Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo quiere llevarnos a reconocer nuestros límites para que, después de descubrir lo que es imposible para nosotros, experimentemos que con Él todo es posible.

Homilía ao18011a, predicada en 20260802, con 12 min. y 9 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

El cuadro que tengo a mis espaldas representa el milagro del que nos habla el evangelio de este domingo, el milagro de la multiplicación de los panes. Voy a moverme un poco para que ustedes aprecien más claramente ese cuadro. Un cuadro antiguo que representa, como he dicho, la multiplicación de los panes. Podemos ver en esta imagen, cómo Cristo multiplica esos panes y se los va dando a los discípulos, y los discípulos se los dan, esos panes, a la gente. Eso es lo que cuenta exactamente el Evangelio de hoy. Cuenta que Cristo multiplicó los panes, se los dio a los discípulos y ellos los pasaron a los demás. Es posible que ustedes alcancen a notar que hay una figura pequeña aquí, que representa a un muchacho, espero que se alcance a distinguir, ese muchacho fue el que aportó los panes y los peces.

Durante siglos, lo que entendió la Iglesia y lo que predicó la Iglesia es exactamente lo que llamamos multiplicación de los panes. Cristo tomó una cantidad y la multiplicó, Cristo hizo posible que llegara alimento a muchísima gente porque multiplicó ese alimento. Pero en el siglo XX empezó a difundirse una idea, y es, que no había habido tal multiplicación, sino que Cristo había dado un ejemplo que se fue luego propagando y que el verdadero mensaje del milagro sería el compartir.

Esta teoría, esta manera de mirar el texto, disminuye el milagro, de hecho, elimina el milagro y lo que hace es convertir la escena en una especie de ejemplo moral. Es decir, nos da una lección sobre cómo debemos obrar. Cristo claramente quiso enseñarnos muchas veces cómo debemos obrar, Cristo quiso enseñarnos cómo debemos ser generosos; o sea que esto no parece tan descabellado. Claramente, no es descabellado, que nosotros aprendamos a compartir nuestros bienes no es descabellado.

La pregunta que tenemos que hacernos es si ese, es el sentido de lo que nos cuenta el evangelista Mateo en el capítulo 14. Si, esa es la manera correcta de interpretar el texto. Sobre todo porque esta enseñanza que elimina el milagro y lo cambia por un compartir humano, pues la hemos escuchado por lo menos ya de dos papas y de muchos obispos y de muchos sacerdotes; y para serles franco, yo siento un poquito de tristeza mientras digo estas palabras, porque pienso que quizás algunos de ustedes o muchos de ustedes se van a encontrar en sus propias parroquias con que el sacerdote o el diácono, que predica en la misa les va a decir lo mismo. Que la esencia de esta escena no es la multiplicación, sino que la esencia de esta escena es el compartir.

Y repito, no es que esté mal compartir, y no es que esté mal enseñar el compartir, pero nosotros tenemos que preguntarnos muy seriamente, si eso era lo que quería decirnos Mateo en este capítulo 14. Y las señales que tenemos no son, no son ciertamente en esa dirección. Repito, perdón, que estoy repitiendo mucho. Sí es bueno compartir, pero esa no es la enseñanza de este pasaje.

La enseñanza de este pasaje es otra y tenemos que centrarnos en lo que nos dice el texto bíblico, no en lo que nosotros quisiéramos que el texto dijera; tal vez porque queremos promover solidaridad o queremos promover compasión o cosas parecidas. Centrémonos en lo que nos dice la palabra, seamos fieles a la palabra, y la palabra es bastante clara.

Este milagro, por ejemplo, aparece en los cuatro evangelios. Es prácticamente el único milagro que con tanto detalle se cuenta en los cuatro evangelios. Y nos dice el evangelista Juan que la gente ya llevaba varios días con Cristo, varios días llevaban con Cristo. Entonces, la idea de que cada persona tenía provisiones, empieza a parecer ridícula, porque si llevaban varios días con Cristo, entonces ¿qué? la gente cuánto alimento se supone que llevaba ¿para tres días, para cinco días, para una semana? Eso tenemos que preguntarlo. Los discípulos le dicen a Cristo en el pasaje de Mateo, el que se lee en la misa del domingo, los discípulos le dicen a Cristo: -despídelos para que vayan a las aldeas y se compren cosas- ¿Entonces los discípulos era que no conocían a la gente, es que no veían con quiénes estaban? ¿Es que no se daban cuenta de que la gente tenía alimento? Porque ellos dicen: -que vayan y que compren-. Sí, están diciéndole a Cristo que vayan y que compren, pues eso está indicando que ellos sabían: La gente no tiene alimento.

