, pero también en esta convicción radical de cuál será su destino. Y por eso, más unido que nunca al Padre, llama a sus discípulos a través del testimonio de su propia entrega, para que también ellos no tengan reservas en darse a Dios. Y por eso lo que reclama es una fe total, una fe que permita avanzar incluso sobre las dificultades, caminar incluso sobre el agua. Esa es la fe que necesitamos. Esa es la fe que tiene victoria.

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