Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En nuestras necesidades o en nuestras dificultades está el camino para experimentar un Dios abundante en su amor.

Homilía ao18010a, predicada en 20200802, con 29 min. y 0 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos podemos decir que es un pequeño desafío, pero muy interesante buscar un hilo que conecte las tres lecturas de hoy. La primera fue tomada del capítulo número 55 del profeta Isaías. La segunda fue tomada del capítulo octavo de la Carta a los Romanos y el Evangelio del capítulo 14 de San Mateo. Es más o menos sencillo ver la relación que hay entre la lectura de Isaías y el evangelio de Mateo. En la lectura de Isaías se habla de un banquete y una invitación a comer, una invitación que viene de parte de Dios. Se trata de comida abundante, de comida deliciosa y de alta calidad. Atención, atención a esas tres características, porque en ellas hay una señal que vamos a necesitar después en esta explicación.

Comida abundante, comida de calidad y comida deliciosa. Es decir, lo que usualmente espera uno si lo invitan a una cena, por ejemplo, elegante. Uno espera que la comida sea abundante y no escasa, que sea comida de calidad y no tan ordinaria, y que sea comida sabrosa, no insípida. Esa es la promesa que encontramos en ese capítulo 55 del profeta Isaías. Es fácil, repito, conectar esto con lo que sucede en el Evangelio, porque también ahí se habla de comida y también ahí se habla de cómo esa comida es muy abundante, No parece que sea de excesiva calidad. Podía ser comida deliciosa. Sí, ciertamente. Pero sobre todo lo que aparece, lo que tienen en común es que en ambos casos, en Isaías y en Mateo se habla de comida.

Comida para mucha gente, comida donde todos caben y comida que es abundante. O sea que la palabra abundante va ganando. El tema de la comida no aparece directamente en la lectura del apóstol San Pablo. Ya dijimos que era del capítulo octavo. Más bien, lo que aparece en el texto de San Pablo es una gran cantidad de problemas, una gran cantidad de situaciones que pueden amenazar al cristiano. Por eso dice ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? La aflicción, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada. Y luego dice: "En todo esto vencemos fácilmente por Aquél que nos ha amado". Vencemos fácilmente por aquél que nos ha amado. No solamente es una victoria sobre aquello que pretende avasallarnos, sino que es una victoria fácil.

Victoria fácil. "Estoy convencido de que. . . Y hace una lista: Ni la muerte, ni la vida, ni la altura, ni la profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. Como quien dice el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús es más grande, es más poderoso, es mayor que cualquier cosa que le pongas delante. el amor de Dios. Es más grande, es más fuerte que cualquier cosa que le pongas delante. Por eso vencemos fácilmente. Haz de cuenta que en una situación de combate, en una situación de guerra, tú te encuentras en un pequeño cuartel y llega un gran número de enemigos a atacar y por un momento tú te sientes desfallecer. Pero en ese momento llegan los refuerzos y los refuerzos son ejércitos y ejércitos y ejércitos que van a pelear a tu favor.

Y cuando tú sientes que hay toda esa fuerza que te está respaldando, entonces tú dices -Vencemos fácilmente.- Cuando llegó el adversario, el adversario se llama la persecución, el ridículo, el hambre, la desnudez, la escasez. Cuando todo eso llegó, yo me sentí como un poco empequeñecido. Pero ahora que veo los refuerzos que han llegado, entonces ya sé que vencemos fácilmente. Esos refuerzos. Entonces de ¿Qué me hablan? Me hablan de una ayuda. Una ¿Ayuda cómo? ¿Ayuda cómo? Ayuda abundante. Dios me da una ayuda abundante. Vencemos fácilmente, en el amor de Cristo. Hay ayuda abundante. Tenemos que vencer los obstáculos que se nos presentan en la vida. Los obstáculos nos acomplejan. Nos desconciertan, nos asustan. ¿Qué voy a hacer? Pero llega la ayuda abundante.

O sea que la palabra abundancia parece que es una palabra clave. Una palabra clave. Podríamos decir que la palabra abundancia es la palabra que conecta las tres lecturas del domingo Isaías 55, Romanos 8, Mateo 14, conectados por un hilo. Y ese hilo es la palabra abundancia. Y vamos a centrar nuestra atención en esa palabra porque Dios nos ha amado de una manera abundante. Permítanme que repita las palabras que nos da San Pablo, que ni criatura alguna podrá apartarnos de los refuerzos, ni criatura alguna. Textualmente no dice eso, ¿No? "Ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús". Esa es la abundancia.