El tercer argumento que va en contra de esa interpretación tan, tan triste y tan limitada del milagro; el tercer argumento es este: En otro pasaje del Evangelio, Cristo les recuerda a los discípulos dos multiplicaciones, esta, la que se cuenta en el capítulo 14 de San Mateo, y luego otra en la que repartió panes para cerca de siete mil personas y recogieron siete canastos. En esta oportunidad recogieron doce canastos. Y ¿cuál es el verbo que se utiliza ahí? Cristo dice: "¿Se acuerdan cuando yo repartí panes para cinco mil personas?" Cristo no dice: ¿Se acuerdan cuando yo les enseñé a compartir a las cinco mil personas? Cristo no dice ¿Se acuerdan cuando yo le enseñé a compartir a siete mil personas? Cristo dice: "Cuando yo repartí" Yo, no Nelson, no Pedro, no Mateo, no Tomás, sino -Yo Cristo-, -Yo, Cristo, repartí-. O sea ¿ qué más claridad quieres? ¿Por qué esa insistencia en negarle el milagro a Cristo?

Pero repito, ya dos papas han dicho esto, amamos al Papa, oramos por el Papa, pero las cosas hay que decirlas. No va por ahí, no es simplemente un compartir. Bueno, entonces queda claro que hubo un milagro. Un milagro precioso, un milagro bellísimo. ¿Cuál es la enseñanza entonces, según San Mateo? Cuando los apóstoles le dicen a Cristo: -despide a la gente para que vayan a comprar-, Cristo responde: "No es necesario, denles ustedes de comer" . Claramente Cristo les está pidiendo un imposible, eran miles y miles de personas.

Al final se nos dice que eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. La razón, lo hemos explicado otras veces, por la que se dice que no hay que contar mujeres y niños, es porque el judío piensa en términos de familia y cuando se dice el número de varones prácticamente se está diciendo el número de familias.

Bueno, era imposible que los apóstoles o el círculo más cercano de discípulos, aunque lo amplíes un poco, tuviera alimento para todo ese montón de personas que podían ser de acuerdo con esos números, diez mil, quince mil o veinte mil personas, ellos no tenían alimento para eso. Cristo los envía a un imposible. Por ahí empieza la verdadera enseñanza, Cristo los envía a un imposible. Pero, si luego lo piensas, también cuando Cristo los envíe a evangelizar en el capítulo 28 de San Mateo, también los envía a un imposible. . .Vayan a todas las naciones.

Lo que tendrán que hacer los apóstoles cuando vayan a evangelizar según el mandato de Mateo 28, no es repartir pan material, es repartir la gran noticia, la maravillosa noticia del Evangelio. Y eso también es imposible. Parece que a Cristo le gusta pedir cosas imposibles, pues Cristo está pidiendo una especie de imposible. -Denles ustedes de comer-. También los apóstoles en algún momento, Capítulo 19 de San Mateo le dijeron: -Pero entonces, ¿quién puede salvarse, Señor?- Y Cristo les dice: "Es imposible, es imposible para el hombre" .

Hace unos meses, y esto me parte el alma, por allá salió un obispo europeo diciendo que a la gente no hay que pedirle cosas imposibles, pero el primero que pide cosas imposibles es Cristo. Cuando Cristo dice, -que es muy difícil que un rico se salve-, entonces los apóstoles le dicen: entonces, ¿quién puede salvarse? Y Cristo, muy sereno, les responde: -Es imposible, es imposible para los hombres-. Cristo claramente quiere llevarnos a que descubramos lo que es imposible. Cristo quiere que descubramos nuestro límite.

Así como los apóstoles, viendo esa multitud, tuvieron que decir: -Es imposible-. Luego el mismo Cristo multiplica los panes, y cuando Cristo multiplica los panes, se vuelve posible lo que antes era imposible. ¿Te estás acordando de San Pablo, cierto? -Todo lo puedo en Cristo que me fortalece-.

Es imposible para los hombres, pero Dios todo lo puede. Cristo quiere que descubramos nuestro límite y que descubramos lo que es imposible para nosotros. Y Cristo quiere que después de descubrir nuestro imposible, descubramos que con Él todo lo podemos. Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece. Por ahí, por ahí parece que va la enseñanza más profunda de la multiplicación de los panes.

Que la gloria sea para Cristo nuestro Señor y que dejemos de ser mezquinos tratando de quitarle a Cristo un milagro. Dejemos esa mezquindad. Grande es el Señor, Grande.

Pocas veces lo digo, pero hoy te lo voy a decir: -Si tú sabes, si tú sientes que este mensaje lo tiene que escuchar alguien que puede ser sacerdote u obispo, incluso, envíaselo, comparte este mensaje, créeme que hace falta compartirlo-.

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