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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios, sólo Dios que viene a nuestro encuentro en Cristo, es el único que puede saciar al corazón humano.
Homilía ao18008a, predicada en 20140803, con 4 min. y 19 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Me parece que el Evangelio de hoy tiene un verbo sobre el que se predica muy poco. El relato es el de la multiplicación de los panes que aparece en los cuatro evangelios y que hoy tomamos en la reseña que nos da San Mateo. El verbo al que quiero referirme es: saciarse. Nos dice San Mateo: Comieron y se saciaron, o con otra expresión comieron y quedaron satisfechos. Saciarse, es exactamente eso, quedar satisfecho. En realidad, esa palabra, satisfecho que viene del latín, ya tiene uno de los secretos de la predicación de hoy. Satisfecho, literalmente quiere decir completamente hecho, acabado. Podemos decir que cuando estamos satisfechos, tenemos una sensación de plenitud, una sensación de estar completos. Así como el hambre corresponde a una sensación de vacío, la satisfacción, el estar satisfecho, corresponde a una sensación de estar completo y de inmediato vemos la profundidad que tiene el texto de hoy. Cristo es el que nos trae la verdadera saciedad. El que sacia nuestros anhelos. El único que puede dejarnos verdaderamente satisfechos. Únicamente en Cristo se completan nuestros anhelos, únicamente en Cristo alcanzamos nuestra plenitud. Por eso es importante no quedarse únicamente con el hambre estomacal, cuando leemos el evangelio de hoy. Hay muchas clases de hambre en el ser humano y es importante saber que aquél que sacia los estómagos quiere también saciar nuestra mente con la verdad, saciar nuestro corazón con el amor, saciar nuestra vida con el significado, con el sentido, que solo Él puede darle. Y por eso han de considerarse bienaventurados aquellos que encuentran su saciedad, aquellos que encuentran su plenitud en la persona de Jesucristo, aquellos que se alimentan de Cristo y que en Cristo encuentran eso que realmente completa su vida, eso que realmente le da una plenitud y le da un sentido a su existencia. Necesitamos de Cristo en nuestra vida, necesitamos de Cristo en medio de nosotros; nuestros recursos son insuficientes, nuestros recursos son como esos pocos panes y esos pocos peces, y son radicalmente insuficientes. Por eso necesitamos entregar lo que tenemos en las manos de Cristo y necesitamos que Él con su bendición, con su amor, con su generosidad, multiplique eso que le entregamos y nos lleve a la plenitud a la que Él solo conoce. Solo en Cristo está la saciedad, solo en Cristo está la plenitud. Bienaventurado el que descubre ese amor, esa verdad y ese sentido. Feliz Domingo nuevamente. Que Dios nos guarde, nos bendiga.

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