¿Por qué hay un banquete de calidad y un banquete delicioso y un banquete abundante en el profeta Isaías? Porque Dios nos ama abundantemente. ¿Por qué Cristo sanó a los enfermos y multiplicó los panes? Porque Cristo ama abundantemente. Por cierto, fíjate lo absurdo de los que niegan la multiplicación de los panes y quieren cambiarla por un acto simple de solidaridad. Ay, por Dios, para aprender solidaridad no necesitábamos la encarnación del Hijo de Dios. Y yo me pregunto cuando oigo que gente, incluso en altas esferas de nuestra Iglesia Católica, niega el milagro de la multiplicación, yo digo ¿También le robarán a Cristo el milagro de haber curado enfermos? Porque el mismo pasaje dice: Primero curó enfermos, luego multiplicó panes. Si niegas la multiplicación, ¿También vas a negar la curación? Fíjate lo absurdo que es eso, por Dios.

Pero no nos detengamos ahí. Estas lecturas son demasiado bellas para dejar que nos indisponga la imprudencia y a veces la incredulidad de los que quieren robarle, quitarle a Cristo la gloria que le pertenece por tantos milagros que hizo. Bendito sea nuestro Señor. El gran mensaje que tienen estas lecturas es el mensaje de la abundancia que Dios nos ama abundantemente. Y ¿Por qué eso es tan necesario? Te lo voy a explicar, te lo voy a comentar. Yo no soy nadie para explicar, Te lo voy a comentar con tres ejemplos preciosos. Piensa, por ejemplo, en la persona que ha cometido un pecado. Ese soy yo, ese eres tú. Esos somos todos. Todos hemos cometido pecados, a veces pecados graves, a veces pecados vergonzosos. Muchos de nosotros, cuando recordamos cosas que hemos hecho, decimos. Pero ¿Yo qué estaba pensando? Pero yo. ¿Cómo pude decir eso? Pero yo. ¿Cómo pude hacer esto?

Bueno, pues ahora piensa que ese manchón, ese manchón en tu vida ahora tiene que soportar un tsunami de amor. Olas y olas y olas de amor de Dios. Lavan y lavan sin cesar. Eso que cayó en tu alma. ¿Qué quedará de esa gota que manchó tu alma, cuando océanos enteros. Océanos enteros del amor de Dios. Te lavan y te lavan? ¿Qué quedará de eso? Dios destruye. Dios destruye. No solo la culpa. Dios destruye la pena. Dios destruye las consecuencias del pecado. Nuestra Iglesia Católica cree tan firmemente esto que por eso tiene días en que se proclama indulgencia plenaria. Y te tengo una noticia preciosa. ¡¡Hoy!! 2 de agosto. Hoy 2 de agosto, existe algo precioso que San Francisco de Asís logró del Papa, una indulgencia plenaria para este día, ¿Qué es indulgencia plenaria? Tú imagínate que todos los océanos del mundo, eso es bastante agua, ¿No?

Tú imagínate que todos los océanos del mundo van a caer sobre esa mancha que lamentablemente tú tienes en tu corazón, porque tú y yo somos pecadores. Tú imagínate que haces pasar todos los océanos, toda el agua de todos los océanos que cae con fuerza sobre esa mancha. Dime qué queda. Esa es la fuerza, la fuerza del amor sobreabundante de Dios. Hoy hay indulgencia plenaria. Se llama el perdón de Asís, dos de agosto. Yo tengo que mencionarlo. Por eso hoy vamos a hacer una oración especial por el Papa. Hoy vamos a rezar el Credo por esa intención. Hoy vamos a prometer a Dios que a la mayor brevedad. Eso puede tardar todavía días o semanas. Pero la mayor brevedad. Vamos a hacer una muy buena confesión, porque esos son los requisitos para recibir la indulgencia plenaria del 2 de agosto. Eso se llama el perdón de Asís. Tú buscas en Internet, perdón, de Asís.

Es una súplica especial que San Francisco le hizo al Papa y que está vinculada con una Iglesia que es fundamental en la historia de los hermanos franciscanos, la Iglesia de la Porciúncula. Entonces el perdón de Asís. Hay que saber que eso existe y es el 2 de agosto y hoy es 2 de agosto. Océanos de amor que llegan sobre tu corazón y que lo lavan y lo limpian. ¿Por qué? Porque hay un amor sobreabundante. Créelo. Créelo. Cree en ese amor. Déjate lavar por ese amor. Déjate bendecir por ese amor.

Segundo: Ese era el primer ejemplo de lo que significa amor sobreabundante. Segundo ejemplo hay cosas que uno no entiende en la vida. A veces uno no entiende por qué le pasó una cosa. A veces uno no entiende por qué tiene una enfermedad. A veces uno no entiende. Hay enfermedades muy raras. Las enfermedades más raras las llaman enfermedades huérfanas. ¿Habías oído esa expresión? Llámanse enfermedades huérfanas a aquellas que son tan extrañas y que padece un número tan reducido de personas que prácticamente no tienen estudios. Llamémoslo así. Suficientemente comprensivos o completos sobre qué es lo que está sucediendo.

Algunas de esas enfermedades tienen impacto en el sistema inmunológico, en sistemas neurológicos, en cuestiones hormonales, en cuestiones metabólicas. Ya sabemos que el cuerpo humano es muy complicado. Entonces hay enfermedades que son muy raras, de esas enfermedades que le da a una persona en cien mil o en medio millón. Y claro, como es una población tan pequeña, esas enfermedades están poco estudiadas. Podríamos decir que han sido descuidadas. Por eso vendrá la expresión enfermedades huérfanas. Pues hay personas que padecen. Claro que sí. Hay personas que padecen enfermedades huérfanas y hay personas a las que les han sucedido cosas que dicen ¿Pero por qué me pasó a mí? O sea, yo ¿Por qué me gané esa rifa? Claro que uno siempre puede hacer la pregunta contraria y ¿Por qué no podía pasarme?

Es decir, si esto tan raro, negativo, si esto tan raro me sucedió a mí, a mí me parece extraño. Si le hubiera pasado al vecino o si le hubiera pasado al otro vecino o vecina. Yo seguramente no me extrañaría tanto. Entonces a uno la cabeza se le vuelve un lío cuando le suceden cosas que estadísticamente son muy poco probables y uno siente, no me gano una rifa de dinero y si me gané esta rifa de un accidente, de un problema, de un ataque? Cosas que le pasan a uno y uno no entiende y a veces uno tarda demasiado en entender y a veces pueden pasar años sin que uno comprenda. Pero sabes comprender. Yo sé que lo que voy a decir suena raro, pero ¿Sabes una cosa? Entender no es lo más importante, no es lo más importante y la manera más bonita de demostrar que entender no es lo más importante.

Te lo puedo decir con este ejemplo. Supongamos que lo que te ha sucedido no es negativo, sino positivo. Yo, por ejemplo, le he oído a mi papá, mi querido papá que vive en esta tierra. Dios lo bendiga. Le he oído varias veces a mi papá expresiones parecidas a esta. Dios metió su mano para que yo me conociera, me enamorara y finalmente me casara. De la mamá de ustedes. De mi mamá. Así nos habla mi papá. Es decir, si tú te pones a pensar. Ellos fueron un matrimonio muy bello. Mi mamá ya murió hace varios años. Ellos fueron un matrimonio muy bello y mi papá siempre sintió que se había encontrado con la persona exacta. Sintió que ella era la bendición preciosa que Dios podía darle. Yo no me acuerdo haber visto nunca a mi papá rompiéndose la cabeza y diciendo oiga, yo, ¿Por qué? ¿Yo, por qué me encontré con ella? ¿Por qué?

Y eso era estadísticamente muy poco probable, como te lo dirá cualquier matemático, la probabilidad de que dos personas que sean tan tremendamente compatibles se encuentren no es una probabilidad alta. Y la probabilidad de que dos personas específicas se encuentren es casi cero. No es cero, pero es casi cero. ¡¡Y sucedió!! Entre otras cosas, fruto de ese encuentro soy yo, claro. Y mis hermanos, nosotros somos fruto de ese encuentro. O sea que estadísticamente yo no tenía que existir eso. Eso es lo que dicen las matemáticas. ¿Y nosotros nos rompemos la cabeza diciendo por qué sucedió eso? Bueno, ¿Por qué? Pero ¿Por qué pasó eso? Bueno, pero ¿Por qué? ¿Por qué no pregunta por qué cuando nos suceden cosas buenas no nos parece tan urgente entender? En cambio, cuando nos suceden cosas malas y tal vez las malas son en términos de probabilidades semejantes o equivalentes a las cosas buenas, ¿Por qué cuando nos pasan cosas malas, si creemos que la vida o Dios tiene que explicarme por qué, Por qué pasó esto?

Entender es una manera de tratar de defenderse, tratar de equipararse cuando llegan cosas negativas. Pero la verdadera respuesta no está ahí. Tú nunca vas a entender el por qué de lo que es estadísticamente improbable. Y como lo han demostrado muchos matemáticos, Yo he visto un par de documentales no hace mucho sobre este tema. La inmensa mayoría de las cosas, sean negativas, neutras o positivas que te suceden, la inmensa mayoría de las cosas son extremada, extremadamente improbables. Pregunta: ¿Tú tienes que entender todo eso para poder seguir adelante en la vida?

¡No! De hecho, es imposible. No hay manera de llegar hasta las últimas causas moleculares, atómicas o cuánticas para poder decir por qué sucede cada acontecimiento, cada acontecimiento. Entonces, la gran solución no es entender. No, eso no es lo que tú más necesitas. Lo que tú necesitas es que desde la realidad que has vivido se abra un futuro a partir de lo que eres. Y ¿Quién es el que te da esa fuerza que te sostiene, te levanta? ¿Quién es el que te da esa fuerza, esa dirección y ese sentido a partir de lo que eres, con lo bueno y con lo malo que te ha sucedido? Y te repito, casi todo lo que te ha pasado en la vida es extremadamente improbable. Lo bueno, lo neutro y lo malo. No entender no es lo más importante. Nuestra época tiene sobredimensionado el entender.

Como decía un autor español, sufrimos de inflamación de la razón. Creemos que entender lo va a arreglar todo y la inmensa mayoría de los hechos que marcan nuestra vida son extremada, extremada, extremadamente improbables. Entender no es la gran defensa. Entonces, ¿Qué es lo que te puede servir? Ya sea frente a las cosas incomprensibles o las cosas dolorosas que estadísticamente eran poco probables, ¿Qué es lo que te puede ayudar? Lo que te puede ayudar es sentirte sostenido, levantado frente a un horizonte, frente a un futuro. Eso es lo que te da el amor sobreabundante de Dios. Dios no llega a tu vida con un libro gigantesco para decir Mira, te voy a explicar por qué el tetero que te tomaste hace cuarenta años sabía feo y después te voy a explicar por qué el bus que necesitabas llegó a tiempo y después Dios no llega con un libro así a darnos todas las explicaciones.

Dios llega con ese océano de amor sobreabundante que te levanta, que te da una esperanza y que te te da la certeza de que ahí donde estás y con las características que tienes, su amor te sostiene. Como dice una hermosa canción y lo repite. Tu amor me sostiene. Tu amor me sostiene. Lo que tú necesitas, lo que realmente necesitas, no es un Dios que llegue con una enciclopedia de explicaciones a decirte por qué se atravesó esa nube que impidió que el rayo ultravioleta cambiara la célula, que te hubiera podido dar un cáncer o al revés. ¿Por qué esa nube se quitó y llegó esa luz ultravioleta que te produjo un brote que luego degeneró en un cáncer? Dios no viene con un libraco gigantesco. Tendría que ser de tamaño cósmico para darte todas las explicaciones. Dios no viene con un catálogo gigante de explicaciones.

Dios viene con un océano infinito de amor y de luz para que te sientas sostenido, para que te sientas levantado, para que sientas que tu vida tiene propósito, tiene dirección, eso te lo da Dios. Y por eso sabemos que ese amor sobreabundante es importantísimo. Y mi último ejemplo. Y con esto terminamos mi último ejemplo tiene que ver con el gran enigma, el enigma de la muerte. ¿Quién de nosotros tendrá una respuesta sobre ese enigma? Ni siquiera si me preguntas a mí que alguna formación tengo en ciencia y matemáticas. Si me preguntas a mí; a mí, las que llaman experiencias de vida después de la vida y esas cosas no me convencen. Si quieres, llámame incrédulo. Si quieres llámame escéptico, pero te voy a decir por qué no creo. No creo en eso.

Porque uno de los problemas de esas experiencias es que precisamente suceden en condiciones en las que el cerebro está tan completamente bajo en oxígeno que su funcionamiento es completamente anormal también hay otras explicaciones. Ese no es el tema principal de hoy frente al enigma de la muerte, ni siquiera los libros que hablan de experiencias de vida después de la vida. A mí eso no me sirve ni me convence. Realmente cuando llegamos al umbral de la muerte, todos llegamos desnudos, fríos y asustados. Esa es la realidad de la vida. La muerte es algo demasiado serio. Y ni siquiera ese tipo de expresiones son suficientes, porque uno tiene una formación seria en ciencia y uno sabe que un cerebro en esas condiciones, con una sobrecarga de toxinas y particularmente de dióxido de carbono y con una falta de oxígeno en la hemoglobina, un cerebro así funciona de una manera bastante extraña que incluye la posibilidad de todo tipo de alucinaciones. Es así de sencillo.

Entonces, a mí no me vengan a decir que esas experiencias u otras parecidas, mucho menos la locura demoníaca del espiritismo, mucho menos a mí no me vengan a decir que eso convence de nada. La verdad es que uno llega al umbral de la muerte y uno llega desnudo, asustado y frío. ¿Pero qué es lo que necesitas en ese momento? ¿Necesitas fotos del más allá? Hay gente tan tierna o tan ingenua. Hay gente que dice Primera foto del alma humana. Una vez me mandaron un correo electrónico con eso. Dios mío. Yo decía. Pero. ¿Pero qué le pasa a nuestro pueblo católico? ¡Dios mío! Ni desde la ciencia, ni desde la filosofía, ni desde la teología, ni desde la Biblia. Eso no sirve para nada. Para nada. La gran certeza, mis hermanos, no proviene de fotos que tomaron, ni de fenómenos paranormales, ni mucho menos de espiritismo, ni tampoco de vida después de la vida.

Lo que a uno le sostiene cuando uno está desnudo, asustado y frío ante la muerte, lo único que le sostiene es esto que estamos hablando hoy. Hoy se podría llamar el Domingo del amor sobreabundante. Yo no sé lo que viene. Yo no sé. Pero tú estás conmigo, Señor. Yo no sé dónde me llevas. Yo no sé qué va a pasar, pero tú estás conmigo. Eso no es lo que hace. ¿No has visto un bebé asustado? ¿No has visto cómo el bebé abraza con más fuerza a la mamita o al papito cuando está asustado? ¿No has visto el niño que está por la calle y que oye un ruido y lo primero que hace es apegarse al cuerpo de la mamá o del papá? Eso es lo que tenemos que hacer nosotros y lo que nos está mostrando este domingo que se llama El Domingo del Amor Sobreabundante.

Lo que nos está mostrando este domingo ¿Qué es? Que nosotros tenemos ese papá, ese Dios de amor al cual nosotros nos aferramos y tendremos que aferrarnos con todo nuestro ser cuando llegue la hora de la muerte, para decirle solo tú, solo tú. No sé qué va a pasar, no sé qué va a pasar, solo sé que tú estás conmigo. Solo sé que tú eres Dios de amor. Solo sé que tú eres el Dios de la vida. Solo sé que tú eres el triunfador de la muerte. Por eso yo me apego a ti. Esos son los frutos, hermanos. Esos son los frutos del amor sobreabundante y esos son los frutos que nos trae este domingo. Eso es lo que nos enseñó Isaías capítulo 55, Romanos capítulo 8 y Mateo capítulo 14. Que hay amor sobreabundante y vamos a confiar en Él. Vamos a confiar en ese amor, en ese amor para perdón de nuestros pecados. En ese amor para no exigir explicaciones de todo.

Acuérdate, Dios no viene a ti con un libro pesadísimo a decirte, aquí están todas las explicaciones. No, no, no, ese no es Dios. En ese amor creemos en ese amor que nos sostiene incluso cuando llegue la hora de la muerte. Y por eso, hermanos, qué alegría celebrar la Eucaristía y saber que en la humildad de nuestro altar, en la humildad de este sencillo altar, ese amor, ese amor increíble, ese amor sobreabundante, se hace presente aquí, se hace presente aquí, y ese amor sobreabundante es el amor que va a bendecir todo tu ser, todo tu ser. Debo hacer un comentario. Sé que por estas circunstancias y no entremos aquí a hacer juicios de nadie, por lo menos no en este momento por favor.

Sé que no se puede la comunión sacramental para muchísimos. Yo lo sé. Pero quiero decirte algo si sin culpa tuya no puedes comulgar sacramentalmente. Y tú con fe y con amor, haces todo lo que puedes en tu comunión espiritual. Es doctrina común de la Iglesia, entre otros, por el Santo Doctor de la Iglesia Alfonso María de Ligorio, que celebrábamos ayer, que fue de los grandes predicadores de la comunión espiritual. Es doctrina común de la Iglesia Que si tú. Sin culpa tuya no puedes comulgar sacramentalmente, pero te unes con todo tu ser, con todo tu amor, te unes a la Santísima Eucaristía; Cristo no dejará de imprimir en ti el sello de su presencia. Óyeme bien, eso es amor sobreabundante.

Dios. Dios es tan grande que si sin culpa tuya no puedes recibir sacramentalmente a Cristo, pero tú haces tu comunión espiritual con todo el amor, Cristo no dejará, no dejará de entregarte el fruto, el fruto de su amor en tu corazón. Exactamente como si hubieras recibido la Santísima Eucaristía en el sacramento. Con esa esperanza, con esa convicción, con esa alegre certeza, continuamos nuestra celebración.

Amén.

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